Cada 22 de noviembre la iglesia católica celebra la festividad de Santa Cecilia, patrona de los músicos. Es una de las mártires más veneradas. Su vida tuvo como eje principal el amor a Cristo y la castidad en él. Cecilia proviene de la lengua latina y significa lirio del cielo, explica Jorge Catalino González.
Historia de vida
En los escritos llamado “Actas del martirio de Santa Cecilia” -que aparecieron a mediados del siglo V-, se menciona que Santa Cecilia provenía de una familia noble de Roma. A menudo ella realizaba ayunos y penitencias, además de que consagró su virginidad a Dios. Su padre, por ambición la obligó a contraer nupcias con un joven pagano de nombre Valeriano. En la noche de bodas, ella le hizo saber a su esposo que ella fue esta consagrada a Dios y que es fiel y casta a Él.
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Conversión de su esposo
Santa Cecilia tuvo una singular forma de convertir a su esposo al cristianismo. Según la historia, le comunica a su esposa que hay un Ángel que vela por ella y le dice a su esposo que si la toca, el Ángel se enfurecerá y el sufrirá las consecuencias; en cambio, si le respeta, el ángel lee amará.
Al oír estas palabras, Valeriano, el esposo; extrañado dice que quiere ver al ángel, a lo que la Santa le responde que solo podrá hacerlo cuando se haya bautizado al cristianismo.
Valeriano fue en busca del Papa Urbano, quien lo instruyó en la fe y posteriormente, lo bautizó. Realizado el sacramento, el esposo vuelve para ver a su amada y observa lo siguiente: Un ángel de pie junto a Cecilia y el custodio celestial coloca una guirnalda de rosas sobre la cabeza de ambos.
Además, de convertirse Valeriano al cristianismo, lo hizo también su hermano Tibursio, según cuenta la historia. Cada noche, Cecilia cantaba a Dios y es por eso que ella es considerada la patrona de los músicos.
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Al rescate de la memoria histórica de la radiofonía paraguaya
- Fotos: Gentileza
El viernes 5 de junio, a las 21:00, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Asunción, el docente y locutor Eduardo Palacios presentará su obra “Historias de la radio en Paraguay. Hechos y protagonistas”, una documentada investigación sobre la actividad radiofónica en nuestro país.
Durante cuatro años, Palacios publicó en las páginas del Gran Domingo de La Nación amenas crónicas sobre las emisoras, los programas y personajes que marcaron la actividad radiofónica en el país
Palacios tiene una larga trayectoria que se inició el 12 de octubre de 1975 como locutor en radio Cáritas. Desde los primeros años de su actividad radial se interesó por la historia de la radio y comenzó a recopilar datos, recortes de periódicos, revistas, fotografías, etc., sobre lo que era la radio en las décadas pasadas en nuestro país.
–¿Podés contarnos en qué consiste el libro que presentás?
–Es el rescate de la memoria histórica de la radiofonía paraguaya de una época comprendida entre la década de los años 20 hasta mediados de la década del 60. A mediados de los años 20 surgen en Paraguay las primeras emisiones radiofónicas. En el libro se relata todo el acontecer radiofónico de las décadas citadas, con las emisoras que existían por esos años, los programas que se emitían y los protagonistas de la radio, así como hechos anecdóticos que hemos recogido de las publicaciones de libros, revistas y folletos a los que pudimos acceder en este amplio trabajo de investigación histórica que realizamos desde hace más de 40 años y que tendrá continuidad con otras publicaciones posteriores. La riqueza histórica de la radio es muy poco abordada a pesar de que es un medio muy cercano a la sociedad paraguaya.
RELATO AMENO Y SENCILLO
–¿Con qué se encontrarán los lectores que recurran a sus páginas?
–Con el relato ameno y sencillo de una parte importante de la radiofonía, de una etapa absolutamente diferente de lo que es hoy la radio, en donde la diversión gratuita, el escenario del arte y la promoción cultural eran los temas centrales en los programas de las emisoras, donde los protagonistas eran figuras de gran relevancia artística. Se encontrarán también con el gran legado de la radio como han sido las grandes figuras del arte y del teatro nacional, surgidos desde el seno de la radio, como Jacinto Herrera, Néstor Romero Valdovinos, Josefina Plá, la primera locutora en una radio paraguaya; Ernesto Báez, Mario Halley Mora y su hermano Gerardo Halley Mora, Víctor Montórfano, locutor y director de la radio del Estado y más tarde un poeta de gran relevancia, autor de “Tetãgua sapukái”, entre otros.
–¿Cuáles son algunos de los principales hallazgos y anécdotas que ofrece el libro?
–En verdad son varias informaciones importantes, muchas desconocidas, entre ellas el rol protagónico que tuviera en la radio un talentoso poeta como fue Víctor Montórfano, quien es autor, a más de “Tetãgua sapukái”, con Félix Pérez Cardozo, de otras composiciones como “Mburicaó”, “Choli”, “Purahéi paha”, “Gallito cantor” y otras con José Asunción Flores. Néstor Romero Valdovinos fue libretista por varios años del programa humorístico “La pensión de doña Liga”, juntamente con Aníbal Romero, otro gran artista nacional de las décadas pasadas, y una cita muy especial para Mario Halley Mora, el gran dramaturgo y Premio Nacional de Literatura, quien fue en los años 40 operador de ZP3 radio Teleco. Hay varios hechos anecdóticos y uno de ellos precisamente guarda relación con Mario Halley Mora y su comienzo como libretista en la radio. Ante la ausencia de Romero Valdovinos en la obra cómica referida antes, Halley Mora lo reemplazó escribiendo un capítulo de ese programa y, como él lo cuenta, fue la primera vez que escribió, en este caso un libreto radial, comenzando una larga y fructífera carrera de escritor y autor teatral de gran renombre.
NARRATIVA HISTÓRICA
–¿Dentro de qué género podría ubicarse el libro?
–Es una narrativa histórica sobre los hechos y protagonistas de la radio como resultado de un trabajo de investigación de la radiofonía. Es decir, en un tiempo determinado, en el marco y en el contexto económico-social del Paraguay en los años citados.
–¿Cuál fue la mayor satisfacción y el mayor desafío de encarar este proyecto?
–Creo que si no fuese por el sello editorial Línea de Tiempo, que tiene en su haber la publicación de más de diez obras importantes en los últimos seis años, esta obra no hubiera sido posible. Juan Marcelo Cuenca, un joven escritor y responsable de la editora, ha tenido un papel fundamental en los detalles más importantes de este libro. El mayor desafío está aún por venir. Estamos encarando otras realizaciones de obras que vamos a encarar. En principio hay dos más, todas vinculadas a la radio en Paraguay.
–¿Cómo te parece puede aportar la historia de la radiofonía a comprender más la historia nacional?
–La historia como ciencia tiene elementos fundamentales para ser considerada como tal. Por ejemplo, el objeto del estudio, que es el tiempo pasado; un método científico, que es la historia misma, y el conjunto de fuentes, como evidencias; sin esos atributos no podría existir. Y estos elementos se dan ampliamente en esta obra sobre la radiofonía paraguaya, en esos componentes se basa nuestra investigación y como resultado el presente libro. La historia de la radio en Paraguay es una parte importante de la historia nacional. La vida, los hechos y los protagonistas de nuestra sociedad pasaron por la radio. Para valorarlos tenemos que conocer quiénes fueron, qué hacían y cuál fue el aporte sociocultural de los medios radiales.
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“La literatura llega a lugares a los que la historia no puede”
- Fotos: Archivo/Gentileza
El próximo miércoles 3 de junio, a las 15:00, en la Feria Internacional del Libro de Asunción se realizará el lanzamiento del libro “Naranja hái. Memorias del olvido”, del docente y gestor cultural Virgilio Cantero. El volumen reúne relatos basados en la memoria oral popular que exploran cómo la tragedia de la guerra afecta a los seres humanos de distintas maneras.
La presentación, que tendrá lugar en el auditorio María Elena Sachero del Centro de Convenciones Mariscal, estará a cargo del periodista y escritor Julio Benegas, quien estuvo a cargo de la revisión y cuidado de edición.
Sobre la génesis y las características del libro, donde lo militar es un aspecto secundario y se prioriza un abordaje que apunta más a la cuestión civil y, sobre todo, humana, Cantero explica que “nace como un intento de dejar por escrito un registro de la tradición oral familiar en torno a las vivencias de los antepasados.
El libro en sí rescata la vivencia de mis tatarabuelos por el lado materno, como así también la vivencia de mi abuelo y otros familiares durante la guerra del Chaco. Es un cruce de relatos, un cruce de memoria que permanece en la tradición oral familiar. El hilo común de los cuentos es la violencia de la guerra y cómo afecta de distintas maneras a hombres y mujeres.
Busco acercarme a la experiencia subjetiva que la guerra provoca en las personas a partir de lo que viven los personajes. Al mismo tiempo, contrasto eso con una mirada a la naturaleza, que permanece indolente e invariable frente a las tragedias humanas”.
LITERATURA E HISTORIA
Respecto a cómo se tensionan y complementan en su obra la ficción literaria y la historia, indicó que “la literatura, a partir de su capacidad creadora y de la ficción, llega a lugares a los que la historia no puede llegar por su condición de ciencia y de conocimiento crítico.
La literatura funciona como un auxiliar de la historia para pensar e imaginar los pensamientos, vivencias y experiencias de los personajes y los hechos históricos que la historia no puede abordar por su propio carácter científico.
A la historia le compete el abordaje crítico de la tradición oral. La literatura, como ficción, tiene el permiso de ficcionar esos hechos y plantear un acercamiento verosímil a los acontecimientos”.
En lo tocante a sus fuentes, explica que se basan en la tradición oral familiar, contrastada con la tradición oral nacional y respaldada por documentos hallados en Valenzuela.
“En el museo de la ciudad hallamos registros de donaciones que las personas hicieron para sostener los gastos de la guerra del Chaco. En los archivos escolares de una de las escuelas de la comunidad también encontramos actividades realizadas por niños, maestros y padres para contribuir a esos gastos militares.
Tanto en el Museo de Valenzuela como en la Escuela 45 hay registros de la época de la guerra del Chaco donde se consignan las donaciones de los pobladores: oro, plata, animales y productos del campo para sostener la guerra.
También existen registros escolares donde la directora informa a sus superiores sobre las actividades que hacían los chicos para producir elementos que se enviaban al frente. Por ejemplo, confección de bufandas y tricotas, trabajo en la chacra escolar y otras actividades para sostener a los huérfanos de la guerra.
Parte de esos registros se incluyen en el libro como fundamentación documental de los cuentos que abordan justamente esa época. Esas fueron las dos fuentes principales a las que acudí”, detalló.
EL MANÁ DE LA GUERRA
Con relación con el título, asevera que no se trata propiamente de un simbolismo, sino que es un elemento presente en uno de los relatos, donde esa fruta cumple una función clave para que el personaje logre sobrevivir y superar su situación.
“En varios libros de historia se registra que la naranja agria fue el alimento que sostuvo a mucha gente durante la guerra de la Triple Alianza. Ese cítrico, que crece de forma natural en los bosques del Paraguay, permitió que muchas personas sobrevivieran a esa hecatombe”, finalizó.
PERFIL
Virgilio Antonio Cantero Benítez (1980) es profesor de ética y filosofía graduado del Instituto Superior de Estudios Humanísticos y Filosóficos (ISEHF) de la Compañía de Jesús. También realizó un diplomado en humanidades y en derechos humanos.
Desde hace cuatro años se dedica a la gestión cultural comunitaria y a la promoción turística con enfoque sustentable en el distrito de Valenzuela, departamento de Cordillera.
Su gestión se centra en la recuperación y preservación del patrimonio cultural y de la memoria histórica de la comunidad en el fomento del turismo local. Fue partícipe del descubrimiento de una pintura rupestre única en el Paraguay, actualmente en proceso de estudio por expertos.
En 2015 publicó “Ensayos de emergencia”, un abordaje filosófico sobre cuestiones políticas, sociedad y poder. Asimismo, trabaja como coordinador en la red de bibliotecas callejeras de Valenzuela, donde acude aproximadamente un grupo de cincuenta niños, jóvenes y adolescentes en los diversos talleres y actividades que ofrecen.
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Taiwán, la isla sin voz
DESDE MI MUNDO
- Por Mariano Nin
- Columnista
- marianonin@gmail.com
Hace unos años, en una madrugada húmeda de Taipéi, terminé sentado en una pequeña casa de té al costado de una estación de metro.
Afuera llovía suave.
Yo estaba cansado. Venía de caminar todo el día grabando imágenes y entrevistando gente. En una mesa cercana, un anciano tomaba sopa mientras miraba las noticias en una vieja televisión colgada en la pared. No entendía una sola palabra del idioma, pero sí entendí una imagen: hospitales, médicos, pantallas gigantes, gráficos, tecnología.
La mujer que atendía el local, una señora de sonrisa tímida, me preguntó de dónde era. Cuando le dije “Paraguay”, abrió grande los ojos y respondió en un inglés entrecortado: “Taiwán ama Paraguay”.
Sonreí.
Después me mostró orgullosa en su celular cómo funcionaba el sistema de salud de su país. Sacó una tarjeta sanitaria digital, habló de consultas a distancia, de inteligencia artificial detectando enfermedades, de médicos conectados entre ciudades y montañas.
Pero en un momento bajó la voz. “El mundo usa muchas cosas de Taiwán… pero a veces hace como si no existiéramos”. Esa frase me quedó dando vueltas en la cabeza porque era verdad.
Vivimos en un planeta donde millones usan teléfonos, computadoras y tecnologías creadas gracias al talento taiwanés. Un país pequeño, ordenado, moderno, con una de las democracias más avanzadas de Asia y uno de los sistemas sanitarios más eficientes del mundo.
Hoy, gracias al crecimiento exponencial de la inteligencia artificial y a la enorme demanda global de semiconductores, la bolsa de valores de Taiwán ya superó a la de India y se convirtió en la quinta más grande del mundo.
Una pequeña isla que fabrica gran parte del cerebro tecnológico del planeta… pero que todavía sigue siendo invisibilizada en muchos espacios internacionales.
“Y aun así, Taiwán lleva diez años fuera de la Asamblea Mundial de la Salud.”
Diez años.
Mientras el planeta habla de cooperación, inclusión y derechos universales, 23 millones de personas siguen siendo excluidas por presión política. Y lo más absurdo es que Taiwán no pide privilegios. Pide participar. Compartir experiencia. Ayudar.
Durante la pandemia muchos países aprendieron tarde lo que Taiwán ya sabía desde hace tiempo: la tecnología salva vidas cuando se usa con inteligencia y humanidad.
Ellos entendieron antes que otros que el futuro de la medicina también pasa por la inteligencia artificial, el big data y la conectividad. Hoy tienen hospitales inteligentes admirados por el mundo entero, sistemas digitales que llegan hasta zonas rurales y plataformas médicas que varios países quisieran imitar.
Sin embargo, hay silencios diplomáticos que pesan más que la evidencia. A veces la política internacional se parece demasiado a un recreo de colegio: algunos deciden quién puede sentarse en la mesa… y quién debe quedarse afuera aunque tenga algo importante que decir.
“Aquella noche en Taipéi terminé mi té mirando la lluvia detrás del vidrio empañado”.
Y pensé: qué extraño es este mundo.
Los países que sostienen gran parte del futuro tecnológico del planeta todavía tienen que pedir permiso para ser escuchados y el mundo debería prestar atención…
Pero esa… es otra historia.
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Una devoción centenaria que convoca a miles de fieles en todo el país
- Fotos: Salesianos Paraguay
Cada 24 de mayo, Paraguay celebra con fervor la festividad de María Auxiliadora, una de las advocaciones marianas más veneradas del territorio nacional y símbolo espiritual estrechamente vinculado a la tradición salesiana.
Esta celebración fue instituida cuando en 1814, el papa Pío VII, prisionero del general Napoleón, prometió a la Virgen que el día que llegara a Roma, en libertad, lo declararía fiesta de María Auxiliadora. Inesperadamente el pontífice quedó libre y llegó a Roma el 24 de mayo, fecha que quedó declarada como Día de María Auxiliadora.
Misas multitudinarias, procesiones, vigilias, karu guasu y serenatas caracterizan una jornada que se ubica entre las celebraciones religiosas de mayor convocatoria del calendario católico paraguayo.
La devoción a esta advocación mariana arribó al país con los primeros misioneros salesianos hace más de un siglo y se consolidó progresivamente tanto en comunidades urbanas como rurales.
La congregación salesiana explica que “la devoción a María Auxiliadora comienza con la venida de los primeros cuatro salesianos el 23 de julio de 1896, quienes fundan el colegio Monseñor Lasagna, con una capilla anexa dedicada a la Virgen”.
LA HISTORIA DEL SANTUARIO
En 1933 se erige la actual parroquia María Auxiliadora con una extensión muy superior a la actual. El conocido P. Domingo Queirolo escribía ya en 1915: “Es intención de todos, pues la necesidad lo manda, construir un espacioso y auténtico santuario en el que se venere dignamente a la bendita Virgen de Don Bosco”, cuya devoción para esa época estaba extendida en las principales poblaciones del Paraguay.
En las décadas del 30, del 40 y del 60 ya se elaboraron varios proyectos para un gran santuario. Se colocaron las piedras fundamentales, pero no pudieron concretarse por la precariedad de la situación política y económica.
Finalmente, en 1971, como compromiso del 75.º aniversario de presencia salesiana en el país, la Inspectoría decide “levantar el Santuario Nacional a María Auxiliadora en Asunción como expresión de gratitud a la Madre de la Congregación; como petición de ayuda en las necesidades materiales y espirituales, y como compromiso de ser mejores religiosos, de trabajar más por las vocaciones y de propagar más intensamente su devoción”.
La edificación comenzó el 24 de mayo de 1980. En 1989 se hace la solemne bendición del nuevo templo por su expárroco, el arzobispo de Asunción Mons. Ismael Rolón.
En el año 1985 se terminó la cúpula del santuario, los vitrales, la electrificación interna, el piso y se habilitó para el oficio diario.
Sobre la cúpula del santuario se erige la estatua de acero del escultor nacional Herman Guggiari de 1.500 kilos sobre el mundo y sobre el mapa del Paraguay. Madre e hijo salpicados de flores, con la paloma de la paz en las manos mirando hacia Asunción.
SEGUNDA CELEBRACIÓN MÁS IMPORTANTE
La festividad es considerada la segunda celebración mariana más importante del Paraguay, superada únicamente por la de la Virgen de Caacupé, patrona nacional.
El santuario de María Auxiliadora constituye el epicentro de los festejos. Miles de fieles concurren anualmente al recinto para participar de una extensa programación litúrgica que se inicia la víspera con vigilias y serenatas, y se extiende durante todo el día central con celebraciones eucarísticas ininterrumpidas hasta las últimas horas de la noche, además de la tradicional procesión náutica.
La convocatoria reúne a personas de todas las edades: estudiantes de instituciones salesianas, familias, exalumnos, movimientos juveniles y devotos procedentes de distintas regiones del país.
RELIGIOSIDAD POPULAR
La festividad se replica, además, en parroquias, capillas y colegios de la red salesiana en el interior. En los departamentos de Alto Paraná y Concepción, la figura de María Auxiliadora ocupa un lugar destacado dentro de la religiosidad popular. En Concepción se erige una de las imágenes más monumentales dedicadas a esta advocación en el país, en tanto que en Alto Paraná es venerada como patrona del agro.
La celebración trasciende el ámbito estrictamente religioso. En numerosas instituciones educativas salesianas se realizan procesiones estudiantiles, festivales artísticos y actividades solidarias enmarcadas en el legado de San Juan Bosco, principal impulsor de esta devoción en el catolicismo mundial.
Con el transcurso de los años, la solemnidad ha mantenido plena vigencia. Las columnas de fieles que ingresan al santuario, las velas encendidas y los cánticos marianos configuran una estampa que se renueva cada año y da cuenta de una tradición profundamente arraigada en la identidad religiosa del pueblo paraguayo.