En una nueva entrega de Emprendedores LN llega la historia de una clínica, pero no de enfermos, sino una de vestidos. Sí, la Clínica del Vestido, que fue revivida hace un año por Ingrid Álvarez. Un legado de su madre, Zuny Ortega, que ya lo había iniciado hace 21 años y tras crecer entre prendas, telas, máquinas de coser e hilos, Ingrid decidió revivirla luego de haber sido desvinculada de su último trabajo.

Así lo argumenta ella, ya que su slogan es justamente “Todo tiene arreglo”, porque en la Clínica del Vestido se encuentran soluciones a todas esas prendas que por A o B motivo fueron dadas por perdidas.

Ingrid Álvarez junto con su madre, Zuny Ortega, la reina y forjadora inicial de la Clínica del Vestido. Foto: Gentileza.

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“Somos las doctoras de las ropas. Ayudamos a agrandar, achicar, parchar, transformar, reutilizamos todo para devolverle la vida a una prenda. Hacemos prendas desde cero, ya sean vestidos y prendas casuales a vestidos de galas, de madrina, de quinceañeras y novias, hasta disfraces”, comentó extasiada Ingrid.

Y es que la emprendedora de hoy, Ingrid, es una entusiasta y apasionada por lo que hace, y por el mundo de la moda, que también contempla mucho show, ya que ella por mucho tiempo fue vestuarista, iniciándose ni bien terminó la secundaria, para el programa de entretenimiento Rojo gracias a un tío quien le brindó la mano.

Fue desvinculada, pero ganó algo propio

Llegó a trabajar en varios medios (El Trece, Telefuturo, La Tele, Abc). En Abc estuvo como jefa de vestuario los últimos años, hasta el año anterior cuando la desvincularon en uno de los despidos masivos que hubo, y pese a ese infortunio, ella supo reencontrarse con lo que su madre le había transmitido con la costura y logró emprender su propio negocio con la Clínica del Vestido.

“La Clínica del Vestido existe hace ya 21 años más o menos y era de mamá. Yo trabajaba cada tanto con ella, y cuando quedé sin empleo le hicimos renacer de vuelta con el tema de las redes sociales, con ayuda de mi marido quien me guió muchísimo. Así volvimos a darle vida y ahora trabajamos con todo un equipo de personas geniales”, expresó Ingrid.

Ingrid trabajaba como vestuarista de programas y shows televisivos. Foto: Gentileza.

Doctoras de la clínica

Actualmente el equipo de la clínica está compuesto por la reina, como la llama ella, quien es su madre, junto con las princesas que serían las demás costureras con quienes trabaja y convierten en realidad los pedidos o ideas de la emprendedora, y por último como secretaria, CM, chofer, contadora, influencer, delivery, distribuidora y todo, está ella.

Así, la clínica básicamente se dedica a realizar arreglos en general; agrandan (“es lo que más que se pide con esto de la pandemia”, comenta entre risas), achican, transforman y también confeccionan nuevas prendas. El costo de los servicios, como los arreglos, puede ir desde G. 25 mil para arriba.

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La emprendedora, muy conforme con el logro, aseveró que siempre están activas y que están creciendo en clientela gracias a las redes y el famoso de boca en boca. “Mucha gente nos va conociendo así, tenemos mucho trabajo y como voy por todos lados, todas me reagradecen por el servicio y nos sentimos superfelices de poder ayudarles”, agregó.

La Clínica va creciendo en clientela, gracias a las redes sociales y por sobre todo, con el boca en boca. Foto: Gentileza.

Rubro rentable

Ingrid evidenció que el rubro es una actividad muy rentable, más allá de que ella tiene la experiencia de lo que veía con el trabajo de su mamá, y aclara que ella no sabe coser, pero eso no le impidió emprender en lo que tenía en mente, ya que sí sabe tomar medidas y cómo probar prendas.

Fue así que se animó a contactar con costureras que le gustan lo que hacen, ya que le gusta estar rodeada de personas que amen lo que hacen, porque está convencida que es la forma de que todo salga mucho mejor.

Anécdotas

La Nación quiso adentrarse a algunas experiencias o anécdotas, de modo a que los lectores puedan tener un panorama más amplio sobre el emprendimiento, e Ingrid asintió que tienen un montón. Situaciones como que la llamaron para arreglar un pantalón que se rompió en una oficina, compone alguno que otro vestido en el baño de una fiesta, hasta realizar un vestido para una barby para un concurso en Estados Unidos, y circunstancias tiernas como adaptar prendas de las abuelas para las nietas.

Los que quieran conocer más acerca de la Clínica del Vestido, pueden seguirla en las redes: en Instagram y Facebook como @clinicadelvestidopy, pero Ingrid subrayó que es una clínica andante, porque la pueden encontrar en cualquier lado, ya que no se queda quieta (agrega unas risas). El taller de la clínica se encuentra en Ñemby, que es donde viven y reciben a las pacientes con sus urgencias.

Makuka akãtrápo

Para quienes no la conocen, Ingrid es también conocida como Makuka Akãtrápo. Makuka que es un apodo impuesto hace un tiempo por un sobrino, y lo de akãtrápo por el gusto a los turbantes más por “akãshara”, como se ironiza Ingrid siempre en medio de sonrisas, que por religión o por enfermedad. Como pasatiempo, también se dedica a realizar collares, que los pueden ver en @makukapy.

Ingrid, conocida también como la Makuka Akãtrapo, por el gusto de usar turbantes. Foto: Gentileza.

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Proyecciones de expansión

Pero los sueños de Ingrid todavía siguen firmes, ya que su proyecto es poder expandir más la Clínica del Vestido en todo el país, contactar con más modistas que estén interesadas en trabajar y generarles un ingreso, por lo que su meta es ser toda una microempresaria para ayudar a las costureras del país que quieran ser parte de la clínica.

Por ello, la vivaz emprendedora recomienda emprender en lo que a cada uno apasiona, en lo que más aman, porque es lo que mayor gratificación devuelve, pese a que muchas veces se debe atravesar por obstáculos. “Chicos y chicas, crean en ustedes y en lo que quieren, porque cuando uno cree y sueña es donde nace lo mejor y se hace realidad”, trasmitió Ingrid.

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