El presidente del Centro de Armadores Fluviales y Marítimos del Paraguay (CAFyM), Esteban Dos Santos, habló acerca de la problemática actual que afecta al sector, con relación a la pronunciada bajante de los ríos Paraguay y Paraná.
En ese sentido, el representante del gremio señaló que efectivamente impacta de gran manera al sector de armadores, ya que se da en ambas cuencas, y sostuvo que no es algo imprevisto, pues ya se sabía que esto se iba a dar al ser un fenómeno cíclico.
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“Desde hace tres años venimos alertando al Gobierno sobre la situación que hoy tenemos en ambos ríos, porque seguimos los pronósticos meteorológicos internacionales, y ya indicaban un régimen de sequía para un periodo de 5 años aproximadamente, que arrancó en el 2018”, expresó Dos Santos en comunicación con Universo 970 AM y GEN.
Aún quedan unos tres años más aparte del actual, teniendo en cuenta que estos periodos son cíclicos, que van de entre siete a diez años, que se suele dar con régimen de inundaciones, seguido de un periodo de transición de normalización, y luego otro periodo de siete a diez años de sequía, explicó Dos Santos.
Dragado
En cuanto a las medidas que se pueden aplicar, y en lo que compete al sector naviero, que es en el tema de la navegación, desde el 2012 están trabajando en programas de dragado de los ríos, con una primera licitación que realizó la obra, y este año igualmente se iniciaron tres tramos de dragado en el río Paraguay.
Tales tramos son entre Asunción y la confluencia del río Paraguay con el Paraná, el segundo es desde Asunción hasta Concepción y el tercer tramo desde Concepción hasta la desembocadura del río Apa.
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“Lo que nosotros necesitamos realmente es mayor agilidad, hace unas semanas atrás se promulgó una ley de emergencia hídrica que otorga unos US$ 22 millones para las obras de dragado, el 70% del presupuesto para el río Paraná, pero hasta ahora no sabemos cómo se va a administrar este fondo, ni si se va a hacer una ampliación de los contratos ya en ejecución o con nuevos llamados”, agregó.
Es así que precisan de mayor claridad, teniendo en cuenta que el llamado a licitación viene muy retrasado, ya tenía que haberse hecho en el 2019, pero se lanzó en setiembre del 2020 y adjudicó a finales de año para comenzar recién las obras en abril de este 2021, acotó.
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Rutas gastronómicas: relato, identidad y vínculo
Por: Alba Delvalle
Más que experiencias para el visitante, las rutas gastronómicas son herramientas de desarrollo que integran producción, cultura y comunidad, generando impacto más allá del turismo.
Las rutas gastronómicas suelen pensarse como una estrategia para atraer turistas. Pero en realidad, su impacto va mucho más allá de lo culinario. No nacen como un producto aislado, sino como el resultado de procesos más profundos dentro de un territorio.
Para Andrés Ugaz, referente de la cocina peruana y creador de la Ruta del Callao, la diferencia es clave: una ruta no se “crea”, se construye. “Lo que se puede crear es un itinerario. La ruta es otra cosa, es una construcción social, casi siempre público-privada, que funciona como una plataforma donde se comunican muchos aspectos del territorio”, explica.
El caso de la Ruta del Callao en Perú es un ejemplo de cómo la gastronomía puede convertirse en una herramienta para cambiar percepciones. En un territorio históricamente asociado a una imagen negativa, el proceso comenzó en 2016 con un grupo de empresarios que buscaban contar una historia distinta.
Para Andrés, la cocina fue el punto de entrada para esta ruta. “Es algo cotidiano, confiable. La gente entiende y presta atención cuando se le habla desde la cocina”, comenta, al tiempo de aclarar, que lo importante no fue solo mostrar platos, sino reconstruir la narrativa de un lugar a partir de su gente, su cultura y sus dinámicas actuales.
Impacto económico y cultural. Una ruta gastronómica, bien estructurada, puede convertirse en un articulador económico, pues no solo visibiliza restaurantes, sino que integra toda una cadena productiva: pesca artesanal, agricultura, transformación de alimentos y pequeños emprendimientos.
En ese sentido, su impacto no se limita al consumo. “Puede ser un medio transformador si logra integrarse a los primeros eslabones de producción”, afirma. Aunque insiste en que el valor no es únicamente económico. Existen dos dimensiones que deben avanzar en paralelo: la redistribución de oportunidades y la revalorización cultural.
Por un lado, la ruta permite que actores que normalmente no tienen visibilidad accedan a mercado. Por otro, fortalece el reconocimiento de prácticas, saberes y tradiciones que forman parte del patrimonio alimentario, amplía el maestro panadero y finalista de los Gourmand Awards 2025.
Uno de los errores más comunes es pensar que una ruta gastronómica se trata solo de comer bien. Ya que, en realidad, su objetivo es mucho más ambicioso: representar un territorio en poco tiempo. “La ruta tiene que mostrar historias de vida, tensiones, necesidades, sueños. Lo que comés también cuenta una historia”, expresa.
Ese enfoque cambia completamente la experiencia. Ya no se trata solo de degustar, sino de generar conexión. “La ruta tiene que dejar algo en quien la recorre. Si solo te quedás con el sabor, es una experiencia gastronómica. Pero si entendés el territorio, generás un vínculo”, remarca.
Ese vínculo puede traducirse en impactos concretos: desde proyectos productivos hasta alianzas internacionales impulsadas por visitantes que se involucran con lo que descubren, agrega el referente culinario peruano.
Respecto a lo que puede hacer Paraguay, aunque Andrés aún no conoce en profundidad, justamente este mayo estará como invitado mediante una alianza entre la Cámara de Comercio Paraguayo Peruana (CAPAPE) y la firma organizadora del Gastronomik, plantea un camino claro para desarrollar rutas gastronómicas con impacto sostenido.
El primer paso no es lanzar un circuito turístico, sino investigar el territorio, cuenta. “Se necesita una investigación-acción: registrar el patrimonio alimentario de una zona, pero no de forma contemplativa, sino generando productos que ya puedan usarse, como publicaciones, documentales o espacios de difusión”.
Ese proceso debe ser participativo, involucrar a productores, cocineros y actores locales no es opcional, es la base de la construcción. “La ruta tiene que ser hecha con los locales. Es un registro permanente, un observatorio de lo que pasa en el territorio”, detalla.
A partir de ahí, se construye una hoja de ruta que articula al sector privado, el Estado y otros actores, hasta convertirse en un producto turístico. Pero incluso en ese punto, el objetivo no es el turismo en sí mismo, insiste Andrés. Y sucede que las rutas gastronómicas, entendidas de esta manera, son mucho más que una experiencia para visitantes, son una herramienta de desarrollo territorial.
Implica decisiones, coordinación y, en muchos casos, una apuesta política punto en el que expone, que no hay que tener miedo a eso, ya que la ruta pone a la cocina en el centro y permite abordar el territorio desde ahí, generando oportunidades para quienes han sido invisibilizados.
En un contexto donde Paraguay busca diversificar su oferta turística y fortalecer sus economías locales, el desafío no es solo crear rutas, sino construirlas con sentido. Porque cuando la gastronomía deja de ser solo consumo y se convierte en relato, identidad y vínculo, puede hacer algo más importante: transformar un territorio desde adentro.
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Caída del dólar enciende alertas en el sector productivo
La reciente apreciación del guaraní frente al dólar comienza a generar preocupación en sectores vinculados a la producción y exportación, especialmente en la cadena cárnica, donde advierten sobre impactos directos en competitividad, rentabilidad y empleo rural.
Desde la Asociación Paraguaya de Productores y Exportadores de Carne (Appec) señalaron que la baja sostenida del tipo de cambio reduce los ingresos en moneda local de los exportadores, mientras los costos operativos continúan mayoritariamente en guaraníes.
El gremio cuestionó además la postura del Banco Central del Paraguay (BCP) de no intervenir actualmente en el mercado cambiario, pese al fortalecimiento del guaraní.
Según sostienen, la entidad actuó con intensidad cuando la moneda local se depreciaba, pero ahora permite una apreciación que afecta a los sectores generadores de divisas. “La depreciación del dólar cercana al 25 % destruye competitividad y afecta directamente al productor primario”, señalaron desde el sector.
Appec advirtió que el impacto no se limita a las exportaciones, sino que alcanza a toda la cadena económica vinculada al campo. Menores márgenes reducen la capacidad de inversión, frenan la actividad productiva y terminan repercutiendo en el empleo rural.
El sector recuerda además que la ganadería ya enfrenta dificultades estructurales desde hace años, entre ellas la reducción del número de productores, la caída del hato ganadero y una menor faena.
Según datos del gremio, desde 2014 desaparecieron cerca de 22.000 productores y el stock ganadero se redujo en más de 1,7 millones de cabezas, afectando incluso la oferta de carne.
En este contexto, consideran necesario revisar la política cambiaria para evitar desalineamientos que deterioren la competitividad de uno de los principales motores de generación de divisas y empleo del país.
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Logística, un sector que no se detiene
Por: Alba Delvalle
Más allá de que el conflicto en Medio Oriente se dé a miles de kilómetros, la incertidumbre global que genera se traslada en el plano local. Volatilidad con costos más altos, menor previsibilidad y nuevas tensiones para empresas que dependen del comercio exterior.
La tensión en Medio Oriente puede parecer lejana, pero sus efectos se sienten rápidamente en Paraguay. En una economía como la nuestra, estrechamente conectada y dependiente del comercio exterior, cualquier disrupción en las rutas globales impacta casi de inmediato, expone Federico dos Santos, director de Navemar SA y Paramar SA, firmas del Grupo dos Santos relacionados con el sector logístico.
A nivel macroeconómico, la incertidumbre geopolítica no solo altera los mercados, sino que introduce volatilidad en fletes, seguros, rutas y tiempos de tránsito, complicando la planificación y elevando la complejidad de las cadenas logísticas, explica. Este escenario se traslada rápidamente al plano micro, afectando a importadores, exportadores, comerciantes y consumidores finales.
Si bien Paraguay no depende directamente del petróleo que transita por el Estrecho de Ormuz, el conflicto influye en el precio internacional del crudo y, en consecuencia, en los costos logísticos tanto globales como locales. Esto se traduce en mayores tarifas de transporte marítimo, fluvial, aéreo y terrestre, tanto en el ámbito internacional como doméstico.
De ahí que, el impacto más inmediato se observa en el petróleo y sus derivados. “El combustible representa aproximadamente el 30 % de los costos operativos del transporte, dependiendo de la modalidad. Por ello, los incrementos en su precio afectan directamente la rentabilidad de las empresas, especialmente cuando los ajustes tarifarios no pueden trasladarse de forma inmediata, generando un desfasaje temporal en la actualización de precios”, comenta.
A esto se suman disrupciones en las cadenas logísticas globales, como cambios en itinerarios de buques y aviones, congestión en rutas alternativas, saturación en puertos y aeropuertos, y un aumento general en la incertidumbre operativa.
Aunque el combustible es el factor más visible, existe un amplio conjunto de productos derivados del petróleo que impactan en la industria local. Ya se observan efectos en fertilizantes, textiles y packaging, incluyendo resinas y petroquímicos.
“En este escenario, la incertidumbre reduce la previsibilidad de costos y obliga a los proveedores a incorporar márgenes de cobertura ante posibles subas adicionales, lo que termina elevando aún más el costo de los productos”, expone.
Para dimensionar el impacto real a nivel local, algunos indicadores reflejan incrementos relevantes al comparar abril de 2025 con abril de 2026. En la hidrovía, por donde se transporta cerca del 80 % del comercio exterior del país, el costo referencial del bunker registró subas del orden del 70 %. En el transporte terrestre local, el diésel común a nivel mayorista aumentó alrededor del 15 %.
Federico, quien es economista, sostiene que, en paralelo a este contexto desafiante, Paraguay ha mantenido un crecimiento sostenido en el sector logístico en los últimos años. Si se compara 2025 con 2024, la importación y exportación de contenedores vía fluvial registró un crecimiento del 6,2 % interanual, alcanzando un récord histórico de más de 190.000 TEUs.
La carga aérea creció aproximadamente un 24 %, llegando a cerca de 40 millones de kilogramos, mientras que las exportaciones de soja, trigo y maíz aumentaron cerca del 5 % en volumen.
Estos indicadores reflejan un sector dinámico, cuya tendencia de expansión continúa también en este 2026, afirma. Por otro lado, se observa un fuerte crecimiento de la logística doméstica, impulsado principalmente por la llegada de empresas internacionales, especialmente brasileñas, que demandan servicios logísticos, así como por la creciente tendencia de empresas locales a tercerizar parcial o totalmente sus operaciones.
Este proceso está contribuyendo a la profesionalización del sector, con mayor incorporación de tecnología, equipamiento y mejores prácticas operativas. En términos generales, Paraguay presenta hoy un mercado logístico dinámico, con crecimiento en la mayoría de los segmentos, aunque enfrenta desafíos relevantes. El más inmediato es la volatilidad del precio del combustible y sus derivados.
A nivel empresarial, se suma un factor crítico, la relación comercial entre proveedores y clientes. La volatilidad de costos introduce fricciones inevitables y tensiona las negociaciones. Si bien, algunos contratos contemplan mecanismos de ajuste, en muchos casos no existe esa previsión, explica.
Al tratarse de shocks exógenos e inesperados, la recomposición de precios requiere flexibilidad y entendimiento de ambas partes; cuando esto no ocurre, se generan conflictos y desgaste en las relaciones comerciales.
A esta situación se agrega la depreciación del dólar frente al guaraní, que introduce una presión adicional sobre la estructura de costos. Mientras una parte significativa de los ingresos del sector está dolarizada, muchos costos operativos se encuentran en moneda local, lo que reduce la capacidad de cobertura y afecta los márgenes.
En decir, factores como el aumento del combustible, la dinámica cambiaria y la incertidumbre global configuran un panorama de cautela. De mantenerse el contexto actual, podría frenarse la expansión que ha tenido el sector logístico en los últimos años, aunque las perspectivas de mediano plazo continúan siendo positivas.
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Appec advierte impactos directos del tipo de cambio sobre el sector productivo
La Asociación Paraguaya de Productores y Exportadores de Carne (Appec) emitió un comunicado señalando que el sector observa con preocupación la evolución reciente del tipo de cambio y sus efectos sobre la competitividad del sector productivo y el exportador, asegurando impactos directos sobre el productor primario y el sector agroexportador.
Desde el gremio consideraron necesario evitar desalineamientos cambiarios que terminen afectando la competitividad y el crecimiento de los sectores productivos. “La situación exige una revisión de fondo”, indicaron en el documento.
Señalaron que en este contexto, “sorprende leer en las noticias que el Banco Central del Paraguay (BCP) no intervendrá en el mercado cambiario”, en un escenario de fuerte apreciación del guaraní, y además, resulta un comportamiento que evidencia una dinámica contradictoria y asimétrica.
“El BCP intervino con alta intensidad cuando el guaraní se depreciaba, pero luego permitió que la apreciación avance sin contención”, mencionaron en la misiva. A su vez, agregaron que la depreciación del dólar, cercana al 25 %, reduce los ingresos en moneda local, en un contexto donde los costos se mantienen mayoritariamente en guaraníes y directamente destruye la competitividad.
Menor competitividad y recaudación
Según la Appec, la reciente apreciación sostenida erosiona simultáneamente la competitividad exportadora y la recaudación aduanera. A esto, se suman efectos sobre la rentabilidad, la inversión y la actividad productiva, en particular en el productor primer eslabón de la cadena cárnica, que depende de condiciones de previsibilidad para sostener su desarrollo. “Una caída sostenida de la rentabilidad impacta directamente en el empleo rural”, explicaron.
Igualmente, ocasiona menos rentabilidad, lo que implica menos inversión para el sector cárnico, menos actividad y, en consecuencia, menos oportunidades de trabajo en el campo, afectando a miles de familias que dependen de la producción ganadera.
Asimismo, el impacto alcanza de lleno al principal motor de la economía, en un contexto donde la producción ganadera ya enfrenta serios problemas estructurales, tales como la disminución de productores, además de la caída sostenida del hato ganadero y la caída de la faena, generando 22.000 productores menos ya que desde el 2014 se registra la caída de más de 1.700.000 cabezas de ganado, y por ende la escasez de oferta de carnes para el consumidor.
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