La Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (Ocha) ha asegurado este martes que la situación en Puerto Príncipe, la capital de Haití, sigue siendo “tensa y volátil” en un momento en el que el país sigue hundiéndose en una espiral de violencia causada por la actividad de bandas criminales.
Estas bandas continúan realizando ataques contra colegios, hospitales y edificios gubernamentales, lo que les han obligado a interrumpir sus actividades, según un comunicado de la OCHA.
De hecho, la violencia ha provocado que el sector sanitario sufra una gran falta de suministros médicos, de personal sanitario y de sangre, lo que no ha impedido que el hospital Bernard Mevs de Puerto Príncipe haya logrado reanudar gradualmente sus actividades, en parte gracias al apoyo de la Organización Mundial de la Salud y de la Organización Panamericana de la Salud a la hora de suministrar medicamentos y equipos médicos.
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Además, el pasado 17 de marzo la compañía pública de electricidad informó de que varias subestaciones eléctricas del área metropolitana de la capital han sido destruidas, por lo que numerosas zonas se han quedado sin energía. La nueva ola de violencia que vive Haití se cebó con los aeropuertos en un momento en el que el jefe de Gobierno, Ariel Henry, se encontraba de visita oficial a Kenia.
Uno de los grandes líderes criminales del país, Jimmy Chérizier, alias ‘Barbecue’, lanzó un órdago al primer ministro, a quien amenazó con sumir al país en una “guerra civil” si no presentaba su dimisión en medio de un escenario de caos absoluto dado el dominio de las bandas sobre Puerto Príncipe y alrededores, consolidado tras el magnicidio en 2021 del presidente Jovenel Moise.
La semana pasada, Henry presentó finalmente su dimisión a medida que aumentaba la violencia en el país e informó de que su Gobierno se mantendría para poner fin “a los asuntos actuales” hasta la instalación de un nuevo Consejo Presidencial de Transición y el nombramiento de un nuevo primer ministro.
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Fuente: Europa Press
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Crisis, redención y una constante cultural
- Gonzalo Cáceres
- Periodista
- Fotos: Gentileza
Pueblos diferentes –distantes entre sí por miles de kilómetros, océanos, lenguas e incluso épocas– comparten una misma intuición y certeza: el mundo se salió de control y, en algún momento, alguien (o algo) vendrá a reencauzarlo.
Puede que sea la manera de entender el tiempo y el destino colectivo, lo cierto es que esta mítica figura adopta nombres y formas distintas según la tradición y el contexto: un rey justo, un maestro, una divinidad, un nuevo ciclo. El relato cambia, pero el mensaje es el mismo. El mundo puede cambiar… y seguimos en la espera.
Guerras, opresión, desigualdad extrema, crisis morales o incluso la sensación de un desorden en la naturaleza. Las sociedades enfrentan, tarde o temprano, situaciones en las que todo parece perder coherencia.
Y es ahí que se deja notar una tensión: si existe un orden –sea divino o natural–, ¿por qué la realidad funciona mal? Esa pregunta no queda sin respuesta. Las culturas elaboran explicaciones que, en muchos casos, incluyen la idea de una intervención futura. El mundo, tal como está, no puede sostenerse indefinidamente. Tiene que cambiar.
Y ese cambio, muchas veces, toma forma en relatos de revelación divina: la aparición de una figura capaz de restaurar el equilibrio.
UNA MISMA EXPECTATIVA
Aunque no existe consenso absoluto, los catedráticos coinciden en que las creencias en fuerzas superiores se rastrean hasta los albores de la conciencia humana. En ese marco, la idea de un redentor coincide con la necesidad de encontrar consuelo (o justificación) a momentos de profunda calamidad.
Veamos algunos ejemplos. En el judaísmo antiguo, la figura del Mesías cobra protagonismo en contextos de derrota, exilio y pérdida de soberanía. No es una idea abstracta: es la promesa de un líder que devolverá la dignidad a su pueblo.
El cristianismo retoma esa expectativa, pero la redefine. La figura del salvador se encarna en Jesús, entendido como humano y divino a la vez. Sin embargo, la historia no se cierra con su vida. La expectativa de su regreso (la segunda venida) mantiene abierta la idea de que el desenlace final aún está pendiente, y que será justo.
Por su lado, la figura del Mahdi cumple un rol similar en el islam: un líder que aparecerá antes del fin de los tiempos para restablecer el orden y salvar a los creyentes.
LA HISTORIA COMO CICLO
Más allá de la esfera abrahámica, en la India la lógica es de otra sustancia, pero de comparable influencia. El hinduismo entiende la historia como un ciclo (no de forma lineal). La era actual, conocida como Kali Yuga, es vista como un período de decadencia moral y espiritual; por lo que se espera la llegada de Kalki, una manifestación divina que pondrá fin al ciclo y dará inicio al siguiente (Satya Yuga).
Sin embargo, el budismo ofrece una variante particular. La figura de Maitreya no es un guerrero ni un juez, sino un maestro. Su tarea será reaparecer cuando las enseñanzas se hayan perdido para mostrar nuevamente el camino hacia la iluminación.
En los Andes, el dios Viracocha está asociado al origen del tiempo y al orden del mundo. Las tradiciones preincaicas afirman que podría regresar para apuntalar una nueva era de paz y prosperidad.
Algo similar ocurre en Mesoamérica con Quetzalcóatl. Más allá de las interpretaciones históricas y/o mitológicas, ciertas versiones lo presentan como el dios civilizador y figura redentora, la gran “serpiente emplumada”. En este caso, el énfasis no está en un juicio final, sino en la idea de que el mundo no se salva de una vez y para siempre, sino que atraviesa ciclos de desajuste y posterior restauración.
Las diferencias son contundentes, sí. Cambian los nombres, los roles y las situaciones, pero la estructura de fondo es sorprendentemente similar.
UNA IDEA POLÍTICA
Aunque estas figuras suelen presentarse en términos espirituales, su espectro no se limita a lo religioso. En muchos casos, tienen una dimensión política.
La promesa de redención no habla solo del alma o del destino, también se refiere a la justicia concreta, de condiciones de vida, de orden social. Esperar a un salvador, en este sentido, también es una forma de expresar que el presente es inaceptable.
TIEMPOS MODERNOS
Podría pensarse que, en una era de ciencia y tecnología, estas ideas perderían fuerza, pero siguen vigentes. Hoy, el redentor puede proyectarse en líderes políticos, en movimientos sociales o incluso en avances tecnológicos que parecen ofrecer respuestas definitivas.
La lógica es la misma: algo vendrá a arreglar lo que no funciona. Esto no implica que las religiones hayan sido reemplazadas. Más bien sugiere que la estructura mental que da esencia al redentor sigue presente.
La necesidad de redención/restauración no fenece, se adapta.
Al mirar estas tradiciones en conjunto podemos detectar que la figura del redentor no es solo una creencia. Es también una forma de resistencia; es la manera en que las sociedades dicen “esto no está bien”, pero no va a ser así para siempre.
Mientras, seguimos esperando.
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EE. UU. y Nigeria aseguran haber matado a alto jefe yihadista
Estados Unidos y Nigeria afirmaron haber matado a un dirigente del grupo Estado Islámico (EI) en una operación conjunta en este país africano azotado por la violencia yihadista. El norte de Nigeria, el país más poblado de África, se enfrenta a la violencia de los grupos yihadistas y a la de bandas criminales, llamadas localmente “bandidos”, que llevan a cabo con frecuencia ataques contra aldeas y secuestros masivos con fines de extorsión.
"Abu Bilal al Minuki, segundo al mando del EI en todo el mundo, pensó que podía esconderse en África, pero no sabía que teníamos fuentes que nos mantenían informados de lo que estaba haciendo", afirmó ayer viernes el presidente estadounidense Donald Trump.
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En su red Truth Social, Trump dijo que “el terrorista más activo del mundo” fue eliminado en “una misión meticulosamente planificada y muy compleja” y siguiendo sus órdenes. Nacido en 1982, Abu Bilal al Minuki era originario del estado de Borno, en el noreste de Nigeria.
Operación audaz
“Con su eliminación, las capacidades operativas del EI en todo el mundo quedan considerablemente disminuidas”, aseguró Trump. El presidente nigeriano Bola Tinubu y su ejército confirmaron el sábado la información. "Nuestras fuerzas armadas nigerianas, determinadas y en estrecha colaboración con las fuerzas armadas de Estados Unidos, llevaron a cabo una audaz operación conjunta que asestó un duro golpe a las filas del Estado Islámico", declaró Tinubu en un comunicado.
El ejército nigeriano describió a Abu Bilal al Minuki como un “alto cargo del Estado Islámico y uno de los terroristas más activos del mundo”. Trump sostiene que los cristianos de Nigeria son “perseguidos” y víctimas de un “genocidio” perpetrado por “terroristas”. Abuya y la mayoría de los expertos lo niegan categóricamente, ya que la violencia afecta indistintamente a cristianos y musulmanes.
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El ejército estadounidense, en coordinación con las autoridades nigerianas, llevó a cabo en Navidad bombardeos en el estado de Sokoto, dirigidos según Washington contra yihadistas del Estado Islámico. Desde entonces, ambos países han reforzado su cooperación militar.
Fuente: AFP
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Feminicidio: 12 vidas truncadas y 16 menores huérfanos en lo que va del 2026
El Ministerio Público, a través de su Programa de Datos Abiertos, reveló una radiografía de la violencia contra la mujer en Paraguay. Los datos exponen la urgencia de acciones preventivas. Hasta la fecha, el país registra 12 víctimas de feminicidio en 11 causas abiertas. Una de las investigaciones analiza la muerte simultánea de dos mujeres.
La violencia de género no se detiene en los casos fatales. El reporte oficial añade 21 víctimas de tentativa de feminicidio. A esto se suman 3 causas por tentativa de homicidio hacia víctimas colaterales, entre las cuales se encuentra un niño.
La violencia no discrimina edades, pero muestra ensañamiento en los extremos de la vida. El rango de edad de las víctimas va entre 12 y 80 años. Una de las fallecidas era una niña menor de 12 años. Asimismo, el rango de edad de los agresores es de 18 y 80 años de edad y son 11 víctimas de nacionalidad paraguaya, una brasileña y dos pertenecían a comunidades indígenas.
El departamento Central lidera las estadísticas geográficas y se consolida como la zona más crítica del país. El desglose por localidad es el siguiente: Central: 7 víctimas, Concepción: 2 víctimas, Asunción, Canindeyú y Alto Paraná tienen una víctima cada uno.El comportamiento cronológico de los crímenes muestra una concentración a inicios de año. En el mes de enero se registraron 6 casos, en marzo 4 casos, y en los meses de abril y mayo 1 caso. Los días de mayor vulnerabilidad resultaron ser los viernes (4 casos) y los lunes (3 casos). El resto se distribuye en sábados (2), domingos (1), martes (1) y jueves (1).
El peligro habita en casa
El entorno cercano sigue siendo el más peligroso para las mujeres. Las viviendas particulares fueron el escenario de 9 de los crímenes, mientras que los 3 restantes ocurrieron en la vía pública. El vínculo con el agresor ratifica esta tendencia. Los autores son exparejas en 5 casos, actuales parejas en 3 casos, conocidos en 2 casos, un padrastro y un hijo en 1 caso cada uno.
Respecto al método utilizado, el arma blanca fue el elemento más común (7 casos). Le siguen los traumatismos por golpes (2), el uso de armas de fuego (2) y la asfixia (1).Ocho de las víctimas fatales eran madres. Como consecuencia directa, 24 hijos quedaron huérfanos, de los cuales 16 son menores de edad. Estas víctimas indirectas pierden su sustento emocional y económico de forma abrupta.
Procesos penales
La respuesta judicial y el destino de los atacantes se divide en tres escenarios: Imputados: 8 presuntos responsables ya enfrentan proceso ante el Ministerio Público. Mientras que 3 autores se quitaron la vida tras cometer el crimen. Asimismo se tiene un pedido de captura internacional. En relación a este caso el presunto autor ya fue detenido en Brasil y sería juzgad en dicho país.
El Ministerio Público judicializa de forma paralela otros delitos conexos. En una de las causas de feminicidio se investiga el maltrato infantil, y en otra, la tentativa de abuso sexual.
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Condenan a cuatro hombres por el asesinato de presidente haitiano
Un tribunal federal de Miami condenó ayer viernes a cuatro personas por conspirar para matar o secuestrar al presidente haitiano Jovenel Moïse, cuyo asesinato en julio de 2021 en Puerto Príncipe sumió el país caribeño en una gran inestabilidad política que continúa cinco años después. Tras casi nueve semanas de juicio en la ciudad de Florida, el jurado comunicó la condena de los cuatro acusados: el venezolano Antonio Intriago, de 63 años, el colombiano Arcángel Pretel Ortiz, de 53, el estadounidense Walter Veintemilla, de 57, y el haitiano-estadounidense James Solages, de 40.
Además del cargo principal, todos fueron condenados por proporcionar apoyo material a dicha conspiración y participar en una operación armada contra una nación amiga. Los cuatro se enfrentan a cadena perpetua y su sentencia se conocerá en los próximos meses. El asesinato de Moïse agravó el caos que impera en Haití, donde poderosas pandillas controlan casi toda la capital, incluido el aeropuerto, así como las principales carreteras del país.
La nación más pobre de América no ha celebrado elecciones desde 2016 y no tiene presidente desde el magnicidio. El primer ministro interino Alix Didier Fils-Aimé ejerce el poder actualmente con el respaldo de Estados Unidos. Según la investigación, los acusados pusieron en marcha un plan a principios de 2021 para derrocar al presidente Moïse e instalar a un sucesor elegido por ellos, el haitiano-estadounidense Christian Sanon.
Intriago y Ortiz, gestores de la empresa de seguridad CTU en Miami, aspiraban a obtener contratos lucrativos de seguridad con un futuro gobierno presidido por Sanon, cuyo juicio fue aplazado por problemas de salud. Veintemilla se sumó a la trama como financiador y Solages actuó como representante de CTU en Haití, según investigadores.
Para ejecutar el complot, los acusados reclutaron aliados en Estados Unidos, Colombia y Haití, entre ellos 22 exsoldados del ejército colombiano y líderes de pandillas haitianas.
Meses antes del magnicidio, los acusados elaboraron varios planes para secuestrar a Moïse, pero, al no conseguirlo, ordenaron a los mercenarios colombianos que asaltaran la residencia presidencial y lo mataran.
El 7 de julio de 2021, Solages y los mercenarios del país sudamericano tirotearon a Moïse, de 53 años, en su dormitorio y dejaron gravemente herida a su esposa, Martine, sin que sus guardaespaldas intervinieran.
Otros ocho coacusados en este caso, incluidos dos de los mercenarios colombianos y varios de los aliados haitianos y estadounidenses del grupo, ya se habían declarado culpables por su participación en la conspiración. La mayoría de los exsoldados colombianos están encarcelados en Haití, en un caso separado.
Fuente: AFP.