Un periodista estadounidense murió a tiros y otro resultó herido este domingo en Irpin, un suburbio del noroeste de Kiev donde las fuerzas ucranianas combaten a los militares rusos, informaron a la AFP fuentes concordantes.
Los dos hombres fueron alcanzados por las balas mientras circulaban en coche con un civil ucraniano, que también fue herido, precisó a la AFP Danylo Shapovalov, un médico voluntario de la defensa territorial de Ucrania que trató a las víctimas. Las autoridades ucranianas acusaron rápidamente a las fuerzas rusas de haber disparado contra los periodistas, pero de momento se desconoce de dónde provenían los tiros.
Lea también: Confrontación entre OTAN y Rusia provocaría “tercera guerra mundial”
Periodistas de la AFP que se encontraban en esa zona el domingo escucharon tiros de artillería y de armas ligeras. Un periodista de la AFP vio el cuerpo de la víctima, que llevaba encima sus documentos de identidad, incluyendo una acreditación del New York Times.
Se trata de Brent Renaud, de 50 años, un fotógrafo y realizador, precisó en un comunicado el diario estadounidense. Había colaborado con el rotativo en el pasado, pero no trabajaba para ese medio en Ucrania, según ese comunicado. El otro periodista estadounidense, al parecer herido de levedad, contó lo ocurrido en un video publicado en redes sociales.
AFP.
Dejanos tu comentario
Por un periodismo empático y respetuoso de la dignidad humana
- Jimmi Peralta
- Foto: AFP
Hoy 26 de abril se conmemora en Paraguay el Día del Periodista en homenaje al surgimiento del primer órgano oficial de la era independiente. Las tradicionales demandas por la libertad de expresión, opinión y acceso a la información suman un nuevo componente en la era de la inteligencia artificial, en la que el principal desafío es bregar por un periodismo más humano y respetuoso de la dignidad de las personas.
En sincronía con el proceso social actual, el periodismo también se encuentra saturado por los cambios que el último cuarto de siglo arrojó a la comunidad global de la mano de la digitalización, la conectividad y ahora la inteligencia artificial generativa (IAG).
La tecnología estuvo presente siempre en el trabajo periodístico a la hora de contar historias, siendo el papel, el lápiz, la grabadora, la cámara, la fotografía y la máquina de escribir los íconos de esta profesión en el siglo pasado.
Hoy el cambio está ante los ojos de todos, pero el destino sin dudas no está claro. Más rápido de lo que se pasó de la máquina de escribir electrónica a la especialización en la elaboración de prompt, el modelo de negocios hoy se centralizó de manera brutal, dando oportunidades de pluralidad de voces, pero casi por fuera de él.
La era digital también cambió el mapa de la pauta comercial, pues actualmente las grandes firmas tecnológicas acaparan más del 60 % del gasto mundial en publicidad en plataforma.
LA IA Y EL TRABAJO
Es en este contexto que hace su aparición la inteligencia artificial, a la salida de la pandemia, y con gran efectividad cada día golpea más fuerte la resistencia que ponía todo el foco sobre el talento humano. Hoy evitarla parece ser un limitante para el trabajo en las redacciones periodísticas.
Las primeras estimaciones en 2023 hechas por Darío Amodei, CEO de Anthropic, señalaban que el 25 % de los trabajos de “cuello blanco” serían reemplazados en una década. A partir de eso, otras visiones más catastróficas estimaban hasta un 90 % de disminución de operarios en labores de redacción.
En marzo de 2026, el estudio de Anthropic titulado “Labor market impacts of AI: a new measure and early evidence” (Impacto de la inteligencia artificial en los mercados laborales: una nueva medida y evidencia preliminar), refirió, tras un análisis más complejo, que la estimación es menor a la primera, pero el aumento exponencial que se tuvo en su momento se está ralentizando.
A nivel local, la IA es una herramienta no solo en las redacciones de los grandes medios, sino también para el trabajo independiente y en el interior del país. En ambos casos, el peligro de la continuidad del trabajo sigue siendo la concentración de los ingresos publicitarios.
LA IA Y LA CONFIANZA
Otra crisis en el periodismo actual, que no está sujeta solamente a la tecnología, es el descreimiento hacia las publicaciones, la crítica social al contenido y el cuestionamiento a la injerencia del poder.
De la mano de la IA aparecen la sistematización de noticias falsas que muchas veces son replicadas por los medios. El Reuters Institute Digital News Report 2024 señala que la confianza en las noticias no llega al 50 % y que la audiencia joven prefiere informarse a través de Tiktok o Youtube antes que por medios tradicionales.
Es en ese marco que Unesco desarrolló en 2022 un material que permite una reflexión ética sobre el uso de la IA en el contexto periodístico, estableciendo las siguientes recomendaciones: supervisión humana permanente del producto, transparencia con la audiencia, capacitación y formación, y combate a la desinformación.
Otro elemento que suma a la desconfianza, vinculado con el modelo de negocios, es la necesidad de los portales de generar más tráfico, por lo que el clickbait (materiales con titulares falsos o poco precisos) y la redacción sujeta a los requerimientos de los algoritmos de los buscadores (SEO Editorial, Search Engine Optimization) son moneda corriente, aunque sean contraproducentes para la monetización por sumar a la falta de credibilidad de los medios.
PERIODISMO DEL PRESENTE Y EL FUTURO
Los cambios tecnológicos afectan el modelo de producción, los puestos de trabajo y el formato del negocio y, por ello, necesariamente al periodismo, que no es un ente independiente del contexto real. La reflexión sobre el periodismo del presente y del futuro –ya sea desde las empresas, desde los trabajadores, desde el Estado y desde la ciudadanía– debe incluir estos y otros aspectos que permitan comprender el alcance último de este oficio, valorar la necesidad de su servicio a la democracia y encontrar una forma de preservar el derecho a la información de los sujetos políticos del sistema republicano.
Si en algún momento se planteó como canon un periodismo más humano en contraposición a un determinado tipo de periodismo subordinado a las exigencias del mercado, hoy pedir un periodismo humano, empático y responsable plantea una expresión literal, ya que del otro lado estaría el “periodismo hecho por máquinas”.
Vale rescatar que el diferencial presente del periodista es justamente la empatía y el respeto a la dignidad humana, la responsabilidad y la verificación personal de la veracidad de la información difundida.
Dejanos tu comentario
Chernóbil: las “dos guerras” de un ingeniero después de 40 años
Nikolái Soloviov libró su “primera guerra”, contra la radiación, en 1986 en la central nuclear de Chernóbil. Cuatro décadas más tarde, “la otra guerra”, esta vez contra la invasión rusa de Ucrania, le arrebató a un hijo. Este aficionado al rock duro conserva de su juventud el pelo largo, ahora canoso. La noche del peor accidente nuclear de la historia, el 26 de abril de 1986, Soloviov era “mecánico de turbinas” en la unidad 2, a unos cientos de metros del reactor 4, que explotó durante una prueba, cuenta con precisión a la AFP.
“Sentí como un terremoto. Las turbinas seguían girando, un ruido muy fuerte, y no oí la explosión”, describe este hombre corpulento de 67 años. Las alarmas sonaron. Entonces se dirigió hacia el reactor número 4. De camino se cruzó con un compañero irradiado que vomitaba, con otro que transportaban en una camilla y otro más desplomado sobre su ordenador, con la cabeza entre los brazos. Todos murieron poco después.
La magnitud de la catástrofe saltaba a la vista. Vio “el cielo” a través del agujero causado por la explosión. En los pasillos, torrentes de agua emanaban de las tuberías rotas. Los bomberos intervinieron en el reactor humeante. “No dejaron que el fuego se propagara”, cuenta Soloviov. Casi todos esos socorristas fallecieron, quemados por la radiación. Al amanecer habló con sus compañeros del tiempo que les quedaba de vida. “Dos semanas”, dijo uno. Entonces Nikolái Soloviov volvió a fumar: “un cigarro cubano”. Lo había dejado cinco meses antes, pero “mejor morir joven y guapo”, bromea ahora.
Ávidos de elogios
La mañana del 26 de abril de 1986, terminó su turno. El equipo de día tomó el relevo. Se fue en autobús a Pripiat, la ciudad donde se alojaban los empleados, a tres kilómetros de la central. En las calles, la gente seguía con su rutina. Lo único diferente eran los camiones que rociaban las aceras con un “detergente” espumoso. Al llegar a casa, le dijo a su mujer que se atrincherara.
Durante días, las autoridades soviéticas ocultaron la catástrofe que debilitó a la URSS más de lo que ya lo estaba. Nikolái Soloviov permaneció en la central durante la “liquidación”, la construcción del primer sarcófago y, posteriormente, del segundo, dañado en 2025 por un ataque con un dron ruso.
También estuvo en 1991 durante un grave incendio en la unidad 2. La central produjo electricidad hasta el año 2000 y desde entonces varios equipos trabajan en su interior para garantizar la seguridad. Soloviov se convirtió en ingeniero. Se quedó porque el trabajo era “interesante”, con salarios altos y “muchas vacaciones”.
En su opinión, la prueba de 1986 era “peligrosa”, pero la dirección insistió en llevarla a cabo para ganarse la simpatía de las autoridades soviéticas. Considera que “sólo la URSS” tenía los medios para llevar a cabo las operaciones de “liquidación”, en las que participaron cientos de miles de personas y otras tantas fueron evacuadas. Soloviov vio a decenas de conocidos suyos morir de cáncer.
De su equipo de noche, solo cuatro empleados, de un total de 22, siguen vivos. En 2005, un polémico informe de la ONU estimó en 4.000 el número de muertos confirmados o futuros en Rusia, Ucrania y Bielorrusia. Un año más tarde la oenegé Greenpeace calculó que fallecieron 100.000 personas.
“Guerra atómica”
Nikolái estuvo expuesto a fuertes dosis de radiación. Atribuye su supervivencia a “su buena salud”, la práctica de deporte, su carácter sereno y sus genes. “Hay que dar gracias a Dios y a mis padres por haberme dado buenos genes”, declara. Vive en su casa de campo cerca de Slavútich, una ciudad fundada en 1986, a 120 km al norte de Kiev, para acoger a los desplazados. En el museo local dedicado a Chernóbil ahora se exponen restos de drones rusos derribados. “Eso es la otra guerra”, comenta Nikolái Soloviov.
En la plaza central de Slavútich habla de su primera guerra “atómica” contra el veneno invisible e inodoro de la radiación. “Aquí, la gente dice ‘antes o después de la guerra’ al referirse al 26 de abril de 1986. Y ahora se dice que ya estamos viviendo la segunda guerra de nuestra generación”, explica.
La noche del 23 al 24 de febrero de 2022 partió hacia la central. Nunca llegó porque los dos puentes que conducían a ella estaban destruidos. El ejército ruso tomó Chernóbil y la ocupó durante un mes. El hijo menor de Nikolái Soloviov se alistó en las fuerzas ucranianas. En septiembre de 2023 fue dado por desaparecido en el frente. Esta desgracia dejó a Soloviov sin fuerzas para trabajar y se jubiló.
Fuente: AFP.
Dejanos tu comentario
Rojas cuestiona a dirigente que abandonó a adultos mayores movilizados frente al MDS
El ministro de Desarrollo Social (MDS), Tadeo Rojas, denunció que un grupo de adultos mayores estaría siendo utilizado por Elías Cabral, autodenominado dirigente social de Canindeyú, quien habría abandonado hace ocho días a los manifestantes en condiciones precarias en una carpa frente al ente estatal, con la finalidad de presionar con reclamos que no contempla la Ley n.º 7322/2024 de pensión universal.
“Se comenta que Cabral está haciendo reuniones a nivel país para movilizar a los adultos mayores hasta la capital el 1 de mayo para pretender presionar para el pago inmediato de la pensión a todas las personas que cumplieron 65 años de edad y también que se establezca un aumento. Nosotros quisiéramos cumplir con el deseo que tienen, pero hay que entender que hay una ley de por medio y se debe considerar la fuente de financiación. Esto no es una cuestión de magia y no se trata de una cuestión de presión”, indicó Rojas, este viernes, al programa “Arriba hoy” del canal GEN y Universo 970 AM/Nación Media.
Rojas manifestó que el grupo de 25 o 30 adultos mayores reclaman el pago inmediato de la pensión universal para las personas de 65 años de edad así como el aumento de la pensión al 100 % del salario mínimo. Desde enero del presente año el monto mensual es de G. 724.762.
“Cabral es su coordinador y ya no aparece en el sitio hace más de una semana, ha dejado a los adultos mayores en una situación muy preocupante y el día de ayer una de las personas de 68 años ha tenido una descompensación, por supuesto de inmediato actuamos y le llevamos a un hospital de la ciudad de San Lorenzo. Se encuentra en una situación crítica en su estado de salud, es un paciente cardíaco y diabético”, detalló.
Lea también: Liseras destaca perfil de Baruja, pero Alliana tomará la decisión final
El ministro acotó: “Emitimos un comunicado desde mi cartera llamando a la conciencia de los responsables de estas manifestaciones. Es preocupante la situación de ellos, están todos apostados frente a la institución, enfrentando cambios climáticos, están pasando por una situación crítica”.
La normativa establece la reducción progresiva de la edad para acceder a la pensión alimentaria, bajando la edad de forma gradual hasta alcanzar a los 65 años de edad. En la actualidad son más de 370.000 los beneficiarios de la asistencia estatal.
Te puede interesar: Alliana anuncia que definirá candidato a vice luego de las internas municipales
Dejanos tu comentario
Ucrania conmemora 40 años de la catástrofe de Chernóbil
Ucrania conmemora el domingo el 40.º aniversario de la explosión en la central nuclear de Chernóbil que desató la peor catástrofe nuclear civil de la historia. Esta fecha se recuerda más de cuatro años después de la invasión rusa, que ha vuelto a poner en peligro la planta y aumentado el riesgo de que se produzca otra tragedia radiactiva. A continuación, cinco cosas que hay que saber sobre este desastre y la situación actual de la instalación nuclear.
A la 1:23 del 26 de abril de 1986, un error humano durante una prueba de seguridad provocó una explosión en el reactor número cuatro de Chernóbil, en el norte de Ucrania, que entonces formaba parte de la Unión Soviética. El estallido destrozó el interior del edificio y lanzó una nube de humo radiactivo a la atmósfera, mientras que el combustible nuclear ardió durante más de 10 días.
Se lanzaron miles de toneladas de arena, arcilla y lingotes de plomo desde helicópteros para contener la fuga radiactiva. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) determinó que la causa principal del desastre fue “graves deficiencias en el diseño del reactor y del sistema de apagado”, combinadas con el “incumplimiento” de los procedimientos operativos.
Nube radiactiva
En los días siguientes, la nube radiactiva contaminó gravemente Ucrania, Bielorrusia y Rusia antes de extenderse por toda Europa. La primera alerta pública se emitió solo dos días después, el 28 de abril, cuando Suecia detectó un pico en los niveles de radiación en su territorio.
El OIEA fue notificado oficialmente del accidente el 30 de abril, pero el líder soviético Mijaíl Gorbachov no lo reconoció públicamente hasta el 14 de mayo.
Se estima que miles de personas fallecieron como consecuencia de la exposición a la radiación, aunque varían las estimaciones del número exacto de víctimas.
Un informe de la ONU de 2005 estimó en 4.000 el número de muertes comprobadas o previstas en los tres países más afectados. Greenpeace calculó en 2006 que el desastre causó cerca de 100.000 muertos.
Según Naciones Unidas, unas 600.000 personas que participaron en las operaciones de limpieza y contención, conocidas como “liquidadores”, estuvieron expuestas a altos niveles de radiación. Esta catástrofe aumentó el temor del público hacia la energía nuclear, lo que impulsó un auge de los movimientos antinucleares en toda Europa.
Ocupación rusa
Las fuerzas rusas ocuparon la central el primer día de la invasión de Ucrania iniciada en 2022. Se tomaron la central sin combates tras enviar decenas de miles de soldados y cientos de tanques a Ucrania desde Bielorrusia, aliado cercano de Moscú.
Los soldados rusos cavaron trincheras y establecieron campamentos en zonas como el llamado Bosque Rojo, denominado así por el color que adquirieron los árboles tras la explosión radiactiva.
Su toma de la planta inactiva suscitó un intenso temor a que un incidente militar pudiera desencadenar otro desastre nuclear en el lugar.
El ejército ruso se retiró aproximadamente un mes después del inicio de la guerra, tras su fracaso para tomarse la capital, Kiev, ubicada a unos 130 km de Chernóbil, y donde hubo una feroz resistencia ucraniana.
Nuevas amenazas
Los restos de la central están cubiertos por una estructura interna de acero y hormigón conocida como el sarcófago, construida a toda prisa tras la emergencia de 1986.
Entre 2016 y 2017 se instaló una nueva cubierta exterior de alta tecnología, denominada el Nuevo Confinamiento Seguro y diseñada para sustituir finalmente al sarcófago, que no estaba pensado como una solución permanente.
Esta enorme estructura metálica exterior fue perforada por un dron ruso en febrero de 2025, por lo que perdió su capacidad para contener la radiación.
En un informe publicado en abril, Greenpeace señaló que, dado que la cubierta “no puede repararse por el momento, y no puede funcionar como fue diseñada, existe la posibilidad de fugas radiactivas”.
Se espera que las reparaciones duren entre tres y cuatro años. Otro ataque ruso podría provocar el colapso del refugio contra la radiación, declaró el director de la central a la AFP en diciembre de 2025.
Zona de exclusión
El área alrededor de la central fue evacuada y se convirtió en una zona de exclusión, con pueblos, campos y bosques abandonados. En total, más de 2.200 kilómetros cuadrados en el norte de Ucrania y 2.600 kilómetros cuadrados en el sur de Bielorrusia son, en la práctica, inhabitables.
La gente no podrá vivir allí de forma segura durante los próximos 24.000 años, según el OIEA.
La ciudad de Pripyat, a tres kilómetros de la central y con una población de 48.000 habitantes en 1986, fue completamente evacuada. Permanece abandonada, con sus edificios vacíos y en ruinas, incluido un parque de atracciones oxidado y una noria, que la hacen parecer una ciudad fantasma postapocalíptica.
Antes de la invasión rusa de 2022 era posible realizar visitas guiadas al lugar, pero desde hace casi tres años la zona permanece cerrada a los turistas. Sin presencia humana, la región se ha convertido prácticamente en una vasta reserva natural, donde en 1998 se reintrodujo el caballo de Przewalski, una especie rara y en peligro de extinción.
Fuente: AFP.