El cine suele desviar la mirada cuando el deseo madura. "Maspalomas", dirigida por José Mari Goenaga y Aitor Arregi, hace justo lo contrario: lo observa sin apartar la vista. No busca provocar ni emitir juicios, sino mostrar una realidad concreta y reconocible que rara vez ocupa el primer plano. La película se estrena en el Festival DIAM de Toulouse, en Francia, un certamen de cine queer que tendrá lugar del 30 de enero al 8 de febrero.
Toulouse es una ciudad que ellos apenas conocen, “Yo no la conozco”, responde Aitor Arregi cuando se le pregunta si ha estado antes en la ciudad. Su compañero Jose Mari Goenaga admite haber viajado hace unos años por el estreno de La trinchera infinita en Francia, y más recientemente con Maspalomas en un preestreno. Pero, más allá de los rodajes y los viajes, Toulouse sirve aquí como un punto de reflexión sobre la acogida del cine vasco en Francia y la relación de los directores con la creación cinematográfica.
“Fuimos al Museo de la Aviación de Toulouse porque estábamos rodando Cristóbal Balenciaga”, recuerda Arregi. “Pero no Maspalomas, sino la serie. Hicimos una noche en un hotel a las afueras. Yo no conozco la ciudad y tengo muchas ganas. Hemos ido bastante a Francia con nuestras películas, pero nunca había tenido la oportunidad de estar en Toulouse.”
Para Goenaga, Francia tiene un atractivo particular. “Son películas que se prestan al debate. Más allá de que la película se sostenga y proponga algo cinematográficamente interesante, creemos que invita a una reflexión que va más allá del visionado. Es un tipo de cine que procura que el espectador se lo lleve a casa, que piense, que reflexione, y creo que en Francia eso conecta muy bien.”
El interés francés por su cine no es casual. Arregi apunta a la combinación de un público curioso y un sistema de distribución comprometido: “La gran acogida también depende de tener un distribuidor que vea sentido a estrenar tus películas en Francia. Hemos tenido la suerte de contar con Epicentre, una distribuidora que ha apostado por nuestras pelis. Nuestras películas, unas más que otras, tienen una vertiente política —por ejemplo Marco— y eso genera mucho interés en los coloquios. Con Maspalomas pasa algo parecido: tiene una vertiente política quizá más disfrazada. Todo es político, o casi todo, pero aquí se habla de una problemática desconocida para la mayoría de la sociedad, y eso genera interés.”
Cuando se le pregunta sobre la influencia del cine francés, Goenaga señala que no se fijan en cinematografías concretas, pero reconoce referencias claras: “En el caso de Maspalomas, películas como El desconocido del lago, Sauvage o Theo y Hugo estuvieron muy presentes, sobre todo para afrontar ciertas partes de la película.” Arregi amplía: “No solo el cine francés, sino el ecosistema del cine francés, nos impacta mucho. Las políticas de apoyo, el cine de arte y ensayo, las ayudas para jóvenes espectadores… es como otro planeta que está al lado, y demuestra que se pueden hacer las cosas bien.”
Sobre las expectativas que genera Maspalomas, ambos directores reconocen que la presión se ha ido diluyendo con los años. “Hace diez años vivíamos más pendientes de ‘¿y ahora qué hacemos después de Loreak?’ Hoy es más: al que le gusta, le gusta, y al que no, no”, asegura Goenaga. Arregi destaca un dato curioso sobre la recepción francesa: “En Francia sí hemos notado que en algunos pases, sobre todo fuera de entornos urbanos, el arranque se le hace duro a cierta parte del público. Me ha sorprendido, porque pensaba que el público francés estaba más acostumbrado a ver cosas fuertes. Aun así, según la distribuidora, es la película nuestra que más interés ha despertado en festivales, y va a seguir viajando hasta su estreno.”
El cine de Arregi y Goenaga siempre coloca al espectador en el centro. “Hemos puesto en el centro a un personaje que normalmente no suele estarlo en las películas. Si el espectador empatiza con él y comprende cosas que quizá nunca se había planteado, para mí eso ya es un regalo”, explica Arregi. Y añade: “Si como creadores conseguimos girar una llave en el cerebro y otra en el corazón del espectador, y que no salga igual que entró, aunque sea para darle una vuelta, ya es mucho.”
Con Maspalomas, la intención no es solo mostrar un cuerpo envejecido o el deseo en sus formas más crudas; es también provocar debate y reflexión. Goenaga lo resume así: “Me gustaría que salieran con la sensación de haber compartido un viaje emocional con el protagonista, Vicente. Hay gente que nos dice que se emociona mucho, no por un momento concreto, sino por acumulación, y que al final del viaje algo les remueve. Eso es muy bonito.”
Y aunque su trabajo reciente ha sido intenso —Cristóbal Balenciaga, Marco, Maspalomas—, ambos ya piensan en lo que viene. Arregi adelanta: “Hay un proyecto que tiene muy buena pinta: una serie con elementos de thriller y comedia, que habla de temas muy particulares. Si todo va bien, rodaremos a finales de este año.” Goenaga añade: “Además, hay un proyecto de largometraje; Aitor está escribiendo un guion y veremos si sale adelante. Nuestros tres últimos trabajos han ido muy seguidos, así que ahora hemos tenido un pequeño parón, pero si empezamos a rodar a finales de año tampoco será muy largo.”
La conversación con Arregi y Goenaga deja entrever lo que ya se vislumbra en Maspalomas: un cine que observa sin juzgar, que interpela sin sermonear y que encuentra en la política del cuerpo, la ética de la mirada y el diálogo con el público su razón de ser. Toulouse, aunque todavía desconocida para Arregi, se convierte así en un espacio de reflexión y encuentro, donde la mirada del cine vasco sigue encontrando resonancia internacional.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.