El 17 de setiembre de 1980, poco después de las 10:00, una explosión seguida de varios disparos sacudieron a una zona algo exclusiva de la ciudad en ese entonces. El vehí­culo de Anastasio Somoza viajaba sobre la avenida Generalísimo Franco (avenida España) y tras cruzar la calle Venezuela, se acercaba a su intersección con Amé­rica. En ese momento una camioneta le cierra el paso. Eran parte de un grupo de gue­rrilleros quienes estaban esperando el paso del nicaragüense armados con lanzacohetes y armas automáticas de grueso calibre.

Tras fallar en el intento de hacer explotar el vehículo de Somoza con el lanzacohetes, dos hombres bajaron de la camio­neta y empezaron a disparar con fusiles de asalto M-16, dejando lleno de impactos de balas al Mer­cedes Benz y a sus tres ocupantes muertos. En el lugar fallecieron de manera instantánea además de Somoza Debayle, Jou Bai­ttiner, un ciudadano estadou­nidense y el también nicaragüense César Gallardo, chofer de Somoza.

Así quedó el Mercedes Benz tras el ataque con lanzacohetes y armas automáticas, donde murieron Somoza, un ciudadano norteamericano y el chofer del dictador nicaragüense. Foto: Archivo.

Quienes vivieron ese momento y los posteriores, recuerdan que hubo un cambio drástico en la vida de los asuncenos, sobre todo la vida nocturna se vio fuertemente afectada. Eran momentos en que apareció la temible “operación rastrillo”, donde los agentes policiales tenían carta blanca para registrar todo, para detener a quienes consideraban sospechosos, obviando todo tipo de formalidad para el caso.

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El régimen sufrió un golpe muy duro, pues Somoza fue protegido de Stroessner y el hecho de que un grupo de guerrilleros haya estado en el país planificando durante más de un mes, para luego de cometer el hecho desaparecer sin dejar rastros era una afrenta a los organismos de represión y seguridad.

El periodista paraguayo, Alberto Peralta, recuerda que a la poli­cía nacional le fue muy difí­cil encontrar a los responsa­bles porque los guerrilleros que perpetraron el hecho operaron como profesionales, mientras que la policía estro­nista no tenía elementos.

“No tenía servicio de inteligencia, para qué, en esa época no era necesario por como contro­laban todo. Y como no tenían nada, apuntaron a todos. Hubo recorridas de policías revi­sando casa por casa. Subían a los colectivos a pedir cédula de identidad. Recuerdo en la época había poca gente que tenía cédula y mucha gente tuvo que hacerse para no quedar detenida en las revi­siones. La gente pasó a sentir muy fuerte la presión del con­trol”, expresó.

Enrique Haroldo Gorriarán Merlo, quien fuera fun­dador del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), junto con Mario Roberto Santucho, dio detalles del atentado al diario El País de España, años después del hecho. Cuenta que preparar el ataque les llevó seis meses y según recuerda, participaron unas diez personas y la única baja fue la del “capitán Santiago”, Hugo Alfredo Irurzún, quien fue muerto después por la policía paraguaya.

La policía estronista puso en marcha la "operación rastrillo", en la que muchos ciudadanos fueron detenidos o demorados por cualquier motivo. Foto: Archivo.

En Nicaragua fue considerado un héroe por los sandinistas, el movimiento que derrocó a la dictadura somocista y que actualmente se encuentra en el poder en la nación centroamericana, con Daniel Ortega a la cabeza.

A 40 años de la muerte de quien por tantos años gobernara Nicaragua, con mano de hierro y como parte de un clan familiar, una ciudadana nicaragüense, quien pide no ser identificada, sin emocionarse mucho por el recuerdo, expresa: “Lo único que te puedo decir al respecto es que a Somoza y a su dictadura, lo mataron los de la otra dictadura, la que ahora nos gobierna”.

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