El accidente aéreo registrado el martes en la Base Aérea de Ñu Guasu enlutó a todo el país. A pocos metros de aterrizar y por razones que aún se desconocen, la aeronave sufrió una caída brusca e impactó contra el suelo. En el acto fallecieron 7 de los 8 pasajeros, 6 de ellos militares y un funcionario público. El único sobreviviente, un joven de 19 años que abordó la avioneta para llegar hasta la Universidad Nacional de Asunción a inscribirse como alumno regular de la carrera de ciencias agrarias, se debate entre la vida y la muerte tras haber sufrido hoy un infarto cerebral. Afortunadamente, fue intervenido quirúrgicamente sin mayores complicaciones.

Desde el martes, la población está pendiente de su evolución y su madre, familiares y amigos piden oraciones por su salud, donación de sangre e incluso sumarse a actividades benéficas para recaudar fondos enfocados a su internación y recuperación. En las redes sociales se multiplican los mensajes de aliento y de fortaleza para el joven y sus familiares en este duro y decisivo momento que les toca vivir.

En este contexto, también empezaron a conocerse las historias detrás de los fallecidos, personas de bien y al servicio de la patria que se fueron haciendo lo que más amaban: volar. Este es el caso del piloto de la aeronave siniestrada, el coronel Aníbal Pérez Trigo.

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El coronel Aníbal Pérez Trigo fue descripto como una persona de bien y al servicio de la Patria, que falleció haciendo lo que más amaba: volar. Foto: Facebook Aníbal Pérez Trigo

Ayer, un excamarada de Pérez Trigo escribió en su cuenta personal de Facebook un emotivo mensaje en homenaje a “un gran hombre”. El relato es de José Teixidó, quien cuenta que conoció a Aníbal en 1991, cuando tenía 16 años y era cadete del Liceo Militar Acosta Ñu. “Con permiso de algunos que lo conocieron mejor que yo, quiero permitirme transmitirles qué clase de hombre era. Los que pisaron el patio 2 en esa época saben que pocos nombres resonaron en esa institución con más fuerza y fiereza que ¡Pérez Trigo!”, reseñó.

Teixidó reveló que si uno estaba en falta, fuera de orden, lugar o tiempo, “Pérez Trigo estaba para verlo y la corrección y respuesta por parte suya eran igual de intimidantes como efectivas”. Pero, “nunca desde la maldad, sino desde uno de los pilares esenciales de la vida militar, la moral, del ‘si yo puedo hacerlo bien, ustedes también lo van a poder hacer’”, aclaró.

En efecto, precisó que el coronel Aníbal fue “responsable de instruir y forjar el carácter de muchos hombres de bien, de uniforme y de civil, que tuvieron (incluyéndose) la suerte de coincidir con él en este sueño de servir a algo más grande que nuestra propia comodidad y complacencia siendo muy jóvenes”.

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Inteligencia, trabajo y dedicación

Su camarada narró que “Aníbal fue de los primeros en puntaje en el temido examen de ingreso al Licemil, el primer gran tamiz donde cientos de jóvenes pujan por el derecho de ser llamados aspirantes, ni siquiera cadetes, lo que habla de su empeño al estudio académico”.

Añadió que desde su ingreso le puso muchísima garra al sueño de ser piloto aviador militar. “Imagínense una carrera que arranca a los 16 años, bajo el escrutinio más pesado y estricto que puedan concebir. Un bachillerato con unas 20 materias entre civiles y militares, más el rigor de la vida militar”, subrayó.

A modo de contextualizar la dificultad y el empeño, Teixidó detalló que después de superar el ingreso a la Academia Militar, los exámenes físicos, intelectuales y tener el nivel para poder acceder a la preciada vacante como piloto de la Fuerza Aérea Paraguaya, uno debe llevar una vida recta y de sacrificios personales, además de seguir estudiando para ascender.

“En definitiva, llegar a coronel en la aviación es un trabajo de toda una vida, donde uno de miles de jóvenes lo logra, Aníbal logró todo eso y más... Lo hizo sin descuidar lo que importa”, remarcó y amplió que “es difícil encontrar alguien que no hable loas de Aníbal, y es casi imposible ver fotos suyas donde no esté acompañado por su familia o trabajando”.

Desde su ingreso le puso muchísima garra al sueño de ser piloto aviador militar. Foto: Facebook Aníbal Pérez Trigo

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Humanitario y gran amigo

Siendo piloto de caza, Aníbal se entregó al trabajo mucho más humanitario, socialmente necesario, sufrido y, a veces, poco reconocido, de piloto de transporte, uniendo pueblos con ayuda humanitaria, evacuación de enfermos, transporte de nuestras autoridades, donde siempre se lució, reveló Teixidó.

Seguidamente, agregó que en los momentos de distensión era un gran amigo. “Hace unos días, por mensaje, me decía: ‘Teixidó, recuperate chera’a, vamos a volar’”, sabiendo de mi situación médica y a pesar de no estar en contacto cercano, se acercó para levantarle el ánimo”, precisó.

A criterio de su camarada, la descripción de la grandeza de Pérez Trigo que realiza es “incompleta”, ya que “debería entrar en mucho más detalle para hacerle justicia al hermano que toda la familia Gris Perla ha perdido, un hombre del tipo de hombres que se pueden contar con los dedos de las manos, y que son los que este país más necesita para crecer”.

Teixidó, al igual que muchos de los que conocieron al coronel, tratan de encontrar cobijo en la idea de que “partió haciendo lo que más le gustaba y enorgullecía, aparte de su familia, volar con las cucardas tricolores en sus alas”.

“Para mí es un ganador y seguirá estando en nuestros corazones, como ejemplo de perseverancia en las cosas que hacemos diariamente, en la prolijidad de hacer las cosas bien todos los días, en nuestro profesionalismo, en nuestra entrega con los necesitados, y en nuestro amor por nuestras familias y a nuestro país. ¡Nos dejaste la vara alta mi coronel! Dios permita que todos volvamos a vernos en la retreta final”, concluyó.

La familia Gris Perla ha perdido un hermano, un hombre del tipo de hombres que se pueden contar con los dedos de las manos. Foto: Facebook Aníbal Pérez Trigo

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Antecedentes

En el accidente aéreo registrado el martes fallecieron el coronel Aníbal Pérez Trigo, el copiloto Willians Orué, el mayor Alfredo Cés­pedes, el teniente Marcos Romero, el teniente Manuel Sotelo, el subofi­cial mayor Pedro López y Críspulo Almada, funcionario público, quien abordó la nave en Fuerte Olimpo junto con el estu­diante José Zaván, el único sobreviviente.

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