El mandatario paraguayo Santiago Peña fue uno de los principales líderes políticos que exhortaron al respeto de la voluntad popular en Guatemala, ante los continuos intentos de impedir el juramento de César Bernardo Arévalo de León como nuevo mandatario. Tras varios impasses políticos y judiciales, el socialdemócrata finalmente asumió el poder por la madrugada de este lunes, reemplazando en el cargo a Alejandro Giammattei.
Mediante su cuenta oficial en la red social Twitter, Peña, que viajó hasta la nación centroamericana para este año, expresó: “Agradezco la hospitalidad del pueblo de Guatemala y la cálida atención durante nuestra estadía. Estoy seguro que la democracia saldrá fortalecida tras esta sucesión de eventos. El gobierno del Paraguay seguirá apelando al diálogo como mecanismo para zanjar diferencias”.
“Lamentablemente, por motivos de agenda previamente establecidos, no podré permanecer hasta la asunción al cargo de Bernardo Arévalo como presidente de este país hermano, pero seguiremos apoyando y velando por el respeto de la voluntad popular”, agregó el mandatario paraguayo, que se trasladó rumbo a Brasilia para una reunión concertada este lunes con el presidente brasileño, Lula da Silva.
Arévalo, exdiplomático y sociólogo de 65 años, se vio obligado a enfrentar varias arremetidas políticas y judiciales que intentaron anular su victoria tras imponerse en una segunda vuelta contra la conservadora Sandra Torres, en los pasados comicios presidenciales realizados en agosto.
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En el transcurso de la jornada de este último domingo, Guatemala estuvo envuelto en un ambiente de tensión tras registrarse 10 horas de retraso para la llegada de Arévalo de León al poder ante desacuerdos en el Congreso Nacional.
El líder del movimiento Semilla asumió el cargo junto a la vicepresidenta Karin Herrera, frente a sus correligionarios, dirigentes del sector opositor y varias delegaciones de autoridades extranjeras que respaldan su legitimidad y su proyecto de gobierno, que apuntará a combatir la corrupción, el narcotráfico y la pobreza.
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Tradición intacta: celebran “Kurusu ára” con chipa y rosario de maní
Cada 3 de mayo se celebra el Kurusu ára o Día de la Cruz, una tradición que se mantiene intacta en varios puntos del país, donde los creyentes preparan chipas y rosario de maní para repartir tras rezar el santo rosario. En Asunción y Central, varias parroquias se prepararon para rendir homenaje a la Santísima Cruz.
Para la feligresía católica esta fecha es muy especial para realizar la exaltación de la Santa Cruz que representa el signo del amor infinito de Dios por la humanidad, ya que fue instrumento de dolor y se convirtió en fuente de vida, salvación y victoria.
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Tradición familiar
En Paraguay, esta fecha representa una de las más importante y su celebración se convirtió en una profunda devoción en la que varias familias. Además de levantar sus cruces, preparan la tradicional chipa y los rosarios de maní para repartir a todos aquellos que rezan el rosario.
Hace más de 90 años, en el barrio Bernardino Caballero de la ciudad de Asunción, la familia Antar mantiene intacta su festejo por el Kurusu ára y hoy no fue la excepción. Desde tempanas horas comenzaron a adornar el altar también llamado calvario, con más de 3.000 chipas y rosarios de maní, que serán repartido tras las misa hoy a las 18:00.
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Chipa jepo’o
Pobladores del Bañado Norte mantienen viva la tradición del kurusu jegua con motivo del Kurusu Ára y en la capilla de la Santa Cruz adornando la cruz con chipas y rosarios de maní. Para este a las 18:00, se tiene prevista la procesión, posteriormente se oficiará la misa y finalmente se hará el chipa jepo’o entre todos los fieles.
En el barrio 3 de Mayo de la ciudad de Luque organizaron un karu guasu gratuito para los visitantes. Además, para las 19:00 se celebrará la misa central, presidida por el monseñor Celestino Ocampo, obispo de la Diócesis de Carapeguá, y se llevará a cabo el tradicional rezo de los mil Jesús y la distribución de chipas que adornan la cruz conocida como “Kurusu Jegua”.
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Peña elogió la gestión y el liderazgo del gobernador César Sosa en Guairá
El presidente de la República, Santiago Peña, destacó la figura del gobernador del Guairá y presidente del Consejo de Gobernadores, César Sosa, evocando la victoria en los comicios del 30 de abril de 2023. El mandatario desarrolló su jornada de gobierno en dicha departamento, el viernes último.
“A tres años de haber recibido el mandato, tanto César a nivel departamental y yo, a nivel nacional, que no hemos perdido el tiempo, en el trabajo que se ha hecho hasta ahora. Realmente con un avance tremendo y estoy seguro de que este este resultado todavía se va a ver con mayor fuerza en los próximos meses y años”, enfatizó Peña ante consultas de la prensa.
Asimismo, el jefe de Estado remarcó su admiración hacia la labor de Sosa, ya sea desde su rol como gobernador, así como en la conducción del Consejo de Gobernadores.
“Demás está decir y resaltar el gran nivel político que tiene César Sosa, es conocido su fuerte liderazgo que está demostrando con los 15 gobernadores colorados, lo cual considero fundamental al demostrar la enorme cohesión y unidad que están teniendo para llevar adelante todo el trabajo que se está haciendo”, concluyó.
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Jefe de Gabinete señala el “sentido de urgencia” en la gestión del Gobierno
- Por Lourdes Torres, lourdes.torres@nacionmedia.com.
El gobierno del presidente Santiago Peña está entrando en una etapa decisiva donde la ejecución y los resultados marcan el ritmo de gestión. El jefe de Estado mantuvo una reunión clave del gabinete ministerial, el 30 de abril, que si bien forma parte de la coordinación permanente sirvió para alinear prioridades, revisar avances y ajustar estrategias.
En una entrevista exclusiva con La Nación/Nación Media, el jefe de Gabinete, el ministro Javier Giménez, destacó el “sentido de urgencia” que el presidente Peña está marcando como hoja de ruta a los efectos de acelerar las políticas públicas y lograr impactos concretos en la vida de la gente.
No obstante, Giménez resaltó el alto nivel de compromiso de los ministros que forman el Poder Ejecutivo, señalando que son conscientes con el momento político. Indicó que existe claridad en los objetivos y presión constante por rendimiento además de una evaluación permanente del trabajo de cada cartera.
- Esta reunión de los ministros con Santiago Peña, ¿por qué se dio, en el marco de que situación?
- El Consejo de Ministros se da dentro de la lógica de coordinación permanente del gobierno del presidente Santiago Peña. Es el espacio donde alineamos prioridades, revisamos avances y aseguramos que cada institución esté empujando en la misma dirección.
Estamos entrando en una etapa donde ya no solo hablamos de planificación, sino de ejecución y resultados. Entonces, estas reuniones cobran aún más relevancia porque permiten ajustar el rumbo, destrabar cuellos de botella y garantizar que las políticas públicas lleguen con impacto real a la gente.
- Se le escuchó al presidente Peña exigir mayores resultados, ¿cuál es el plan de ahora en más y como serán medidos esos resultados algún objetivo específico?
- El presidente tiene un estilo muy marcado, reconoce avances, pero siempre pone el foco en lo que falta. Es un liderazgo con sentido de urgencia, orientado a lograr las metas de gobierno.
El mensaje es simple, los resultados tienen que sentirse cada vez más en la vida de la gente. Ya avanzamos en temas como reducción de pobreza, empleo formal y programas sociales, pero estamos en el segundo tiempo de gestión y eso exige acelerar aún más. La gestión se mide en resultados, y esos resultados tienen que ser visibles, medibles y sostenibles en el tiempo.
- ¿Cómo siente usted a sus colegas ministros luego de escuchar las exigencias del mandatario?
- Veo un gabinete comprometido, con responsabilidad y consciente del momento que estamos atravesando. Hay claridad en los objetivos y eso parte del tipo de liderazgo del presidente que genera exigencia. Creo que comprende que debemos ajustar la velocidad y que tanto su ritmo como sus resultados están en una evaluación continua.
- Como jefe de Gabinete, ¿cuál es su prioridad luego de esta reunión que se tuvo en la fecha?
- Mi prioridad es asegurar que esa alineación se traduzca en acción concreta. Eso implica fortalecer la coordinación entre ministerios, hacer el seguimiento cercano de los compromisos asumidos y garantizar que los proyectos estratégicos avancen en tiempo y forma.
El rol del Gabinete es justamente ese, ordenar, articular y destrabar. Que las decisiones no se queden en la mesa, sino que se conviertan en resultados.
- ¿Algún aspecto que usted considere relevante resaltar como producto de esta reunión con los ministros y el jefe de Estado?
- Mi reflexión es que el tiempo importa. Estamos en una etapa donde la presión por resultados aumenta, y eso es positivo, debemos verlo así, porque cuando el líder del equipo marca ese ritmo, ese nivel de exigencia, las cosas pasan.
Se trata de honrar la confianza de la gente con trabajo, con ejecución y con resultados concretos. Ese sentido de urgencia es el que finalmente permite que los proyectos se materialicen y que el país avance.
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La (in)comprensión del funcionamiento colorado
- Dr. José Duarte Penayo
- Filósofo
- Presidente de la ANEAES
Con gran interés pude leer dos artículos del politólogo Guzmán Ibarra publicados recientemente. Me refiero a “El horror al vacío: la física de la política colorada” y “El 2028 empezó ayer. Cambio de piel en el poder”, los cuales abordan cuestiones fundamentales para entender el funcionamiento de la democracia paraguaya, como la naturaleza institucional del coloradismo, el modo en que se procesa la rotación de élites, la relación entre liderazgo partidario y poder estatal, así como la persistente incapacidad de la oposición no colorada para constituirse en alternativa real.
El trabajo de Ibarra merece reconocimiento por abordar estas temáticas con marcos de ciencia política y sin reducirse a la denuncia moral, algo infrecuente en el debate público paraguayo.
Su descripción de la ANR como partido predominante en sentido sartoriano –que gana elecciones sucesivas donde la alternancia no es frecuente– resulta plausible, y su imagen del partido como “cementerio de movimientos” que trasciende a sus corrientes internas comprende lo que cabría llamar la carne de lo institucional: una materia organizada que muta de forma sin perder sustancia.
También captura con precisión la orfandad propositiva de una oposición que contempla desde la periferia un teatro político que ocurre intramuros.
Conviene precisar; no obstante, su afirmación de que la rotación de élites se procesa exclusivamente dentro del coloradismo: durante la democracia paraguaya sí han ocurrido alternancias a nivel subnacional y nacional, como el triunfo de Lugo en 2008, por lo que la predominancia colorada es real pero no equivale a un monopolio político.
El fenómeno no es la ausencia de otros actores, sino que la ANR se erige como la única arena de disputa más importante, con un arraigo, rituales y procedimientos claros .
Sin embargo, el problema predominante en el campo opositor no es propiamente electoral, dado que ha ganado elecciones y gobernado. Es más bien organizativo, en el sentido de no haber logrado construir un espacio político alternativo al coloradismo con la densidad institucional necesaria para sostenerse en el tiempo.
Los fracasos recurrentes dan muestra de dicha característica: la Alianza Patriótica que no sobrevivió a sus tensiones internas viéndose quebrada por dentro con la destitución de Fernando Lugo (2012) de mano de sus otrora aliados; las Concertaciones de 2013, 2018 y 2023 que se disolvieron tras los comicios sin el más mínimo intento de consolidarse como espacios políticos permanentes; el auge y declive del Frente Guasu que nunca alcanzó implantación territorial real y que decayó casi al nivel de extinción tras la enfermedad de Lugo, que lo obligó a apartarse definitivamente de la militancia política; las permanentes vacilaciones del Partido Liberal Radical Auténtico, que oscila entre el rol de socio menor en alianzas ajenas y un proyecto propio carente de densidad programática.
Esta dimensión organizativa bajo análisis permite además releer críticamente el diagnóstico fallido compartido por buena parte de la transitología paraguaya, desde Benjamín Arditi en Adiós a Stroessner, con su tesis del paso “del granito al archipiélago” hasta Carlos Martini con Víctor-Jacinto Flecha en Historia de la Transición, que leyó la fragmentación interna colorada como signo de su debilidad terminal. Fernando Martínez Escobar, más recientemente, propone una lectura alternativa esclarecedora, en la que afirma que dicha “correlación de debilidades” no representó una disolución, sino una reorganización funcional que actuó como vector de estabilidad para el sistema democrático paraguayo.
El recurso al horror vacui aristotélico para explicar la dinámica colorada presupone una totalidad cerrada donde el vacío es inadmisible, pero si el partido funciona, como afirma Ibarra, como un “cementerio de movimientos”, el vacío no es la anomalía sino el mecanismo regular de reorganización.
Paradigmas premodernos de centros fijos y órbitas estables resultan inadecuados para un partido cuya eficacia reside justamente en la disputa permanente por el centro mismo. Marcos como la termodinámica de Prigogine, donde los sistemas lejos del equilibrio saltan a nuevos estados de orden, o la descorporización del poder de Lefort, donde ningún ocupante llena el lugar vacío de modo definitivo, comprenden con mayor fidelidad lo que ocurre: cada agotamiento de un movimiento dominante y cada emergencia del siguiente reproducen, a escala faccional, una lógica donde el poder se administra sin un cierre último.
Mi distancia más sustantiva con Ibarra está en cómo interpretar los signos del momento Cartes-Peña. La interpretación que presenta –el presunto agotamiento de la narrativa del “gigante dormido”, la “economía de guerra”, los compromisos incumplidos con acreedores domésticos– merecen atención, pero la pregunta es si obligan a leer un fin de ciclo indefectible o si admiten otra lectura.
Por mi parte, considero que el momento actual se entiende mejor como un ensayo de articulación política cuya fuerza posible solo el tiempo determinará, antes que como un agotamiento consumado.
Lo que el movimiento Honor Colorado introduce no es la fusión partido-Estado al estilo PRI mexicano, sino una diferenciación funcional cercana a la que planteaba David Easton: el partido como canal de demandas sociales y el Estado como procesador de políticas públicas, sin que ninguno capture al otro.
La hegemonía colorada, por lo tanto, no se clausura sino que se regula, y esa regulación, que los artículos describen en términos de crisis y que aquí son leídas como funcionamiento, constituye la verdadera novedad del actual momento paraguayo, caracterizado por un sistema donde el vacío es un mecanismo concreto, donde la diferenciación entre partido y Estado opera como diferenciación funcional y no como tensión, y donde la oposición tiene por delante el desafío de aprender, finalmente, que la unidad puede ser resultado de la acción política en disputa y no su premisa previa.
Estas regularidades no son leyes de hierro de ningún tipo, sino que obedecen a una determinada estructura social que se encuentra en transformación, por lo que la incógnita está abierta a irrupciones que instauren nuevas coyunturas donde el sistema político mismo, con sus reglas formales e informales, pueda cambiar y poner a prueba la histórica adaptabilidad del coloradismo.