Tiene una carrera de siete décadas con más de 50 películas, la última de ellas la cinta biográfica "El caso de Richard Jewell", que se estrenó en noviembre pasado. Foto: AFP
Clint Eastwood celebra 90 años sin pensar en el retiro
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La leyenda del cine Clint Eastwood cumple 90 años este domingo, pero ni piense que la estrella de “Por un puñado de dólares” y “Harry el sucio” está lista para colgar sus botas de vaquero.
Este actor convertido en director, ganador de cuatro premios Oscar y que en los últimos diez años produjo nueve películas, no ha expresado su deseo de retirarse ahora que llega a las nueve décadas.
Y la verdad es que Eastwood no es un gran fanático de los cumpleaños. “Haremos una (celebración) familiar, muy, muy tranquila”, dijo esta semana su hijo Scott, de 34 años y también actor, a Access Hollywood.
Eastwood (1930) tiene una carrera de siete décadas con más de 50 películas, la última de ellas la cinta biográfica “El caso de Richard Jewell”, que se estrenó en noviembre pasado.
La producción recibió críticas encontradas y generó fuerte rechazo por su representación de una periodista de la vida real, que intercambiaba sexo por secretos del FBI.
Pero la carrera de Eastwood ha resistido otras polémicas, desde las acusaciones de violencia excesiva en la llamada “trilogía del dólar”, de fascismo en “Harry el sucio” y belicismo en “American Sniper”, hasta su representación del racismo en “Gran Torino”.
Además de los Oscar por “Los imperdonables” y “Million Dollar Baby” (también titulada “Golpes del destino”), y la Palma de Oro del festival de Cannes, el catálogo de Eastwood también contiene algunos fracasos masacrados por la crítica.
“Quiero pensar que le resbala… le han dado fuerte a lo largo del camino”, dijo a la AFP el periodista cinematográfico Tim Gray, vicepresidente de la revista Variety. “Pero creo que va a seguir trabajando tanto tiempo como pueda, parece tener un impulso creativo que lo mantiene en marcha”, agregó.
Conocido en Hollywood como un hombre educado pero reticente a la charla o los detalles personales, Eastwood ha insinuado proyectos futuros, pero no había confirmado ningún plan antes de que la pandemia cerrara todas las producciones en marzo.
En una entrevista en enero, dijo a la televisión británica ITV que todavía disfrutaba su oficio. “Me gusta hacerlo, es bueno poder tener un trabajo remunerado”, dijo. “Me gusta estar en películas, me gusta hacerlas y empecé a dirigir porque un día pensé que podía mirar la pantalla y decir: ‘ya basta Eastwood, es mejor que hagas otra cosa’”.
En otras entrevistas ha expresado que no entiende por qué luminarias del cine como Billy Wilder y Frank Capra se retiraron a temprana edad, y ha insistido en su deseo de trabajar mientras le lleguen proyectos interesantes que “valgan la pena estudiar”.
A pesar de haber anunciado previamente su retiro de la actuación después de “Gran Torino” en el 2008, Eastwood regresó al frente de la cámara cuatro años después en “Curvas de la vida”, y luego en el 2018 con “La mula”.
“Es bastante impredecible”, dijo Gray. “Tengo la sensación de que ahora hace lo que quiere hacer”, acotó.
Además de seguir supervisando sus producciones de Malpaso, Eastwood, que fue alcalde del exclusivo balneario de Carmel (1986-88), sigue comprometido políticamente: apoyó por ejemplo en este ciclo electoral la fracasada campaña de Michael Bloomberg a principios de este año.
Y con ocho hijos y muchos nietos, Eastwood seguramente estará concurrido el domingo, aunque en realidad no esté buscando celebraciones. “Odia su cumpleaños”, dijo su hija Alison a la publicación Closer a finales del año pasado. “Creo que solo quiere trabajar y disfrutar de su vida, pero no creo que quiera celebrarlo… así que veremos”.
“La celebración se concibe como un puente de integración”
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Jimmi Peralta
Fotos: Gentileza / Mariana Díaz
Aquellas 100 primeras familias de colonos que arribaron en 1936 hoy representan a cinco generaciones que, desde su cultura originaria, comparten la identidad nacional paraguaya y contribuyen activamente al desarrollo del país en los más diversos ámbitos.
“Desde los años sesenta, Japón volvió a repuntar tanto su economía como su situación en general. Por lo tanto, había disminuido drásticamente la salida de emigrantes. Algunas pocas familias (de inmigrantes) volvieron a Japón, pero la gran mayoría prefirió radicarse definitivamente en Paraguay, sintiéndose como en su segunda patria, bajo la protección privilegiada y el reconocimiento del Gobierno del Paraguay y su gente. Los descendientes son conscientes en mantener la disciplina y ética japonesa, pero se sienten orgullosos de ser paraguayos, y su afán de contribuir al desarrollo del país enfatizando su hibridación cultural y costumbres bien arraigadas”, comenta en diálogo con La Nación/Nación Media Emi Kasamatsu, historiadora e investigadora de la inmigración japonesa en Paraguay y las Américas, respecto a aquel proceso migratorio del que este año se celebra el 90.o aniversario: los primeros colonos japones que llegaron al Paraguay en 1936.
La Gran Depresión de los años 30 afectó al mundo y Japón no fue la excepción. Aquella diáspora había empezado décadas antes y algunos destinos ya iban cerrando las puertas, pero el corazón de América se abría como oportunidad para aquellas familias.
Emi Kasamatsu, historiadora
PRIMERA OLA
“El Gobierno del Japón realizó en 1934 las averiguaciones pertinentes y primero con el gobierno del entonces presidente Eusebio Ayala, quien aprobó el ingreso de 100 familias japonesas. Luego la compañía colonizadora del Brasil (Burataku) envió a sus ingenieros a buscar terrenos adecuados para la agricultura. Entre ellos se encontraba Hisakazu Kasamatsu y Shuhei Fujikatsu, quienes descubrieron una propiedad apropiada a 130 km de Asunción, en el departamento de Paraguarí, a la cual se denominó posteriormente La Colmena. Luego de la revolución del 17 de febrero de 1936, se produjo el cambio de gobierno, asumiendo la presidencia el coronel Rafael Franco. Este, viendo la conveniencia para potenciar el desarrollo agrícola, autorizó por Decreto Ley 1026 del 30 de abril del mismo año la entrada de 100 familias japonesas agrícolas en forma experimental”, narra la historiadora.
Con el lema “Gratitud y respeto, un lazo de 90 años”, la comunidad japonesa en Paraguay dio a conocer en las últimas semanas una agenda de actividades para la celebración del 90.° aniversario, que incluyen un evento central en agosto próximo, actividades culturales, la reciente inauguración del Museo de la Inmigración Japonesa, y la visita imperial de sus altezas imperiales el príncipe Fumihito (Akishino) y la princesa Kiko.
“En esencia, la celebración se concibe como un puente de integración: no es solo para los descendientes, sino para todo Paraguay, mostrando cómo la inmigración japonesa se convirtió en parte del tejido nacional. Busca compartirse con toda la sociedad, tanto descendientes nikkei como paraguayos en general, a través de iniciativas que combinan memoria, cultura y participación comunitaria”, explica Eduardo Ryusuke Higaki, presidente de la comisión de celebración de los 90 años de aquella ola migratoria.
TRABAJO EN EL CAMPO
Se estima que actualmente llegan a 10.000 las personas japonesas y descendientes que viven en el país. Se afincaron en un primer momento dentro del ámbito de la producción rural, primero en La Colmena, y después en asentamientos como La Paz, Pirapo y Yguazú, en los departamentos de Itapúa y Alto Paraná.
Desde Japón ingresaron, entre 1936 y 1941, 123 familias que sumaban un total de 790 personas. A cada familia se les asignaron 20 hectáreas y a ellos se sumaron las 15 familias de la compañía colonizadora, con 54 personas.
“Fieles al decreto del gobierno anfitrión, todos los inmigrantes se dedicaron a la agricultura. Primero, con lo que el gobierno les indicara, con el cultivo del algodón y luego introdujeron las variedades de hortalizas, granos y frutales con las semillas traídas desde Japón. Hubo variados problemas que tuvieron que superar como la invasión de langostas y gusanos, así como las heladas. Era necesario el apoyo mutuo, junto con el espíritu japonés de fortaleza y sacrificio para lograr la superación”, comenta la historiadora.
Un paso decisivo se dio en 1959, cuando Paraguay y Japón firmaron un acuerdo migratorio que fortaleció la cooperación bilateral. En esos años también surgieron organizaciones y nuevas colonias que ampliaron el desarrollo agrícola.
BARRERA IDIOMÁTICA
El idioma fue en principio una barrera importante para la interacción y el desarrollo, y fue allí que vieron la necesidad de aprender el idioma para relacionarse con los habitantes de la zona. Es por ello que comenzaron a estudiar y hablar el guaraní. Gracias a ellos es que, durante las últimas décadas, las colonias japonesas se destacaron como referentes de la producción agrícola del país.
Actualmente, productos como la soja, el maíz, el sésamo y otras semillas oleaginosas son rubros en los que se mantiene un activo intercambio comercial con Japón, cumpliendo con estándares modernos de trazabilidad, sanidad y sostenibilidad, consolidando así un vínculo económico estratégico.
EL MUSEO
El pasado 27 de marzo, quedó habilitado el Museo de la Inmigración Japonesa en Paraguay, en la sede de la Federación de Asociaciones Japonesas y Nikkei del Paraguay, donde se expone un acervo compuesto por objetos históricos, documentos, fotografías, herramientas agrícolas y testimonios que narran la vida de los pioneros japoneses desde su llegada en los años treinta hasta la actualidad.
“Este museo tiene entre sus objetivos conservar testimonios materiales de la vida de los inmigrantes: herramientas agrícolas, fotografías, documentos, utensilios. Evitar que el paso del tiempo borre las huellas de la experiencia migratoria. Mostrar a jóvenes y visitantes cómo se vivió la llegada y adaptación de los japoneses en Paraguay. Además, enseñar los valores de esfuerzo, resiliencia y cooperación, y dar visibilidad a la influencia japonesa en la agricultura, la cultura y la vida comunitaria paraguaya. Este espacio ofrece a los descendientes un espacio donde puedan reconectar con sus raíces, y permite reafirmar el orgullo de pertenecer a una tradición que combina lo japonés y lo paraguayo”, explica Eduardo Ryusuke Higaki.
Eduardo Ryusuke Higaki, presidente de la comisión de celebración
En La Colmena, epicentro de la inmigración, cada familia cumple con resguardar su tradición, y valorar la dedicación y el sacrificio puesto por los pioneros.
“Existen testimonios escritos en idioma japonés, algunas declaraciones de los primeros inmigrantes en videos, pero me había dado cuenta de la falta de promoción en idioma español de las actividades y eventos históricos de los japoneses en Paraguay”, explica Emi.
INMERSOS EN LA COMUNIDAD
La colectividad japonesa en Paraguay se involucró activamente en la realidad nacional desde su labor, aportando a la comunidad con varios protagonistas destacados.
Desde La Colmena, en el trascurrir de sus 90 años, entre los hijos y nietos de aquellos pioneros surgieron profesionales de las más diversas ramas. En el ámbito de organismos internacionales con cargos de relevancia en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Antelco (actual Copaco), en el Ministerio de Agricultura, en la disciplina militar con un general de brigada y comandante de las Fuerzas Militares, así como en la Junta Municipal e intendencia del distrito paraguariense.
“En lo académico, una profesora emérita en la cátedra de Medicina e investigadora internacional, un profesor emérito en la cátedra de Veterinaria de la UNA, una promotora del ñandutí y su enseñanza en Japón. En el área agrícola, se desarrollaron innovaciones en técnicas de la fruticultura y cultivos en general. Así también, una diplomática y promotora cultural en la Embajada del Paraguay en Japón, como también en la producción literaria, historia y artes, y para la creación de la primera institución de Ingeniería Aeroespacial del Paraguay, con el lanzamiento del primer satélite con la denominación de GuaraniSat1”, finalizó Kasamatsu.
La icónica fachada del Teatro Dolby será historia a partir de 2029 y dará paso al Teatro Peacock, que se encuentra a unos 12 kilómetros. Foto: Facebook
En 2029 Hollywood dejará el Teatro Dolby y los premios Óscar se instalarán en el Teatro Peacock
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Los Óscar, que año a año premian lo mejor del cine en Estados Unidos, se irán de Hollywood en 2029, justo después de cumplir un siglo en el corazón de la ciudad de oropel, anunciaron los organizadores este jueves.
La mayor fiesta de Hollywood, que tradicionalmente se celebra en el Teatro Dolby en el Paseo de las Estrellas, se mudará a partir de su 101ª edición al Teatro Peacock, en el centro de Los Ángeles, detalló la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas en un comunicado.
La mudanza es parte de un acuerdo de diez años con la compañía de entretenimiento y deportes AEG, propietaria del complejo LA Live, dentro del cual se enmarca el Teatro Peacock.
“Estamos encantados de asociarnos con una potencia global como AEG”, dijeron el director ejecutivo de la Academia, Bill Kramer, y la presidenta de la Academia, Lynette Howell Taylor en el comunicado conjunto.
“Su trayectoria en la construcción y operación de recintos para espectáculos en vivo con tecnología de punta no tiene rival”, agregaron.
La edición de 2029, que será además la primera en ser transmitida exclusivamente por YouTube, desplegará su alfombra roja en el LA Live, el complejo de eventos vecino del Crypto.com Arena, casa de los equipos locales de hockey, Kings, y de básquet, Lakers.
“LA Live fue construido para albergar los momentos que definen la cultura, y no hay mayor escenario global que el de los Óscar”, dijo Todd Goldstein, director de ingresos de AEG.
Esta no es la primera vez que los Premios de la Academia, que debutaron en 1929 en el Hotel Roosevelt de Hollywood, se realizarán en el centro de Los Ángeles.
La fiesta del cine ya había aterrizado en el vecindario en 1931, cuando se realizó en el Hotel Biltmore. Y durante varios años alternó entre este recinto y el, después demolido, Hotel Ambassador.
En las décadas siguientes, la ceremonia, que reúne a la crema y nata de la pantalla grande, se realizó en varios puntos de la ciudad, incluyendo el Shrine Auditorium y el Dorothy Chandler Pavilion, en el centro.
Pero en 2002, se instaló en el Teatro Dolby de Hollywood, con la excepción de la edición durante la pandemia que regresó al centro, en la Union Station, donde la directora Chloé Zhao y su “Nomadland” se llevó la estatuilla más prestigiosa de la noche.
El evento, que cierra la temporada de premios de Hollywood, premió este año al director Paul Thomas Anderson y su ecléctica “Una batalla tras otra”, votada como la mejor película por la Academia.
Chase Infiniti, la hija ficticia de DiCaprio, brilló en la alfombra roja de los Óscar
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Las estrellas más rutilantes de Hollywood desfilaron ayer domingo por la alfombra roja con motivo de la 98.ª edición de los Premios de la Academia, la noche más importante de la industria cinematográfica. Estos son algunos puntos a destacar en los atuendos de los Óscar:
Tonos primaverales
Los toques de color primaveral fueron una grata sorpresa en la alfombra roja. Jessie Buckley, la favorita para ganar el Óscar a la mejor actriz por su interpretación de la afligida esposa de William Shakespeare en “Hamnet”, lució majestuosa con un corpiño rojo de Chanel con hombros descubiertos y una vaporosa falda rosa. Chase Infiniti, quien interpreta a la hija de Leonardo DiCaprio en “Una batalla tras otra”, no está nominada al Óscar, pero sin duda se llevó las miradas en el tapete rojo.
Infiniti derrochaba glamour con un traje lila sin mangas de Louis Vuitton, de corpiño ajustado y una cascada de volantes que caían desde su cadera hasta el suelo creando una larga cola. Y el veterano cineasta Spike Lee aportó un toque de color a su conjunto de tonos neutros con un sombrero y una corbata de moño de color púrpura brillante. En el pasado, ya lució este tono en honor a Prince.
La actriz estadounidense Chase Infiniti asiste a la 98.ª edición de los Premios Óscar en el Dolby Theatre de Hollywood, California, el 15 de marzo de 2026. Foto: Angela Weiss/AFP
Blanco y negro
El blanco y negro es un favorito de siempre entre las estrellas, y la nominada a mejor actriz Rose Byrne lo adoptó incorporando la tendencia primaveral. Se decantó por un vestido negro sin tirantes de Dior cubierto de flores blancas.
Emma Stone, en la misma categoría que Byrne por “Bugonia”, lució un brillante vestido largo blanco de Louis Vuitton de mangas cortas. Y Teyana Taylor, quien ha dominado la alfombra roja durante toda la temporada de premios, eligió un traje sin mangas de Chanel en blanco y negro con plumas y transparencias.
Estrellas del hockey, reales y ficticias
El provocativo personaje Shane Hollander de “Heated Rivalry” también asistió a los Premios de la Academia. Hudson Williams, el actor que lo encarna, ha estado en todas partes desde que la serie de amor gay en el hockey se volvió viral: llevó la antorcha olímpica en Italia, apareció en “Saturday Night Live” junto a su coprotagonista Connor Storrie y ahora, en los Óscar.
Williams lució un conjunto totalmente negro de Balenciaga —traje de doble botonadura, camisa y corbata— con un broche brillante para completar el “look”. Pero la estrella de hockey de Hollywood no fue la única en el Dolby Theatre.
Hilary Knight y Hannah Bilka, dos de las estrellas del equipo femenino de hockey sobre hielo estadounidense ganador de la medalla olímpica de oro, estaban listas para su primer plano en la alfombra roja de los mayores premios de la Meca del cine.
Los Óscar premiarán por primera vez a los directores de elenco
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Cuando una película te atrapa, a menudo es por la química entre los actores. Yesto es gracias a los directores de elenco, que ahora serán reconocidos por la Academia con su propia estatuilla. Después de casi un siglo de historia, los Óscar premiarán por primera vez el domingo a estos profesionales, por lo general mujeres, responsables en gran medida por la alquimia que ocurre en el set.
“Estoy realmente muy feliz por todos nosotros”, dijo a AFP Nina Gold, nominada a su trabajo por “Hamnet”, sobre la tragedia familiar de Shakespeare. “Espero que la gente vea que el casting es una labor realmente creativa”, agregó esta directora de elenco británica con más de 30 años de experiencia.
Gold sabe que su trabajo se refleja en la actuación de otras personas y eso es en cierto modo difícil de evaluar. Pero la selección del elenco es crucial para el éxito de una película, así como el guión o el vestuario, rubros que cada año reciben honores en los Óscar.
Para “Hamnet”, Gold no sólo sugirió a Jessie Buckley (favorita para llevarse un Óscar a mejor actriz) para interpretar a Agnes, la esposa de William Shakespeare, atormentada por la muerte de su hijo. También se aseguró de que Paul Mescal, quien interpreta al dramaturgo, fuese un par ideal para Buckley, organizando lecturas del guión para chequear su compatibilidad.
“Lo que hace bueno a un director de casting es esa especie de intuición para no sólo ver el talento de alguien, sino orquestar la química de una película, cómo las cosas se encajan”, dijo Juliet Taylor, quien recibió un Óscar honorario por su trayectoria de vida (sólo dos de estos profesionales han ganado tal distinción).
“Ser un terapeuta”
El director de casting es una de las principales fuerzas creativas en la génesis de una película, dijo Taylor, de 80 años, quien fue socia clave de Woody Allen y también trabajó en clásicos como “El exorcista” y “Taxi Driver”.
Ella fue responsable por conseguirle sus primeros papeles a Meryl Streep y a Joaquin Phoenix, luego ganadores del Óscar.
A partir de la lectura del guión, el encargado de elenco debe captar la visión artística del cineasta y sugerir los mejores actores para ejecutarla.
“Es un poco como ser un terapeuta. Tienes que aprender a realmente apreciar a las personas por lo que son, te gusten o no”, dijo Taylor, riéndose.
Estos profesionales se apoyan en su extenso conocimiento del cine y del teatro, y realizan audiciones en persona y video.
El brasileño Gabriel Domingues, nominado este año por su trabajo en “El agente secreto”, eligió a varios actores desconocidos para reproducir el Brasil de los años 1970 bajo la dictadura militar.
Y a veces los directores encuentran a su talento en la calle. Así fue como Cassandra Kulukundis, nominada por “Una batalla tras otra”, reclutó extras para interpretar inmigrantes en la cinta de Paul Thomas Anderson.
Las posibilidades se multiplicaron con la llegada de internet, dijo Francine Maisler, favorita al Óscar por el casting de “Pecadores”.
El director Ryan Coogler le dijo que quería una película “muy personal”, y que el personaje Sammie, el joven músico que conduce la trama, tenía una importancia especial.
Maisler abrió una convocatoria mundial que culminó con la elección de Miles Caton, un músico de Nueva York que estaba en gira con H.E.R. “Era innegable lo especial que era”, dijo Maisler.
Alternativas
Para Maisler, que ha trabajado con figuras como Denis Villeneuve, Greta Gerwig y Alejandro González Iñárritu, es fundamental que un director de elenco pueda guiar de forma sutil a un cineasta hacia su objetivo. Pero si el cineasta no está de acuerdo con un actor, se trata de proponer alternativas sin herir susceptibilidades, en interés de la película, sostiene Maisler.
Este delicado trabajo en equipo adquirió una dimensión artística en la década de 1960 gracias a pioneros como Marion Dougherty, quien descubrió a James Dean y Dustin Hoffman, y fue mentora de Taylor. Antes de Dougherty, el casting era visto básicamente como un trabajo de secretaria. Pero a partir de ahí “muchas mujeres entraron en la profesión”, cuenta Taylor. “Tal vez es por eso que no fue bien remunerado ni reconocido por mucho tiempo”, afirma.