El sábado 22 y domingo 23 de abril serán fechas que muchos amantes de la astronomía podrán disfrutar. Con la previa del eclipse híbrido de sol (20 de abril) llega la lluvia de estrellas, que en realidad es una lluvia de meteoritos. Son conocidas como las estrellas Líridas de Abril.
Este fenómeno ocurrirá el 22 y 23 de abril, cuando se prevé la observación del paso de meteoros que son los restos dejados por el Cometa Thatcher; consiste en la visualización de unos 15 a 20 meteoros por hora. De acuerdo a los expertos, es producto de las partículas que deja a su paso el cometa C/1861 G1 Thatcher, descubierto en 1861. “La cantidad de meteoros visibles aumentará cuanto más alto esté el punto radiante en el cielo”, explican desde el sitio In-The-Sky.
Cuando las rocas y escombros cósmicos entran en contacto con la atmósfera terrestre empieza el show porque se encienden y desprenden colores muy vistosos, se puede observar en el cielo luces en tonos verde, amarillo y naranja, entre otros. Las Líridas 2023 tienen esta capacidad y, según el sitio EarthSky, pueden dar sorpresas celestes. “Las Líridas son conocidas por sobretensiones poco comunes que, a veces, pueden generar tasas de hasta 100 por hora”, agrega la plataforma de observación.
La lluvia de meteoritos en realidad empezó el 16 de abril, según apunta el sitio National Geographic, pero alcanzará su punto máximo el 22 y 23; en esas fechas la luz lunar no obstaculizará la caída de meteoritos y podrán ser observadas a simple vista, sin la necesidad de equipamiento especial. Eso sí, los expertos señalan que para tener un mejor panorama conviene alejarse de las zonas urbanizadas donde la luz artificial puede opacar el espectáculo.
Te puede interesar: Viral: Tiktoker dibujó a Paraguay e intentó hablar en guaraní
Dejanos tu comentario
BepiColombo se acerca a Mercurio tras ocho años de viaje
Después de ocho años de viaje, la doble sonda eurojaponesa BepiColombo inició el jueves su acercamiento a Mercurio, el planeta más pequeño y menos conocido del Sistema Solar. Fue lanzada en 2018 y tuvo que recorrer más de 10.000 millones de km para aproximarse al planeta más cercano al Sol.
BepiColombo comenzó el jueves una delicada fase de llegada de varios meses, marcada por operaciones “de alto riesgo”, según Ignacio Tanco, un directivo de la Agencia Espacial Europea (ESA). El entorno del planeta, sometido a temperaturas que van de -180 a 450°C y a intensas radiaciones solares, complica las cosas.
El jueves a las 12:00 GMT las dos sondas (aún unidas entre sí) se separaron del módulo que las impulsaba. La separación se llevó a cabo a un ritmo de “40 cm por segundo”, comentó Geraint Jones, jefe de proyecto científico de la misión. Debido a la distancia entre las sondas y la Tierra, la señal que confirmó el éxito de la operación llegó al centro de control en Alemania casi dos horas más tarde, a las 13:53 GMT.
Las dos sondas deben entrar en la órbita de Mercurio el 21 de noviembre, antes de una nueva fase delicada los días 9 y 10 de diciembre con la separación de las dos sondas para unirse a sus respectivas órbitas.
A partir de abril de 2027, la sonda MPO (Mercury Planet Orbiter) de la ESA lo estudiará con una precisión inigualable, pasando a solo 480 km de su superficie.
La sonda Mio (Mercury Magnetospheric Orbiter) de la agencia espacial japonesa (Jaxa) se centrará, por su parte, en el entorno espacial y su campo magnético, siguiendo una órbita elíptica que se alejará hasta 11.000 km.
Mercurio es muy enigmático. BepiColombo estudiará su atmósfera llamada exosfera y su campo magnético.
Los científicos se proponen cartografiar su superficie en muy alta resolución para comprender mejor su actividad volcánica pasada, su asombrosa densidad y verificar si, como sugieren algunos indicios, sus polos sumidos en la sombra contienen hielo de agua. También esperan desentrañar el misterio de sus depresiones en la superficie llamadas “hollows”.
Fuente: AFP.
Dejanos tu comentario
La NASA lanzó el telescopio Roman para elaborar un nuevo “Atlas del Universo”
La NASA lanzó el domingo al espacio su telescopio Roman, que debe elaborar un nuevo “Atlas del Universo” y aportar respuestas a varios de los grandes misterios de la física, entre ellos los que representan la materia y la energía oscuras. Este aparato de última generación fue puesto en órbita a las 7:26 locales (11:26 GMT) por un cohete Falcon Heavy de SpaceX desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, en el sureste de Estados Unidos, según la retransmisión en video de la agencia espacial estadounidense.
Diseñado para ofrecer una vista panorámica de las vastas extensiones del espacio, el telescopio espacial Roman “ayudará a develar los secretos del universo”, declaró el presidente estadounidense Donald Trump el viernes durante una ceremonia en la sede de la NASA en Houston, Texas.
Con más de 12 metros de altura, este moderno observatorio fue desarrollado durante más de una década, con un coste superior a los 4.000 millones de dólares. El telescopio lleva el nombre de la pionera astrónoma estadounidense Nancy Grace Roman, conocida como la “madre del Hubble”, otro de los telescopios insignia de la NASA.
Mientras que el Hubble reveló que el universo se expande más rápido de lo que se pensaba, el Roman tratará de responder a otros misterios aún sin resolver. “Roman dará a la Tierra un nuevo atlas del universo”, afirmó el administrador de la NASA, Jared Isaacman, en abril, cuando presentó el proyecto a la prensa.
Estudiar lo invisible
Con un campo de visión más de 100 veces mayor que el del Hubble —y significativamente más amplio que el del James Webb—, el Roman estudiará vastas franjas del cielo desde un punto de observación situado a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, al que tardará unos 100 días en llegar. Está diseñado para trabajar en conjunto con otros observatorios como el Webb, que ofrece mayor potencia y precisión.
Tiene como objetivo descubrir miles de exoplanetas, así como decenas de miles de supernovas, las muertes explosivas de estrellas masivas. “Será el mayor catálogo de objetos astronómicos jamás elaborado y nos ayudará a comprender cuán comunes son sistemas solares como el nuestro”, declaró a la AFP Dave Content, responsable técnico de Roman.
El nuevo telescopio también arrojará luz sobre dos de los mayores misterios de la física: la materia oscura y la energía oscura. Se desconocen sus orígenes, pero se cree que juntas constituyen alrededor del 95 % del universo.
Se cree que la materia oscura actúa como una especie de pegamento gravitacional, mientras que la energía oscura sería una fuerza repulsiva que impulsa la expansión del universo.
Gracias a su visión en infrarrojo, podrá detectar la luz emitida por objetos celestes hace miles de millones de años. Así, mirará hacia atrás en el tiempo para ofrecer a los científicos una ventana al pasado remoto del universo, con el fin comprender mejor estos dos fenómenos misteriosos.
Sorpresa
Las observaciones del Roman complementarán la labor del Observatorio Rubin en Chile y de la sonda Euclid de la Agencia Espacial Europea (ESA).
Julie McEnery, científica principal del proyecto Roman, señaló que investigaciones recientes sugieren que la forma en que los científicos han concebido la expansión temprana del universo, basada en las predicciones de los modelos existentes, podría ser errónea.
“Observaciones recientes apuntan a que nuestro modelo estándar del universo es incorrecto”, declaró en una rueda de prensa el sábado, añadiendo que el Roman ayudará a aclararlo.
“Dirá de forma definitiva: ‘Sí, el modelo funciona, o no funciona’. Y si no funciona, nos proporcionará la precisión y la calidad de los datos que nos permitirán empezar a distinguir entre las distintas opciones”, añadió.
Los científicos y el público tendrán acceso a todos los datos del Roman. Pero el volumen será abrumador, advirtió Content.
El telescopio generará alrededor de 1,3 terabytes de datos al día, “lo que significa que básicamente no se pueden descargar los datos en el portátil de nadie”, dijo.
“Espero, y de hecho doy por hecho, que los descubrimientos científicos más emocionantes del Roman serán una sorpresa, algo que no podemos prever y que sentará las bases para el siguiente conjunto, más profundo, de preguntas que deberán abordar futuras misiones”, afirmó.
Fuente: AFP.
Dejanos tu comentario
La estrella más rápida de la galaxia orbita 25.000 km por segundo
Un grupo de astrónomos descubrió la más rápida estrella conocida hasta ahora en la Vía Láctea, que orbita a la velocidad de 25.000 kilómetros por segundo alrededor del agujero negro supermasivo situado en el centro de nuestra galaxia. Esta estrella, llamada S301 y detectada desde el observatorio Paranal, en el norte de Chile, podría permitir en una década determinar la rotación del agujero negro y poner a prueba la teoría de Albert Einstein sobre el espacio-tiempo, según prevén los científicos responsables del hallazgo, publicado en la revista Nature.
“Décadas siguiendo cuidadosamente las estrellas que orbitan el agujero negro central de nuestra galaxia, Sagitario A*, han llevado al revolucionario descubrimiento de esta prometedora estrella”, afirma Reinhard Genzel, director del Instituto Max Planck de Física Extraterrestre (MPE) en Garching (Alemania) y miembro fundador de la colaboración que realizó estas observaciones, en un comunicado del Observatorio Europeo Austral (ESO).
“Debido a que orbita tan cerca de Sagitario A*, S301 abre una nueva ventana para estudiar las propiedades fundamentales del espacio-tiempo en este entorno extremo de agujeros negros”, explica Genzel, copremiado en 2020 con el Nobel de Física por el descubrimiento del agujero negro central de la Vía Láctea.
Para descubrir S301, que en el cielo parece 2.000 millones de veces menos brillante que Betelgeuse (la estrella naranja de la constelación de Orión), el equipo utilizó el interferómetro del Very Large Telescope (VLTI) del observatorio Paranal del ESO, en Chile, y su instrumento GRAVITY+.
El VLTI combina la luz de cuatro telescopios de ocho metros para crear un “telescopio virtual” cuya resolución espacial es 15 veces superior a la de un único telescopio de ocho metros.
Los científicos observaron por primera vez a S301 en primavera de 2023 y luego la siguieron para determinar su órbita.
12 veces la distancia Tierra-Sol
“Lo especial de esta estrella es que orbita Sagitario A* en una órbita muy cerrada, tardando solo 8,7 años en completarla, y se acerca al agujero negro a apenas 12 veces la distancia de la Tierra al Sol. Eso es algo sin precedentes”, asegura Felix Mang, estudiante de doctorado en el MPE y coautor del estudio.
Cuando llega al punto más cercano del agujero negro, la estrella viaja a unos 25.000 kilómetros por segundo, es decir 100.000 veces más rápido que un avión de línea o 8 % de la velocidad de la luz, lo que hace de ella la estrella más rápida de la Vía Láctea que se conoce hasta ahora.
Las propiedades orbitales de la S301, así como el hecho de que las estrellas no pueden formarse tan cerca de un agujero negro supermasivo, sugieren que el astro formaba parte de un par binario que fue desgarrado por las fuerzas de Sagitario A*.
Durante este proceso, S301 quedó atrapada por la gravedad del agujero negro mientras que la otra estrella fue expulsada a alta velocidad y muy probablemente abandonó la galaxia.
Los astrónomos seguirán observando a S301, que efectuará su próximo paso por el punto más cercano al agujero negro en 2031.
La observación de al menos dos de sus órbitas completas podría permitir determinar su trayectoria con suficiente precisión para poder medir la rotación de Sagitario A*.
Como la mayoría de los objetos de nuestro Universo, los astrofísicos creen que Sagitario A* gira sobre sí mismo.
Según la teoría de la relatividad de Einstein, un agujero negro en rotación arrastra el espacio-tiempo en su movimiento y lo deforma, lo que modifica las órbitas de las estrellas que lo rodean.
En los próximos 10 años, el equipo espera lograr lo que sería la primera medición directa de la rotación de un agujero negro.
“Sin esta estrella, tendríamos que medir el movimiento de otras estrellas durante varias décadas más para acercarnos a medir el espín del agujero negro”, afirma por su parte Juan Osorno, astrónomo del laboratorio LIRA del Observatorio de París-PSL (Francia) y coautor del estudio, citado en el comunicado.
Fuente: AFP.
Dejanos tu comentario
Sonda japonesa evaluó un asteroide en una prueba para proteger la Tierra
Una sonda espacial japonesa sobrevoló ayer domingo un asteroide cercano a la Tierra, en una misión de prueba destinada a desarrollar tecnologías que podrían ayudar a proteger el planeta de cuerpos rocosos peligrosos. La sonda Hayabusa2, de aproximadamente el tamaño de un refrigerador, debía pasar a 800 metros del asteroide Torifune, habían anunciado científicos de la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA).
El objetivo era evaluar si una nave de este tipo podría desviar un asteroide que representara una amenaza para la Tierra. En 2022, la NASA estrelló deliberadamente una nave contra el asteroide Dimorphos, de 160 metros de diámetro, logrando modificar su órbita. Hayabusa2, que se desplazaba a más de 18.000 km por hora, no estaba diseñada para chocar contra Torifune.
Los científicos buscaban comprobar si podían controlar con gran precisión la trayectoria de la sonda, algo que sería esencial para una eventual misión de desvío de asteroides. “A las 18:35 (9:35 GMT), Hayabusa2 realizó un sobrevuelo de Torifune y la nave funcionó con normalidad”, declaró a la AFP una portavoz de la JAXA, que pidió permanecer en el anonimato.
Imágenes difundidas en línea por la agencia espacial mostraron a los científicos aplaudiendo en la sala de control. Si se confirma que la nave pasó a menos de 800 metros de Torifune, la operación se convertirá en uno de los sobrevuelos más cercanos jamás realizados a un asteroide próximo a la Tierra.
Las cámaras de Hayabusa2 también debían recopilar datos sobre la superficie del asteroide, incluidas sus características geográficas, textura y temperatura, información considerada crucial para futuras misiones de defensa de la Tierra. La misión no responde a ninguna amenaza real e inmediata para la Tierra. Lanzada en 2014, Hayabusa2 ya había impresionado a la comunidad científica al aterrizar en el asteroide Ryugu, situado a unos 300 millones de kilómetros de nuestro planeta, y recoger muestras de su superficie.
Seis años después, la nave regresó a la Tierra con fragmentos del asteroide, que han permitido a los científicos obtener pistas sobre cómo era el sistema solar en sus orígenes. Tras la misión en Torifune, está previsto que la sonda intente en 2031 un “encuentro” con otro asteroide, denominado 1998 KY26, una maniobra que consiste en volar junto al objeto o incluso posarse sobre él para recopilar información detallada.
Fuente: AFP.