Héctor Cristaldo
Presidente de la Unión de Gremios de la Producción
La caída del dólar golpea a las familias rurales que reciben menos por su producción, mientras que los precios siguen iguales y por ende sus gastos no bajan. Nuestro reclamo es una respuesta económica coordinada para sostener su actividad.
El problema del dólar bajo no termina en la cotización. Para quienes producimos significa recibir menos ingreso en guaraníes, lo que hace difícil cubrir los costos de producción y tener recursos necesarios para la próxima campaña. Como presidente de la Unión de Gremios de la Producción, mi preocupación está especialmente en el pequeño productor: sus ingresos caen, pero sus costos siguen iguales o incluso mayores que el año pasado.
El sésamo permite ver con claridad esa presión. Un pequeño productor que el año pasado vendía a G. 10.000 hoy recibe G. 4.500. Su ingreso queda por debajo de la mitad, sin una reducción equivalente de sus gastos. Lo que está en juego no es solamente el resultado de una venta, sino la continuidad de familias rurales que habían salido de la pobreza y que pueden retroceder ante este deterioro.
La referencia que tomamos es una depreciación del dólar cercana al 26 % desde junio del año anterior. Comparar ese período es importante porque nuestra producción se organiza en ciclos anuales. Los compromisos y los gastos de una campaña no pueden acomodarse de inmediato a una cotización menor cuando llega el momento de vender. Tampoco observamos bajas de precios ni de tasas de interés que compensen ese movimiento.
Por eso consideramos insuficiente que el Banco Central salga a comprar dólares como respuesta aislada. Necesitamos que el equipo económico coordine sus decisiones para amortiguar la tendencia y reducir sus extremos. La inflación no puede ser el único indicador con el que evaluamos la situación, también debemos mirar qué ocurre con los ingresos y la capacidad de sostener las cadenas productivas.
Entre los factores que debemos discutir están las divisas que ingresan por exportaciones y las emisiones de bonos. Cuestionamos, especialmente, las colocaciones en guaraníes, porque los inversionistas que llegan con dólares deben venderlos para adquirir moneda local. Esa operación aumenta la oferta de divisas en un mercado pequeño. El año pasado hubo una emisión equivalente a USD 1.000 millones; nuestra primera propuesta es no emitir en guaraníes.
También debemos analizar la relación entre las tasas más altas en moneda local y la llegada de capitales especulativos. No son lo mismo que una inversión productiva. Su efecto sobre la producción debe discutirse junto con las decisiones cambiarias y monetarias, antes de profundizar medidas que afectan la planificación de nuestras campañas.
Ya presentamos un pedido de audiencia. Queremos participar de una conversación que nos permita anticipar decisiones y preparar a los productores. Como lo expresé: “Nosotros somos los que remamos, pero el rumbo lo tienen que marcar ellos”.
El campo y la agroindustria relacionada representan el 75 % de las exportaciones. El problema, por lo tanto, excede a un cultivo. Proteger la continuidad productiva y evitar que las familias rurales vuelvan a la pobreza deben ser parte de la respuesta económica.