En medio de la crisis sanitaria por la que atraviesa el país, la reconocida historiadora Ana Barreto Valinotti decidió contar la historia de la mujer paraguaya y su independencia económica, representada en el kygua vera o peineta brillante. Foto: Gentileza.
El kygua vera, símbolo de independencia económica de la mujer paraguaya
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En medio de la crisis sanitaria por la que atraviesa el país, la reconocida historiadora Ana Barreto Valinotti decidió contar la historia de la mujer paraguaya y su independencia económica, representada en el kygua vera o peineta brillante.
En contacto con La Nación, la reconocida historiadora explicó que durante siglos las paraguayas han necesitado recogerse la larga cabellera en rodetes trenzados cotidianamente con estas peinetas. Se trataba de una joya muy valiosa antes y durante la Guerra Guasu.
“La peineta se constituyó así en un accesorio de sello absolutamente personal en el que intervenían la mano del orfebre y el gusto de la dueña. Las señoras de clase alta de la época usaban las capitas de oro puro y los peines eran de carey o hueso de vaca. Así también, las mujeres de clase media y baja lucían sus peinetas, en muchos casos eran de oro de baja denominación o mezclado con bronce, pero no podían dejar de usarlas”, expresó.
Foto: Gentileza.
Las mujeres del kygua vera
En otro momento, explicó que este hermoso accesorio representa la independencia de la mujer paraguaya, porque durante el mandato de Francisco Solano López existía un grupo de mujeres empresarias e independientes que asistían a los encuentros sociales o acontecimiento oficiales, en representación de sus empresas y lucían sus peinetas doradas. “Ellas eran conocidas como las Kygua Vera y este accesorio representaba su poder adquisitivo”, resaltó.
Aseguró que eran mujeres que sin la ayuda de un marido pudieron montar sus propias empresas e iban porque eran inclusive proveedoras del Estado. “Se presentaban solas y en su mayoría eran madres solteras. Ellas manejaban sus propios ingresos y eran independientes económicamente. Como se les podía identificar a estas mujeres inclusive antes de que se presenten, por la cantidad de peinetas que llevaban en la cabeza. Usaban sus kygua vera dos o tres a cada lado de la cabeza”, detalló.
Indicó que en ese tiempo estas mujeres eran despreciadas y tratadas como vulgares, especialmente por los hombres, que no aceptaban el poder adquisitivo de estas. También manifestaban que las mujeres que utilizaban estos accesorios eran fáciles y que la cantidad del kygua vera que llevaban en la cabeza representaba la cantidad de hombres que pasaron por sus vidas.
“El diplomático Lorenzo Chapero, en una de sus visitas a Asunción, en una carta le cuenta a su esposa que fue invitado en un evento y que estaban las Kygua Vera. Siempre en forma despectiva”, ratificó.
A mediados del siglo XX, el kygua vera ya estaba instalado como un accesorio de vestimenta típica femenina paraguaya, aunque muchas mujeres de clase alta habían dejado de usarlas, ya sea porque se consideraban fuera de moda o por el uso del cabello corto.
El kygua vera o peineta brillante es una adaptación de los conocidos peinetones utilizados en Europa, pero es más pequeño y reluciente. Además de ser hecho exclusivamente para cada mujer, este era utilizado con el anillo carretón y rosario.
Foto: Gentileza.
Manifestó que las peinetas definían las clases sociales y estas pueden ser identificadas tan fácilmente en un kygua vera. “Si el peine es de carey auténtico o si se talló en hueso de ganado. También, cuando la plancha es cobriza por ser oro muy bajo o reluciente por ser alto; si las piedritas son de brillo transparentes o verdosas”, son detalles que se aprecian en estos accesorios.
Aseguró que el uso del kygua vera no solo cruzaba clases sociales, sino que era motivo de orgullo para su dueña. “Para una mujer de clase alta era fácil acceder a finos e importados accesorios. Aunque los mismos fueran regalos, se constituían en su capital propio de bienes: las peinetas eran básicamente una joya”, apuntó.
Afirmó que estos accesorios eran algo tan personal para cada mujer, ya que eran fabricados por los joyeros a medida. “Inclusive las mujeres de clase social alta preferían mandarlas a hacer que adquirirlas de otros países”.
Foto retratada por un extranjero y se ve que le llamaba la atención el uso de la peineta. Foto: Gentileza.
La cantautora lanzó un nuevo material con el que presenta su propuesta sonora y un homenaje a las mujeres paraguayas.
Por Jimmy Peralta.
Fotos: Gentileza
Con un sonido pop electrónico, a lo largo del disco, la cantante narra vivencias íntimas marcadas por el amor, el deseo, los desencuentros, la búsqueda personal y el empoderamiento, con un espíritu libre y valiente.
“Y la verdad empezó con la propuesta de Paloide (sello). Yo tenía como cuatro canciones compuestas, dos de ellas por ahí ya estaban como maqueta, ya tenían una estructura, pero me faltaban seis canciones más. Para eso fue crucial la presencia de mi amigo Leito Benítez, con quien compuse algunas de estas canciones y también las preproduje con él. Más adelante se fue sumando más gente y el proceso de posproducción lo cerré con mi productor Kamba”, explica Sari Carri su devenir creativo que concluyó con el lanzamiento de su más reciente material disco “Peineta de oro”.
Sari viene de publicar en 2022 “Vas a llegar”, un EP al que le sucedieron algunos sencillos, hasta llegar este nuevo disco que consta de 10 canciones y que fue editado por Paloide Music. “Creo que lo diferente entre este disco y el anterior está en el desarrollo del sonido, ya que fue evolucionando para bien. En este disco se siente el concepto mucho más alineado a las canciones, a diferencia del EP, y lo que tienen de similares es la esencia de las letras, la energía dulce y atrapante, hasta tienen en común ese sonido un poco onírico, diría, gracias a los instrumentos y la suavidad de los detalles”, describe la artista.
FUERZA Y DULZURA
“Peineta de oro”, lanzado el 24 de febrero, Día de la Mujer Paraguaya, es un álbum conceptual inspirado en la fuerza, la dulzura y la picardía de las mujeres paraguayas. Su nombre recupera una historia del Paraguay del siglo XIX: las Kygua verá (Peineta de oro, en guaraní), mujeres que fueron pioneras en independizarse económicamente y en ejercer su libertad, dejando una huella silenciosa pero poderosa en la memoria del país.
“Las colaboraciones con otros músicos fue algo muy orgánico, ya que a lo largo de estos años fui conociendo diferentes artistas que se volvieron amigas y amigos. Casi todas las colaboraciones del disco ya estaban pensadas desde la composición. Creo que esto fue un elemento clave porque teníamos un norte desde el inicio de este desafío”, destaca Sari al hablar de la dinámica que terminó involucrando a un gran equipo: Leo Benítez, Aharon Emery, Guille Guillén, Niccco, Eve Calletti, Lorena Blume, Merce, 411y, entre otros.
Portada del nuevo material de Sari Carri
A lo largo del disco, la cantante narra vivencias íntimas marcadas por el amor, el deseo, los desencuentros, la búsqueda personal y el empoderamiento, con un espíritu libre y valiente. “La canción ‘Asunción’ me parece una de las más importantes. Nos ubica en el escenario presente, donde suceden esta y tantas historias”, dice.
“Es una canción en la que quería expresar el amor que le tengo a nuestra ciudad, y a la vez mi sentir como asuncena, que no puede hacer ojos ciegos a la realidad. Dentro de esto quise involucrar elementos característicos de nuestra ciudad, que den una especie de imagen mental a cualquier persona , conozca o no conozca Asunción”, agrega.
INICIOS
Sari, antes de desarrollar su carrera solista, formó parte de otros proyectos, pero ella vincula su primer acercamiento a la música mucho tiempo antes. Una vida familiar cargada de música, dos coros de niños y más.
“La composición vino muchos años después ya cuando decidí que quería cantar y que quería dedicarme a la música. Una vez que decidí estudiar la carrera de música y el profesorado, con herramientas que adquirí pude comenzar a experimentar el mundo de la composición, y ya unos años después, comenzar a trabajar con diferentes productores en la búsqueda de mi sonido”, comenta.
Sari es siempre una figura destacada en los principales festivales del país
El sonido pop electrónico es un sello profundo en la sonoridad de este nuevo material de Carri, donde la identidad no se altera y en sí genera un clima constante durante los temas. “La búsqueda de mi sonido... siento que sufrió un borrón y cuenta nueva en el 2020, porque ahí empecé a experimentar con mis amigas, buscar el sonido a mis composiciones. Entonces comenzamos a probar en un ambiente supercasero, muy orgánico y libre, cómo podía hacer sonar mis composiciones a un estilo más mío, auténtico, inspirada en la artista de ese momento que hasta hoy me inspira. Entonces, aproximadamente en el 2017 empezó la búsqueda, pero recién en el 2020 encontré el camino, y fue ese mismo año que lancé mi primer tema”, narra la joven artista.
“Peineta de oro” está disponible en todas las plataformas. La parte visual del disco fue un trabajo en colaboración con Mubu Lab, y el audiovisual se realizó de la mano de Doomboys Corp.
Visión femenina en el campo: mujeres que lideran el sector agropecuario
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Por Melissa Palacios
La mujer paraguaya logró consolidar una presencia cada vez más fuerte en el sector agropecuario, no solo participando activamente en las tareas productivas, sino también asumiendo roles de liderazgo y toma de decisiones.
En el marco del Día de la Mujer Paraguaya, que se recuerda este 24 de febrero, La Nación/Nación Media conversó con referentes del sector que coincidieron en que, aunque históricamente la mujer estuvo presente en el campo, hoy su participación es cada vez más visible y activa, ocupando cargos de decisión, gestionando proyectos y aportando una mirada integral que combina productividad, sostenibilidad y compromiso.
Si bien aún persisten desafíos y barreras por superar, su creciente protagonismo refleja un avance significativo hacia una mayor equidad y reconocimiento dentro del rubro.
La preparación, la constancia y la capacidad de equilibrar múltiples roles, como la vida familiar y el liderazgo profesional, se han convertido en fortalezas que aportan un valor diferencial al desarrollo del agro paraguayo.
“Participación visible y activa”
Johanna Bottrell, miembro de la Comisión Directiva de la ARP, dijo que la mujer paraguaya tiene un rol esencial en el rubro, ya que construye sostenibilidad y futuro. Foto: Mariana Díaz
Johanna Bottrell, miembro de la Comisión Directiva de la Asociación Rural del Paraguay (ARP), mencionó que mirando la historia, las mujeres siempre estuvieron presentes en el campo paraguayo, aunque muchas veces de manera invisible, ya que durante varias generaciones, madres y abuelas trabajaron en el campo, sentando las bases de lo que hoy se conoce como producción agroganadera.
“Hoy, esa participación se vuelve visible y activa, cada vez más mujeres lideramos empresas ganaderas y agrarias, gestionamos proyectos y tomamos decisiones estratégicas”, expresó.
A pesar de los avances, se deben derribar barreras culturales y estructurales que limitan una plena visibilidad. “Mi convicción es que la mujer paraguaya tiene un rol esencial en el rubro, y que nuestro aporte va más allá de la productividad: construimos sostenibilidad y futuro”, aseguró.
Las mujeres agregan un plus que muchas veces no se mide en cifras sino en una mirada integral, cuidado del equipo, creatividad y capacidad de gestión ante desafíos. “Nuestra forma de trabajar combina profesionalismo con sensibilidad, siempre atentas a los resultados del proyecto y así también del bienestar de quienes nos rodean”, acotó.
En cuanto a las barreras que persisten, Bottrell dijo que los estereotipos de género siguen limitando la percepción de capacidades, y muchas veces las mujeres deben demostrar el doble esfuerzo para ser reconocidas.
También enfrentan retos prácticos como equilibrar responsabilidades familiares, o integrarse a redes de liderazgo consolidadas. Romper estas barreras requiere un cambio cultural profundo, desde el reconocimiento de que la experiencia y el compromiso femenino son una fuerza estratégica para el desarrollo del sector rural paraguayo.
Bottrell eligió desarrollarse en este ámbito, ya que es un espacio en el que puede combinar legado y liderazgo, y demostrar que las mujeres no solo acompañan, sino que lideran, transforman y dejan huellas en espacios.
“Compatibilizar ambos mundos no es fácil, pero se logra con organización, prioridades claras y apoyo de la familia y colaboradores”, subrayó, recordando la importancia de organizar, delegar, planificar y valorar cada momento, para así lograr un equilibrio y crecer en el rubro, sin perder lo importante de realizarse como mujer líder y no perderse los momentos con la familia.
“Aportamos una mirada más integral”
La gran capacidad para planificar y trabajar en equipo son virtudes relevantes de las mujeres, destacó la gerente general de la Appec, Cludia Bogado. Foto: Néstor Soto
La gerente general de la Asociación de Productores y Exportadores de Carne (Appec), Claudia Bogado, dijo que ya no es raro ver mujeres participando activamente en la gestión, en los gremios y en espacios de toma de decisiones, y eso habla de un cambio positivo ya instalado y en marcha.
“Las mujeres aportamos una mirada más integral. No solo nos fijamos en los números o en las responsabilidades, sino que nos enfocamos también en las personas, en los procesos, y en el impacto a largo plazo”, afirmó.
La gran capacidad para planificar y trabajar en equipo son virtudes relevantes, además de poner sobre la mesa temas como la sostenibilidad y la comunicación que son claves para el futuro del sector, estos son aspectos que aportan las mujeres.
Pese a ello, existen barreras culturales y estructurales, ciertos prejuicios que cuestan derribar. Cada mujer que logra abrirse camino, ayuda a que el trayecto sea un poco más fácil para las que vienen detrás.
“Muchas veces las oportunidades no llegan de la misma manera y también sigue siendo un desafío compatibilizar el trabajo con la vida familiar, sobre todo en nuestro ámbito donde viajamos, tenemos miles de kilómetros recorridos, y en cargos de mayor responsabilidad”, expresó Bogado.
Sobre su motivación para ingresar al sector dijo que este es un ámbito fundamental para el país con gran posibilidad de generar un impacto real. Complementar esto con la vida familiar se logra con organización, prioridades claras y mucho acompañamiento de la familia.
“A fuerza de caídas o tropiezos, como quieran llamarlo, aprendí a aceptar que no siempre se llega a todo, pero que lo importante es estar presente y comprometida tanto en lo laboral como en lo personal. Cuando uno hace lo que le apasiona, el esfuerzo vale la pena”, enfatizó la gerente general de la Appec.
“Organización, empatía y vocación”
La titular de la Asociación Paraguaya de Criadores de Caprinos, Cynthia Zárate, destacó que cada vez más mujeres asumen responsabilidades técnicas y productivas. Foto: Matías Amarilla
La presidenta de la Asociación Paraguaya de Criadores de Caprinos, Cynthia Zárate, sostuvo que la presencia de las mujeres en el sector agropecuario paraguayo es hoy una realidad en crecimiento.
“Cada vez somos más las que asumimos responsabilidades técnicas, productivas y de liderazgo, abriendo camino con trabajo, constancia y compromiso en un ámbito que históricamente fue masculino”, mencionó.
Afirmó que las mujeres aportan una mirada humana y sensible, sin dejar de ser eficientes y profesionales. “Sumamos organización, empatía y una fuerte vocación de cuidado, tanto de los animales como de las personas, lo que fortalece los proyectos y las instituciones del sector”, explicó.
Aún existen barreras culturales y sociales que hacen que el camino sea más exigente, especialmente para quienes son madres y muchas veces sostienen el hogar. Sin embargo, las dificultades también impulsan a ser más resilientes y a seguir demostrando su capacidad.
A Zárate le motivó profundamente la pasión por la producción animal y la responsabilidad de liderar una asociación, por lo cual se halla trabajando por el crecimiento del sector y dar visibilidad al esfuerzo diario de tantas mujeres rurales que hacen posible el desarrollo del país.
Conciliar el trabajo, el liderazgo y la maternidad no es sencillo, pero se construye día a día con amor, organización y convicción. “Ser madre y profesional es un desafío constante, pero también una fuente de fortaleza que me impulsa a seguir adelante”, aseveró.
“Estamos ganando espacios”
La versatilidad y fortaleza representan un valor agregado de las mujeres, dijo Delia Núñez, gerente general de la Asociación de Criadores de Cerdos del Paraguay. Foto: Mariana Díaz
Con compromiso, preparación y esfuerzo, las mujeres están demostrado que poseen la misma o incluso mayor capacidad que cualquier colega para desempeñarse con excelencia en este ámbito.
“Estamos ganándonos lugar de a poco y nos estamos ganando esos espacios que nos merecemos, en el sector agro, industrial, político, gubernamental, y en el de las relaciones internacionales”, destacó Delia Núñez, gerente general de la Asociación de Criadores de Cerdos del Paraguay.
Hoy, el hecho de ser mujer y poseer un instinto maternal aunque a algunas no les toque la posibilidad de ser madres, da una facilidad de organizar tareas complicadas a la vez. “Nos da ese entrenamiento de darle ese plus diferencial a lo que hacemos”, añadió.
Su motivación para desarrollarse en el ámbito fue la familia, ya que su padre y madre, pudieron sacar adelante una empresa familiar y desarrollaron una empresa ganadera. “Eso fue lo que me llevó y me dio el acceso al amor al campo y la producción, a mi país, porque lo primero que soy es paraguaya, luego mujer, madre y líder”.
Núñez destacó que las mujeres tienen la capacidad de desempeñar múltiples roles de manera simultánea como el cuidado del hogar, la maternidad y el trabajo, una habilidad que consideró casi innata y que se refleja en el compromiso diario con cada responsabilidad que asumen.
Esa versatilidad y fortaleza representan un valor agregado que marca una diferencia en todo lo que emprenden. “Eso nos da ese plus diferencial en lo que hacemos”, concluyó.
Encuentro estratégico destaca el liderazgo femenino en la industria de seguros
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El próximo 23 de febrero, REDMES organiza un encuentro que reúne a líderes del sector asegurador para impulsar la diversidad y el liderazgo femenino como motor de transformación.
En el marco del Día de la Mujer Paraguaya, la agenda de género deja de ser un concepto aspiracional para convertirse en estrategia. El próximo 23 de febrero, el Hotel Villa Morra Suites será escenario de una jornada que reunirá a referentes, ejecutivos y profesionales de Paraguay y la región en un espacio diseñado para dialogar, conectar y construir.
De las manos de REDMES llega un encuentro institucional de alto impacto que posicionará el liderazgo femenino como fuerza transformadora dentro del mercado asegurador y financiero del país.
Promete networking y una agenda que apuesta por integrar la diversidad, la equidad y la inclusión como ejes estructurales del desarrollo sostenible de la industria.
La convocatoria, que prevé la participación de cerca de 100 líderes del sector entre aseguradoras, reaseguradoras, brokers e instituciones financieras, refleja una señal clara de la transformación cultural y una prioridad estratégica.
El encuentro contará con la participación especial de Carolina Galeano de Bestard, quien compartirá reflexiones sobre liderazgo y desarrollo profesional en un contexto donde las mujeres amplían su presencia en espacios de decisión. Asimismo, la presencia de Raquel Riveros, presidenta de Basa Seguros y embajadora de la red en Paraguay, reafirma el compromiso de la industria con la construcción de entornos más inclusivos y competitivos.
Desde REDMES destacan que el objetivo es consolidar vínculos entre organizaciones comprometidas con una evolución profunda del sector. Porque el liderazgo femenino no solo amplía oportunidades: eleva estándares, fortalece la gobernanza y potencia la innovación.
En una industria que enfrenta nuevos desafíos regulatorios, tecnológicos y de mercado, integrar talento diverso no es una opción simbólica; es una ventaja competitiva. Y en Paraguay, el mercado asegurador empieza a escribir una nueva etapa donde la inclusión no es tendencia, sino dirección.
Criada en el campo, hoy al frente del Crédito Agrícola de Habilitación, Amanda León toma las riendas de una gestión que concibe al crédito como una herramienta de transformación social. En el mes de la mujer paraguaya, nos comparte cómo el CAH amplió la asistencia financiera al segmento femenino.
Ingeniera agrónoma, mujer de campo y actual presidenta del Consejo Directivo del Crédito Agrícola de Habilitación (CAH), como homenaje al mes de la Mujer Paraguaya, su trayectoria refleja la evolución de la asistencia crediticia y el lugar que el segmento femenino fue ganando, con trabajo silencioso, dentro del sistema financiero y productivo.
Con años dedicados al fortalecimiento del sector productivo, Amanda Beatriz León Alder define su llegada a la presidencia del CAH como un paso necesario y de justicia. “Históricamente, el agro fue visto como un espacio masculino, aunque las mujeres siempre estuvieron ahí, trabajando la tierra”, expresó. Hoy, liderar una institución estratégica es también un mensaje claro: la capacidad no tiene género.
“Son años de caminar el campo y entender que el crédito es, ante todo, una herramienta de transformación social. Mi compromiso es que mi gestión abra puertas para que más mujeres ocupen espacios de decisión en el sector financiero y productivo”, dijo.
Uno de los mayores desafíos, y también de sus principales orgullos, fue liderar el proceso de modernización del CAH y su giro estratégico hacia la inclusión financiera. El objetivo: llegar a más personas, especialmente a aquellas que el sistema tradicional suele dejar fuera. Convertir a la institución en un aliado cercano, capaz de llegar a los rincones más lejanos del país para ofrecer una oportunidad real, es su mayor satisfacción profesional.
“Mi conexión con este sector es vital y profunda. Yo me crié en el campo, conozco el sacrificio de la tierra desde mis raíces, y eso me da una perspectiva humana que va mucho más allá de los números”, señaló.
En cuanto a los productos específicos para mujeres, recordó que la pandemia actuó como un catalizador para ampliar la asistencia hacia sectores urbanos y comerciales. Sin embargo, aclaró que la semilla de esta transformación se plantó mucho antes, con la Reforma de la Carta Orgánica en 2014, mediante la Ley N.º 5.361.
A partir de ese cambio legal, el CAH dejó de ser exclusivamente “agrícola” para convertirse en un aliado de micro y pequeños emprendedores. Esa nueva base permitió diseñar productos financieros con perspectiva de género, entendiendo que la mujer es, muchas veces, el motor de la economía familiar.
Así nació Mujer Emprendedora, un producto emblemático destinado a quienes buscaban iniciar o fortalecer su propio negocio. “No se trató solo de dar crédito, sino de entender que muchas mujeres rurales y urbanas no tenían historial crediticio ni garantías reales. Diseñamos plazos y tasas que antes eran impensables para este sector”, explicó.
Durante la pandemia, esta estrategia no hizo más que acelerarse. Frente al impacto en comercio y servicios, el CAH ya contaba con las facultades legales para asistir a sectores que antes no atendía. La crisis fue, en realidad, la prueba de fuego de un modelo de inclusión que se venía construyendo desde 2014.
Los resultados hablan por sí solos: hoy, más del 40 % de los préstamos del CAH están en manos de mujeres, con más de 16.000 emprendimientos liderados por ellas en todo el país. “No solo asistimos al campo; somos el brazo financiero de miles de mujeres emprendedoras”, afirmó.
Para Amanda, la clave está también en la presencia territorial de la institución. Adaptar los requisitos a la realidad de las mujeres, muchas veces sin titularidad de la tierra, y generar mecanismos flexibles es fundamental para que el acceso al capital no se convierta en un obstáculo.
Las cifras refuerzan esa confianza. Al cierre de 2025, la mora masculina se ubicó en 1,8 %, mientras que la femenina fue aún menor, de 1,7 %. “La mujer cuida su crédito porque sabe que es la llave para el futuro de su familia”, remarcó.
Respecto a las peticiones más demandadas, ellas piden tres aspectos concretos: agilidad en los procesos, asistencia técnica para mejorar la producción y canales de comercialización. No buscan solo capital, sino seguridad para vender a un precio justo.
Desde la presidencia del CAH, su aspiración es clara: que las mujeres alcancen plena autonomía económica y que ninguna idea quede truncada por falta de recursos. “Mi sueño es que el CAH sea el motor que convierta cada idea de negocio en una empresa sostenible que transforme su calidad de vida y la de su comunidad”, afirmó.
Para definir a las mujeres del agro, Amanda recurre a una expresión profundamente paraguaya: kuña guapa. Mujeres valientes y multifacéticas, que se levantan antes que el sol para trabajar la tierra y, con la misma fuerza, sostienen a sus familias. “Son el verdadero pilar de la economía rural del Paraguay”, concluyó.