Desde las dos cadenas mediáticas que fueron soportes publicitarios y cómplices por pecado de omisión de los graves hechos de corrupción perpetrados en el gobierno de Mario Abdo Benítez (2018-2023), hoy quieren crear un clima adverso, de visceral antagonismo a la gestión del presidente Santiago Peña. Y lo hacen desde sesgados puntos de vista que tratan de ungirlos a la categoría de relatos universalmente válidos. Incontrastables, demoledores.
Es lo que afanosa e infructuosamente ambicionan. Pero, para ellos, el periodismo ya no es lo que era. Nos referimos al tiempo en que recuperaron la memoria de lo que esta profesión representa para la sociedad, la democracia y la construcción del pensamiento crítico. Habían recuperado la memoria –insistimos– por razones que nunca quedaron muy claras, porque, durante más de una década, fueron aliados y apologistas de la dictadura del general Alfredo Stroessner, recibiendo, a cambio, ingentes beneficios que les permitieron amontonar la fortuna que actualmente impúdicamente ostentan.
Y en este conflicto de intereses bien demarcados, la verdad es la primera víctima. Dentro de ese esquema, para que sus prédicas tengan algún éxito, algunos hechos son magnificados, en tanto que otros son intencionalmente ocultos, creando una imagen que carece de consistencia, pues las falsedades son tan obvias como torpes, y sus autores –obnubilados por sus deleznables propósitos– ni siquiera se preocupan en armar un cuadro que pueda tener alguna credibilidad, disimulando con inteligencia y talento su distorsionada narrativa. Así que, cuando la verdad es la primera víctima en esta campaña inmoral que atenta con los principios mínimos del periodismo, la segunda es, indefectiblemente, la credibilidad.
No es una crisis ética que estamos enfocando por primera vez, pero lo volvemos a hacer, porque la situación se torna, también, cada vez más reincidente, poniendo en práctica la vieja estrategia nazifascista del “miente, miente, que algo queda”. Partamos de la base de que nadie está exento de la crítica, pues la perfección humana no existe. No estamos, consecuentemente, negando el derecho al cuestionamiento que, de manera alguna, puede ser restringido o cortado abruptamente. Sin embargo, estamos muy lejos de que vivamos bajo un régimen autoritario, como pretenden proyectar estos medios y algunos desaforados militantes de la oposición política e, incluso, determinados referentes sociales. Basta con recordar que, ante el mínimo señalamiento de ciertos actos reprochables cometidos por autoridades de la dictadura depuesta en febrero de 1989, la represión era inmediata: periodistas presos o exiliados y medios suspendidos o clausurados.
Stroessner no tuvo contemplación ni siquiera con el diario del que fue su aliado por años, cuando su director decidió cambiar de línea editorial. Varias son las explicaciones de este giro brusco de posición. No obstante, lo concreto es que se volvió crítico al sistema cuando este empezaba a agonizar. Pero el tiranosaurio, como diría Augusto Roa Bastos, todavía podía dar sus últimos coletazos, aunque, probablemente, ya de la mano de su círculo más íntimo formado por el llamado “Cuatrinomio de Oro”, siendo uno de sus miembros justamente Mario Abdo Benítez, padre, progenitor del expresidente de la República y abonado personaje de estos conglomerados mediáticos. Este permanente recordatorio no tiene más intención de que conozcan las nuevas generaciones quiénes fueron sus actuales supuestos “paladines de la justicia y la honestidad”.
Está claro dónde pondrán sus fichas, todas ellas, en las elecciones municipales que se desarrollarán en Ciudad del Este, del intendente Miguel Prieto, destituido mediante sólidas pruebas fundadas en una amplia y profunda investigación de la Contraloría General de la República, corroborada, luego, por el interventor designado por el Poder Ejecutivo para verificar las denunciadas irregularidades. Los comicios internos tendrán lugar el 5 de octubre de este año, y las generales el 9 de noviembre. Serán operadores, estos medios, del candidato del defenestrado jefe comunal, quien representará al movimiento político denominado Conciencia Democrática Esteña Yo Creo. En tanto que la Asociación Nacional Republicana propondrá oficialmente a un postulante de consenso como el más fuerte. Decimos el más fuerte, porque, como se trata de un partido que ajusta su estatuto al Código Electoral, cualquiera que esté afiliado podrá inscribir su candidatura. Tratarán de instalar a toda costa que estamos ante la madre de todas las batallas, pretendiendo transportar los resultados de estas justas electorales al 2028, como presagio de lo que podría ocurrir entonces.
Esto lo harán, claro está, si triunfa el candidato de estos medios periodísticos. De lo contrario, habrá sido apenas una elección más. Una situación que solo puede darse en un modelo democrático, modelo al que estos medios –desesperada y paradójicamente– tratan de desacreditar a cualquier precio, con tal de intentar desprestigiar al presidente Santiago Peña.