Su experiencia en casos extraordinarios de investigación como los secuestros de María Edith Bordón de Debernardi, Cecilia Cubas, Luis Lindstron y Fidel Zavala, situaciones que conmocionaron al país, le permitieron afianzarse en su carrera para llegar a estar al frente del Ministerio Público.

Una mujer que se califica como trabajadora, perseverante y enfocada en el servicio humanitario en una próxima etapa de su vida, es Sandra Quiñónez, la fiscal general del Estado.

Sus primeros pasos en la profesión los dio en el Poder Judicial como practicante, cuando todavía se encontraba cursando el 2do. año de la carrera en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Asunción. Así fue hasta que el Ministerio Público empezaba a tener autonomía y necesitaba formar asistentes, en ese momento tuvo la oportunidad de incorporarse hasta luego ser nombrada el 12 de abril de 1994 como asistente fiscal.

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En sus inicios le tocó trabajar dentro de las unidades de Garantías Constitucionales, donde tenía que visitar las penitenciarías de Tacumbú, Panchito López y Emboscada, para tener un registro total de los recluidos y en especial de aquellos que no tenían defensores.

Integró varias unidades fiscales hasta que se presentó para ocupar el cargo y el 2 de marzo del 2000 juró como agente fiscal penal asignada en Caaguazú. Luego fue asignada para trabajar por la transición al nuevo código.

Cuando asumió Óscar Latorre como fiscal general, ella conformó el equipo que investigó el primer secuestro en Paraguay, el de María Edith, para luego dedicarse exclusivamente a la Unidad Antisecuestro y Antiterrorismo, hasta pasar a ocupar su cargo actual.

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Su contención

Mientras suma años de experiencia, títulos y altos cargos, su rol favorito no fue ninguno de los mencionados, ya que lo que realmente le llena el corazón fue haber sido nieta de Francisca Machuca viuda de Astigarraga, de quien se despidió en el 2003. Su abuela la crío toda su vida.

La vivencia que recuerda hasta hoy y que tiene presente para su actuar profesional y personal es la convicción cristiana, atendiendo a que fue un eslabón importante dentro de su formación, que le sirvió y sirve de contención durante su vida.

“Mi mejor terapia es mi convicción de cristiana católica, la fe profunda que tengo, eso hace que pueda cuidar mi salud mental, cuando amas tu trabajo, le ponés fuerza a ese trabajo, por eso siempre lo hago encomendándome a Dios y a la Virgen para que salga de lo mejor posible. Esa misma convicción cristiana fue enmarcada por mi abuela Panchita”, reveló.

La fiscala general del Estado luego de la misa de Caacupé. Foto: Gentileza.

Trayectoria profesional

Las diferentes situaciones profesionales permitieron a Sandra Quiñónez trazar su carrera dentro de la Fiscalía. Primeramente estudió Bibliotecología, pero luego tuvo la oportunidad de formarse académicamente en el mundo de las leyes.

“Siempre estuvo en mi mente ser abogada, tenía un vecino que era abogado y siempre veía cómo se manejaba y aparte tenía familiares abogados. Me gustaba mucho leer sobre la historia y en el colegio era amante de la materia Cívica y Moral, me aprendía todo, pero por cuestiones económicas tuve que esperar el turno para estudiar Derecho”, confesó a La Nación.

Aunque no olvida a su primera maestra, Fania Flores, quien “me tomó de sus manos y me enseñó a dar mis primeras letras, distinguir los colores y los números. Me marcó, era mi protectora, me marcó muy fuerte en mi vida, siempre me protegía y enseñaba”, recordó.

Tiempo después, cuando ingresó en el primer intento a la Facultad de Derecho de la UNA, supo que era el lugar donde quería estar para lograr las metas que tenía en mente. Con el correr del tiempo, las cosas se iban adecuando para afianzarse dentro de hechos delictivos como el secuestro, al cual describe como “la muerte suspendida, porque no se sabe qué va pasar con la víctima”, expresó.

Siempre tuvo en mente llegar a ser abogada. Foto: Archivo.

La formación y la especialización siempre fue una constante dentro de su carrera, como seminarios, cursos, maestrías, altos estudios estratégicos, dentro de la rama académica también se desempeñó como tutora. “Me especialicé y fui adquiriendo conocimiento, viajé a varios países y recorrí mucho para interiorizarme cómo se manejan casos complejos”, comentó.

Aunque recuerda que en su momento fue cuestionada por su puntaje y la posición que ocupaba en la lista, sostuvo que “los puntajes ayudan, pero el día a día te hace profesional, estuve en un área compleja como lo es la Unidad de Antisecuestros, aprendés día a día en el área de campo, estar en el terreno te enseña lo que no está en los libros”.

Además, también confesó que el costo de los cursos y las capacitaciones la privó de aumentar su formación. Recordó que el hecho de trabajar en el monte y alejada de la capital también la limitó en otros aspectos académicos. “Tenía que estar acompañando a los agentes policiales, me quedaba en las comisarías y cuarteles, donde me fui ganando el respeto siendo la única mujer dentro del equipo”, añadió.

Secuestro de María Edith Bordón

Un hecho que marcó un antes y después dentro de la delincuencia organizada en el país fue el secuestro de María Edith Bordón el 16 de noviembre del 2001, caso que le caló muy hondo a la fiscala, atendiendo que tuvo como misión acompañar de cerca a los familiares de la secuestrada durante todo el proceso de investigación.

“Fue un momento difícil, no solo para los fiscales, primeramente porque no sabía qué aconteció hasta 17 días después, cuando se contactaron los secuestradores”, recordó. Aunque relata que la parte más difícil fue ver a la familia desmoronada, angustiada, incluso confesó que le tomó cariño a los hijos que eran pequeños, porque ella iba todos los días a la casa. “La presión era recobrarle con vida a su madre”, expresó.

Es así como recuerda un momento que la marcó como profesional. “La primera noche que estábamos en la casa con la familia, el hijo mayor miraba el mapa del Paraguay y me preguntó: ¿en qué lugar del mapa está mi mamá?”, comentó. “Son cosas que calan muy fuerte, quedan en la retina y la memoria”, reveló.

El respeto a sus colaboradores siempre fue uno de sus valores para posicionarse como mujer dentro del rubro. Foto: Archivo.

Perseverancia

La personalidad que fue imponiendo con el correr de los años también le permitió ir ganándose el respeto, explicó. “Uno se va ganando la vida como se va proyectando, me ayuda mi personalidad perseverante y trabajadora, siempre dije que soy silenciosa, no soy de hacer ruido, por eso puedo dormir tranquila, porque no es cierto lo que dicen, trato de hacer lo mejor”, destacó.

Estos mismos valores son los que hoy la acompañan en el día a día, estando al frente de la Fiscalía General del Estado. “Desde que inicié en la Fiscalía tropezamos con dificultades, como las presupuestarias; hoy en día luchando contra la pandemia, cosa que no estaba en la hoja de ruta. Es así como uno construye con el trabajo, pero hay que darle tiempo a las instituciones”, enfatizó.

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Liderazgo femenino

Destacándose en su rubro, la fiscala sostuvo que el respeto fue uno de sus pilares principales para posicionarse con firmeza en un entorno liderado por hombres. “Se lucha con el respeto y exijo lo mismo, respeto desde al más humilde hasta al más encumbrado; exigía que me respeten como agente fiscal, el trabajo en equipo se basa en respetar el trabajo de los demás”, enfatizó.

Las presiones de liderar una institución compleja e importante también la motivan como mujer para seguir avanzando dentro de sus obligaciones y deberes y así dejar “lo mejor posible al Ministerio Público, hacer todo lo que pueda hasta el último día que tenga que entregar el cargo, si Dios permite”, finalizó Sandra Quiñónez, la mujer destacada de la semana.

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