Tras el triste desenlace que tuvo una familia que llevó a su madre al Instituto de Previsión Social (IPS) para que sea tratada por un ACV que tuvo, la misma falleció a causa del virus intrahospitalario y a un mes de su fallecimiento, su hijo cuenta la pésima atención recibida en la previsional.

Una situación que se conoce a diario en el IPS es la miserable atención médica que brinda a sus asegurados. En esta ocasión, el final es el doloroso fallecimiento de la madre de Germán Ortigoza, un comunicador social que contó la historia que vivió su familia durante la internación de su mamá.

“IPS es un lugar seguro para morir. Ha pasado casi un mes del fallecimiento de mamá. Les quiero contar la triste y dolorosa situación por la que pasamos en el Instituto de Previsión Social (IPS) durante casi un mes de su internación y que al final no le pudimos sacar con vida”, empieza el relato.

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Germán comienza diciendo que por todo lo que vivieron en ese tiempo, se puede decir que en Paraguay tenemos un sistema de salud que no salva vidas, que no previene, sino que mata gente alevosa y silenciosamente, sin control, sin castigo y en medio de una ola de complicidad e impunidad.

“Mi mamá tuvo un accidente cardiovascular (ACV), razón por la cual tuvo que ser intervenida quirúrgicamente en el IPS el 2 de junio pasado y permaneció en sala de terapia intermedia. Ciertamente su situación fue grave, tras su operación ella estuvo dormida durante 15 días, episodio totalmente normal en pacientes graves como ella. Transcurrido este tiempo, mamá comenzó a dar señales de vida; empezó a moverse y a reaccionar favorablemente a los estímulos”, expresó.

Mencionó que llegó a mover tanto el hemisferio izquierdo y el derecho, generando una gran esperanza en la familia que se unía en oraciones por su recuperación total.

“En la tercera semana, luego de los 15 días de inmovilidad, mamá demostró una mejoría sustancial, ya se reía, abría sus ojos, reconocía a sus hijos durante la visita controlada bajo estricto cuidado sanitario. Como familia teníamos gran esperanza de sacarla de terapia y trasladarla a sala común para su rehabilitación. Es más, el médico tratante (por cierto bastante áspero en su trato con nosotros) nos decía que la parte neurológica ya no era la preocupación en mamá, e incluso recomendó su rehabilitación”, agregó.

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Ortigoza indicó que entrando en la cuarta semana, el médico recomendó hacer unos estudios y análisis de nuevo, pero el resultado repentinamente se volvió preocupante, ya que ella estaba bastante bien dentro de su cuadro de recuperación.

Virus asesino del IPS

Con el resultado de los últimos estudios realizados, tuvieron la temida noticia al estar con un familiar internado en el hospital: el maldito virus intrahospitalario.

“Ahí apareció el temido maldito virus intrahospitalario. El domingo 25 de junio tuvieron que sedar de nuevo a mamá por tres días, estábamos expectantes de su situación. El martes 28 de junio, al mediodía, recibimos un nuevo informe médico, que por cierto fue el último, diciéndonos que ella estaba con sedación y dentro de un cuadro estable. Sin embargo, más tarde y repentinamente nos avisan que mamá tuvo un paro y que la estaban reanimando. Luego se vino lo peor, recibimos la triste noticia que mamá falleció”, lamentó.

Ortigoza expresó que como familia quedaron desconcertados y no entendían qué pasó. “No conseguimos explicación alguna. Fue triste y dolorosa por la forma en que falleció. Al margen de todo, durante todo este tiempo tuvimos que lidiar con los malos tratos de la mayoría de los médicos de turno”, resaltó.

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Maltratos

Dijo que los “profesionales de blanco” en su relacionamiento carecían de sentido humano, sus respuestas rayaban la falta de respeto, no admitían preguntas para saber más del paciente y entender un poco más para poder ayudar. Incluso ni las más simples preguntas respondían.

“Les preguntábamos qué medicamentos se le administraban a nuestra paciente, decían ‘no sé’, ¿tiene fiebre?, ‘no sé’, pero nos decían que estaban haciendo su trabajo. No había coordinación ni coherencia para la entrega de los informes diarios, ya que el médico tratante decía una cosa y luego los médicos de turno, los fines de semana (sábados y domingos), nos decían otra y nosotros como familiares quedábamos desorientados y perdidos”, confesó.

En cuanto a esta situación, aseguró que lo peor es que no podían hacer preguntas y se movían en un ambiente de incertidumbre respecto a su madre internada.

Durante casi un mes convivieron en medio de la solidaridad mutua, el aliento diario y las oraciones de estas personas que más que "extraños" eran como ángeles. Foto: Nadia Monges.

La otra cara de la moneda

Sin embargo, esa desagradable experiencia confrontaba totalmente con lo que pasaba en el albergue del IPS, donde se resguardan los familiares de los pacientes, según detalló Ortigoza.

Mencionó que allí durante casi un mes convivieron en medio de la solidaridad mutua, el aliento diario y las oraciones de estas personas que más que “extraños” eran como ángeles dispuestos a ayudar dentro de su propia necesidad y a extender sus brazos solidarios para dar aliento y transmitir palabras de fe y esperanza.

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“En el albergue llegamos a conocer a casi todos los familiares de los pacientes y con el pasar de los días éramos cada vez menos porque los internados en terapia intermedia iban muriendo a diario, hasta el punto que los más antiguos en el albergue ya no estaban ahí, no porque sus pacientes salieron de alta, sino que salieron sin vida del IPS por culpa del virus asesino en el IPS que mata a la gente sin control, sin castigo y en medio de tanta impunidad”, relató.

Ortigoza manifestó que hizo el relato en memoria de su madre que ahora descansa en paz y para que sirva de información a los familiares de pacientes que se encuentran en distintos centros hospitalarios luchando por su salud.

Pidió que los médicos puedan tener un mejor trato con los familiares y sobre todo que las autoridades sanitarias tomen precauciones necesarias para evitar que más personas mueran en los hospitales.

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