Hoy, de 09 a 10 horas, el Arzobispado Metropolitano de Asunción realizó una procesión eucarística en helicóptero sobrevolando todas las comunidades parroquiales de la Arquidiócesis. Los sacerdotes realizaron el recorrido con el Santísimo Sacramento y llevaron el mensaje de Dios a los hogares de todo el país.

El propio arzobispo recorrió la ciudad capitalina para bendecir a las familias, así como a los distintos voluntarios de blanco, policías y demás trabajadores que no descansan durante esta crisis sanitaria y económica propiciada por el Covid-19 en Paraguay y el mundo.

La procesión fue seguida de cerca por los creyentes a través de la página de Facebook del Arzobispado de Asunción y de Radio Cáritas 680 AM.

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Recordemos que, hasta el 8 de marzo, la feligresía asistía normalmente a las celebraciones de los distintos credos en Paraguay. Pero, desde la confirmación del primer caso positivo de Covid-19 (el 7 de marzo), la Conferencia Episcopal Paraguaya dio a conocer el protocolo a seguir en las celebraciones religiosas, como evitar el saludo de la paz que signifique contacto físico, la eucaristía se recibiría en la mano, se eludiría el uso de agua bendita a la entrada de los templos, además de adoptar las medidas de seguridad e higiene.

Para el 10 de marzo, todo cambió con la confirmación de otros 4 casos más, ya que el Gobierno decidió suspender ciertas actividades a fin de evitar la aglomeración de personas, disponiendo, incluso, el confinamiento en las casas. Desde entonces, los devotos dejaron de asistir a las Iglesias.

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Rezo del Papa Francisco

El Santo Padre presidió el viernes 27 de marzo un momento extraordinario de oración por la pandemia del nuevo coronavirus. Además de impartir la bendición Urbi et Orbi, ofreció la posibilidad de obtener indulgencia plenaria a los fieles.

El momento fue transmitido y seguido por miles de personas en cientos de países de todo el mundo, convirtiéndose así en un clamor unánime de misericordia al Creador. La oración fue hecha desde el atrio de la Basílica de San Pedro, hasta donde Francisco llegó caminando bajo la lluvia.

“Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente”, meditó el Papa.

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