Hablar de salud mental en adultos es algo complicado, y cuando se trata de niños y adolescentes es mucho peor y las personas tienden a asustarse. Un gran porcentaje de las personas no cree en la depresión infantil ni en la presencia de enfermedades mentales en corta edad; sin embargo, el Dr. Julio Torales, profesor de psiquiatría y psicología médica de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), asegura que un 20% de la población pediátrica tiene algún trastorno mental y el 75% de ellos no recibe la atención médica que necesita, hecho que luego genera enfermedades mentales más consistentes y difíciles de tratar, explicó en contacto con canal GEN.

“¿Cómo un niño se va a deprimir? ¿Cómo un niño va a tener un trastorno de ansiedad? Eso es cosa de un adulto con preocupaciones”, dicen algunos adultos, a lo que el Dr. Torales responde: “Para nada. Hay estadísticas que dicen que aproximadamente el 20% de todos los niños tiene algún trastorno mental, lo suficientemente grave para requerir tratamiento. Lo preocupante es que el 75% de esos niños con trastornos mentales no recibe un diagnóstico adecuado en tiempo y forma y, por ende, tampoco recibe tratamiento”, indicó.

Dr. Julio Torales, médico psiquiatra y profesor de la cátedra de psiquiatría de la Facultad de Ciencias Médicas del Hospital de Clínicas Foto: Gentileza.

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La falta de tratamiento temprano a los problemas mentales en la niñez genera, a su vez, disfunciones, mucho sufrimiento durante su crecimiento de la niñez y la adolescencia, que luego llegan a la edad adulta con complicaciones de la enfermedad mental y como enfermedades mentales mucho más construidas y mucho más difíciles que tratar si es que se deja evolucionar, señaló Torales.

Igualmente, el docente y psiquiatra explicó que estos trastornos de ansiedad o depresión van relacionados al suicidio. “El tema del suicidio en esta población infanto-juvenil, algo que se está viendo con frecuencia actualmente. Es la segunda causa de muerte a nivel mundial en población entre 15 y 29 años, solamente superada por los accidentes de tránsito por causas externas. Entonces estamos ante una emergencia en salud pública, específicamente en el área de salud mental. Esta no solo afecta a nivel país, sino en todo el mundo”, especificó.

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Síntomas y signos de alarma

En población pediátrica son muy distintos a la población adulta porque, por ejemplo, si se habla de depresión, un adulto puede decir: “Me siento triste” o “no veo más soluciones a mis problemas de vida”. Sin embargo, un niño todavía no puede elaborar sobre esos conceptos de tristeza y generalmente los trastornos en la población pediátrica se presentan de manera inespecífica, de ahí que los padres y madres y las personas mayores deben de estar atentos a algunos síntomas que se presentan.

“Los síntomas generalmente son miedo de asistir al colegio, no quiere jugar más con sus amigos, ya no quiere hacer cosas que previamente le gustaban y algo muy común es la aparición de síntomas físicos inexplicables. Por ejemplo: cefaleas a repetición o dolor abdominal recurrente. Eso es algo muy frecuente”, citó al ser consultado sobre los síntomas y signos de alarma de la depresión o trastornos de ansiedad.

Agregó que otro profesional de la salud mental dedicado a los niños, llamado Dr. Martín Moreno, hizo una tesis para obtener el título de especialista en psiquiatría en la infancia, donde habló del “síndrome del dolor abdominal recurrente en el escolar”. Se trata de un dolor que aparece cada cierto tiempo, se le lleva al pediatra y no se encuentran causas físicas u orgánicas que lo justifiquen. “Lo más probable es que sea una expresión de algún trastorno mental o de ansiedad o un síntoma de depresión”.

Tratamiento: no están recomendados los ansiolíticos

En la población pediátrica no están recomendados los medicamentos ansiolíticos porque generan efectos paradojales. Es decir, en vez de tranquilizar –que es lo que se busca– vuelve más disfórico al niño.

“En el caso de los trastornos de ansiedad en niños, la primera línea de tratamiento es la psicoterapia, no es el único tratamiento, pero es la que mayor evidencia científica tiene. Se trata de la psicoterapia cognitivo-conductual. En caso necesario, cuando la gravedad de los síntomas no nos permita esperar a que la psicoterapia haga efecto, se utiliza fármacos y, por lo general, utilizamos fármacos antidepresivos que también se usan para los trastornos de ansiedad con dosis correcta, recomendado por un psiquiatra infanto-juvenil”, señaló Torales.

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