Datos recientes de la Subsecretaría de Estado de Economía sobre el Reporte de Comercio Exterior (RCE) indican que Paraguay exportó a un total de 143 países del mundo al cierre de noviembre de este año. Los principales destinos fueron Brasil, Argentina y Chile. El total de las exportaciones fue por un valor de US$ 9.221 millones, 6,9% menos registrado al mes de noviembre del 2021.
El informe detalla que si se toman en cuenta las reexportaciones y otras exportaciones el total de bienes enviados presenta una disminución interanual de -2,5% y que los productos exportados con mayor incidencia positiva, al finalizar el mes de noviembre, se encuentran el maíz y la carne bovina congelada con aumentos de 138% y 11%, respectivamente.
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Parte del documento refiere que los combustibles e insecticidas y raticidas fueron los productos de mayor incidencia en el aumento de exportaciones con 51,8% y 34,4% de variación interanual. Un dato que agregan en el informe es que se observó una leve disminución de 0-1% en la importación de vehículos para transporte de mercancías.
En cuanto a destinos y orígenes, el Mercosur se constituyó en el principal destino de las exportaciones, representando el 60,6% del total de los envíos. Asimismo, fue el principal origen de las importaciones, alcanzando el 32,1% del total de las importaciones.
Algunos de los productos exportados de enero a noviembre de este 2022:
- Energía eléctrica: el valor total de exportación en 2022 fue de US$ 1.515 millones con una participación de 16% y 1% mayor que el 2021.
- Granos de soja: el valor total de exportación en 2022 fue de US$ 1.206 millones con una participación del 13% con un -58% en comparación al 2021.
- Maíz: el valor total de exportación en 2022 fue de US$ 918 millones con una participación de 10% y una mayor incidencia que el 2021 con 138,3%.
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Exportaciones crecen 12,8 % y superan los USD 4.600 millones a marzo
Las exportaciones totales alcanzaron USD 4.615,2 millones al cierre de marzo de 2026, lo que representa un crecimiento del 12,8 % en comparación con los USD 4.092,4 millones registrados en el mismo periodo de 2025, según el informe de Comercio Exterior del Banco Central del Paraguay (BCP).
Este resultado confirma un inicio de año dinámico para el sector externo, con el agro como principal motor. El crecimiento estuvo impulsado principalmente por las exportaciones registradas, que representaron el 69,2 % del total y sumaron USD 3.191,8 millones, con una expansión interanual del 19,7 %.
En contraste, las reexportaciones, que representaron el 26 % del total, alcanzaron USD 1.201,8 millones, mostrando un comportamiento prácticamente estable con una variación de apenas 0,1 % Por su parte, las otras exportaciones, con una participación del 4,8 %, registraron una leve caída del 1,6 %, situándose en USD 221,6 millones.
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Maquila
Uno de los puntos más relevantes del informe es el notable crecimiento del régimen de maquila, que sigue consolidándose como un pilar emergente dentro del comercio exterior. Los envíos bajo este esquema alcanzaron USD 368,5 millones, lo que implica un aumento del 36,1 % respecto al mismo periodo de 2025, reflejando un mayor dinamismo industrial y una creciente inserción en mercados internacionales.
En paralelo, el informe también muestra un aumento en las importaciones, que totalizaron USD 4.531,8 millones, un 11,7 % más que en el mismo periodo del año anterior. Las importaciones registradas concentraron el 97,6 % del total, con USD 4.423,6 millones y un crecimiento del 12,5 %, mientras que las otras importaciones cayeron 11,5 %. En términos de volumen, se observó un incremento del 10,6 %, lo que evidencia un mayor nivel de actividad económica.
Como resultado, el saldo del comercio exterior se mantuvo positivo, con un superávit de USD 83,5 millones al cierre de marzo. Este dato refleja que, a pesar del aumento en las importaciones, el país logró sostener un balance favorable en su intercambio con el mundo.
En conjunto, el comportamiento del comercio exterior muestra una economía en expansión, con un notable impulso del agro y señales de mayor dinamismo industrial a través de la maquila, en un contexto donde el país logra mantener equilibrio en su balanza comercial.
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Paraguay, entre oportunidades y riesgos ante el nuevo escenario energético global
El actual shock de oferta en el mercado petrolero, con el Brent en torno a USD 110-115 por barril y riesgos de prolongación por el conflicto en el estrecho de Ormuz, está redibujando el equilibrio económico en América Latina. Según Mariano Sardáns, CEO de la gerencia de patrimonios FDI, Brasil y Argentina emergen como los principales ganadores, mientras Paraguay se ubica en una posición intermedia con vulnerabilidades claras.
En conversación con La Nación/Nación Media, Sardáns explicó que los países productores netos de energía capitalizan directamente el alza del crudo. Brasil, con una producción estimada entre 4,0 y 4,2 millones de barriles diarios en 2026, ya registra un superávit energético equivalente a cerca del 1,1 % de su PIB, mientras que cada incremento de USD 10 en el precio del petróleo le genera unos USD 4.000 millones adicionales.
Argentina, por su parte, consolidó su transformación energética con Vaca Muerta, alcanzando una producción de 810.000 barriles diarios y proyectando un superávit energético de entre USD 10.000 y USD 14.000 millones este año.
“Ambos países pasaron de ser vulnerables a convertirse en generadores netos de dólares en la región”, sostuvo Sardáns, al destacar que el ingreso adicional por exportaciones energéticas compensa con holgura los mayores costos en insumos agrícolas.
Para Paraguay, el escenario es más complejo. Si bien cuenta con ventajas estructurales, como generación eléctrica 100 % renovable a partir de Itaipú y Yacyretá, estabilidad cambiaria y un sector agrícola competitivo, su alta dependencia de combustibles importados lo expone a un impacto negativo en costos.
El país enfrenta un encarecimiento significativo en la importación de diésel y naftas, sumado a un aumento de los costos logísticos por su condición de país sin litoral. Según Sardáns, esto podría traducirse en incrementos de entre 15 % y 25 % en fletes fluviales y terrestres, afectando directamente la competitividad de las exportaciones, especialmente de soja y maíz, que representan más del 60 % de los envíos.
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A esto se suma el encarecimiento de fertilizantes y maquinaria agrícola, lo que presiona los márgenes del sector productivo. “El impacto neto para Paraguay puede ser negativo, con inflación importada y pérdida de competitividad”, indicó, citando estimaciones de firmas internacionales.
No obstante, el analista destacó que el país mantiene “colchones” relevantes. Entre ellos, el récord proyectado de producción de soja, con 11,5 millones de toneladas en la campaña 2025/26, que podría beneficiarse de precios internacionales más altos. También resaltó la estabilidad del guaraní, considerado la moneda más estable de América Latina en 2025, con reservas internacionales cercanas al 22 % del PIB.
En este contexto, Sardáns planteó una hoja de ruta para mitigar el impacto si el shock se prolonga. Entre las medidas prioritarias mencionó subsidios temporales focalizados a combustibles, reducción de impuestos, diversificación de proveedores mediante acuerdos con Argentina o Brasil, y el fortalecimiento de reservas estratégicas.
Asimismo, subrayó la necesidad de impulsar eficiencia en el agro mediante financiamiento a tecnologías de menor consumo energético, así como acelerar el aprovechamiento de la energía de Itaipú para proyectos industriales y de exportación.
“El desafío es proteger al agro, que es el principal generador de divisas, sin comprometer la estabilidad macroeconómica”, afirmó.
En términos regionales, el análisis concluye que Paraguay se posiciona mejor que los importadores puros de energía, pero por detrás de Brasil y Argentina, que hoy capitalizan plenamente el ciclo alcista del petróleo. La duración del shock será determinante, ya que si se extiende más allá de seis meses, advierte Sardáns, el país deberá actuar con rapidez para evitar que la inflación y los costos erosionen su actual estabilidad económica.
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Paraguay fortalece su base productiva con capital e inversión
Aunque las importaciones superan a las exportaciones, los datos revelan una señal alentadora: el país está comprando más bienes de capital, atrayendo más inversión extranjera y sentando las bases de una nueva etapa productiva.
Los números del comercio exterior paraguayo cuentan una historia que, leída con atención, resulta más prometedora de lo que parece. A febrero de 2026, la balanza comercial muestra un déficit cercano a USD 77 millones y el ratio exportaciones/importaciones se mantiene por debajo de uno. Pero detrás de esa foto hay un proceso que habla de inversión, modernización y preparación para una nueva escala productiva.
Paraguay está importando, principalmente, maquinaria, tecnología y equipos. En la última década, la participación de bienes de capital en el total importado pasó del 33 % al 40 %. Esto significa que una parte creciente de los dólares que salen del país no se destinan al consumo, sino a fortalecer la capacidad de producir más y mejor.
Este cambio coincide con un flujo creciente de capitales que llegan desde el exterior. La Inversión Extranjera Directa pasó de representar el 0,3 % del PIB en 2021 al 1,8 % en 2024, el nivel más alto desde 2018. A esto se suman anuncios de financiamiento privado por alrededor de USD 2.000 millones para proyectos en energía, infraestructura y desarrollo forestal, junto a emprendimientos industriales de gran escala con perfil exportador.
En paralelo, el régimen de maquila y la diversificación productiva comienzan a ampliar la matriz exportadora más allá del agro, reduciendo gradualmente la dependencia de los ciclos climáticos y de precios internacionales.
Incluso el déficit de cuenta corriente, que en 2024 representó el 2,9 % del PIB, bajó al 1,6 % en 2025, sostenido por el ingreso de capital financiero y nuevas inversiones.
Lo que muestran estos indicadores es que Paraguay está atravesando una etapa de transición: de una economía que crecía al ritmo de sus exportaciones primarias, a otra que empieza a crecer impulsada por inversión, industria y financiamiento internacional.
Hoy el país importa más porque se está equipando para exportar distinto mañana. Y esa puede ser la señal más positiva de todas.
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Comercio exterior paraguayo en transición, más importaciones y mayor inversión extranjera
El sector externo paraguayo está transitando desde un esquema dominado por flujos reales, caracterizado por la estacionalidad agroexportadora en los primeros trimestres del año y las importaciones en los últimos, hacia uno donde los flujos financieros empiezan a cobrar mayor relevancia en la economía.
Según datos proporcionados por Puente Casa de Bolsa, el comercio exterior cerró febrero de 2026 con una balanza comercial deficitaria de aproximadamente USD 77 millones en términos acumulados, en un contexto en el que el ratio exportaciones/importaciones lleva tres años consecutivos por debajo de uno.
Si se analiza únicamente desde el lado de la balanza comercial, implicaría que la economía está creciendo por encima de lo que su capacidad exportadora puede sostener.
En un primer análisis, para el periodo 2014–2025 se observa que las importaciones crecieron sistemáticamente más rápido que la economía en una relación de 1,61 a 1 (elasticidad-ingreso anual de las importaciones). Esto implica que, en promedio, por cada 1 % que creció el PIB en dicho periodo, las importaciones lo hicieron a un ritmo de 1,61 %. Las proyecciones estiman un crecimiento económico del país para el 2026 en torno al 4 % y las importaciones alrededor al 2,7 %.
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Otra lectura relevante, surge de la composición de las importaciones. En particular, la participación de bienes de capital dentro del total importado pasó de 33 % en 2015 a cerca de 40 % en 2025, reflejando un proceso sostenido de inversión que acompaña el crecimiento de la economía. Lo que evidenciaría una composición de la canasta importadora hacia bienes de inversión.
En paralelo, la participación de los combustibles representó un 10 % en el 2025. Sin embargo, ante el escenario actual con precios internacionales del petróleo en torno y superiores a USD 100, y en un contexto donde la base importadora crece de manera sostenida, impulsada por la inversión y la demanda interna, un aumento en dichos precios podría transmitirse a través de mayores costos logísticos y del encarecimiento de bienes importados, trasladando el impacto hacia los precios internos.
Sin embargo, los flujos internacionales comienzan gradualmente a desacoplarse de la balanza comercial como su único determinante. En este contexto, lo que sostiene el balance de pagos en un escenario de exportaciones/importaciones por debajo de uno es la profundización de financiamiento externo de distinta naturaleza.
Por ejemplo, al tercer trimestre acumulado de 2025, el déficit de cuenta corriente alcanzó aproximadamente USD 902,5 millones, equivalente al 1,6 % del PIB. En el 2024, dicho déficit había alcanzado USD 1.521,7 millones, equivalente al 2,9 % del PIB. En este contexto, los flujos de los componentes de la cuenta financiera de la Balanza de Pagos se incrementaron en línea con dicho déficit. En particular, la inversión de cartera registró entradas netas en el 2024 por USD 854,5 millones (1,7 % del PIB de 2024), mientras que la Inversión Extranjera Directa (IED) alcanzó su mayor nivel desde 2018.
Entre dichos flujos, la Inversión Extranjera Directa (IED) neta muestra una tendencia de crecimiento aún incipiente en términos relativos, pero sostenida en el tiempo, pasando de 0,3 % del PIB en 2021 a 1,8 % en 2024, con perspectivas de mantener dicho nivel en el mediano plazo.
Entre los principales factores que sustentan dicha dinámica, el BID anunció financiamiento privado por aproximadamente USD 2.000 millones en sectores de energía, infraestructura y desarrollo forestal, que incluye proyectos de gran escala como Paracel en celulosa y Atome en fertilizantes verdes.
En síntesis, un mayor ritmo importador mantendría presión sobre la balanza comercial en el corto plazo. Por otro lado, el desarrollo del régimen de maquila y el desarrollo de proyectos de gran escala con capacidad exportadora tienen el potencial de diversificar gradualmente la canasta exportadora paraguaya, reduciendo su exposición a los shocks del sector primario. Lo cual, podría definir el perfil del sector externo paraguayo en los próximos años.