Según el último informe Regional de Desarrollo Humano 2021, América Latina y el Caribe (ALC) se encuentran en una trampa de desarrollo, debido a dos características que se han mantenido en la región; estas son la alta desigualdad y el bajo crecimiento.

“Estos dos factores están cercanamente relacionados e interactúan entre sí para crear una trampa de la que la región no ha podido escapar”, expresa el citado informe. Asegura que esto es el resultado de las políticas fragmentadas, con perspectiva de corto plazo que en algunos casos profundizan las distorsiones.

Este informe resalta que las desigualdades están agrupadas en diferencias de ingresos o riqueza y las desigualdades basadas en diferencias de género, etnia o raza, ubicación geográfica, vulnerabilidad al cambio climático, orientación sexual o identidad de género. Como también explora las desigualdades en el acceso a una variedad de bienes y servicios públicos y las desigualdades en la voz y la agencia.

Los registros fueron comparados con datos desde el 2000 hasta el 2021, incluso aparecen datos relacionados con la pandemia. “En algunos países, como Uruguay y Argentina, los sindicatos también jugaron un papel; en otros países como Brasil, el aumento del salario mínimo también fue importante. A pesar de este progreso, la región sigue siendo la segunda región más desigual del mundo, y los países de ALC tienen niveles de desigualdad más altos que los de otras regiones con niveles de desarrollo económico similares”, expresa.

Afirma que más allá del ingreso, existen otras formas de desigualdad laboral y horas de trabajo no remunerado. “Continúan poniendo a las mujeres en un campo de juego desigual. Las personas LGBT+ continúan sufriendo discriminación en el colegio y en el mercado laboral y son víctimas de violencia más frecuentemente que personas de otros grupos”, detalla.

El informe destaca que las étnicas continúan sin ser reconocidas como agentes económicos y políticos activos y rezagadas en el acceso a los servicios básicos, incluida la salud y la educación. Estas desigualdades contribuyen tanto a la desigualdad de ingresos como a la baja productividad y al bajo crecimiento económico”.

Antes de la pandemia del COVID-19, América Latina (AL) ya era la región con menor movilidad educativa intergeneracional. Foto: Ilustrativa,

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Desigualdad en la pandemia

Teniendo en cuenta la pandemia del COVID-19 que ha generado varias crisis y que se sumaron a las ya existentes trayendo consigo más desigualdad. “Esto ha tomado diferentes formas, que van desde impactos desiguales sobre los ingresos de los hogares hasta una incidencia cada vez mayor de violencia doméstica”, indica en documento.

Apunta que la pandemia recrudeció las tendencias de desigualdad a largo plazo, especialmente en los métodos de enseñanza y aprendizaje han estado marcados por las disparidades preexistentes en el acceso a herramientas tecnológicas y académicas en el hogar.

“Antes de la pandemia del COVID-19, América Latina (AL) ya era la región con menor movilidad educativa intergeneracional. Después de considerar el progreso de la expansión educativa a lo largo del tiempo, gracias al cual las cohortes más jóvenes tienen más escolaridad que las antiguas, el nivel de escolaridad de las personas adultas en AL sigue estando fuertemente determinado por el nivel de escolaridad de las madres y los padres”, sentencia.

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¿Qué piensa la gente?

Para completar el informe se realizó una serie de encuestas que deduce que, la gente es muy consciente de la desigualdad. “La gente se siente frustrada no solo por la injusticia en los resultados sino también en los procesos, en particular por la enorme influencia política de unos pocos grupos poderosos”, refiere.

Puntualiza que existe un acuerdo abrumador entre la población latinoamericana de que sus países son gobernados en interés de unos pocos grupos poderosos y no por el bien de todos. “En el 2020, el 77% de la población de la región creía que esto era así, y la proporción alcanzó el 95% en Paraguay y el 91% en Chile y Costa Rica”, apunta.

En tanto que las percepciones de injusticia y desigualdad son importantes porque determinan las posturas políticas de la gente y sus preferencias por determinadas medidas de política. Todos estos datos recolectados demuestran que en América Latina la mayoría piensa que la carga tributaria debería aumentar con los ingresos.

“Las percepciones de injusticia y desigualdad también pueden determinar diferentes rutas de vida. Pueden actuar como un incentivo al esfuerzo si existe la convicción de que a través suyo se pueden lograr mejores resultados”, puntualiza.

La violencia laboral esta tipificada en el informe. Foto: Ilustrativa.

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Vínculos entre violencia, desigualdad y productividad

Según este informe la violencia sigue siendo demasiado común para muchas personas en la región de América Latina y el Caribe. “La región alberga solo al 9% de la población mundial, pero actualmente representa el 34% del total de muertes violentas”, resalta.

Agrega que los países de la región luchan contra formas de violencia no letales, incluida la violencia sexual, los robos, el abuso policial y la trata de personas. “La mayor desigualdad puede fomentar las condiciones para mayores niveles de violencia a través de tres canales distintos”.

-Primero, es probable que mayores disparidades introduzcan incentivos que hagan que los retornos a las actividades ilegales sean comparativamente más atractivos que los retornos a las alternativas legales.

-En segundo lugar, la desigualdad engendra frustración y alienación entre los desposeídos a través de las percepciones de desventaja, falta de oportunidades e injusticia, que, en conjunto, estimulan la violencia.

-En tercer lugar, las desigualdades en el poder, el estatus social y los ingresos hacen que algunos grupos de población, como las mujeres y las minorías étnicas y de género, sean particularmente vulnerables a la violencia

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ALC las más violentas

“La violencia o la amenaza de violencia se ha convertido en moneda de negociación entre actores estatales y no estatales en diversos contextos para alcanzar y sostener acuerdos, y es parte fundamental de la lucha por la distribución de recursos, derechos, oportunidades y poder en la región”, expresa.

En otra parte, asegura que América Latina y el Caribe es la región más violenta del mundo. Además, los países de esta región exhiben tasas de victimización por delitos y homicidio mucho más altas que otros países con niveles similares de desigualdad. “Se distinguen tres tipos de violencia: violencia criminal vinculada a actividades delictivas, violencia política en relación con agendas sociopolíticas y violencia social y doméstica”.

Por último explica que la violencia social y doméstica también afecta a los niños y adultos mayores dentro del hogar y ha sido un área de creciente preocupación durante los confinamientos a raíz del COVID-19.

Aumentaron los casos de violencia familiar en la pandemia. Foto: Ilustrativa.

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