Desde esta mañana se desarrolla el Censo Nacional de Población y Viviendas en el Hospital de Clínicas, ubicado en San Lorenzo, donde 21 voluntarios tienen a su cargo la responsabilidad de la realización del censo dentro de las áreas de internación de pacientes, así como de un acompañante, donde la atención es mínima, pero garantizada en diferentes sectores.
Los voluntarios se dividieron la distribución de los bloques que son cubiertos. Hasta ayer tenían censados a 332 pacientes internados en los diversos bloques y servicios, más las áreas críticas, además de un familiar responsable. En total son casi 650 personas las que fueron censadas en los diversos servicios del Hospital de Clínicas.
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Los voluntarios fueron capacitados en una extensa jornada el pasado día viernes 4 por personal del Instituto Nacional de Estadística, en su mayoría son estudiantes universitarios de las carreras de Medicina y Kinesiología de la FCM UNA, funcionarios administrativos, así como personal de blanco.
En tanto que en el hospital se atiende a los usuarios y pacientes en general ya que están garantizadas las atenciones por sistema de guardia en todos los servicios y especialidades del centro asistencial. En tanto que mañana jueves 10 de noviembre las atenciones se realizarán de manera normal.
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Los servicios de Emergencias del Hospital de Clínicas, tanto pediátricos como de adultos, no se ven afectados durante este día; como así también se asegura la cobertura hospitalaria para los pacientes internados en las diversas cátedras y servicios.
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Hospital de Clínicas: verificarán presunta precariedad en insumos y atención médica
La Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Asunción (UNA) anunció que se realizará una verificación en su Hospital de Clínicas ante publicaciones periodísticas sobre presuntas carencias de insumos básicos y precariedad en la atención del centro asistencial ubicado en la ciudad de San Lorenzo.
A través de la Dirección Asistencial se emitió un comunicado, ayer viernes, que puntualiza: “Se han dispuesto las verificaciones pertinentes en las áreas mencionadas, a fin de constatar los hechos señalados, identificar necesidades críticas y adoptar las medidas que correspondan”.
“Como hospital escuela de la Facultad de Ciencias Médicas (UNA) y centro de referencia nacional de alta complejidad, el Hospital de Clínicas enfrenta una demanda asistencial creciente que, a menudo, excede la capacidad presupuestaria disponible, generando una presión constante sobre la operatividad de los servicios. La provisión de medicamentos e insumos está supeditada a la disponibilidad de los mismos”, agrega.
Asimismo, la Facultad señala que el abastecimiento de insumos, medicamentos y recursos de apoyo se encuentra sujeto a procesos administrativos, logísticos y presupuestarios que exceden en muchos casos la capacidad resolutiva inmediata de la Institución.
“En relación con las manifestaciones atribuidas a funcionarios o personal vinculado a la institución (tercerizado), hasta la fecha esta Dirección no ha recibido ninguna denuncia formal específica en los términos difundidos públicamente”, aclara, en otro pasaje, la entidad universitaria médica.
“No obstante, se ha dispuesto igualmente la revisión administrativa de los hechos mencionados. La Dirección General Asistencial reafirma su compromiso con la continuidad de la atención, la protección del acto asistencial, la verificación seria de toda denuncia y la gestión activa de soluciones frente a las contingencias operativas”, concluye el comunicado.
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En el país de las paradojas, ¿a quién protege la Policía?
- Por Aníbal Saucedo Rodas
- Periodista, docente y político
El Hospital de Clínicas fue un símbolo de la resistencia a la dictadura de Alfredo Stroessner. Al sindicato de enfermeras y trabajadores se habían sumado médicos y estudiantes de la Facultad de Medicina, de la Universidad Nacional de Asunción para una movilización popular cuya magnitud no registraba la historia de las dos últimas décadas. Exigían mayor presupuesto y la libertad de sus compañeros presos por orden superior. Corrían los meses de abril y mayo de 1986. Los vecinos –eufóricos– salían a aplaudir y pasar agua a los manifestantes. Habían derrotado a su peor enemigo: el miedo. En los días siguientes la represión recrudeció. Los organismos de seguridad habían cercado el viejo nosocomio que era refugio de los pobres.
Desde ahí, quienes habían optado por permanecer dentro de sus derruidas paredes, convocaron a una conferencia de prensa. Tuvimos que dejar el vehículo del diario a varias cuadras e ingresar caminando. Ya en el lugar, la Policía nos obliga a permanecer, con los demás periodistas, pegados a una muralla. Minutos después, con gritos desaforados y arrastrando gruesas cadenas, entraba el “pelotón” de la Chacarita comandado por Ramón Aquino, el “moderador” de la Universidad Católica. Mientras nosotros éramos “protegidos” de la furia de los atracadores, sus alcoholizados integrantes empezaron a recorrer el hospital rompiendo todo a su paso. Hasta que el doctor Jacques Balanzá sale a enfrentarlos y los increpa con la dureza de un valiente y la integridad de un caballero. Atónito, el “comandante” de la horda decide abandonar el lugar. Afuera, el oficial a cargo del operativo hacía su trabajo. Todos los fotógrafos debían entregar los rollos de sus cámaras. Los menos jóvenes sabrán de lo que hablo. No había que dejar evidencia gráfica de la barbarie. Pero Jorge Adorno no era un simple fotógrafo. Tenía alma de sagaz periodista. Igual que los demás, cumplió con la orden. Solo que ya tenía en el bolsillo las primeras tomas de un primer rollo. Y fue tapa.
Esa sensación de rara paradoja volví a sentir en estos días. De policías que protegen a las personas equivocadas. Pensé que podría tratarse de un hecho anecdótico y lo dejé pasar. Hasta que la escritora y periodista Milia Gayoso experimentó una frustración similar. Y se pregunta: “¿Quién nos protege de quienes deberían protegernos?”. Relata que un domingo, pasadas las 16:00, con su hija y sus nietos pequeños (6, 3 y 1 año), iban hasta la Biblioteca del Congreso Nacional, donde se desarrollaba una feria de libros. “Una cuadra después de la llamada Curva de la Muerte (Mariscal López y Santa Teresa) suenan sirenas y dos jóvenes con camisetas del club Olimpia, montados en motos, se adelantan y hacen la señal de que circulemos más rápido. Mi hija continuó manejando a velocidad normal, por la derecha, dando paso a quien fuera que estuviera viniendo apurado detrás nuestro. En eso, se acercan dos oficiales de Policía en una moto, nos pasan rozando, y uno de ellos golpea tan fuerte la camioneta, que todos nos asustamos pensando que chocamos. En especial los niños”.
Y la colega vuelve a preguntarse: “¿Qué estaba pasando?”. Y ella misma se responde: “No venía una ambulancia, ni el presidente de la República: pretendían que ‘volemos’, porque detrás venía el colectivo que trasportaba a los jugadores de Olimpia. Dejarles libre la vía rápida (el carril izquierdo) no era suficiente. ¿Es potestad de la Policía golpear el vehículo de un ciudadano para dar paso a un plantel de fútbol?”. Ahí quisiera realizar un subrayado especial. No creo que haya sido un bus de jugadores, sino de barrabravas, porque hace poco –repito– viví una situación similar, pero con hinchas del “Ciclón”.
Faltaba menos de media hora para que se jugara el partido en “La Nueva Olla”. Yo circulaba por la avenida Fernando de la Mora. Al llegar al cruce de Bartolomé de las Casas, dos colectivos rebosando de hinchas (algunos sentados en las ventanillas) ya venían a mi costado, de contramano. Frente a un conocido local de venta de pollos al espiedo, aguardaban dos patrulleras y dos motos con policías. A partir de ese lugar, ya con “escolta oficial”, fueron cruzando semáforos en luz roja como alma que lleva el diablo, es decir, a una imprudente velocidad. La caravana, con ayuda policial, giró en un lugar prohibido, sobre General Santos. En cada semáforo cerraban las bocacalles transversales para que los colectivos circularan libremente. Ni que fuera el presidente de la República o una ambulancia, como diría Milia. Luego continuaron por Félix Bogado hasta una estación de servicio, desde donde los hinchas fueron caminando, casi seguro, con entradas ya en manos. La interrogante se impone necesaria: ¿Se trata de un operativo que cuenta con la anuencia de los superiores o es solo una iniciativa de algunos comisarios zonales?
Soy plenamente consciente de que existen problemas más graves en nuestro país, pero también hay que evitar algunos vicios que, de tanto repetirse, vamos normalizándolos en nuestra vivencia cotidiana. Además, el nombre de los buenos policías merece ser resguardado. Algunos son amigos, ya que estamos, que honran el servicio. Buen provecho.
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Más de 250 rescatistas intensifican la búsqueda de Tobías, arrastrado por el raudal
Bomberos Voluntarios reanudaron este domingo la búsqueda del niño Tobías Suárez, quien fue arrastrado por un raudal en la zona de San Lorenzo debido a las torrenciales lluvias. Los rescatistas ingresaron al ducto donde, presumiblemente, el menor de 12 años fue succionado por la corriente.
Asimismo, al menos 250 efectivos —entre policías, bomberos voluntarios y miembros de las Fuerzas Armadas— continúan con el rastrillaje en la zona, labores a las que también se han sumado los vecinos del sitio.
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Desde el sábado, el área de incursión se extendió por unos 15 kilómetros, considerando el gran volumen de agua desplazado. Según el capitán de los bomberos, Roque González, la jornada de hoy es una continuación del intenso operativo iniciado ayer.
El despliegue se divide por sectores: los bomberos voluntarios cubren la zona del arroyo Tayuazapé; personal municipal trabaja en otros puntos estratégicos, y efectivos militares realizan el rastrillaje en el sector del Aratirí.
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Delivery que sufrió grave accidente necesita ayuda para costear cirugía
Familiares de un joven de 19 años que trabaja como delivery y que tuvo un grave accidente mientras realizaba su labor, pidieron ayuda para poder costear una cirugía a la que debe someterse con urgencia. Apelan a la solidaridad ciudadana para evitar que quede postrado en cama.
Según familiares de Armando Agüero, el joven sufrió un grave accidente mientras estaba haciendo unas entregas luego de impactar de frente contra otro biciclo. Hasta el momento se desconoce cómo ocurrió el percance, pero a consecuencia de este sufrió rotura de espinazo, de columna y en el rostro.
Actualmente, se encuentra internado en el Hospital de Clínicas, donde se debe someter a una compleja cirugía, pero necesita unos G. 30 millones para costear gastos de insumos y otros. La intervención se debe realizar de urgencia para evitar que Armando quede postrado en cama.
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“Armando sufrió un grave accidente de moto y está luchando por su vida. Solicitamos ayuda solidaria para cubrir sus gastos de internación, cirugía y tratamiento médico. Necesitamos de tu ayuda”, expresaron los familiares.
Las personas interesadas en ayudar a la familia del joven que debe ser sometido a la compleja operación pueden realizar aportes monetarios al alias C. I. 3.806.697 a nombre de Marile Agüero. “Cualquier granito de arena suma. Ayúdanos con tu colaboración”, puntualizaron.