Asunción nos ofrece una creciente cantidad de opciones de consumo, muchas de ellas orientadas a disfrutar del tiempo libre, aliviar estrés y mejorar la calidad de vida. En nuestra ciudad podemos disfrutar de una variada oferta gastronómica, espacios innovadores para el cuidado del cuerpo y la mente, así como de productos y servicios que van incrementando su variedad y calidad.

Todo esto demuestra que se va produciendo, de manera constante, una serie de cambios en los hábitos de consumo y estilo de vida de los asuncenos, cuya demanda por novedades estimula la oferta, y esta a su vez, imprime una fuerza que acelera los cambios en los hábitos de los consumidores.

No obstante, en medio de este contexto, surge el desafío de desarrollar aún más nuestra inteligencia financiera, de manera que los niveles de disfrute y bienestar que hoy podemos alcanzar sean amigables con nuestra salud financiera y, por lo tanto, sostenibles en el tiempo.

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La clave para lograrlo está en adoptar una manera diferente de administrar nuestras finanzas, orientándolas de forma tal que podamos destinar un porcentaje razonable a todo aquello que nos provoca un bienestar físico y emocional, los conocidos “gastos felices”, tal como lo proponen los autores del libro “Happy Money: The Science of Smarter Spending” (Dinero feliz, la ciencia de gastar de manera inteligente).

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Si bien esta teoría sostiene que “la magia no consiste en ganar más, si no en gastar mejor”, ¿cómo podemos cada uno de nosotros aprender a tomar mejores decisiones de consumo, ahorro en inversión, a la hora de gestionar nuestro dinero?

Dentro de la planificación financiera personal y familiar de cada mes, nos encontramos ante diferentes niveles de prioridades: mientras algunos gastos responden a necesidades y obligaciones, como facturas de servicios, pago de deudas, compra de alimentos o gastos de movilidad, también están aquellos que hacemos por gusto, no por obligación o necesidad propiamente dicha, como lo destinado a ocio y recreación personal.

Es en estos dos últimos gastos en los que debemos tomar conciencia y preguntarnos: ¿Qué me aporta este desembolso a nivel emocional? ¿Puedo sustituirlo por otro que cumpla mejor mis expectativas, y tal vez cueste menos? ¿Me hace feliz solo a mí, o puedo compartirlo con las personas que más me importan?

Otra pregunta clave e ineludible es ¿cuánto tiempo voy a ser feliz si hago este gasto?, ya que dirigir nuestro dinero a “gastos felices” no implica únicamente comprar artículos que satisfagan necesidades inmediatas, sino principalmente, invertirlo en aquello que nos pueda hacer felices por un tiempo más prolongado, como lo son los bienes duraderos.

Comparto a continuación tres ejemplos de “gastos felices” que recomiendo adoptar como prioridad:

La salud, una prioridad a la hora de alcanzar la felicidad

Uno de los principales “gastos felices” en los que nos podemos centrar es la salud. Se trata de un factor que muchas veces pasamos por alto y, sin embargo, cuidarla resulta imprescindible para vivir más y sobre todo mejor.

Desde destinar más dinero alimentos saludables y menos a comida chatarra, hasta mejorar nuestras condiciones físicas mediante el ejercicio y cuidar nuestra salud mental, supone invertir en salud y, por ende, nuestro bienestar y felicidad.

Más experiencias y menos caprichos

Al contrario de lo que la gente cree, invertir nuestro dinero en experiencias nos hace más felices. Cuando gastamos nuestro dinero en cosas de corta vida útil, como ropas, accesorios, o un celular nuevo, estas adquisiciones acaban perdiendo valor con el tiempo.

En cambio, viajar, volver a acudir a conciertos o ir al teatro (en cuanto las condiciones sanitarias lo permitan) son actividades que alimentan nuestra mente, nos permiten desconectar de la rutina, compartir tiempo de calidad con otras personas y crear recuerdos perdurables.

Felicidad Futura

Al mismo tiempo que nos enfocamos en disfrutar del presente, debemos crear una estrategia para garantizar los gastos felices del futuro. Debido a que en el momento de la jubilación nuestro nivel de ingresos puede verse reducido, no así nuestras necesidades (las que inclusive pueden aumentar) la planificación financiera del mañana debe formar parte de nuestras prioridades.

En ese sentido, la inversión en activos que tengan el potencial de valorizarse con el tiempo y generarnos ingresos adicionales y pasivos, es la mejor manera de asegurarnos una buena calidad de vida y la continuidad de los “gastos felices” en nuestro futuro.

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