La Dirección Nacional de Vigilancia Sanitaria (Dinavisa) confirmó que las 105.000 dosis del lote de la vacuna Sputnik V contra el coronavirus, no corresponden al laboratorio cuestionado por la Organización Mundial de Salud (OMS) ni mucho menos producido por el mismo.
Esto significa que el cargamento podría ser liberado en la brevedad para dar continuidad a la aplicación de la segunda dosis de la plataforma, que tiene a miles de paraguayos con media protección contra el letal virus.
“Estamos recibiendo la documentación sobre las Sputnik, no vendrían del mismo laboratorio, iremos contrastando, cumpliendo todo el protocolo correspondiente. Veremos el origen de estas vacunas, todos los lotes de Sputnik cumplieron con todos los parámetros de seguridad”, confirmó la doctora María Antonieta Gamarra, titular de la entidad reguladora del sector sanitario.
En ese sentido, la funcionaria manifestó que aguarda que el lote pueda ser liberado y habilitado para su pronta aplicación en la ciudadanía. “En el transcurso del día iremos comunicando, es un trabajo minucioso. Su aplicación podría darse desde la próxima semana, estaremos comunicando”, señaló durante una entrevista con la radio 730 AM.
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Arribaron al país 107.000 dosis de Sputnik V y 316.800 dosis de AstraZeneca al aeropuerto Silvio Pettirossi esta mañana, cerca de las 09:40. Entre ambas cargas, Paraguay recibió 423.800 vacunas más que serán utilizadas para completar el esquema de vacunación contra el COVID-19.
El lote de la vacuna rusa entró en cuarentena hasta que la Dirección Nacional de Vigilancia Sanitaria (Dinavisa) autorice su uso para inmunizar a la población. De la nueva carga que llegó, 2.000 dosis corresponden al componente 1 y 105.000 dosis al componente 2.
Salud Pública anunció ayer la suspensión temporal de la vacunación contra el COVID-19 con las dosis de Sputnik V por decisión de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de detener su autorización de uso de emergencia por un trámite administrativo pendiente. Hoy se recibieron los documentos pertinentes para la verificación de la trazabilidad y especificaciones técnicas del lote recibido.
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Salud alista operativo para el Rally del Paraguay
El Ministerio de Salud se alista para el Rally del Paraguay - World Rally Championship (WRC), que se llevará a cabo del 27 al 30 de agosto por los caminos del departamento de Itapúa. En ese marco, avanza en la planificación de los servicios de atención y respuesta médica que serán desplegados durante la competencia internacional.
La titular de la institución, María Teresa Barán, lideró el encuentro técnico junto con autoridades sanitarias y representantes de la organización del evento que tendrá como sede Paraguay. El operativo contempla la articulación entre servicios de salud, ambulancias y equipos especializados
En la reunión se revisaron los puntos y tramos involucrados en la competencia, así como la articulación con los establecimientos de salud y los distritos que formarán parte de la cobertura sanitaria, precisaron desde la cartera de Salud. Además de la provisión de ambulancias intracarrera y extracarrera, que estarán acompañadas por equipos conformados por equipos de paramédicos, médicos, enfermeros y otros profesionales de la salud, que estarán distribuidos en sectores considerados estratégicos.
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En la ocasión, trataron también acciones de preparación y coordinación interinstitucional para fortalecer la capacidad de respuesta ante situaciones de urgencia durante las jornadas del evento deportivo que se llevará a cabo en el país tras el éxito en el Rally del Paraguay 2025.
Del encuentro participaron el doctor Gustavo Vidal Ortiz Torres, director general de Desarrollo de Servicios y Redes de Salud; la doctora Adriana Amarilla, directora general de Relaciones Internacionales del Ministerio de Salud Pública; César Marsal, director ejecutivo del WRC Rally del Paraguay, y Ricardo Deggeller, director ejecutivo adjunto del evento.
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OMS advierte sobre los serios riesgos de contagio del hantavirus
La cuarentena se debe a que el mayor margen de contagio es al inicio de la enfermedad.
- AFP.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) indicó ayer lunes que el hantavirus es más contagioso al inicio de la enfermedad, lo que justifica la aplicación de la cuarentena a los casos sospechosos. “Si imponemos o recomendamos la cuarentena, es porque las personas son contagiosas desde el mismo comienzo de la enfermedad”, declaró Olivier le Polain, jefe de la unidad EAR (epidemiología y análisis para la respuesta) de la OMS durante una conexión en directo en varias plataformas de redes sociales.
“Debido a este período de incubación, podemos esperar ver nuevos casos aparecer en los próximos días, e incluso la semana que viene, y es por eso que debemos permanecer vigilantes y asegurarnos de que, ante la aparición de los primeros signos y síntomas, las personas afectadas sean identificadas, aisladas y atendidas”, añadió. La crisis a bordo del crucero MV Hondius, afectado por un brote de hantavirus, ha suscitado inquietud en todo el mundo, aunque la OMS asegura que la situación no es comparable a la pandemia de covid de 2020.
Tres pasajeros del buque que zarpó el 1 de abril desde Ushuaia, en Argentina, fallecieron por este virus conocido pero raro, contra el que no existe ninguna vacuna ni tratamiento.
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El infierno de los ucranianos en prisiones rusas
Cuentan sus carceleros que el joven teniente ucraniano hablaba demasiado. “Lo llamaban ‘el charlatán’ porque discutía sin parar”, afirma un exagente de los servicios penitenciarios rusos. Entonces lo apalearon sin contemplación. “Tenía lesiones extensas, hematomas infectados en los glúteos y la parte posterior de los muslos”, describe Alexéi, el exagente penitenciario ruso que trabajaba en ese momento en la unidad médica.
Según Alexéi (nombre modificado), el teniente ucraniano fue privado de atención médica adecuada. Murió en esa prisión rusa en octubre de 2022 y es posible que su cuerpo, gangrenado, fuera enterrado de forma anónima. Alexéi nunca supo su nombre.
Miles de soldados y civiles ucranianos fueron o están siendo sometidos a violencia física y psicológica en centros de detención en Rusia y en Ucrania ocupada, según señalan una decena de testimonios recogidos por la AFP, así como informes de múltiples ONG, medios de comunicación y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE).
Exprisioneros y familiares de detenidos, tanto militares como civiles, relatan cómo fueron “quebrados como cachorros”, palabras textuales de uno de ellos.
Tres exmiembros de la administración penitenciaria rusa, que desertaron y huyeron del país, confirmaron estas violencias, para las cuales, según uno de ellos, tenían “todo permitido”.
La AFP habló directamente con uno de estos exguardianes, y tuvo acceso a los testimonios de otros dos a través de Vladimir Osechkin, director de Gulagu.net (No al Gulag), organización que documenta abusos en el sistema penitenciario ruso.
Por motivos de seguridad no se revelan las identidades de estos tres hombres, verificadas con documentos oficiales, ni los nombres de las prisiones donde trabajaron.
Estas fuentes describen una violencia generalizada y los esfuerzos sistemáticos de Moscú por ocultarla.
Según las autoridades ucranianas citadas en el otoño boreal de 2025 en un informe de la OSCE, 89% de las personas liberadas afirman haber sufrido malos tratos en cautiverio, incluidas violencias sexuales en 42% de los casos.
La mayoría de los detenidos fueron privados de comunicación con el mundo exterior, como ocurría en la época del gulag.
“Consiguen hacerte creer que nadie te espera”, relata Iaroslav Rumiantsev, de 30 años, exsoldado ucraniano que sobrevivió a tres años y tres meses de cautiverio. Consultada por la AFP, la administración penitenciaria rusa no respondió. En 2025, el presidente Vladimir Putin afirmó que Moscú trata “humanamente” a sus prisioneros.
Permiso sin restricciones
El activista ruso Vladimir Osechkin, de 44 años, que vive en Francia bajo protección policial, afirma que los detenidos ucranianos se encuentran atrapados en un sistema organizado y controlado por el poderoso servicio de seguridad (FSB) y la administración penitenciaria, con la complicidad de los órganos judiciales.
Los abusos y agresiones en detención, frecuentes desde 2014 con la guerra entre Kiev y los separatistas apoyados por Moscú, se multiplicaron con la invasión rusa de Ucrania lanzada el 24 de febrero de 2022.
En los últimos cuatro años se pudo confirmar la muerte en prisiones rusas de al menos 143 prisioneros ucranianos, entre ellos seis civiles, precisa la Fiscalía ucraniana.
En febrero de 2026 alrededor de 7.000 prisioneros de guerra ucranianos se encontraban en manos rusas, según el presidente, Volodimir Zelenski.
A ello se suman 15.378 civiles “detenidos ilegalmente”, según datos transmitidos a la AFP a comienzos de marzo por la oficina ucraniana de derechos humanos.
El primer día de la invasión, en febrero de 2022, Serguéi (nombre modificado) era miembro de las fuerzas especiales de la administración penitenciaria rusa.
Muy pronto su jefe propuso a su unidad realizar misiones en prisiones donde estaban detenidos ucranianos.
“Antes de la primera misión, el jefe de nuestro grupo territorial reunió al personal y explicó que las normas en vigor ya no se aplicarían en el trabajo con prisioneros de guerra. En otras palabras, dio permiso para usar la fuerza física sin restricciones. Y nadie sería responsable”, relata.
“En la práctica, el jefe nos dijo: ‘Trabajen con dureza, no teman nada’”, añade.
Opuesto a la invasión de Ucrania, Serguéi asegura que se negó a participar en los actos violentos, dimitiendo en 2022 y abandonado Rusia. “No habría podido vivir con ese peso ni mirar a mis hijos a los ojos”, destaca.
Muchos de sus colegas, dice, estaban “contentos” de poder usar “toda la violencia que quisieran” y acudían a las misiones “con alegría”. Según la Fiscalía ucraniana, la presencia de prisioneros ucranianos fue constatada en al menos 201 centros de detención en 49 regiones de Rusia, incluyendo el Extremo Oriente ruso, además de 116 lugares de encarcelamiento en Ucrania ocupada.
Cucarachas y ratones crudos
Rumiantsev, de la infantería de marina ucraniana, fue hecho prisionero en Mariúpol en mayo de 2022 tras rendirse junto a las tropas de Kiev atrincheradas en la planta de Azovstal. Pasó por cuatro prisiones rusas antes de ser liberado en 2025. Primero estuvo brevemente en la de Olenivka, en la región de Donetsk, donde una explosión causó la muerte de al menos 50 prisioneros ucranianos en julio de 2022 y dejó decenas de heridos.
Posteriormente fue trasladado al centro de detención Nº2 de Taganrog, en el suroeste de Rusia, considerado uno de los peores centros de tortura.
A su llegada, cuenta que, junto con unos 250 prisioneros, atravesó corriendo un pasillo formado por guardias que los golpeaban.
Era un “comité de bienvenida” descrito también por otros detenidos y una práctica ya utilizada en los “campos de filtración” en Chechenia durante la última guerra en esa república del Cáucaso.
Después, los golpes continuaron. Rumiantsev describe a los detenidos prácticamente reducidos a un estado de animales aterrorizados. “Hombres que defendieron su tierra, que van al gimnasio, hombres fuertes.... los quiebran como cachorros. Los destruyen”, insiste.
Para resistir, él y otros prisioneros se aferraban a su identidad y a su pasado, repitiéndose: “Soy un ser humano y tengo valor”.
La Oficina de Instituciones Democráticas y Derechos Humanos (ODIHR) de la OSCE publicó en septiembre de 2025 un informe basado en testimonios de unos 200 exprisioneros ucranianos.
Según este informe, los métodos de tortura incluyen descargas eléctricas -incluso en los genitales-, ataques de perros, violaciones, simulacros de ejecución -incluidos falsos ahorcamientos-, ejercicios físicos extremos y la obligación de permanecer en posiciones dolorosas.
El exagente penitenciario ruso Vitali (nombre modificado) señala que presos comunes también pueden participar en las violencias, utilizadas según él para obtener falsas confesiones en investigaciones judiciales, así como para recopilar información militar o reclutar colaboradores bajo coerción.
La comida también es utilizada como herramienta de castigo. Rumiantsev afirma que en ciertos momentos solo tenía “dos minutos” para comer, como un animal, bajo amenaza de golpes.
En una investigación publicada en diciembre de 2025, un exprisionero declaró a Human Rights Watch que llegó a ingerir cucarachas de su celda por el hambre que tenía, mientras otros detenidos comían ratones crudos.
A esto se suman reglas de sometimiento como la prohibición de mirar a los guardias a los ojos y castigos constantes. Rumiantsev recuerda uno: permanecer de pie durante 16 horas seguidas sin permiso para ir al baño, hasta el punto en el que algunos detenidos se orinaban encima. También menciona “experimentos”, como cuando los guardias les hicieron tomarse de las manos y les aplicaron descargas eléctricas para observar “cuántas personas sufrían dolor”.
Marcado en la carne
En 2023, Alexéi era miembro de una unidad médica en una prisión rusa. En ese momento relató su vida cotidiana al director de la ONG Gulagu.net, Osechkin, durante conversaciones de varias horas a las que AFP tuvo acceso. Alexéi explica cómo, en su cárcel, los prisioneros ucranianos eran golpeados con tubos de calefacción de polipropileno porque son materiales que “no se rompen”.
Después de estas palizas los detenidos recibían cuidados superficiales pero, tras cada visita a la enfermería, debían decir: “Gracias a la Federación Rusa por estos cuidados”. En ocasiones los equipos médicos participaban directamente en las agresiones. Según una investigación del medio RFE/RL, médicos rusos grabaron las palabras “Gloria a Rusia” en el abdomen de un prisionero ucraniano, Andrii Pereverziev, mientras era operado en prisión. Tras su liberación en 2025, tuvo que someterse a otra operación para retirar ese lema marcado en su carne.
Para el exsoldado Rumiantsev, “la idea” detrás de estos abusos es someter y traumatizar a los militares para que no vuelvan a oponerse a Moscú. Junto a sus compañeros estaba obligado a cantar canciones soviéticas en prisión. Y si no cantaba “lo suficientemente fuerte o afinado”, recibía un “castigo”.
En 2024 fue trasladado a una colonia penitenciaria menos dura en la región rusa de Udmurtia. Los guardias seguían golpeándolos, pero con menos violencia, igualmente él ya se había “acostumbrado” a que les “destrozaran la cara” entre gritos. Durante su detención también encontró carceleros más humanos que se mostraban “apenados” y afirmaban que algún día “Rusia pedirá disculpas”.
Invisibles
Según Osechkin, muchísimos prisioneros ucranianos son convertidos en “invisibles”. El activista ha documentado casos en los que sus nombres fueron cambiados para impedir su identificación y también se les suele mantener aislados. Alexéi, el exmiembro de una unidad médica penitenciaria, observó que una prisión entera había sido “vaciada” y destinada exclusivamente a ucranianos que eran sometidos a agresiones y abusos graves, sin posibilidad de testigos.
También se instauraron prácticas para ocultar la identidad de los autores de las torturas, que la mayoría de las veces actuaban encapuchados. Serguéi, el exmiembro de las fuerzas especiales penitenciarias rusas, explica que durante el “trabajo” con los prisioneros de guerra ucranianos, los integrantes de su unidad no llevaban cámaras corporales ni números de identificación en sus uniformes.
“Tampoco se rellenaban los registros de intervención”, afirma. “No había ningún informe sobre el uso de la fuerza física. Actuaban como querían, dando rienda suelta a sus inclinaciones sádicas”.
Además de ser invisibilizados, los ucranianos suelen permanecer incomunicados.
El hijo de Natalia Kravtsova, Artem, combatiente de la brigada nacionalista Azov, fue capturado en Mariúpol en mayo de 2022. Un año después, esta mujer de 52 años recibió confirmación de la Cruz Roja de que estaba encarcelado, sin más información.
Desde entonces no supo nada más. Ni siquiera está completamente segura de que Artem, de 33 años, siga vivo. Con cada anuncio de intercambio de prisioneros, Kravtsova siente una esperanza que luego termina frustrada. “Aunque por fuera esté tranquila, por dentro ardo”, detalla.
Cuando se logra localizar a un detenido, a veces es posible utilizar plataformas en línea de la administración penitenciaria rusa para escribirle, aunque esto requiere un número de teléfono ruso.
Una activista rusa, que habló con la AFP bajo condición de anonimato, explica que utiliza su propio número para permitir que una decena de ucranianos escriban a sus familiares.
El exsoldado Rumiantsev recibió una sola carta poco antes del final de su cautiverio. Dice que fue el único momento en que lloró en prisión.
“Vi esas primeras palabras dirigidas a mí de una manera tan cálida. Solo mi familia me habla así. Se me llenaron los ojos de lágrimas y temblé. Entonces mi amigo me puso la mano en el hombro y me dijo: ‘Eso significa que sigues siendo un ser humano’”.
Aksinia Bobruiko, una ucraniana de 39 años refugiada en Alemania, lucha por obtener noticias de su madre, una civil llamada Olga Baranevska.
El 15 de mayo de 2024, Baranevska, de 62 años, vivía en Melitópol, en Ucrania ocupada, cuando desapareció. Dos meses después, su hija supo a través de amigos en la zona que estaba encarcelada.
Bobruiko explicó a la AFP que su madre era maestra en Melitópol antes de la invasión de 2022 y que se negó a colaborar con las nuevas autoridades rusas “por razones ideológicas”.
En noviembre de 2024, Olga Baranevska, que sufre graves problemas de salud, fue condenada a seis años de prisión por presunta posesión de “explosivos”. Gracias a un contacto en la zona ocupada, Bobruiko logró recibir pruebas de vida, aunque sin información detallada.
Procesos judiciales
Tras atravesar una depresión, Aksinia Bobruiko recuperó “la fuerza” documentando historias de civiles detenidos y colaborando con la ONG “Noumo, Sestri!” (“¡Vamos, hermanas!”), que ayuda a mujeres encarceladas y a sus familiares.
La organización fue creada por una exdetenida que atravesó el infierno: Liudmila Gusseínova.
Gusseínova, de 64 años, pasó tres años y 13 días detenida en Donetsk, en el este de Ucrania ocupada, entre 2019 y 2022. Directora de un refugio para niños, fue arrestada por sus posiciones proucranianas.
Durante su encarcelamiento nunca pudo comunicarse con su familia, contó a la AFP, y únicamente logró recibir noticias a través de un abogado al que veía brevemente cada tres o seis meses.
Para no perder la cordura escribió un diario que escondía en el forro de su bolso. “Allí plasmé mis emociones”, explica. También redactó “conversaciones” imaginarias con sus amigos.
Tras su arresto, Gusseínova pasó primero 50 días en Izoliátsiya, una prisión de Donetsk de terrible reputación.
En una celda vigilada permanentemente por cámaras, debía permanecer de pie todo el día bajo amenaza de castigo.
Sus guardianes la sometieron a humillaciones con una bolsa de tela sobre la cabeza. Según ella, algunos militares llamaban regularmente a prisioneras y prisioneros para que los “entretuvieran”.
Después de Izoliátsiya, fue trasladada al centro de detención Nº5 de Donetsk, donde compartió una pequeña celda fría con unas veinte reclusas comunes.
Las condiciones de higiene eran “espantosas”: colchones sucios “llenos de insectos”, prisioneras con tuberculosis, VIH o eccema, y retretes en “un agujero”.
Un día fue llevada ante un investigador. “Se puso un pañuelo en la nariz de lo mucho que apestaba mi cuerpo. Y le dijo a otro de los investigadores: ‘No te acerques a ella, ¿no ves que está llena de chinches?’. Y era verdad: tenía chinches que me corrían por encima”, recuerda.
Para frenar este “sistema de tortura y sometimiento”, el activista Osechkin reclama procesos judiciales internacionales contra sus responsables y que se revele su identidad. “Los encontraremos y castigaremos a todos”, promete Serguéi.
Fuente: AFP.
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Salud detectó tres casos de hantavirus en lo que va del año
El Ministerio de Salud informó que en 2026 se confirmaron dos casos en Boquerón y uno en Presidente Hayes, todos varones.
El Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social confirmó que se registraron tres casos de hantavirus en Paraguay, en lo que va de 2026, todos en hombres: dos de Boquerón, y uno de Presidente Hayes.
El hantavirus se mantiene en la naturaleza infectando crónicamente a diferentes especies de roedores. En Paraguay, el principal reservorio identificado es el Callomys laucha. El virus es eliminado por los roedores a través de sangre, secreciones y excretas (orina y materia fecal), y se transmite al ser humano principalmente por inhalación de aerosoles contaminados. También puede ingresar por heridas en la piel, mucosas o mordeduras de roedores.
Los afectados por este virus son hombres de entre 20 y 39 años en Boquerón, y de entre 15 a 19 años en el departamento de Presidente Hayes, todos de la Región del Chaco.En Paraguay, la región Occidental o Chaco es considerada una zona de circulación comprobada del virus entre roedores. Sin embargo, también se han registrado casos aislados en departamentos de la región Oriental como Concepción e Itapúa. La mayoría de los casos afectan a varones adultos jóvenes, debido a actividades de riesgo en ambientes rurales y silvestres.
Entre 2020 y 2025 se reportaron 110 casos de hantavirus en el país, de los cuales el 73 % se originaron en el departamento de Boquerón.