Este lunes 11 de septiembre se cumplen 22 años del fatídico suceso que enlutó a todo un país y conmocionó al mundo entero: el atentado al World Trade Center de Nueva York, más conocidas como las Torres Gemelas. Durante ese trágico hecho, dos paraguayos fallecieron en el ataque, y este lunes el cónsul general de Paraguay en Nueva York, Carlos Alberto Ortiz, recordó a los connacionales.
“Mantenemos la memoria de dos ciudadanos paraguayos que ese día fallecieron, de acuerdo a nuestros registros. Uno de ellos es el arquitecto Obdulio Ruiz Díaz y la segunda víctima se trataría del corredor de bolsas Carlos Alberto Samaniego, quien se encontraba en el piso 104 de una de las torres al momento del atentado”, comentó el cónsul a la 1020 AM.
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El 11 de setiembre del 2001, Estados Unidos sufrió el peor ataque de su historia, cuando dos aviones secuestrados por la organización terrorista Al-Qaeda impactaron contra las Torres Gemelas en Nueva York, otro contra el Pentágono en Washington y un cuarto se estrelló contra el suelo en Pensilvania.
El cónsul comentó que habitualmente se llevan a cabo eventos en Nueva York, en memoria de las víctimas a causa del atentado. Según datos oficiales, la serie de ataques causó la muerte de 2.996 personas, incluidos los 19 terroristas, la desaparición de 24 víctimas y más de 6 mil heridos.
Más allá de la tragedia ocurrida, el atentado cambió el manejo de EE. UU. en términos de controles, pues se empezó a desarrollar una mayor rigurosidad en torno a los aviones que ingresaban al país, así como el sistema de seguridad en los aeropuertos, hecho que después se llegó a replicar en otros países del mundo.
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25 años del 11-S: el atentado que también cobró la vida de dos paraguayos
Emiliano Cáceres
Este 11 de septiembre se cumplen exactamente 25 años de los atentados de terroristas más mortíferos en la historia de los Estados Unidos. Cuatro aviones comerciales fueron secuestrados por miembros de la organización terrorista Al Qaeda y utilizados como proyectiles.
Los dos primeros vuelos fueron estrellados contra la Torres Gemelas del World Trade Center en Nueva York, el tercero fue estrellado contra el edificio del Pentágono y el cuarto se estrelló en Pensilvania. Aquel día más de 2.700 personas perdieron la vida, entre ellas, dos paraguayos. A continuación, repasamos parte de lo que ocurrió en aquella trágica jornada de septiembre y sus consecuencias.
Los objetivos
Los terroristas tenían cuatro objetivos específicos aquel 11 de septiembre. Los dos primeros eran las Torres Gemelas del World Trade Center (WTC), dos de los edificios más emblemáticos de Manhattan, Nueva York. El World Trade Center (en español, Centro de Comercio Mundial) era el corazón financiero de Estados Unidos. El complejo constaba de 7 edificios: las mencionadas torres gemelas, el WTC 1 (Torre Norte) y el WTC 2 (Torre Sur). Los otros eran el WTC 3 (Hotel Marriot), el WTC 4 (donde funcionaban bolsas de valores), el WTC 5, el WTC 6 (con Oficinas de Aduanas y Protección Frontetiza) y el WTC 7.
Cabe mencionar que al momento de culminar su construcción en 1973, las Torres Gemelas eran los dos edificios más altos del mundo. Para 2001, seguían siendo los dos edificios más altos de Nueva York. La Torre Norte contaba con 417 metros, mientras que la Torre Sur. Con 415 metros. Ambas tenían 110 pisos.
El tercer objetivo era El Pentágono, sede del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, ubicado en el Condado de Arlington, Virginia, cerca de Washington DC. Curiosamente, esa misma fecha, 11 de septiembre, se cumplían exactamente 60 años del inicio de la construcción de este edificio, la cual se había dado el 11 de septiembre de 1941, poco antes del ingreso de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial. Durante décadas, el Pentágono fue el edificio de oficinas más grande del mundo, hasta 2010, cuando fue superado por Bolsa de Diamantes de Surat, en la India.
En cuanto al cuarto y último objetivo, algunas investigaciones señalan que era el Capitolio de los Estados Unidos, sede del Congreso del país norteamericano, donde funcionan la Cámara de Senadores y la Cámara de Representantes. Pero otros señalan que en realidad, era la Casa Blanca. Sin embargo, el cuarto vuelo secuestrado nunca llegó a su objetivo.
Antecedente y motivaciones
Contrariamente a lo que muchos piensan, el 11-S no fue el primer atentado terrorista sufrido por las Torres Gemelas del WTC. El 26 de febrero de 1993, se produjo un primer atentado que demostró que aquel complejo ya era un objetivo para el terrorismo, muchos años antes e incluso muchos consideran que sirvió como un “ensayo general”.
Un coche bomba estalló en el estacionamiento subterráneo de la Torre Norte. Esto provocó un enorme cráter de varios pisos de profundidad en subsuelo. Se utilizaron alrededor de 600 kg de nitrato de urea reforzado con gas hidrógeno. El saldo fue de 6 fallecidos (entre ellos una mujer embarazada) y más de 1.000 heridos.
El objetivo era derrumbar la Torre Norte sobre la Torre Sur. Sin embargo, la estructura estaba diseñada para soportar impactos en su base. El cerebro detrás de este primer ataque fue Ramzi Youseft, un terrorista vinculado con Al Qaeda y sobrino de Khalid Sheikh Mohammed quien años después, bajo las ordenes de Bin Laden, sería el principal arquitecto del 11-S.
Tras el fracaso de este plan, la organización terrorista no abandonó su objetivo. Como no pudieron derribar los edificios desde abajo, decidieron atacarlos por arriba, utilizando aviones comerciales como misiles.
Las motivaciones de Al Qaeda para llevar a cabo estos ataques fueron detalladas en la “Carta a Estados Unidos” de 2002. Se detallan tres motivos básicos: El apoyo de EE.UU. a Israel. Para Al Qaeda, el respaldo político, económico y militar de Washington hacia Israel significaba opresión al pueblo palestino y una afrenta directa al mundo islámico.
El segundo fue la presencia militar en tierras sagradas. Luego de la Guerra del Golfo en 1991, EE.UU. sentó tropas y bases militares en Arabia Saudita, país que alberga las dos ciudades más sagradas del Islam: La Meca y Medina. Para la organización terrorista, la presencia de soldados occidentales “infieles” en suelo sagrado era una profanación, una ocupación militar intolerable y un insulto a su soberanía.
El tercer punto fueron las sanciones contra Irak. Durante la década de los 90, la ONU y el gobierno de EE.UU. mantuvieron un embargo estricto y sanciones económicas contra el gobierno iraquí. Al Qaeda explotó propagandísticamente el tremendo impacto humanitario de estas sanciones, acusando a la Casa Blanca de provocar la muerte por desnutrición y falta de medicamentos de cientos de miles de niños y civiles musulmanes.
Los vuelos secuestrados y los ataques
La Comisión del 11 de septiembre, con datos recolectados de cajas negras y grabadores de datos de vuelo, elaboró un informe teniendo en cuenta la Hora Local del Este de EE.UU. (EDT). Fueron cuatro vuelos domésticos de las aerolíneas American Airlines y de United Airlines.
El vuelo 11 de American despegó del Aeropuerto Logan de Boston con destino a Los Ángeles. A las 07:59 AM (EDT). La aeronave era un Boeing 767-223ER. A bordo iban 2 pilotos, 9 auxiliares de vuelo y 81 pasajeros, incluyendo a los 5 secuestradores, totalizando 92 personas en el avión. Los terroristas iniciaron el ataque a las 08:14 horas. Luego, a las 08:21, el transpondedor de la aeronave, un aparato que envía datos de vuelo a Control de Tráfico Aéreo (ATC) fue apagado de forma manual. A las 08:46:40 EDT, el 767 impactó entre los pisos 93 y 99 de la Torre Norte del WTC.
El segundo vuelo, el United 175, despegó del Aeropuerto Logan a las 08:14 horas. El avión era un Boeing 767-222. La tripulación estaba conformada por 2 pilotos y 7 auxiliares de vuelo. Llevaban un total de 56 pasajeros, incluyendo a los 5 terroristas, para un total 65 personas a bordo. Despegaron de la misma pista que el American 11 y también iban con destino a Los Ángeles.
Los secuestradores irrumpieron en la cabina de pilotaje entre las 08:42 y las 08:46 (prácticamente al mismo tiempo que el primer impacto). Su transpondedor fue apagado aproximadamente a las 08:47. A las 09:03, la aeronave impactó contra la Torre Sur.
En cuanto al American 77, a las 08:20 despegó del Aeropuerto Internacional de Washington-Dulles con destino a Los Ángeles, operado por un Boeing 757-223. Llevaba a 64 personas a bordo: 2 pilotos, 4 auxiliares de vuelo y 58 pasajeros, incluyendo a los 5 secuestradores. Su última comunicación fue a las 08:51. Luego, hacia las 08:54, fue tomado por los terroristas. Su transpondedor fue apagado a las 08:56. A las 09:37, tras un giro de 330° para perder altura, la aeronave fue estrellada en la fachada Oeste del Pentágono.
Finalmente, el United 93, que debía hacer la ruta Netwark-San Francisco y que era operado por un Boeing 757-222. Llevaba 2 pilotos, 5 auxiliares y 37 pasajeros, incluidos los 4 secuestradores, para un total de 44 personas a bordo. La aeronave despegó a las 08:42, con 42 minutos de retraso. Esto fue crucial para que, ya en el aire, los pasajeros se enteraran de los ataques en Nueva York.
Alrededor de las 09:28, cuando sobrevolaban el Estado de Ohio, los terroristas asaltaron la cabina. Los controladores aéreos alcanzaron a escuchar gritos de “¡Mayday!” y sonidos de lucha física. El transpondedor se apagó a las 09:41. En este vuelo hubo una revuelta de pasajeros y tripulantes de cabina. Intentaron derribar la puerta de la cabina de mando con el carrito de servicio. Ante este panorama, el secuestrador al mando terminó estrellando la aeronave de forma invertida (boca abajo) en un descampado en Shanksville, Pensilvania.
Sobre cuál era el objetivo original de los terroristas al secuestrar este vuelo, la comisión investigadora afirma que el más probable era el Capitolio en Washington DC, sede del Congreso estadounidense. Sin embargo, algunas fuentes sugieren que el objetivo era la Casa Blanca, sede del Poder Ejecutivo, residencia oficial del Presidente de los Estados Unidos.
El caos y el derrumbe de las torres
En todas las zonas de impacto se desató el caos. Canales de televisión de todo el mundo interrumpieron sus programaciones habituales y comenzaron a transmitir imágenes que pronto recorrieron el mundo. Todo el planeta quedó en shock ante lo que estaba ocurriendo: Estados Unidos sufriendo un ataque terrorista en su propio territorio.
Las sirenas, carros de bomberos, patrullas, ambulancias, vehículos militares, todo sistema de emergencia comenzó a movilizarse. El país entero entró en alerta máxima. El entonces presidente estadounidense, George W. Bush, se encontraba en un aula de niños en la Escuela Primaria Emma E. Booker, en Sarasota, Florida. Tras el segundo impacto, su jefe de gabinete se le acercó y le dijo al oído una frase que quedó para la posteridad: “Un segundo avión chocó contra la otra torre. Estados Unidos está bajo ataque”
El cielo norteamericano se cerró por complete y el mandatario fue evacuado con el Air Force One, un Boeing 747-200B modificado, con matrícula militar VC-25A. Despegaron el Aeropuerto Internacional de Sarasota-Bradenton a toda potencia. El avión presidencial actuó como bunker aéreo y fue escoltado por dos aviones de combate F16.
Como el Pentágono ya había sido atacado, se temía que los próximos objetivos pudieran ser la Casa Blanca, el Capitolio o alguna otra importante sede gubernamental. Es por eso que el Servicio Secreto se negó rotundamente a llevar a Bush a Washington. El Air Force One ascendió a 45.000 pies de altitud para evadir los radares. Posteriormente realizaron dos paradas estratégicas en dos bases militares con búnkeres.
Mientras trasladaban al presidente, a las 09:58 EDT, la Torre Sur colapsó y se derrumbó en Nueva York tras el impacto que provocó un incendio que duró aproximadamente 55 minutos. Poco después, a las 10:28, la Torre Norte corrió el mismo destino, una hora y cuarenta y dos minutos después del impacto.
Las emblemáticas Torres Gemelas, que por décadas habían sido un símbolo del poderío económico de Estados Unidos, una postal obligatoria de Nueva York y el corazón financiero de la nación norteamericana, habían quedado reducidas a escombros y con ellas se fueron miles de vidas.
Entre tanto, el Air Force One aterrizó en la Base de la Fuerza Aérea Barksdale (Luisiana) a las 11.45. Allí el avión presidencial pudo repostar y se pudo dar un espacio seguro al mandatario para que brinde un breve mensaje a la nación. La segunda escala fue en Base de la Fuerza Aérea Offutt (Nebraska) donde llegaron a las 14:50 EDT. Allí se encontraba la sede del Comando Estratégico de los EE. UU. (STRATCOM).
Desde un búnker subterráneo de máxima seguridad, con tecnología de comunicaciones avanzada, Bush pudo encabezar una videoconferencia con el Consejo de Seguridad Nacional y los servicios de inteligencia para evaluar la magnitud de los ataques.
No fue hasta las 18:34 EDT que el mandatario pudo aterrizar en Washington, cuando se descartaron más amenazas inmediatas y el espacio aéreo estuvo bajo control militar. El Air Force One llegó a la Base Aérea de Andrews y luego George Bush dio un mensaje al país desde el despacho oval a las 20:30 EDT.
Miles de pérdidas humanas
Cuando el humo se disipó, se pudo dimensionar la magnitud del desastre. De acuerdo a las cifras oficiales, la cantidad total de fallecidos en todos los ataques fue de 2.977. En los ataques a las Torres Gemelas en Nueva York se registraron 2.753 muertes, incluyendo a los ocupantes de las aeronaves que impactaron contra los edificios, y a 343 bomberos y 71 policías que dieron sus vidas en actos heroicos tratando de salvar a más personas.
En el Pentágono fallecieron 184 personas, entre los 64 ocupantes del vuelo más 120 trabajadores militares y civiles que trabajaban en la sede del Departamento de Defensa. Mientras que en el vuelo 93 de United, el único que no llegó a su objetivo y acabó estrellado en Pensilvania, murieron 44 personas, los 33 pasajeros, los 7 tripulantes y los 4 secuestradores.
De acuerdo a las cifras oficiales, cantidad total de fallecidos en todos los ataques fue de 2.977. Si se cuentan a los 19 terroristas, el número asciende a 2.796.
Consecuencias geopolíticas
Estos acontecimientos tuvieron una fuerte repercusión política, tanto dentro como fuera de los Estados Unidos. El presidente norteamericano de ese entonces, el republicano George W. Bush, apenas llevaba 8 meses en el cargo. Había asumido el 20 de enero de ese mismo año. Fue electo en unas reñidas elecciones a finales de 2000, cuando competió contra el candidato demócrata Al Gore, quien había sido el vicepresidente del Bill Clinton.
En ese momento, el mandatario tenía un margen de aprobación de 51%. Pero, tras los atentados, ese margen se disparó al 90%, el índice más alto jamás registrado por la encuestadora Gallup hasta ese momento. La ciudadanía se unió en torno a la figura presidencial ante la emergencia nacional.
En un intento por capitalizar ese apoyo, el presidente formuló la conocida como “Doctrina Bush”: EEUU no haría distinciones entre grupos terroristas y los países que los albergaran. Esto dio lugar a la invasión a Afganistán en 2001 y a la controvertida invasión a Irak en 2003, bajo la premisa de que Saddam Hussein, presidente de Irak desde 1979, supuestamente poseía armas de destrucción masiva.
Sectores de la oposición estadounidense acusaron a Bush de querer “sacar provecho” del trauma colectivo dejado por el 11-S, instrumentando el dolor nacional para avanzar en una agenda de control petrolero e influencia militar en Medio Oriente.
Un golpe a la industria aeronáutica
En lo que respecta a la aviación comercial, los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 representaron un antes y un después. El historiador aeronáutico Antonio Luis “Tony” Sapienza aseguró a La Nación/Nación Media que “antes del 11 de septiembre no había mucho control en los vuelos internos en EE.UU. Lo que controlaban eran más que nada armas. Después de los atentados, los controles en vuelos aumentaron muchísimo, tanto dentro de EE.UU. como a nivel mundial. Aumentó la lista de elementos que no se pueden llevar en el equipaje de mano, como líquidos y navajas”.
El historiador relató que estuvo dos veces en Estados Unidos, en el 81 y en el 87, realizando en ambas ocasiones vuelos internos. Y, al menos en los 80, el control era muy poco. ”No recuerdo que te revisaran los bolsones de mano, no se pensaba que pudiera haber un secuestro o un atentado dentro de Estados Unidos. En el 81 volé desde Nueva York a Nueva Orleans y de Nueva Orleans a Miami. Entré al avión sin que me revisen el bolsón de mano. En el 87 hice un vuelo entre Miami y San Diego y de San Diego a Houston tampoco nos revisaron nada. Entramos en la fila, hice el checkin y nada, ni siquiera pasamos por un detector. Obviamente todo eso cambió después de los atentados del 11 de septiembre”, precisó.
En la misma línea se expresó Fabián Martínez, periodista y creador de contenido, quien realizó un entrenamiento como piloto aviador civil. “Hubo un antes y un después en la industria de la aviación. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 desnudaron las falencias de seguridad en la aviación, tanto en Estados Unidos como a nivel mundial. Dejaron al descubierto las debilidades no solo de las aerolíneas, sino también de los aeropuertos y de los gobiernos”, contó.
Dos paraguayos perdieron la vida
El luto por las muertes del 11-S también alcanzó a nuestro país. Una familia de Asunción y otra familia de Misiones lloraron a dos de nuestros compatriotas. Se trata de Carlos Alberto Samaniego López, de 29 años, oriundo de Asunción, y Obdulio Amias Ruiz Díaz Shug, de 44 años, oriundo de San Ignacio, Misiones.
Samaniego era un profesional del sector financiero e hincha fanático de Olimpia. Buscando consolidar su carrera profesional, se fue a vivir a Estados Unidos, donde llevaba pocos años residiendo. Trabajaba en la firma de inversiones Cantor Fitzgerald, cuyas oficinas funcionaban entre los pisos 101 a 105 de la Torre Norte. El impacto ocurrió por debajo de dicha zona, dejando a todos los que se encontraban allí atrapados. Ningún empleado de esa firma que se hallaba en esas oficinas logró sobrevivir. El cuerpo de Carlos Alberto fue identificado semanas después, mediante pruebas de ADN.
Obdulio residía desde hacía más de una década en Nueva York, con su esposa e hijos. Laboraba en el área de mantenimiento y servicios técnicos del World Trade Center. Se encontraba realizando sus labores rutinarias cuando se desató el infierno. Fue de las tantas personas que quedaron atrapadas bajos los escombros y no pudo sobrevivir.
Surgimiento de teorías conspirativas
Inmediatamente después de los atentados, comenzaron a surgir un sinfín de teorías sobre lo ocurrido. De hecho, el 11-S está considerado como el acontecimiento que dio inicio a la era de las teorías conspirativas modernas. En aquel entonces, internet aún estaba en pañales, las redes sociales no existían y los videos y posteos virales no estaban prácticamente en los planes de nadie. Fueron los primeros y rudimentarios foros web y correos electrónicos los que se convirtieron en el nido de especulaciones por parte de los primeros internautas.
Una de las teorías más famosas y difundidas a nivel mundial es que la causa del derrumbe de las Torres Gemelas no fueron los choques de aviones, sino que se trató de una demolición controlada. A diferencia de la versión oficial, que concluyó que el colapso de las torres se debió a que los incendios provocados por los impactos debilitaron los soportes de acero de los pisos afectados, esta teoría sugiere que en realidad explosivos fueron colocados previamente a los ataques, en puntos estratégicos, y que esa fue la verdadera causa del derrumbe.
La teoría sostiene que la temperatura de los incendios no era suficiente para debilitar la estructura de las torres y que el desplome vertical y simétrico de los edificios, sumado a los destellos y columnas de humo divisadas en los pisos inferiores durante la caída, son pruebas de que se utilizaron cargas de demolición tradicionales. Para los defensores de esta teoría, la velocidad casi de caída libre con la que colapsaron las estructuras sigue siendo el principal cabo suelto que la narrativa oficial no logra esclarecer.
Entre tanto, el consenso científico internacional, liderado por el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST), descarta firmemente el supuesto uso de explosivos. Las investigaciones oficiales sostienen que el combustible de los aviones actuó como queroseno que despojó al acero de su aislamiento térmico, provocando que los soportes perdieran el 50% de su capacidad de resistencia a 600 ° C.
El Memorial: el National September 11 Memorial & Museum
Actualmente en la Zona Cero se erige un nuevo complejo con un memorial que homenajea a las víctimas de los atentados de aquella trágica jornada septembrina. Las “Piscinas Gemelas”, un monumento denominado “Reflecting Absence” (en español, Reflejando Ausencias) consisten en dos piscinas cuadradas ubicadas cada una exactamente donde se erigían las Torres Gemelas.
Se trata de las dos fuentes de agua artificiale más grandes de norteámerica, diseñadas por los arquitectos Michael Arad y Peter Walker. El concepto central es el monumento al vacío. El agua cae en cascada por paredes de granito de 9 metros hacia un foso central que parece no tener fin. Esto simboliza la pérdida irreparable y el vacío dejado por los ataques. Alrededor de los parapetos de bronce que bordean las fuentes están grabados con láser los nombres de las 2.977 víctimas, incluidos los paraguayos Carlos Samaniego y Obdulio Ruiz Díaz.
En el nuevo complejo del World Trade Center, el edificio principal es el One Wolrd Trade Center, anteriormente conocido como Freedom Tower (en español, Torre de la Libertad). Con una altura de 541 metros (1.776 pies, en alusión al año de declaración de independencia de los Estados Unidos) y 104 plantas, es el edificio más alto del hemisferio occidental.
En la cultura popular
El 11-S ha tenido un impacto significativo en la cultura popular, siendo retratado en numerosas películas, series y hasta libros. En el cine, entre las obras más conocidas que representaron los atentados están la película United 93, dirigida por Paul Greengrass y estrenada en 2006, que retrata los acontecimientos del secuestro del cuarto avión; y la película World Trade Center, conocida en Hispanoamérica como Las Torres Gemelas, dirigida por por Oliver Stone y protagonizada por Nicolas Cage, que retrata la supervivencia de oficiales de la Policía del Puerto que quedaron atrapados entre los escombros.
En lo que respecta a series y documentales, podemos destacar las siguientes; Punto de inflexión: El 11-S y la guerra contra el terrorismo, una miniserie documental de Netflix que trata sobre el auge de Al Qaeda y las decisiones de la era Bush; 9/11: Así se vivió en América, una docuserie de National Geopgraphic que también se puede encontrar en Disney+, construida enteramente con archivos de video e imágenes cronológicas de aquella jornada; 9/11: Inside the President’s War Room, una serie de testimonios inéditos del propio George W. Bush y su gabinete sobre las decisiones tomadas a bordo del Air Force One.
En cuanto a libros y ensayos, las obras más conocidas son las siguientes: El informe de la Comisión del 11-S, documento oficial de acceso público que funciona como la radiografía completa de los acontecimientos de ese día; Lo que vi aquel día (The Looming Tower), autoría de Lawrence Wright, un libro de investigación periodística ganador del Premio Pulitzer que explica minuciosamente cómo se gestó el ataque desde los años 90.
El 11-S incluso tuvo un impacto en el mundo de la animación. Se teoriza que fue uno de los tantos acontecimientos supuestamente predichos por la famosa serie animada Los Simpson. En el primer episodio de la temporada 9, Homero Contra la Ciudad de Nueva York, la escena donde se muestra la portada de una revista que alinea el precio 9 dólares justo al lado de la silueta de las Torres Gemelas, hace que se forme visualmente la cifra “9/11”, es decir, septiembre 11.
Por otro lado, en la película original de Disney, Lilo y Stitch, representa la repercusión de los atentados. En la secuencia final, Sitich robaba un avión comercial Boeing 747 para rescatar a Lilo de la nave del personaje de Gantu. Sitich utilizaba la aeronave para esquivar los edificios de la ciudad. Sin embargo, tras los acontecimientos del 11 de septiembre, Disney temió herir la sensibilidad colectiva tras la tragedia, de modo que ordenó a los animadores modificar la secuencia final, donde vemos que, en lugar del avión comercial utilizan la nave espacial roja de Jumba y Pleakley.
Si bien los escombros fueron removidos y la humareda se disipó hace tiempo, un cuarto de siglo después, las consecuencias geopolíticas de los atentados del 11 de septiembre de 2001 aún persisten. Los acontecimientos de aquella jornada siguen alimentando debates sobre lo ocurrido y sobre cómo el país más poderoso del mundo pudo ser golpeado de esa manera en su propio territorio.
A ello se suman las profundas huellas que dejó en la industria de la aviación y en los sistemas de seguridad a nivel mundial. Veinticinco años después, el 11-S continúa siendo un acontecimiento que marcó un antes y un después en la historia contemporánea y cuya memoria permanece intacta.
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EEUU honra la memoria de las víctimas del 9/11
Los estadounidenses honraron el domingo la memoria de casi 3.000 personas muertas en los peores atentados de la historia, el 11 de septiembre de 2001, que traumatizaron profundamente al país. En Nueva York, una multitud reunida cerca del impresionante museo y memorial en Manhattan guardó silencio durante dos minutos, a las 8:46 y a las 9:03 (12:46 y 13:03 GMT), las horas exactas en que dos aviones secuestrados por comandos islamistas se estrellaron contra las torres Norte y Sur del World Trade Center.
Entre el público, la vicepresidenta Kamala Harris escuchó la larga lista de nombres de víctimas. El presidente Joe Biden participó en otra ceremonia, en el Pentágono. “Si bien el dolor se desvanece un poco con el tiempo, la ausencia permanente de mi padre es tan palpable como siempre”, dijo el hijo de Jon Leslie Albert después de leer los nombres de varias víctimas, incluido el de su padre. Otro familiar de una víctima, en un llamado a las figuras políticas presentes a sanar las profundas divisiones de Estados Unidos, dijo que “no se debería necesitar otra tragedia para unir a nuestra nación”.
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El 11 de septiembre de 2001, 2.977 personas murieron en los atentados más mortíferos de la historia, cometidos por la organización yihadista Al Qaida. Dos aviones impactaron contra dos torres del World Trade Center en Nueva York, un tercero lo hizo contra el Pentágono y un cuarto, que parecía tener como objetivo el Capitolio o la Casa Blanca, se estrelló en una zona boscosa en Shanksville, Pensilvania, tras una rebelión de pasajeros.
Nadie a bordo de los cuatro aviones comerciales secuestrados sobrevivió. Cerca de la capital, Washington, Biden conmemoró el aniversario en el Pentágono. Con aspecto solemne y con una mano en el corazón, participó en una ceremonia de colocación de flores cerca del inmenso edificio sede del Departamento de Defensa.
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“Nunca olvidaremos”, tuiteó anteriormente, prometiendo “seguir manteniendo viva la memoria de las preciosas vidas que nos robaron” durante esos ataques hace 21 años. Jill Biden, la primera dama de Estados Unidos, participó en la mañana en una ceremonia en Shanksville, Pensilvania. Funcionarios internacionales también rindieron tributo a las víctimas de atentados que marcaron al mundo entero.
“Ucrania, que enfrenta ataques con misiles a diario, sabe bien lo que es el terrorismo y se solidariza sinceramente con el pueblo estadounidense”, tuiteó el presidente Volodimir Zelenski, cuyo país fue invadido por Rusia a fines de febrero. El sábado por la noche Nueva York se iluminó con un “Tributo a la luz” que mostraba dos rayos azules proyectados en el cielo nocturno, simbolizando las Torres Gemelas.
Fuente: AFP.
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Tarragó sigue a disposición de Migraciones de EEUU a la espera de su deportación
La exdiputada Cynthia Tarragó, que ya cumplió su condena de prisión en los Estados Unidos, continúa actualmente a disposición de Migraciones de ese país en donde fue detenida en el 2019 junto con su esposo Raimundo Va, de nacionalidad alemana. La exparlamentaria se encuentra a la espera de su deportación.
El cónsul de Paraguay en Nueva York, Carlos Alberto Ortiz, confirmó esa información a La Nación, del grupo Nación Media, y recordó que la exparlamentaria ya cumplió su condena y que no se encuentra en prisión ni con prisión ambulatoria. “Ella ya está por salir, está en dependencia de Migraciones para su trámite de deportación”, indicó.
Comentó, además, que no cuentan con la información sobre cuándo podría concretarse ni a qué destino la deportación de la misma, atendiendo a que esa es información que compete al gobierno estadounidense. Dijo que se mantienen en contacto con la exdiputada, quien les había expresado que estaba muy contenta por la pronta finalización de los trámites.
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En alusión a Raimundo Va, quien también había sido condenado a 33 meses de prisión y al pago de 119.000 dólares de comisión al igual que su esposa, mencionó que no manejan información sobre él, ya que es un ciudadano alemán. “No tenemos relación con ciudadanos que no sean nuestros connacionales. No sabemos nada de su caso. No manejo el destino, es información confidencial”, remarcó.
La exdiputada y su esposo fueron condenados a finales de marzo pasado por el juzgado de Nueva Jersey. Tanto la exlegisladora como su esposo se declararon culpables ante la jueza principal Freda L. Wolfson en una causa en la que se los investigó por conspiración por lavado de activos.
Antecedentes
Cynthia Tarragó y Raimundo Va fueron arrestados el 21 de noviembre del 2019 por el FBI (siglas en inglés para Buró Federal de Investigaciones) en Newark, Estados Unidos, luego de ser investigados por lavado de dinero. Fueron acusados en una denuncia penal junto con un tercer involucrado, Rodrigo Alvarenga Paredes, quien permanece prófugo.
El caso guarda relación con operaciones con una empresa de cambio en Paraguay, desde donde se coordinó el lavado de dinero que fue proporcionado a Tarragó y su esposo. El FBI logró atraparlos cuando aceptaron unos 2 millones de dólares de dos personas que se presentaban como narcotraficantes; al creer en la escena montada por los agentes, aceptaron la propuesta de lavar fondos a través de una red internacional de cuentas para disfrazar la fuente ilícita de los ingresos.
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FBI insinúa relación de Arabia Saudita con autores de atentados del 11-S
Un memorando del FBI desclasificado el sábado pasado refuerza las sospechas de que Riad habría estado implicado en los ataques del 11 de septiembre de 2001 cometidos por Al Qaida contra Estados Unidos, pero no aporta las pruebas que esperaban las familias de las víctimas que demandaron a Arabia Saudita.
El memorando, fechado el 4 de abril de 2016, que había estado clasificado hasta ahora, muestra vínculos entre Omar al Bayoumi, otrora estudiante y sospechoso de haber colaborado con los servicios de inteligencia sauditas, y dos de los operativos de Al Qaida que prepararon los ataques en Nueva York y Washington, donde cuatro aviones fueron estrellados.
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El documento, basado en entrevistas realizadas en 2009 y 2015 con una fuente cuya identidad no fue desvelada, detalla los contactos y las reuniones entre Bayoumi y dos secuestradores aéreos, Nawaf al Hazmi y Khalid al Mihdhar, después de que ambos llegaran al sur de California en 2000, antes de los atentados.
También reafirma la información, ya divulgada, de la relación entre ellos dos y Fahad al Thumairy, un imán conservador de la mezquita King Faad de Los Ángeles y un funcionario del consulado de Arabia Saudita en esa ciudad. El documento afirma que los números de teléfono asociados con la fuente indican que hubo contacto con varias personas que ayudaron a Hazmi y a Mihdhar mientras estuvieron en California, incluyendo a Bayoumi y a Thumairy, así como a la propia fuente.
Según el memorando, la fuente le dijo al FBI que Bayoumi escondía, detrás de su identidad oficial de estudiante, una “posición muy alta” en el consulado saudita. “La ayuda de Bayoumi a Hazmi y a Mihdhar incluye la traducción, viaje, alojamiento y financiación”, señala el documento.
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Además, la esposa de la fuente le dijo al FBI que Bayoumi solía hablar a menudo de “yihad”, apunta el memorando. Asimismo, a través de reuniones, llamadas telefónicas y otras comunicaciones, relaciona a Bayoumi y a Thumairy con Anwar al Alaki, el clérigo nacido en Estados Unidos que se convirtió en una figura importante de Al Qaida antes de ser asesinado por un dron en Yemen en 2001.
Aún así, el memorando no presenta ningún vínculo claro directo entre el gobierno saudita y los secuestradores aéreos. Fue divulgado por la presión ejercida sobre el presidente estadounidense, Joe Biden, por los familiares de las víctimas de los atentados, que acusaron a Arabia Saudita de ser cómplice de los ataques. Tres administraciones estadounidenses habían rechazado desclasificar y divulgar documentos relacionados con el caso, al parecer porque no querían dañar la relación de Washington con Riad.
Fuente: AFP.