El ultraconservador José Antonio Kast asume este miércoles la presidencia de Chile en el giro político más radical del país hacia la derecha desde el fin de la dictadura de Pinochet. Kast, un abogado de 60 años, llega con la promesa de mano dura frente a la delincuencia y la inmigración irregular, las dos mayores preocupaciones de los chilenos.
Kast promete instaurar un “gobierno de emergencia” ante el aumento de la criminalidad. La ciudadanía abandonó en los últimos años el anhelo de una nueva Constitución surgido con el estallido social de 2019. El mandatario saliente, el izquierdista Gabriel Boric (2022-2026), fue uno de los principales impulsores de ese proceso que fracasó tras dos intentos de reforma.
El nuevo presidente, devoto católico y padre de nueve hijos, representará “una derecha conservadora como no se ha conocido desde el retorno a la democracia”, asegura Rodrigo Arellano, analista político de la privada Universidad del Desarrollo. Su discurso atrae a chilenos como Luis Lapierre, un operador de telecomunicaciones de 59 años de Santiago.
“Cuando se oscurece, todo cierra porque te pueden asaltar. Kast va a poner mano dura porque necesitamos mano dura”, dice a la AFP. Aunque los asesinatos y secuestros aumentaron y han llegado al país bandas extranjeras como el Tren de Aragua, Chile es todavía uno de los países más seguros de la región. La tasa de homicidios fue de 5,4 por cada 100.000 habitantes en 2025, una de las más bajas de Latinoamérica.
Sin embargo, Kast daba discursos durante la campaña detrás de un vidrio blindado, presentaba a Chile casi como un Estado fallido dominado por el narco y repetía una y otra vez que el país “se cae a pedazos”. Arrasó en las presidenciales de diciembre frente a la izquierdista Jeannette Jara. El ultraderechista será investido en una ceremonia en el Congreso en Valparaíso, a 110 km de Santiago. Se sumará a los gobiernos de derecha que crecen en la región bajo el ala de Estados Unidos.
Asistirán los mandatarios Javier Milei (Argentina), Rodrigo Paz (Bolivia) y Daniel Noboa (Ecuador), entre otros, así como Chistopher Landau, subsecretario de Estado estadounidense, y la premio Nobel venezolana María Corina Machado. El izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil) canceló su anunciada presencia a último momento el martes.
“Los grandes problemas que aquejan al país no tienen solución rápida. Kast tendrá que buscar el mecanismo para que las expectativas no le jueguen en contra”, dice Arellano. Kast asegura que su gabinete de ministros enfrentará “una emergencia nacional”. Dos de sus futuros ministros fueron abogados de Augusto Pinochet (1973-1990), cuya dictadura dejó 3.200 muertos y desaparecidos y decenas de miles de torturados y presos políticos. Kast ha dicho que si Pinochet estuviera vivo habría votado por él.
Investigaciones periodísticas revelaron en 2021 que el padre de Kast, nacido en Alemania, fue miembro del Partido Nazi de Adolf Hitler. Kast afirma, por el contrario, que su padre fue un conscripto forzado en el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial y niega que haya sido un partidario del movimiento nazi.
El ultraconservador designó asimismo a una activista antiaborto como ministra de la Mujer. Es un equipo “con muy poca experiencia en negociación y manejo político” que “le puede generar problemas con el Congreso”, comenta el politólogo Alejandro Olivares, analista de la Universidad de Chile. Hasta el momento, Kast mantiene silencio respecto a si apoyará a la expresidenta izquierdista Michelle Bachelet (2006-2010 y 2014-2018) en su candidatura a la secretaría general de la ONU.
Chile tenía una larga tradición de transferencias de mando cordiales entre gobiernos. Hasta la semana pasada, cuando Kast cortó abruptamente la coordinación con el gobierno saliente de Boric. El derechista acusó a Boric de ocultar información sobre un proyecto de cable submarino de fibra óptica para conectar el país con China, muy criticado por Estados Unidos por ser una supuesta amenaza a la seguridad regional.
Y aunque al final se restableció la transición, su reacción quedó como una señal de su estilo de gobierno. En campaña, en cambio, Kast evitó algunas polémicas: esquivó preguntas sobre su conocida admiración por Pinochet y sobre su rechazo total al aborto.
Tampoco entregó detalles de cómo cumplirá sus promesas de recortar el gasto público en 6.000 millones de dólares sin eliminar beneficios sociales y de expulsar a más de 330.000 migrantes indocumentados. “Ha sido una campaña muy injusta y xenófoba. Se generalizó a todos los migrantes en el mismo paquete”, lamenta Stefanny Romero, una lavandera venezolana de 34 años.
Sobrio, frío, sin estridencias, el ultraderechista José Antonio Kast asume este miércoles la presidencia de Chile. En su tercer intento, este devoto católico entra el poder con la promesa de un gobierno “de emergencia” y mano dura para restaurar la seguridad y el orden en Chile. De 60 años y padre de nueve hijos, Kast es un abogado ultraconservador sin reservas: rechaza el aborto incluso en casos de violación, la píldora anticonceptiva de emergencia, el divorcio, el matrimonio homosexual y la eutanasia.
Lleva 30 años en política sin los aspavientos de otros radicales como el brasileño Jair Bolsonaro o el argentino Javier Milei, con quienes se le compara. “Es mucho más conservador como personaje y no tiene una personalidad muy carismática”, dice a la AFP Robert Funk, profesor de ciencia política de la Universidad de Chile.
Sus logros como diputado se limitan a la aprobación de leyes que permitieron colocar estatuas, vender lentes para la presbicia sin receta médica y regular loterías. Admirador de la dictadura que impuso Augusto Pinochet (1973-1990), se ganó el favor de los chilenos con su promesa de atacar de frente la criminalidad y deportar a casi 340.000 migrantes irregulares, en su mayoría venezolanos.
La percepción de inseguridad supera por mucho la evidencia de que Chile sea un país tomado por el crimen, pese al repunte de delitos en los últimos años. “Este gobierno generó caos, desorden e inseguridad. Y nosotros vamos a ir a la inversa”, aseguró Kast en campaña. Fue electo en medio de una ola conservadora que barre a América Latina y tras el segundo triunfo de Donald Trump en Estados Unidos.
El fundador del Partido Republicano realizó varios actos de campaña detrás de un vidrio blindado y reveló que tenía un revólver con cinco tiros. Aun así “se le ve muy sobrio, muy pragmático, muy pausado y muy calmado al lado del resto” de líderes de extrema derecha con los que se les compara, indica la periodista Amanda Marton, coautora del libro “Kast, la ultraderecha a la chilena”.
Está casado con María Pía Adriasola. En 2017, su esposa relató en una entrevista que Kast le prohibió usar pastillas anticonceptivas. Kast es el menor de 10 hijos de un matrimonio de alemanes que emigró a Chile y levantó un próspero negocio de embutidos que heredó.
Investigaciones periodísticas revelaron en 2021 que su padre fue miembro del partido nazi de Adolf Hitler. Pero Kast afirmó que fue un recluta forzado del ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial y negó que fuera nazi. Su llegada al poder supone el primer triunfo de la ultraderecha desde el fin de la dictadura.
Siempre atildado, dejó ver de vez en cuando una sonrisa en momentos de tensión en los debates de esta campaña. Aunque suele mantener la calma, puede ser autoritario, según excolaboradores. “O estás con él, o él está contra ti”, recuerda a la AFP Lily Zúñiga, quien trabajó con él en la Unión Demócrata Independiente (UDI), donde militó por dos décadas.
“Él siente que no nació para cosas menores”, añade. Kast renunció en 2016 a esa agrupación porque dejó de “transmitir las ideas” que defiende. Tres años después, fundó el Partido Republicano, que conduce con una mezcla de “simpatía personal” y un “fuerte control”, según Javiera González, coautora del libro “Kast, el mesías de la derecha chilena”.
Su vocera de campaña, Mara Sedini, destaca su “ética de trabajo”. “Con las cosas que hay que ser tozudo, es tozudo” pero también es capaz de “flexibilizar e ir aprendiendo”, añade. En la última campaña relegó la agenda social conservadora que le quitó votos en 2021, para centrarse en la seguridad y arremeter contra la migración, que considera un complot de la “izquierda radical” para poner fin a libertades.
“Hay gente que dice que ha moderado el discurso, pero no lo ha moderado. Simplemente ha eludido todo lo que le pueda costar votos”, dice Claudia Heiss, analista política de la Universidad de Chile. Con su abultado triunfo electoral, Kast tomó revancha de dos derrotas anteriores. “¿Cuántas veces nos dijeron que era imposible, que no lo íbamos a lograr?”, dijo. “Algunos se reían, nos subestimaban y otros incluso nos ningunearon”, aseguró en esta contienda.
Fuente: AFP.