Los virus no piensan, pero sí pueden adaptarse al entorno para sobrevivir y esta capacidad puede explicar la preocupante y reciente irrupción de varias variantes mucho más contagiosas del virus del COVID-19.

Como todos los virus, el SARS-CoV-2 muta. Cuando se extiende, hay errores que se producen y aunque la mayoría de estas mutaciones no tienen consecuencias hay algunas que sí pueden otorgarle una supervivencia mayor.

Es el caso de las tres variantes más contagiosas identificadas recientemente en el Reino Unido, Sudáfrica y Brasil, que brotaron el pasado otoño, con algunas semanas de diferencia, cuando en meses de pandemia no se había registrado ninguna mutación significativa.

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¿Es una coincidencia? Tal vez el azar juegue su papel, según los expertos, pero no se trata solo de eso. “Cuando se reduce el número de infecciones, el terreno del virus se restringe” y, por tanto, las posibilidades de una mutación problemática, explica Emma Hodcroft, epidemióloga de la universidad de Berna.

Pero, al contrario, en un contexto de alta circulación del virus, “aumentan las oportunidades para que el virus encuentre un contexto o una persona que por casualidad puede llevar a algo que no queríamos”, agrega, comparando la situación con un juego de ruleta rusa.

“Es una mezcla entre la cantidad de virus que circula, es decir, el número de veces que lanzamos el dado al aire, y el contexto del virus”, es decir, un mundo donde el virus está muy extendido, matiza Wendy Barclay, viróloga del Imperial College de Londres.

“Este es el momento en que podemos esperar la aparición de variantes, debido a la respuesta inmunitaria. Porque el nivel de inmunidad mundial al virus aumenta por los contagios y la vacunación”, explicó en una rueda de prensa.

Paciente inmunodeprimido

“En los lugares en los que las variantes problemáticas han emergido, Sudáfrica y Brasil, hay ya un nivel importante de respuesta inmunitaria en las personas, que fueron infectadas y sanaron”, agregó la experta. Pero algunos científicos dudan de la relación entre la alta seroprevalencia y la aparición de las variantes.

“Es más que probable que la evolución del virus se haga dentro de un paciente”, dice Bjorn Meyer, virólogo del Instituto Pasteur de París. Por ejemplo, en los pacientes que presenten déficit o carencias inmunitarias, como sospechan algunos investigadores en el caso de la variante británica. “Cuando un paciente es inmunodeprimido, el virus puede quedarse más tiempo”, dice Meyer a la AFP.

Por ejemplo, el virus del COVID-19 sobrevive unos diez días en una persona, pero hay estudios que muestran que hay pacientes que lo han tenido vivo varias semanas, incluso varios meses después de la infección.

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Aunque sea inmunodeprimido, el paciente se defiende un poco contra el virus, incluso si no llega a expulsarlo completamente de su organismo. Frente a esta “presión inmunitaria”, el virus “se ve obligado a mutar. O muta y escapa a esta respuesta inmunitaria, o muere”, dice Meyer. Entonces ¿por qué no ha aparecido antes una variante del virus en estos meses de pandemia?

“Ahí es donde el azar entra en juego”, responde el virólogo. “No hay tantas personas inmunodeprimidas” y al inicio de la pandemia, había menos casos y estas personas, que se sabían especialmente expuestas “estaban especialmente protegidas y aisladas”, según él.

Que “gane el mejor”

Pensemos en zonas donde hay más personas inmunodeprimidas, lo sepan o no. “La emergencia de una variante del SARS-CoV-2 en agosto en Sudáfrica, uno de los países del mundo más afectados por el virus del sida podría ser el resultado de una permanencia más intensa y prolongada del coronavirus en el organismo de personas que viven con el VIH, lo cual favorecería las mutaciones”, según la Academia de medicina de Francia.

La hipótesis es “válida”, según Meyer, aunque el origen de una variante es difícil de identificar. En cualquier caso, sean cuales sean las condiciones exactas de la emergencia de las nuevas cepas, la selección natural también cuenta.

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“Es un proceso normal de competitividad en el que el mejor gana. El más fuerte o el que puede transmitirse mejor es el más apto para perpetuar esa especie viral. Es un proceso claramente darwiniano que guía la evolución del mundo”, dijo el infectólogo belga Yves Van Laethem en una rueda de prensa. Por eso, los investigadores consideran probable que haya otras variantes problemáticas. Y quizás ya están entre nosotros.

“El número total de casos continúa aumentando de manera exponencial y no sería de extrañar que más cepas problemáticas hayan emergido durante el invierno, aunque por ahora se hayan detectado solo las cepas que brotaron en otoño y que hoy son las tenemos en nuestros radares”, dijo en Twitter Carl Bergstrom, profesor de biología en la universidad de Washington.

La mutación E484K

Aunque la variante inglesa del COVID-19 concentra ahora todas las miradas, los científicos están sobre todo preocupados por una mutación presente en otras versiones del virus, como las detectadas en Sudáfrica y Brasil, potencialmente capaz de volver menos eficaces las vacunas actuales.

Llamada E484K, esta mutación “es la más preocupante de todas” respecto a su impacto en la respuesta inmunitaria, afirma a la AFP Ravi Gupta, profesor de microbiología de la Universidad de Cambridge.

Las variantes son versiones diferentes del coronavirus inicial que aparecen con el tiempo, a medida que el virus muta, cosa que sucede cuando se replica. Hasta ahora, se habían observado múltiples mutaciones del SARS-CoV-2, la mayoría sin consecuencia. Pero otras pueden mejorar su supervivencia, por ejemplo, volviéndolo más contagioso.

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Las variantes que emergieron en Reino Unido, Sudáfrica, Brasil y Japón --este último con la llegada de una familia procedente del gigante sudamericano--, tienen en común una mutación llamada N501Y, que explicaría su mayor transmisibilidad. Esta se sitúa en la proteína “spike” del coronavirus, una prominencia que le permite penetrar en las células.

Pero para la mutación E484K, pesan otro tipo de sospechas. Unos test en laboratorio mostraron que, con esta, el organismo parece reconocer menos el virus, disminuyendo por tanto su neutralización por parte de los anticuerpos.

Reinfección en Brasil

Esta mutación “podría ayudar al virus a sortear la protección inmunitaria adquirida por una infección anterior o por la vacunación”, según el doctor François Balloux, del University College de Londres, citado por el organismo británico Science Media Centre.

Esta “evasión inmunitaria” potencial podría por tanto tener un impacto sobre la eficacia de las vacunas, según los científicos. El 8 de enero, BioNTech y Pfizer, fabricantes de la principal vacuna administrada en el mundo, aseguraron que esta es eficaz contra la mutación N501Y, pero sus análisis no versaron sobre la E484K, por lo que persisten las dudas sobre este punto.

Por otro lado, un estudio publicado el 6 de enero dio cuenta del caso de una brasileña enferma de COVID en mayo y que volvió a contagiarse en octubre con una variante portadora de la mutación E484K. Esta segunda infección, más grave que la primera, podría indicar que la mutación provocó una respuesta inmunitaria menos eficaz de la paciente. Sin embargo, por ahora nada indica que la E484K baste para que estas variantes se vuelvan resistentes a las vacunas actuales, según los científicos.

Nuevas mutaciones

Incluso si se demuestra que con esta mutación el organismo reconoce menos el virus, otros componentes de las variantes deberían seguir estando al alcance de los anticuerpos. “Incluso si se pierde en eficacia, normalmente seguirá habiendo una neutralización del virus”, indica a la AFP Vincent Enouf, del Centro Nacional de Referencia de Virus Respiratorios del Instituto Pasteur de París.

“No creo que esta mutación por sí sola sea problemática para las vacunas”, según el inmunólogo Rino Rappuoli, investigador y responsable científico del gigante farmacéutico GlaxoSmithKline (GSK). Este experto confirmó un estudio publicado el 28 de diciembre, cuyo objetivo era observar en laboratorio la emergencia de una variante, al dejar durante varias semanas el virus en presencia del plasma de un paciente curado del COVID-19.

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Después de menos de tres meses, apareció una variante resistente a los anticuerpos: era portadora de tres mutaciones, entre estas, la E484K. “Hay que desarrollar vacunas y anticuerpos capaces de controlar las variantes emergentes”, concluye el estudio. Para Gupta, la mutación E484K “podría ser el principio de los problemas” para las vacunas.

“Por ahora, todas (las vacunas) deberían ser eficaces, pero lo que nos preocupa es la perspectiva de futuras mutaciones que se sumarían” a las ya existentes, según este especialista, que insta a “vacunar lo más rápidamente posible en todo el mundo”. Varias farmacéuticas aseguraron recientemente que serían capaces de suministrar rápidamente nuevas versiones de sus vacunas de ser necesario.

Fuente: AFP.

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