El perfil oficial de SportsCenter ESPN en Instagram publicó la imagen tomada del lente de Diego Santacruz (20) al futbolista argentino Valentín Barco (19), conocido como Colo Barco. El fotógrafo deportivo paraguayo aprovechó el entrenamiento del lateral del vecino país para tomar varias instantáneas, que incluso las compartió el exjugador del Boca Juniors.
El joven Valentín Barco hace parte del equipo de Brighton de la Premier League de Inglaterra, al igual que la “Joya paraguaya”, Julio Enciso. Los compañeros de equipo se encontraban entrenando en un gimnasio, cuando Santacruz decidió retratar el momento, pues el fotógrafo oriundo de la ciudad de Juan León Mallorquín, departamento de Alto Paraná, se encuentra pasando una temporada en territorio inglés.
Estas imágenes fueron compartidas en principio en el perfil de Santacruz, para luego ser vistas en el perfil del Colo Barco e incluso ESPN. Varias fueron las reacciones en línea, por la fotografía tomada por el profesional paraguayo: “Diego Santacruz otro nivel”, “Diego Santacruz, qué grande viejo, después de quitar foto a General Caballero a escalar tan rápido”, “El genio de las cámaras”, escribieron.
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Sobre Diego Santacruz
El joven fotógrafo es una figura de internet, pues suma más de 83.000 seguidores en Instagram y 224.000 en TikTok, y es que se dedica a la creación de contenido desde temprana edad. “Decidí subir las cosas que me pasaban, en el ámbito fotográfico, en mi vida diaria y decidí probar suerte en TikTok. Como vi que a la gente le interesaba cómo es la vida de un fotógrafo paraguayo, decidí subir más videos en TikTok y de ahí fui sumando más audiencia”, dijo Santacruz a LN/NM.
Diego Santacruz inició sus pasos en la fotografía profesional desde la temprana edad de 16 años, pues quería generar recursos por sí mismo. “Primero, me dediqué a la fotografía de retrato y empecé en el deporte, cuando General Caballero, el club que me dio todo básicamente, estaba en Intermedia. Ahí me enamoré de la fotografía deportiva y supe lo que quería hacer durante toda mi carrera de fotógrafo”, detalló en una pasada entrevista.
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Más unidos que nunca: Nadia y Abdala disfrutan Semana Santa en un hotel de Miami
Parece que Nadia Ferreira y Abdala Oviedo se han vuelto inseparables nuevamente, tras su corte del 2023 y 2024. Esta Semana Santa, la modelo paraguaya y el fotógrafo se dejaron ver disfrutando del icónico Faena Hotel Miami Beach, conocido por su diseño artístico y extravagante.
Nadia compartió en sus historias de Instagram algunos de los rincones más lujosos del hotel, mencionando al fotógrafo, mientras que Abdala subió un carrusel de fotos en su feed de Instagram este martes, dejando ver la elegancia del lugar, incluida una escultura bañada en oro, es decir, el esqueleto dorado de un mamut lanudo, obra del famoso artista Damien Hirst titulada “Gone but not Forgotten”, exhibido en una vitrina en el jardín del hotel.
Aunque Nadia no se fotografió junto a Abdala, quedó claro que están pasando tiempo juntos como en los viejos tiempos, disfrutando de la Semana Santa y recuperando el tiempo perdido. Abdala escribió en su posteo: “Disfrutando de uno de los hoteles más lindos de South Beach”.
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¿Qué pasó entre ellos?
Este reencuentro se suma a su reciente salida en yate, demostrando que el vínculo entre ellos no solo se recuperó, sino que parece más sólido que nunca, dejando atrás años de distanciamiento y rumores de conflicto.
Nadia Ferreira y Abdala Oviedo se conocieron cuando ella era adolescente y él se convirtió en una pieza clave de su carrera como modelo, acompañándola como fotógrafo. En 2023–2024 hubo un distanciamiento, ya que dejaron de aparecer juntos públicamente, y surgieron rumores de tensiones por temas personales y la cercanía de Nadia con otra figura del medio, Carlos Adyan.
Pero desde finales de 2024, empezaron a reaparecer juntos en eventos, aunque muchos interpretaron su reencuentro como un vínculo más profesional que personal. Fue en este 2026 que su cercanía es evidente nuevamente, dejando ver que su amistad renació.
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Top de influencers paraguayos que no caen mal, según tiktoker
El músico e influencer paraguayo Talor Py generó conversación en TikTok tras compartir su top 5 de influencers paraguayos que “no pueden caer mal”. En el ranking incluyó a Diego Santacruz, Lulax, Ale Rojas, Kotaro y ubicó en el primer lugar a Ariel Delgadillo, a quien definió como el creador de contenido más querido de nuestro terruño.
En el video, Talor explicó que eligió a Diego Santa Cruz por su estilo espontáneo y por frases que ya se volvieron virales en redes, destacando que, si bien fue fotógrafo de Julio Enciso, logró hacerse conocido por su contenido humorístico. Sobre Lulax, remarcó que es uno de los pocos streamers paraguayos que realmente logra hacer reír, incluso cuando lanza críticas irónicas sobre diferentes ciudades del país.
El joven también resaltó a Ale Rojas, a quien calificó como imposible de odiar, al recordar cómo conquistó a la nutricionista Anne Walde llevándola a comer asadito, en su primera cita, que data de octubre del 2023. En el cuarto lugar apareció el japonés-paraguayo Kotaro, a quien Talor presentó entre bromas y confusiones con su nombre, asegurando que es alguien a quien nadie puede caerle mal.
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Lata Pararã falta
Finalmente, el top uno fue para Ariel Delgadillo, a quien Talor definió como “el influencer sin haters”, destacando su humor, su enorme alcance y frases que ya se convirtieron en stickers de WhatsApp, como su clásico “ahí está”. El video superó los 7.000 me gusta y recibió múltiples reacciones, entre ellas comentarios como:
“Lata Pararã falta man, ese tipo siempre está en el top 1 y muy divertido su contenido”, “Deben tratar de hacer más contenidos así como ellos, sin ofender a nadie y dando datos interesantes y entretenidos”, “Yo agregaría a unos más, como Messi y Cristiano son los números 1, Ariel y Lataparara son tremendos ídolos” o “Ariel Delgadillo y Juan Ríos... Son los tops para mí... Hacen muy bien su trabajo, parodia, humor, y marketing”.
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¡Risas con propósito! Tiktoker busca acompañar a quienes atraviesan depresión
El fotógrafo e influencer paraguayo Diego Santacruz alcanzó los 400.000 seguidores en TikTok y aprovechó para agradecer a su fandom y explicó el propósito de sus videos de humor. Más allá de sus bromas, Santacruz busca acompañar a quienes atraviesan momentos difíciles, como la depresión.
“Esto es para vos, que seguro te sentís cansado, que tenés muchas cosas en la cabeza y no te deja dormir. Solamente quiero decirte algo muy importante. No estás solo, aunque a veces pienses que estás solo. La depresión no se ve, pero pesa y pesa mucho”, expresó el creador de contenido.
El chico de 21 años señaló que mientras él comparte contenido en TikTok, será con la intención de alegrar. “Si hoy no te puedes reír, está bien. Si mañana no puedes reírte, está bien. Porque si en algún momento uno de mis videos logra sacarte una sonrisa, definitivamente sé que valió la pena”, remarcó.
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“Me toca mucho”
Santacruz también compartió su gratitud por el apoyo de sus seguidores: “Hoy amanecí un poco sentimental. Más allá de todas las bromas, quiero que sepan que los amo un montón. Gracias a todos por los 400.000”.
El tiktoker comentó que los mensajes de sus seguidores lo conmueven y lo motivan a ser una mejor persona: “Siempre recibo mensajes agradeciéndome por alegrar los días difíciles, y eso me toca mucho. Un abrazo grande para todos”.
Entre las reacciones destacadas se encuentran:
- “Viejo, sos un capo. Alegraste días muy oscuros, me hiciste reír. Te admiro y me encanta tu contenido, gracias por existir, man.”
- “Es un creador que sabe cómo ayudar, aunque sea solo por unos segundos sacando una sonrisa.”
- “Gracias, bro. Lo necesitaba escuchar de alguien. En serio, gracias por hacer que mis días malos sean más llevaderos con tus videos.”
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“El retrato es una forma de crear un espacio con el otro”
El fotógrafo paraguayo Juanjo Ivaldi Zaldívar se instaló por primera vez en ese alejado territorio en 2009. Ahora vive en Seyðisfjörður, transformado por el contexto, un planeta distinto, como dice. El artista visual nos habla sobre la esencia de su nueva muestra y sus vivencias en la “tierra del fuego y el hielo”.
- Por Jimmy Peralta
- Fotos Juanjo Ivaldi
El pasado 17 de junio se habilitó en Islandia la muestra “Dejar aparecer”, del fotógrafo paraguayo Juanjo Ivaldi Zaldívar, una propuesta coordinada por Auður Mikaelsdóttir que presenta un centenar de retratos de ciudadanos de Höfn, un pueblo de alrededor de 2.200 habitantes, donde el compatriota vivió un tiempo. “Dejar aparecer” es una forma de buscar pasivamente el momento artístico, tanto para permitir que este logre manifestarse, en este caso la imagen frente al observador, así como para el artista permitirse ver y captar la obra, en el caso de Juanjo, registrar con la cámara con el máximo respeto al retratado.
Ivaldi vive su segunda estadía en la isla. En 2009 fue por primera vez, para volver en 2014. Cinco años después volvió a instalarse y a revivir la conexión que le permite ese planeta que se le representa como Islandia, como paisaje y humanidad como contexto. “En el retrato, lo esencial no se fabrica: se revela”, cita el texto de convocatoria a la muestra. Juanjo habló con La Nación del Finde sobre esta iniciativa, su experiencia en Islandia, y la búsqueda ética y estética que propone él con esta colección.
–¿Cuál tu primera vinculación con Islandia antes de ir y la primera en construir al llegar allá?
–Pensar en esto me llevó directo a una memoria de una sala de fotografía con un piso de ajedrez en el “Instituto de la imagen”. Coincidentemente, la primera vez que escuché sobre Islandia fue en un curso de fotografía que tomaba en Paraguay, allá por el 2006 o 2007, no recuerdo muy bien. Alguien puso música de Sigur Rós… ese sonido… lejano, como si viniera de otro mundo. Hoy, mientras te respondo a estas preguntas, vuelvo a poner Sigur Rós y preparo un café. Mi primer vínculo real con Islandia fue por Sunna, una mujer bellísima de estas tierras, a quien siempre voy a estar profundamente agradecido por invitarme a llegar hasta acá. Con ella tuvimos una relación de jóvenes curiosos en esos años, y un día me dijo: “¿Por qué no nos vamos a Islandia?” Yo le dije “¡Jaha!”. Y bueno, fue así como Islandia pasó de ser ecos sonoros (primero conocí su música), después solo imaginación, a convertirse en un hogar.
Llegar desde Paraguay en 2009, con 25 años, fue como aterrizar en otro planeta, Islandia es otro planeta. Recuerdo un paisaje más negro que verde: extensiones de lava, montañas, cielos inmensos, inmensidad más inmensidad, bum, un aura boreal, 24 horas de día, 24 horas de noche y silencios. Hermosos silencios. No era el Islandia “turístico” de hoy, era un país más reservado, lleno de barrios y a la vez más salvaje. Esa naturaleza en todas sus formas, honesta, me atrapó de una forma que nunca imaginé. Creo que, en ese primer invierno, mientras la nieve caía sobre un planeta que apenas empezaba a conocer, supe que algo en mí también estaba cambiando. Para siempre.
–¿Cómo definirías al retrato, y cómo lo diferenciarías de otras formas fotográficas?
–Para mí, el retrato es una forma de crear un espacio con el otro. No es una imposición de la mirada, del “yo fotógrafo” quiero que vos persona hagas esto para que el “yo fotógrafo” sobresalga. En mi experiencia, un retrato ocurre cuando el otro puede emerger, cuando no se lo interrumpe ni se lo fuerza a ser algo. En este sentido, lo diferencio de otras formas fotográficas que a veces buscan captar lo espectacular, lo inmediato o lo evidente. El retrato, en cambio, es más lento. El retrato es espera. Uno se queda esperando un gesto, una pausa, un silencio donde algo del otro se revele. Es como transitar el mundo analógico de la fotografía. Suele haber un segundo donde la persona decide darte algo, o a veces se le escapa, porque siempre está ahí. En mi búsqueda del retrato, no trato de fabricar una imagen, sino dejar que algo que ya está, como la dignidad, una verdad, incluso una herida, se asome, de formas diferentes. Y cuando hay escucha, cuando hay tiempo, ahí entre dos personas, esa imagen puede convertirse en un espejo donde alguien se reconozca con una dignidad que quizás había olvidado. Por eso, para mí, retratar es también un acto de respeto.
EL TRAYECTO
–¿Cuándo empezó a tener forma de muestra esta colección de fotos?
–Esta última exhibición de retratos tiene sus raíces en una experiencia previa del año 2023, cuando trabajé junto a Greta Clough en una región del norte de Islandia. Allí realizamos una serie de entrevistas y retratos que culminaron en la muestra Fl(j)óð, una exposición fotográfica centrada en mujeres de origen extranjero que vivían en Húnaþing Vestra. Compartimos las historias de 33 mujeres de la comunidad, celebrando sus raíces y abriendo espacios de reflexión sobre el lugar que ocupan las mujeres inmigrantes dentro de la sociedad islandesa. Este proyecto fue muy bien recibido y tuvo buena cobertura mediática en el país. Inspirada en esa experiencia, Auður Mikkelsdóttir se puso en contacto conmigo con la idea de hacer algo similar en Höfn, una localidad del sureste a donde llegamos juntos con Tess Rivarola en 2019 y donde vivimos por más de un año. Esta vez, el enfoque estuvo puesto en las y los habitantes de la comunidad. Así comenzó esta nueva etapa.
Durante tres meses hice lo que más me gusta en la vida; manejar en ruta islandesa, escuchar música y fotografiar. Viajé desde Seydisfjördur (un pequeño fiordo del este donde vivimos desde el 2020) a Höfn todos los fines de semana, unos 150 km, atravesando dos rutas de montaña que alcanzan los 600 metros de altitud y no pocas veces están cubiertas de niebla. Conocí y fotografié a 114 personas. En cada encuentro conocí algo nuevo de esta cultura. Tomé café como nunca antes en mi vida. Acá cada vez que llegas a una casa no importa la hora que sea te invitan café. Cada persona me mostró algo nuevo de la forma de ver la vida que tienen los islandeses. Y así fue tomando forma la muestra: como un retrato colectivo que busca reflejar la diversidad del pensamiento, la memoria compartida y lo cotidiano de quienes habitan este rincón del sureste islandés.
–¿Qué sensaciones o intenciones conectan o vinculan entre sí a las fotos de esta muestra?
–Una serie de fotografías puede narrar una historia, pero en esta muestra de retratos el hilo no es argumental. No hay un relato lineal, sino una atmósfera que se construye desde la escucha. Para cada retrato, lo único que pedía era que la persona eligiera el lugar donde quería ser fotografiada. Algunos escogieron sus casas; otros, los caminos donde pasean con sus perros. Algunos volvían a las granjas de sus abuelos, a los establos donde cuidan caballos, ovejas o gallinas. Esas elecciones no fueron casuales: en esta serie de retratos el paisaje no es fondo, es parte del cuerpo. Creo también que lo que une estas imágenes es una intención compartida porque para ser retratado hay que querer ser visto.
En muchos de estos retratos se puede leer el arraigo profundo que cada islandés tiene con su tierra. Para muchos, decir “soy de tal lugar” es un acto de orgullo. Y no es solo una frase: es literal. Algunos nunca salieron de su pueblo Son de ahí, y lo son a mucha honra. Cada persona retratada iba trayendo una nueva perspectiva; su forma de pensar. Y, sin embargo, algo se repetía, remitiendo a algo ya escuchado antes, al otro lado de la isla. Y así se fue tejiendo más o menos, una sensación de intimidad, de presencia, de pertenencia. Quizás lo que une estas imágenes no sea lo que se ve, sino lo que se intuye: una vibración, una confianza, una forma de mirar que no busca transformar, curiosea. Lo que deseo es que cada retrato sea una puerta entreabierta entre la presencia y el misterio.
OBSERVACIÓN Y ESPERA
–¿Cómo llegás vos a la idea de “dejar aparecer” y qué pensás que te aporta como fotógrafo en el contexto donde te manejás?
–El concepto de “dejar aparecer” lo tomo prestado de Humberto Maturana, biólogo chileno, quien plantea que amar es permitir que el otro sea, sin forzarlo a cumplir con nuestras expectativas. Me quedó resonando, y con el tiempo entendí que eso también era lo que yo buscaba al retratar. Coincide con mi manera de aproximarme al retrato, no desde la dirección ni la construcción, sino desde la observación y la espera. Yo no me siento tanto un fotógrafo que “arma” imágenes, sino alguien que observa, que acompaña. En el contexto donde vivo, el “countryside” de Islandia, el tiempo se percibe de otra forma, las personas tienen otras formas de relacionarse. En el momento del retrato, las personas acá pueden llegar a ser muy cerradas para nosotros los “sudacas”. Pero eso es una interpretación desde una expectativa del otro. Aquí, se vuelve clave ser observador, quedarse quieto. Acompañar el silencio entre los dos, acompasar el momento. Aquí no se pueden forzar las cosas. Entonces uno, como fotógrafo, va generando el espacio, las condiciones donde la persona pueda mostrarse, si quiere, si lo siente. Puedo decir hoy que “dejar aparecer” se ha vuelto para mí una ética del mirar y del convivir.
–¿Podrías comentarnos algo de Höfn?
–Höfn es un pequeño pueblo al sureste de Islandia, rodeado de playas negras, glaciares del Parque Nacional Vatnajökull y montañas que respiran con el clima. Tiene tormentas de viento, neblinas… y unos amigos maravillosos. Llegamos allí con Tess Rivarola en mayo de 2019. Hay algo en su paisaje: el viento te habla, o la luz cambia de golpe y te muestra otras formas. A primera vista puede parecer un lugar aislado, pero después de esta experiencia fotográfica me di cuenta de que tiene una vida comunitaria generosa. Vivimos un año con Tess en las afueras de Höfn, Hólmur, en una casa amarilla, con el glaciar como jardín. Después de esa experiencia armamos una exhibición en conjunto: con poesías de Tess y fotografías mías, que se llamó “Mirada extraviada”. Tess tiene mucho que ver con mi desarrollo como artista. Me empujó a buscar más profundidad, a ir más allá. Exige como loca, y eso sirve muchísimo.
–¿Cómo es tu vida allá?
–Ahora vivimos en Seyðisfjörður, en el este de Islandia, a 661 kilómetros de la capital. Mi vida hoy es bastante tranquila, ya no farreo tanto, también intensa en otros aspectos. En el día a día cocino, saco fotos, tomo helado, voy a nadar, chismoseo con la gente, me plagueo… y otras cosas que no te voy a contar porque seguro que mi vieja va a leer esto. Siento que, en lugares como estos, donde el tiempo se mueve más lento, uno puede escuchar mejor. Mirar las cosas en sus diferentes formas y estados.
Escuchar a los demás, y también a uno mismo. La naturaleza no es solo un complemento o una foto para Instagram: es un personaje más que convive entre nosotros, con el que uno dialoga todos los días. Te guste o no. Reykjavik, Höfn, Seyðisfjörður… Islandia me ha dado algo valioso: la posibilidad de mirar con más atención, de reinventarme, de sanar, de perdonar, de crecer de muchas formas. De vincularme con la gente de otra cultura, desde las diferencias y el respeto. Y de construir un ritmo de vida más acorde con lo que necesito en este momento.