El candidato colorado a la Intendencia de Salto del Guairá, Héctor Morán, sostuvo que las fuerzas coloradas están unidas trabajando para recuperar la municipalidad para el gobierno de la ANR. “El objetivo es transformar Salto del Guairá en un polo industrial”, aseveró el candidato de la lista 1.
“Acá en Salto del Guairá hay una gran necesidad de generar fuentes de empleo. Más allá de las obras tradicionales que realiza un intendente en su gestión, lo principal es gestionar oportunidad para la gente”, expresó Morán.
Indicó que están conscientes de que Salto del Guairá ya no puede depender única y exclusivamente del turismo de compra, por lo que reiteró que su objetivo principal será la generación de fuentes de trabajo que empleen a jóvenes, padres y a madres de familia.
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Polo industrial
En esa línea, se refirió a la presencia en el acto del representante de la Cámara de Comercio Brasil-Paraguay, quien, según Morán, ya está trayendo la primera empresa, esto antes de asumir la intendencia municipal. Se trata de una empresa textil a la que han donado el terreno para su instalación, indicó.
“Más de 100 personas estarán trabajando ahí, estamos recibiendo a partir de hoy las carpetas para los futuros funcionarios de esa industrial”, comunicó.
El candidato fue claro al mencionar que si bien el municipio recibe grandes sumas de dinero de parte de Itaipú Binacional por el resarcimiento por la desaparición de los saltos, sostuvo que es muy fácil gastar ese dinero; sin embargo, no dan soluciones al empleo que buscan los pobladores.
Unidos por Salto del Guairá
Para el candidato a intendente de Salto del Guairá, la unidad de los líderes departamentales es importante, teniendo en cuenta que es una ciudad fronteriza donde actualmente el municipio está en manos de la oposición.
“Hay una expectativa, la juventud está expectante por las elecciones, no solo de mi parte, sino de toda la ciudadanía de Salto”, expresó el candidato.
Morán mencionó que todos los candidatos que pugnaron en las internas, tanto como intendentables como concejales, ahora se encuentran apostados a la lista 1. Indicó que cuentan con el apoyo de los dos grandes representantes de la ciudad, Vladimir Zacarías y Eduardo Paniagua. Así como el apoyo de los líderes departamentales y nacionales.
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Ovelar destaca la “musculatura ejercitada” de la ANR y augura una victoria nacional
El senador Silvio Ovelar dijo que la Asociación Nacional Republicana (ANR) enfrentará a la oposición con una estructura sólida y ejercitada en las elecciones municipales del próximo 4 de octubre, situación que le permitirá teñir de rojo las 263 localidades del país.
“Se vivió una fiesta del coloradismo, con un ambiente excepcional y yo coincido con el presidente del partido, Horacio Cartes, y con el mandatario Santiago Peña, que en estas elecciones el país, la república se puede teñir de rojo”, refirió al canal GEN y Universo 970 AM/Nación Media.
Las afirmaciones de Ovelar surgieron tras concretarse ayer sábado en la ciudad de Luque, el lanzamiento oficial de la campaña de Lista 1. En la ocasión, los principales referentes de la centenaria nucleación hicieron un llamado a la unidad partidaria con la finalidad de acompañar a los 263 candidatos a intendentes y los 2.832 aspirantes a concejales municipales.
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Ovelar argumentó que la clave del éxito que se conquistará en las municipales radicará en priorizar la unidad partidaria por encima de las individualidades, destacando como ejemplo el clima de absoluta cohesión que se vive en el departamento de Caaguazú, donde se destaca como uno de los grandes referentes del coloradismo.
“El Partido Colorado tiene la musculatura ejercitada gracias a las elecciones internas municipales y tenemos el razonable optimismo de que va a ser una jornada memorable que viviremos en octubre", manifestó el parlamentario. También dijo: “El hecho de entender de que el partido está por encima de las individualidades nos permite tener chances reales de victoria. En el departamento de Caaguazú, está muy bien la situación, excelente, ahí estamos todos unidos”.
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Lanzamiento de “Todos Somos 1”
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La posición paraguaya ante la controversia del Salto del Guairá
- Carlos José Fleitas
- Embajador
- Fotos: Gentileza
La definición del trazado fronterizo entre Paraguay y Brasil fue el resultado de un largo proceso que sigue hasta la actualidad, combinando negociaciones diplomáticas, acuerdos internacionales y un intenso trabajo de campo realizado por las comisiones mixtas demarcadoras. Esa documentación se convertiría décadas más tarde en uno de los principales fundamentos de la posición paraguaya frente a la controversia del Salto del Guairá. A la fecha resta por demarcar aproximadamente 8 km, en la zona del Refugio Biológico de Mbaracayú.
La frontera entre el Paraguay y el Brasil no surgió de un único tratado ni quedó materializada de manera inmediata. Su definición fue el resultado de un proceso que se extiende hasta la fecha, combinando negociaciones diplomáticas, acuerdos internacionales y un intenso trabajo de campo realizado por las comisiones mixtas demarcadoras de ambos países, dentro de un marco de armonía y discusiones eminentemente técnicas.
A lo largo de este periodo ingenieros, militares y diplomáticos paraguayos y brasileños recorrieron la frontera levantando planos, identificando accidentes geográficos, colocando hitos y dejando constancia de cada decisión en actas demarcatorias.
Esa documentación se convertiría décadas más tarde en uno de los principales fundamentos de la posición paraguaya frente a la controversia del Salto del Guairá.
El punto de partida para la demarcación con el Brasil fue el Tratado de Límites Loizaga–Cotegipe, firmado en Asunción el 9 de enero de 1872, que definió la línea fronteriza entre ambos Estados y dispuso la designación de comisarios encargados de su demarcación.
En cumplimiento de ese mandato se constituyó la primera Comisión Mixta de Límites, integrada por representantes paraguayos y brasileños, que entre 1872 y 1874, que recorrió la frontera, confeccionó planos y erigió los primeros hitos. Desde entonces quedó claro que fijar jurídicamente una frontera y materializarla sobre el terreno eran etapas distintas de un mismo proceso.
Entre los protagonistas de esta primera etapa de la demarcación paraguayo-brasileña destaca el capitán de Fragata Domingo Antonio Ortiz, excombatiente de la guerra contra la Triple Alianza, quien fue designado por decreto del 17 de junio de 1872 como primer comisario paraguayo para integrar la Comisión Mixta encargada de ejecutar el Tratado.
Su misión no se limitó a representar al Paraguay: dirigió sobre el terreno los trabajos iniciales de reconocimiento y demarcación, participando junto a su homólogo brasileño, Rufino Enéas Gustavo Galvão, en la colocación del primer mojón de la frontera sobre el río Apa.
Justamente uno de los desafíos iniciales enfrentados por la Comisión Mixta fue la identificación de la naciente principal de dicho río, punto de especial importancia porque de ella dependía el trazado de la línea divisoria prevista en el Tratado. Las exploraciones de campo realizadas dieron lugar a una divergencia técnica, que fue elevada a consideración de ambos Gobiernos.
La cuestión se resolvió mediante el Protocolo del 7 de enero de 1874, por el cual el Paraguay y el Brasil acordaron reconocer al arroyo Estrella como la naciente principal del río Apa, disponiendo que la frontera siguiera la siguiente coordenada geográfica: Latitud 22°16’39”03 Sur, Longitud 12°39’1”80 Oeste.
El proceso demarcatorio recibió un impulso con el Tratado Complementario de Límites, suscrito en Río de Janeiro el 21 de mayo de 1927, y con el Protocolo de Instrucciones para la Demarcación y Caracterización de la Frontera, del 9 de mayo de 1930. Estos instrumentos reorganizaron los trabajos y crearon la Comisión Mixta de Límites y Caracterización de la Frontera Paraguay–Brasil, encargada de completar la demarcación, reparar hitos, instalar nuevos mojones y desarrollar los estudios topográficos e hidrográficos necesarios para caracterizar toda la línea limítrofe.
Esa continuidad institucional demuestra que ambos Gobiernos entendían que la frontera no era una obra concluida en 1874, sino un proceso permanente de demarcación y caracterización que debía ejecutarse de manera cooperativa y conforme a los compromisos internacionales asumidos.
CONTROVERSIA DE 1965 Y LA NOTA D.P.I. N.° 712
Antes de examinar la Nota D.P.I. N.° 712 resulta necesario comprender el contexto histórico en el que fue elaborada. Desde fines del siglo XIX la propiedad del Salto del Guairá dio lugar a una de las más importantes controversias limítrofes entre el Paraguay y el Brasil.
Mientras el Brasil sostenía que la totalidad del salto le pertenecía y que la frontera ya se encontraba completamente demarcada hasta ese punto, en el Paraguay surgieron diversas interpretaciones históricas y jurídicas acerca del alcance del Tratado de Límites de 1872 y de la soberanía sobre dicho accidente geográfico.
Estas interpretaciones contribuyeron al debate que precedió a la posición oficial asumida posteriormente por la Cancillería paraguaya en la Nota D.P.I. N.º 712 de diciembre de 1965.
Entre las interpretaciones doctrinarias paraguayas más influyentes se encontraba la sostenida por el historiador nacional Efraím Cardozo, quien afirmaba que el Tratado de Límites de 1872 no había adjudicado expresamente al Brasil la soberanía sobre el Salto del Guairá.
Según esta tesis, el Paraguay conservaba el dominio histórico sobre dicho accidente geográfico, ya que la soberanía solo podía modificarse mediante una cesión expresa, inexistente en el texto del Tratado.
Para Cardozo, la línea fronteriza debía llegar hasta el propio Salto, manteniéndose la totalidad de este dentro de la jurisdicción paraguaya. Otra interpretación fue la del jurista compatriota Juan José Soler, que sostenía que el Salto debía analizarse como parte de un río internacional.
Desde esta perspectiva, el Tratado de 1872 disponía que la frontera siguiera el canal principal del río Paraná hasta el Salto, por lo que este constituía un accidente geográfico compartido y no perteneciente exclusivamente al Brasil.
Aunque difería de la posición de Cardozo respecto del fundamento jurídico, Soler coincidía en rechazar la interpretación brasileña según la cual el Tratado había atribuido al Brasil la soberanía exclusiva sobre el Salto del Guairá.
Sin embargo, a mediados de la década de 1960 la controversia dejó de ser únicamente una discusión histórica y jurídica para convertirse en un diferendo diplomático de creciente importancia.
La presencia de efectivos militares brasileños en la región del Salto del Guairá y la paralización de los trabajos de la Comisión Mixta trasladaron el debate desde la interpretación de los tratados hacia el estado efectivo de la demarcación sobre el terreno, otorgando un renovado protagonismo a la documentación producida durante décadas por la propia Comisión.
Así el reclamo del Gobierno paraguayo se realizó en septiembre de 1965, donde por medio de una nota solicitó al Gobierno brasilero el retiro de efectivos militares instalados desde junio de ese año en un sector donde la línea limítrofe aún no había sido materializada mediante hitos.
Paralelamente, solicitó la continuación de los trabajos de la Comisión Mixta Paraguayo-Brasileña de Límites y Caracterización de Fronteras que permanecían suspendidos debido a la ausencia de la delegación brasileña.
El Gobierno brasileño respondió sosteniendo que el tramo de frontera comprendido entre el hito de Ybycuí y el Salto Grande de las Siete Caídas se encontraba íntegramente demarcado, por lo que no existían cuestiones pendientes en ese sector.
En respuesta a esa posición, el 14 de diciembre de 1965 la Cancillería paraguaya remitió la Nota D.P.I. N.º 712, firmada por el ministro de Relaciones Exteriores, doctor Raúl Sapena Pastor, al embajador del Brasil en Asunción, doctor Jayme de Souza-Gomes.
En ella el Gobierno paraguayo expuso oficialmente los fundamentos históricos, jurídicos y técnicos que sustentaban su posición respecto de la demarcación de la frontera en la región del Salto del Guairá.
DEMARCACIÓN INCONCLUSA
El principal argumento desarrollado por la Cancillería paraguaya consistió en demostrar que la propia historia de la Comisión Mixta desmentía la tesis brasileña de una frontera completamente demarcada desde el siglo XIX. Recordó que, tras el Tratado de 1872, el Salto del Guairá fue considerado un accidente geográfico suficiente para identificar el final de la frontera y no se instaló allí un mojón terminal. Sin embargo, esa circunstancia no significaba que todo el proceso de demarcación hubiera concluido.
Si realmente la frontera hubiese quedado íntegramente demarcada en el siglo XIX, carecería de sentido la firma del Tratado Complementario de Límites de 1927, del Protocolo de Instrucciones de 1930 y la creación de la nueva Comisión Mixta encargada precisamente de continuar las tareas de demarcación y caracterización.
Destacó que durante más de treinta años Paraguay y Brasil continuaron trabajando conjuntamente llegando a instalar 846 hitos, de los cuales 341 correspondían al sector de la Sierra del Mbaracayú.
Ese argumento se reforzaba con las propias actas de la Comisión Mixta. En este sentido adquiere especial importancia la 25.ª Conferencia, celebrada en Río de Janeiro el 20 de noviembre de 1961.
En esa reunión ambas delegaciones aprobaron un programa específico para realizar el levantamiento topográfico del “último trecho aún no demarcado” de la cordillera del Mbaracayú “y su ligazón con el accidente geográfico Salto del Guaira (Salto das Séte Quedas)”, proyectar la ubicación de nuevos hitos y proceder posteriormente a su instalación.
Las campañas desarrolladas en 1962 y 1963 representaron uno de los mayores avances técnicos alcanzados por la Comisión Mixta. Durante esos trabajos se midieron las cotas de más de 10.000 puntos distribuidos en el tramo final de la Sierra del Mbaracayú.
Esa información permitió elaborar cartografía de alta precisión y proyectar la futura ubicación de los hitos que completarían la demarcación. Sin embargo, la delegación brasileña dejó de concurrir a la 26.ª Conferencia, impidiendo que los trabajos fueran analizados y aprobados conforme al procedimiento previsto por el Protocolo de 1930.
Otro de los argumentos consistió en debatir el valor que el Brasil atribuía a determinados mapas y diseños elaborados durante el siglo XIX. Según el Paraguay esos documentos gráficos, si bien eran considerados instrumentos auxiliares, útiles para representar el trabajo realizado, no podían modificar lo dispuesto por el Tratado o por lo materializado posteriormente mediante las operaciones técnicas y actas de la Comisión Mixta.
ARGUMENTO JURÍDICO PARAGUAYO
La Posición Paraguaya trasciende la discusión cartográfica para defender un principio fundamental: las controversias internacionales deben resolverse mediante el Derecho y la cooperación entre los Estados. El Gobierno paraguayo recurrió a reconocidos juristas y recordó el principio pacta sunt servanda, según el cual los tratados deben cumplirse de buena fe y respetarse tanto en su letra como en su espíritu.
Esta expresión latina resume una de las reglas fundamentales del Derecho Internacional: los tratados deben cumplirse. Para la Cancillería paraguaya, este principio obligaba a ambas partes no solo a respetar el texto del Tratado de Límites de 1872, sino también a ejecutar fielmente el procedimiento de demarcación acordado posteriormente mediante el Tratado Complementario de 1927 y el Protocolo de 1930.
Desde esa perspectiva, alterar unilateralmente el criterio seguido durante décadas por la Comisión Mixta implicaba apartarse de compromisos internacionales previamente aceptados.
La Cancillería Paraguaya también afirmó su confianza en los medios pacíficos de solución de controversias frente a la propuesta de someter la controversia a arbitraje internacional. Lejos de rechazarla como una herramienta válida, sostenía que antes debían agotarse las negociaciones directas, los buenos oficios, la mediación, la investigación y la conciliación.
En realidad, el Gobierno paraguayo dejó en claro que el desacuerdo jurídico no era el principal obstáculo para las relaciones bilaterales. A juicio de la Cancillería Nacional, las diferencias de interpretación podían ser discutidas mediante los mecanismos previstos, lo que verdaderamente alteraba el clima de entendimiento era la presencia de fuerzas militares en un sector cuya demarcación aún debía completarse.
Por ello, el documento insistía en la necesidad de restablecer las condiciones que permitieran a la Comisión Mixta reanudar sus trabajos y concluir el proceso iniciado décadas atrás.
LEGADO HISTÓRICO DOCUMENTAL
La Nota D.P.I. N.º 712 del 14 de diciembre de 1965 transformó la historia de la Comisión Mixta Paraguayo-Brasileña de Límites y Caracterización de Frontera en una auténtica prueba jurídica. Cada conferencia, cada campaña de campo y cada hito colocado eran presentados como evidencia de una política de Estado desarrollada conjuntamente por Paraguay y Brasil durante más de treinta años.
Más que discutir interpretaciones cartográficas aisladas, la Cancillería paraguaya invitó a observar la continuidad de una práctica bilateral que, a su juicio, demostraba de manera concluyente que la demarcación de la frontera en el sector del Salto del Guairá permanecía inconclusa.
Vista desde la actualidad, constituye una de las expresiones más acabadas de la diplomacia paraguaya en materia de límites internacionales.
SITUACIÓN ACTUAL
A la fecha resta por demarcar aproximadamente 8 km, en la zona del Refugio Biológico de Mbaracayú. Esta área abarca aproximadamente 1.356 hectáreas y en sus adyacencias se destaca la ubicación de la ciudad de Salto del Guairá.
Respecto a la definición de la demarcación de la zona, existen dos teorías, que son posiciones históricas de ambos países: la paraguaya, que sostiene que el límite es el ramal de la Cumbre de la Cordillera del Mbaracayú que se desarrolla más al norte y que se dirige hacia la primera caída del antiguo Salto; y la brasilera, que sostiene que el límite es el ramal de la Cumbre de la Cordillera del Mbaracayú que se desarrolla más al sur y que se dirige a la quinta caída del antiguo Salto.
Para finalizar deseo resaltar que en la actualidad la Nota D.P.I. N.º 712 de la Cancillería paraguaya continúa siendo un documento de gran valor para comprender la historia de las relaciones entre Paraguay y Brasil y nos recuerda que la diplomacia también se construye sobre trabajo técnico, archivos, mapas, actas, tratados y argumentos jurídicos.
Esa combinación de diplomacia, conocimiento técnico, memoria documental y apego al derecho constituye, probablemente, el legado más perdurable de este notable documento diplomático que fundamenta la posición nacional sobre este punto.
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Los sapos y culebras no quieren ser devorados
- Jorge Torres Romero
La convención del Partido Colorado dejó una señal política difícil de ignorar. Más allá de las resoluciones formales, el mensaje que quedó instalado fue el de un oficialismo decidido a cerrar heridas internas y concentrarse en un objetivo superior: la continuidad en el poder.
El presidente Santiago Peña fue claro al sostener que la concordia no puede quedarse en una simple frase o en un eslogan de ocasión. Debe traducirse en hechos concretos, en gestos reales y en una convivencia política que permita al partido mirar hacia adelante.
En la misma línea, el presidente de la ANR, Horacio Cartes, reafirmó esa idea al señalar que todos los colorados vuelven a ser lista 1, dejando atrás las disputas propias de las elecciones internas.
Ese mensaje de unidad contrastó con la decisión de Arnoldo Wiens de ausentarse de la convención y, desde afuera, descalificar a sus propios correligionarios tratándolos de corruptos.
Una postura que encontró inmediata respuesta en el vicepresidente Pedro Alliana, quien sostuvo que ese no es el camino y que el objetivo del oficialismo es precisamente construir concordia y no profundizar divisiones.
La política, especialmente en el Partido Colorado, siempre estuvo marcada por el pragmatismo. Esa ha sido una de las principales razones por las que la ANR logró mantenerse durante décadas como la fuerza política con mayor capacidad para conquistar y conservar el poder. Terminadas las internas, la lógica histórica del partido ha sido cerrar filas y construir una mayoría alrededor de un proyecto común.
Por eso resulta llamativo que quienes sufrieron una derrota electoral contundente –cercana a una relación de ocho votos contra dos en las internas– insistan en instalar un discurso basado exclusivamente en la confrontación. Más que una alternativa política, hoy parecen representar a un reducido grupo que aún no logra procesar el resultado de las urnas. Wiens no quiere abrazarte a corruptos, dijo. Sin embargo, es el candidato de Abdo. Los colorados siempre tragaron sapos y culebras, pero hoy algunos de estos bichos se niegan a ser devorados.
Tampoco ayuda que las acusaciones provengan de figuras cuya gestión pública continúa siendo objeto de severos cuestionamientos.
Arnoldo Wiens difícilmente pueda presentarse como árbitro moral cuando su paso por el Ministerio de Obras Públicas dejó episodios que siguen siendo recordados por la ciudadanía: la polémica “pasarela de oro”, el frustrado proyecto del metrobús y una administración que, para muchos, quedó muy por debajo de las expectativas en materia de infraestructura.
Mientras tanto, el oficialismo apuesta a otro libreto. Busca consolidar un mensaje de unidad interna respaldado por una gestión que sostiene y exhibe resultados en materia económica, inversiones, empleo y programas sociales. Esa combinación entre cohesión partidaria y gestión gubernamental constituye hoy su principal activo político.
Si esa estrategia logra mantenerse, el Partido Colorado podría llegar con serias posibilidades de proyectar la continuidad del oficialismo en el próximo período presidencial, con Pedro Alliana emergiendo como uno de los principales nombres dentro de ese proceso.
En paralelo, la oposición enfrenta un desafío distinto. Gran parte de su narrativa política durante los últimos años estuvo centrada en la figura de Horacio Cartes.
Sin embargo, si el eje del debate comienza a desplazarse hacia los resultados de gestión y los indicadores del gobierno de Santiago Peña, deberá construir una propuesta propia capaz de competir más allá de la denuncia permanente.
La convención colorada dejó, en definitiva, una enseñanza política conocida pero vigente: los partidos no permanecen en el poder únicamente por su capacidad de ganar elecciones, sino también por su habilidad para reconstruir la unidad después de las disputas internas. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.