Sergei Krikalev es el viajero en el tiempo más prolífico del mundo, ya que ha viajado en el espacio más que la mayoría de los humanos con un tiempo total en órbita de 803 días, 9 horas y 39 minutos. Foto: Gentileza.
¿Conocés la historia del hombre que viajó en el tiempo 0,02 segundos?
Compartir en redes
Te contamos su historia y que se puede viajar a diferentes velocidades hacia el futuro, a diferencia de ir al pasado, que hasta ahora es complicado.
En tiempos de pandemia, cuarentena y el nuevo coronavirus, muchos deseos casi descabellados aparecen, pero lo más probable es que incluso antes de la vida en época de COVID-19 ya hayas pensado en viajar en el tiempo. Si bien ir al pasado y tratar de cambiarlo es bastante complicado (al menos hasta que no tengamos un condensador de flujo), lo cierto es que se puede viajar a diferentes velocidades hacia el futuro.
En esta ocasión, hablaremos acerca del cosmonauta ruso Sergei Krikalev, quien a su vez es el viajero en el tiempo más prolífico del mundo, ya que ha viajado en el espacio más que la mayoría de los humanos, con un tiempo total en órbita de 803 días, 9 horas y 39 minutos y en realidad ha viajado en el tiempo (en su propio futuro) 0,02 segundos, según la publicación de un medio internacional.
Pero para entender mejor algunos datos con relación a viajes en el tiempo, primero hablaremos de un ejemplo cotidiano y real: los satélites del Sistema de Posicionamiento Global. Si no fuera por las calibraciones incorporadas, los relojes atómicos GPS ganarían 38 microsegundos sobre los relojes terrestres todos los días, lo que reduciría su precisión de ubicación. Y es en este punto en que un dato es importante: los relojes en la tierra funcionan un poco más lento que los satélites en el espacio.
El cosmonauta ruso Sergei Krikalev al convertirse en el segundo ser humano que ha pasado más tiempo en el espacio, también se convirtió en el denominado “último ciudadano de la Unión Soviética”. Foto: Gentileza.
El motivo
Pues la razón se debe a la dilatación del tiempo, tal y como describen las dos teorías de la relatividad de Einstein. Según la teoría especial, cuanto más rápido se mueve un objeto en relación con otro, más lento es el tiempo. En el caso de los satélites GPS que se acercan a la tierra, este efecto corta siete microsegundos de sus relojes diariamente en relación con los relojes en la Tierra.
En tanto que el segundo efecto, explicado en la teoría general de la relatividad, involucra la gravedad. En ese sentido, los relojes más cercanos al centro de una masa gravitacional, como la tierra, marcan más lentamente que los que están más lejos. Los satélites GPS orbitan 20.100 km sobre el suelo y como resultado, tienen 45 microsegundos adheridos a sus relojes por día. El resultado neto de los dos fenómenos relativistas nos da 38 microsegundos, la misma cifra que los ingenieros han tenido en cuenta con la tecnología GPS.
Es importante entender que cuando los astronautas y los satélites orbitan la tierra, están un poco más alejados del centro del planeta (en comparación con las personas en el suelo), por tanto experimentan menos dilatación del tiempo gravitacional. Esto significa que el tiempo de los astronautas correría un poco más rápido y cuando regresan a la tierra tendrían que regresar al pasado en comparación con cuando estaban en el espacio. Suena interesante, ¿verdad?
Pero, la dilatación del tiempo debido a la velocidad significa que los relojes para los astronautas en el espacio son un poco más lentos en relación con las personas que están en el suelo. Cuando vuelvan a la tierra, tendrán que ir un poco hacia el futuro para ponerse al día con los relojes.
Dicho esto, con nuestra tecnología actual que limita (dilata) las velocidades de los astronautas, estas diferencias son minúsculas. El mejor ejemplo lo tenemos al observar que después de 6 meses en la Estación Espacial Internacional (EEI), un astronauta ha envejecido menos que los de la tierra, pero solo alrededor de 0,007 segundos.
En ese sentido, los efectos serían mayores si pudiéramos lograr que la EEI orbitara la tierra a una velocidad cercana a la de la luz (aproximadamente 300.000 km/s), en lugar de la velocidad real de aproximadamente 7,7 km/s.
Entonces, ahora se entiende la razón por la que, si sumas la velocidad acumulada, el cosmonauta Sergei Krivalev ha viajado en el espacio esos 0,02 segundos y no solo eso, al convertirse en el segundo ser humano que ha pasado más tiempo en el espacio, Krivalev también se convirtió en el denominado “último ciudadano de la Unión Soviética”, esto quiere decir que Krivalev partió de la Tierra como ciudadano de la Unión Soviética y aterrizó como ciudadano ruso. Esto porque entre 1991 y 1992 pasó 311 días a bordo de la estación espacial Mir, período en que la Unión Soviética se derrumbó.
Violencia en J. Augusto Saldívar: detienen a hombre tras brutal golpiza a su pareja
Compartir en redes
Este miércoles, la Policía Nacional detuvo a un hombre quien golpeó brutalmente a su pareja frente a sus hijas en la ciudad de Julián Augusto Saldívar. El agresor ya contaba con frondosos antecedentes penales por robo y tenencia de drogas, uno de ellos es por agredir a la misma mujer.
Según el reporte policial, el hecho se registró esta madrugada en el barrio San Antonio de la citada ciudad, en dondeel hombre fue denunciado por la vecina. Esta escuchó los pedidos de ayuda de la mujer, pero no quiso intervenir en persona, procediendo a llamar al sistema 911.
El detenido fue identificado como Hugo Javier Contreras Saucedo (28), quien fue puesto a disposición del Ministerio Público. El año pasado ya había sidodetenido también por un hecho de violencia, pero fue liberado horas después, volviendo de nuevo con la víctima.
El reporte policial señala que Yenifer Morel Acosta, de 24 años, fue brutalmente agredida frente a sus dos hijas de 7 y 9 años, quienes al ver que su padre estaba enojado decidieron esconderse bajo la cama para evitar también ser golpeadas. La víctima fue auxiliada por los efectivos policiales quienes llegaron hasta la vivienda donde encontraron al hombre golpeando a su pareja.
“La vecina denunció que el hombre estaba propinando golpes de puños y patas a la mujer; cuando llegamos encontramos al sujeto en la casa. Ya cuenta con antecedentes por violencia intrafamiliar, por robo y tenencia de drogas; en el momento de su detención aparentemente estaba bajo los efectos del alcohol o sustancias”, dijo el oficial Manuel Báez, en Telefuturo.
Capiatá: detienen a hombre que habría incendiado una vivienda por celos
Compartir en redes
Este martes, la Policía Nacional logró detener en Capiatá al hombre acusado de incendiar la casa de su amiga porque se puso celoso. El implicado manifestó que hasta hace unos meses fue pareja de la mujer, pese a que ella indicó que solo era su conocido.
Según el reporte policial de la Comisaría 59 Toledo Cañada, lograron detener a Rodrigo Iván Romero González, de 28 años, en la compañía Rojas Cañada. Esta persona era buscada por provocar el incendio de la vivienda en la que residía Ángela Vanessa Varela, quien sería su expareja.
La fiscal Carolina Martínez emitió orden de captura por violencia familiar, mandato que se dio cumplimiento y se logró la aprehensión de Romero. Al momento de ser arrestado, el detenido alegó haber sido pareja de la denunciante hasta hace meses, aunque ella lo describió como “un conocido”.
En estos momento, Romero ya se encuentra a disposición del Ministerio Público y se ordenó su prisión preventiva mientras avanza la investigación. El incendio fue provocado ayer lunes, la víctima radicó la denuncia y apuntó que el principal sospechoso sería Rodrigo Iván, un conocido que está obsesionado con ella.
Se presume que el hombre decidió incendiar la casa porque la mujer fue a un compleaños, situación que no fue de su agrado. Previo al incendio, el detenido ya habría provocado algunos daños en la parte exterior del domicilio, por lo que decidió pasar la noche siguiente en la casa de su padre.
El ARA San Juan con sus tripulantes sobre cubierta antes de zarpar desde la Base Naval Mar del Plata, donde se aloja el Comando de la Fuerza de Submarinos
Lo que nunca conté cuando desapareció el submarino ARA San Juan
Compartir en redes
Ricardo Rivas
Periodista
X: @RtrivasRivas
“Reza por ellos y ella”, respondió aquel submarinista cuando lo llamé para preguntarle sobre “el San Juan”. No voy a escribir su nombre. No. Lo llamaré como aludimos a él entre amigos cuando comparte sus historias bajo el agua.
Marko es un tipo increíble. Es un hombre de mar, aunque desde algunas décadas dejó atrás sus tiempos de intensa actividad embarcado. Alguna vez, junto a él abordé un submarino. Tampoco diré en qué puerto fue. Quiero cuidar su presente porque aquello que dejó atrás, su historia personal como “marino de guerra”, pese al paso del tiempo, siempre vuelve. ¿Qué recuerdo de aquel ingreso subrepticio al sumergible? No mucho. Aunque admito que la estrechez de los lugares comunes me impresionó. Pero aquella impresión fue como supe cómo se respira en un submarino.
“Es muy necesario ahorrar el consumo de oxígeno y de aire comprimido…”, comenzó a explicar un veterano. Voz suave y pausada. “La respiración debe ser profunda, con un ritmo constante y lenta. El aire es preciso gestionarlo con el diafragma.
Como quienes practican el yoga, se debe combinar la respiración abdominal con la torácica y la clavicular para maximizar la oxigenación”, añadió con serenidad. “Solo así podrás dejar atrás –en el muelle– el estrés, aumentarás tu capacidad pulmonar y conseguirás centrarte sobre tu eje para que tu mente esté en total equilibrio con tu cuerpo”, indicó.
Viajé con la memoria hasta una lejana clase de asanas. Tal vez hubiera poco más de siete metros entre un lado y el otro de la embarcación diseñada para que no pueda ser detectada. Hacia el frente y a mis espaldas me pareció estar en un largo tubo interrumpido por una sucesión de pesadas puertas.
“La respiración yóguica que les propongo, para quienes quieren saber más, tiene como objetivo maximizar el intercambio de gases dentro de la nave para reducir la acumulación de dióxido de carbono en este espacio, no solo disminuir el estrés, como ya les dije, sino reducir la frecuencia cardíaca para bajar al mínimo el consumo de aire”.
Los cuatro acusados: Luis López Mazzeo, extitular del Comando de Adiestramiento; Claudio Villamide, excomandante de la Fuerza de Submarinos; Héctor Alonso, exjefe del Estado Mayor del Comando de Submarinos, y Hugo Correa, exjefe de Operaciones
LA PRUEBA
Aquellas palabras aún resuenan una y otra vez en mis oídos. “El estado actual de la unidad es operativo con una profundidad limitada a 100 metros, una velocidad autoimpuesta a máxima etapa 3 y como importante la indiscreción del ruido de la línea de eje al momento de parar máquinas”. La voz sonó clara. La sala de audiencias se conmovió. El silencio devino en murmullo.
El comandante Pedro Martín Fernández –con esas treinta y nueve palabras– describió ante sus superiores cuál era el estado operativo del submarino ARA San Juan un día de abril de 2017, siete meses antes de que la nave desapareciera de los radares.
Los familiares del comandante Fernández se estremecieron cuando escucharon esa voz que –aunque lo desean como nunca antes– ya no pueden escuchar. Desconocían de esa grabación cuya escucha, como elemento de prueba, fue presentada por la defensa del capitán de navío Claudio Villamide, excomandante de la Fuerza de Submarinos que, en esta causa, está imputado junto con el exjefe del Comando de Adiestramiento, Luis López Mazzeo; el exjefe del Estado Mayor del Comando Submarinos, Héctor Alonso, y el exjefe de Operaciones Hugo Correa.
Tres informantes muy sólidos me aseguran que estos tres últimos acusados tampoco sabían. A los cuatro la Fiscalía los acusa porque, al parecer, “incumplieron y omitieron sus deberes para con el alistamiento, mantenimiento y control operativo del submarino y, justamente por esas conductas, se produjo un estrago culposo agravado”.
Los jueces Mario Gabriel Reynaldi, Luis Alberto Giménez y Enrique Baronetto, integrantes del Tribunal Oral Federal de Río Gallegos –que deberán decidir– recibieron las objeciones de fiscales y querellantes por la inesperada escucha. “Las familias no fueron advertidas”, argumentan. “Fueron emocionalmente afectadas”. También denunciaron que “no se preservó debidamente la información militar sensible que la prueba contiene”.
¿Estaba en condiciones de navegar el ARA San Juan? Aquel viernes 17 de noviembre de 2017, en el inicio de la nocturnidad, como rumor, en Mar del Plata –poco más de 1.720 kilómetros al sur de mi querida Asunción– se escuchó por primera vez que “desapareció el ARA San Juan”. En un par de horas aquella inquietante novedad comenzó a circular desde el puerto. Aunque en voz baja, el ARA San Juan estaba en boca de todos y todas. Sin embargo, en la tele o en la radio no se decía nada.
El cielo estaba color gris plomo. Clima inclemente. Tempestad. Pese a que la finalización del invierno estaba a la vuelta de la esquina, la meteorología era severa con la ciudad enclavada en la costa bonaerense. El Atlántico Sur, cuando sopla rugiente la sudestada, es de temer. Mar del Plata estaba en silencio profundo. El celu estallaba. Colegas periodistas desde países vecinos y redacciones lejanas querían saber, saber y saber. No tenía para responder.
Fuentes gubernamentales, navales y de la sociedad civil relacionadas con la Armada no aportaron nada. Pero… algo ocultaban o, peor aún, no sabían cómo decir lo que no querían que estuviera pasando o que... hubiera pasado. ¿Se perdió contacto con el ARA San Juan? ¿Emitió una llamada de emergencia? ¿Está desaparecido? “No tengo nada para decirte”.
¿El submarino está en una misión de patrullaje? “No puedo responder a esa pregunta. Se trata de información sensible, secreta. ¡Podría afectar la seguridad nacional!”, escuché una y otra vez. Misterio de Estado. Un grupo de personas en el portón de acceso a la Base Naval Mar del Plata, donde se aloja la fuerza de submarinos, también querían saber. Un oficial naval se acercó para invitarlos a pasar. “Solo familiares”.
Quedé con mis ojos clavados en las espaldas de quienes, sumidos en la angustia, con paso apresurado, silenciosos, marchaban en procura de respuestas. Las luces en el interior de la capilla Stella Maris, a unos pocos metros del acceso a esa unidad militar, estaban encendidas. Después de varios intentos vuelvo a dar con Marko. “Comenzó el operativo de búsqueda”, me dice.
Eliana María Krawczyk, la primera mujer submarinista en Sudamérica, capitana de corbeta posmortem, tripulante del ARA San Juan. Su perro, Comando, la esperó en el muelle hasta su último aliento. Luego, se cuenta en el puerto de Mar del Plata, fue inhumado con “honores militares”
OTROS SUBMARINOS
Por varios pescadores sabemos que la meteorología en el mar es pésima. Los que todo lo saben y lo recuerdan –apostados allí solo como curiosos– parlotean. Las angustias crecen con cada recuerdo. “El 12 de agosto de 2000 el submarino Kurks, de la armada rusa, durante un ejercicio de combate en el mar de Barents, después de dos explosiones se hundió con 118 tripulantes…”. Alguien sollozaba.
La vigilia se extendía. Otro recordó que el 22 de mayo de 1968, el submarino nuclear norteamericano Scorpion, con 99 submarinistas a bordo, dejó de comunicarse con su base. Un día antes fue el último contacto registrado cuando se encontraba en inmersión a unos 90 kilómetros de las Islas Azores. El memorioso charlatán hizo silencio.
Un informante clave, horas más tarde, me confidenció que varios sensores hidroacústicos reportaron anomalías desde las Islas Canarias, desde Terranova y desde la Argentina. Luego supe que, en abril de 2021, cincuenta y tres marinos a bordo del KRI Nanggala-402 se perdieron para siempre a unos 100 kilómetros de la costa de Bali. Alguien que salió del interior de la Base Naval Mar del Plata para mezclarse entre quienes buscábamos información. Lo rodeamos. Dejó trascender, en voz muy baja, que a las 7:15 del 15 de noviembre, el capitán de fragata Pedro Martínez Fernández, mientras navegaban sumergidos a 432 kilómetros de la costa, a la altura del Golfo de San Jorge reportó que el “ingreso de agua de mar por sistema de ventilación al tanque de baterías n.° 3 ocasionó cortocircuito y principio de incendio en el balcón de barra de baterías. Baterías de proa fuera de servicio al momento en inmersión propulsando con circuito dividido. Sin novedades de personal. Mantendré informado”.
Ocho días antes habían zarpado desde el puerto de Ushuaia. “No me comprometan”, pidió el portavoz anónimo con los ojos vidriosos. ¿Dónde está el San Juan?, era el interrogante único en una ciudad que sabe de qué se trata el mar. Lo ama y respeta. Navegantes, pescadores, buzos, nadadores, surfers… El 25 de octubre de 2017 el submarino San Juan con sus cuarenta y cuatro tripulantes dejó este puerto por última vez. Despedidas, adioses, promesas de regreso, de volver pronto… Como viajero que siempre gusta de viajar sé que partir no siempre es irse. Tampoco es querer y poder volver. Mucho menos, decir adiós.
El ARA San Juan, como cada vez que se lanzaba al mar, las primeras millas las navegó en la superficie. Quienes estábamos entonces cerca de la costa lo vimos pasar frente al Cabo Corrientes. Algunos pescadores saludaban. La falta de dragado obligaba a los buques a navegar cerca de la costa hasta donde las avenidas Colón o Pedro Luro se sumergen. Allí viran a estribor en busca de aguas profundas. Esa derrota cumplió el sumergible.
A OCHO AÑOS
¿Qué se sabe del San Juan, dónde está… qué pasó, Marko?, pregunté una vez más al submarinista amigo. “Reza por ellos y ella”, repitió. Como en el primer momento me quedó la convicción de que sabía más de lo que podía (o quería) decir. La consulta era a la vez la pregunta que –consternados– se hacían en la entrada de la Base Naval Mar del Plata familiares, amigos, amigas de los tripulantes de la embarcación desparecida.
También era la demanda de las y los periodistas que cubríamos la tragedia que nadie confirmaba formalmente. “Buscar un sumergible es muy difícil. Muy complejo”, dijo un experto en el uso del sonar (sigla en inglés de Sound Navigation And Ranging) destinado en un buque de superficie con muchos años de servicio.
“Los submarinos están diseñados para no ser detectados. Son cazadores invisibles”, precisó. Un pescador, en la triste madrugada del día después de la desaparición del ARA San Juan, a tres periodistas nos contó, con lágrimas en los ojos, que “Comando, como cada vez que Eliana (Krawczyk, primera oficial naval y submarinista en Latinoamérica) y sus compañeros partían, la acompañó hasta el muelle primero, hasta la planchada después y, con los primeros movimientos de los remolcadores con los que los prácticos guiaban aquel barco de guerra hasta el canal para salir del puerto marplatense, con sus ojos fijos en el caso del sumergible. Te partía el alma…”, agregó.
¿Comando? Sí, un perro callejero que se encariñó con la submarinista del San Juan. “Algunas veces se zambullía y con esfuerzo, nadaba a la par de la embarcación, intentaba abordarla para luego emprender el regreso al muelle donde se quedaba hasta el regreso. Seguro que está allá, en el muelle…”, especuló. Imposible verificarlo. Nadie podía ingresar en la Base Naval Mar del Plata.
Dos fuentes del más alto nivel que aún se desempeñan en organismos multilaterales –en la madrugada del 18 de noviembre, unas pocas horas después de la desaparición del ARA San Juan– que trabajan en la Organización del Tratado para la Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBTO), por WhatsApp off the record, me informaron que se había registrado “una explosión en la zona donde navegaba” el submarino argentino. ¿Hay certezas? “Sí.
Los sensores desplegados en las Islas Crozet, de Francia; en la Isla Ascensión; y, en el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte lo reportaron. Algunos analistas estiman que la anomalía registrada se produjo aproximadamente a un kilómetro de profundad”. Con esa información consulté numerosas fuentes locales. Civiles y militares. Negaron. Desmintieron.
“¡Es imposible!”, enfáticamente respondieron algunos de los consultados. El 23 de noviembre, el capitán de fragata Enrique Balbi confirmó formalmente que aquella organización detectó “un evento anómalo, corto y consecuente con una explosión/implosión” en la zona por donde se encontraba el sumergible. Tiempo después el instrumental instalado en el buque Seabed Constructor (cinco Autonomous Underwater Vehicle - AUV) confirmó aquellos datos off the record que recibí desde Viena.
Los restos del ARA San Juan estaban (y están todavía) “unos veinte kilómetros al norte del punto estimado donde se produjo la explosión/implosión a unos 900 metros de profundidad”. ¿Por qué no se informó antes? “Comunicar en tiempos de crisis y de angustias sociales, bajo presión, no es sencillo”, argumenta este miércoles una fuente sólida y confiable. ¿Y, por qué se demora tanto el juicio oral para establecer responsabilidades y sancionar a los culpables cuando todo parece estar tan claro? “La justicia tiene sus tiempos”, responde.
Ocho años pasaron desde la tragedia. Volví al puerto cuando el juicio se inició en Río Gallegos. Un viejo suboficial retirado de la marina de guerra me contó que “en noviembre de 2018, murió Comando. Se quedó en el muelle esperando a la capitana Eliana…”, dijo con angustia. Sentí que no hablaba conmigo.
“Dicen que un tumor en el estómago lo mató. Pero algunos pescadores supersticiosos precisan que expiró cuando los AUV del Seabed Constructor encontró al San Juan en el fondo del mar. En un bar cercano al puerto se comenta que un tal Julián Trejo, oficial de la Fuerza Aérea que conoció de cerca la historia de amor entre Eliana y Comando, discretamente, lo enterró en algún lugar con honores militares”.
En el momento en que el ARA San Juan desapareció –el 17 de noviembre de 2017–, las estaciones hidroacústicas de la Organización del Tratado para la Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares instaladas en las Islas Crozet y Ascensión, entre otras, registraron “un evento anómalo, corto y consecuente con una explosión/implosión” en la zona donde navegaba
Detienen a hombre que era buscado por una tentativa de feminicidio
Compartir en redes
La Policía Nacional logró capturar a un hombre con una orden de detención del año 2019 por un caso de intento de feminicidio. Esta persona habría disparado en varias ocasiones a su pareja que quedó gravemente herida en la ciudad de Asunción, pero se salvó de milagro.
Según el reporte dado por los intervinientes, el detenido fue identificado como Pedro Francisco Santos Giménez, de 41 años, quien estuvo prófugo durante siete años. Este contaba con una orden de captura por tentativa de feminicidio que data del año 2019, y desde ese tiempo habría estado escondido en Argentina.
“La víctima fue su pareja, en ese entonces el hombre tenía 34 años. Este mantuvo una discusión con la mujer, por motivo de los celos e hizo uso de un arma de fuego con el que atentó contra su pareja”, expresó el oficial Héctor Ortega, en entrevista con canal Trece.
Detalló que Santos realizó dos disparos contra la mujer, que tuvieron orificio de entrada, pero no de salida. “En aquella oportunidad el caso fue tomado por la comisaría segunda y auxiliaron a la víctima hasta el Hospital General de Barrio Obrero donde estuvo mucho tiempo internada”, apuntó.
Agregó que desde el 2019 este hombre se encontraba prófugo hasta su detención que se logró durante la jornada de hoy, en plena vía pública. “Se presume que todo este tiempo abandonó el país, que estuvo en Argentina y en ese lapso también se lo sindicó en un caso de robo”, aseguró.