Luego de 20 años de haber protagonizado una escandalosa pelea, la cantante, presentadora de televisión, actriz y modelo brasileña Maria da Graça Xuxa Meneghel, más conocida como Xuxa, “la reina de los bajitos”, de 59 años; y su exmanager Marlene Mattos, de 72 años se volvieron a reunir en el marco del registro de una producción biográfica, evento que la artista calificó como un reencuentro “difícil” desde 2002, de acuerdo a lo reportado por Globo Show, este miércoles pasado.
Mattos era su manager, directora de sus programas, amiga y también su mano derecha, quien se encargaba de guiarla en sus negocios. Tal era la era la confianza que en ella que la estrella de TV tenía, en una entrevista a la revista Caras, declaró: “Nunca supe lo que ganaba ni lo mucho que generaban mis shows. He sido tan inocente que me han robado mucho”.
Esto, además de haberla convertido en madrina de su hija Sasha (hoy de 24 años), fruto de su relación con el actor de telenovelas y modelo Luciano Szafir; relacionamiento que había terminado por completo en el año 2002. Por lo que Marlene había manifestado al respecto, en aquel momento: “No fue una decisión intempestiva ni una pelea entre comadres”; mientras que Xuxa aseguraba: “Siempre la respeté, nunca dejaré de respetarla. Ella tiene otros planes y yo preciso trabajar para los niños. Tengo un cariño enorme por ella”.
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Al pasar el tiempo, la comunicadora brasileña destacó: “He trabajado en la Argentina, en los Estados Unidos, en España y, luego de un tiempo muy corto, con lo único que me encontré fue con deudas. Nunca supe cuánto gané en la Argentina. Nunca supe lo que el canal me pagaba y yo jamás pregunté. Todo lo manejaba Marlene, yo no tenía ni una cuenta corriente”.
“Nunca hice nada por ganar más dinero porque jamás me interesó. Lamentablemente aprendí a desconfiar de las personas. Ahora ya no pongo toda mi confianza en una sola persona porque hasta el abogado que tenía en su momento me robó”, comentó Xuxa. “Me sentí usada, abusada… Yo a Marlene la quería mucho, la amaba y yo ponía mi amor y mi respeto hacia ella delante de cualquier cosa”.
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“No soy de mirar para atrás”
Cabe destacar que la reunión entre la reina de los bajitos y su examiga se dio ante las cámaras, ya que forma parte de una biopic de Xuxa producida por Globoplay. Una iniciativa que nació luego de la cuarentena estricta por la pandemia de COVID-19, como idea de la misma protagonista.
Por lo que dijo: “Un documental tiene que ser interesante no solo para mí, sino para todos y contar toda mi historia. Ella es parte de mi historia”. La artista agregó: “La verdad, no soy de mirar para atrás. Siempre olvido esta ‘historia de logros y sucesos”.
“Si pienso en eso todo el tiempo, mi ego me puede devorar. Cuando miro el pasado, veo cosas increíbles y algunas truncadas: gente que me engañó, me usó, me robó y, a veces, profundizar ahí duele. El documental tiene sus altibajos. Pero si hubiera que definirlo con una palabra: emocionante sería la adecuada”, puntualizó.
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Juliette Binoche reflexiona en Tesalónica sobre su debut como directora
- Por David Sánchez, desde Tesalónica (Grecia), X: @tegustamuchoelc (*).
La actriz francesa Juliette Binoche participó en una conversación abierta con el público el 12 de marzo de 2026 en el marco del 28.º Thessaloniki International Documentary Festival (TiDF), celebrado en la ciudad de Thessaloniki. El encuentro tuvo lugar en el John Cassavetes Theater, con motivo del estreno griego de su primer trabajo como directora, “In‑I in Motion”.
La charla, titulada “In front of and behind the camera. My directorial debut in documentary filmmaking”, fue moderada por el responsable de programación del festival, Yorgos Krassakopoulos. Ante una sala llena, Krassakopoulos dio la bienvenida a la actriz destacando la sinceridad que atraviesa su primera incursión en el documental: una obra que, según señaló, transmite “una verdad y una autenticidad que reflejan plenamente su temperamento artístico”.
El arte como camino hacia el autoconocimiento
Durante la conversación, Binoche habló del proceso interior que acompaña a la actuación y de cómo el arte se convierte para ella en una forma de exploración personal.
“Como actor estás llamado cada día a ser honesto, no solo contigo mismo sino con toda la humanidad”, explicó. Para la intérprete, el trabajo actoral implica enfrentarse a los propios miedos y a las zonas más oscuras del subconsciente, un proceso que considera profundamente transformador.
La actriz también reflexionó sobre la dimensión emocional del trabajo creativo. Según afirmó, conectar con las emociones es el origen de toda forma de arte, aunque eso implique renunciar al control. “En un mundo que a menudo parece aterrador, lo que necesitamos es creatividad”, subrayó.
Un paso natural hacia la dirección
Binoche reveló que llevaba años imaginando la posibilidad de dirigir. El proyecto se concretó cuando productores la animaron a llevar a cabo la idea.
“Siempre soñé con dirigir algún día, impulsada por la necesidad de seguir creciendo”, afirmó. Aunque reconoció que el proceso era en gran parte desconocido para ella, decidió aceptar el reto y explorar nuevas formas de creación.
In-I in Motion documenta precisamente ese viaje creativo, en el que la actriz se enfrenta a la incertidumbre, al miedo y a sus propias limitaciones. Para Binoche, aceptar esas emociones forma parte esencial del proceso: “Nunca puedes librarte completamente del miedo, pero puedes aceptarlo, y cuando lo haces, te transforma”.
El reto del montaje y la búsqueda de autenticidad
Uno de los aspectos más complejos de la realización del documental fue el montaje. La actriz explicó que el proceso implicó tomar decisiones difíciles, incluso eliminar escenas que le gustaban, para mantener la coherencia narrativa de la película.
En el documental, Binoche aparece tanto delante como detrás de la cámara. Gran parte del material fue filmado por su hermana, cuya experiencia permitió capturar momentos íntimos del proceso creativo. Sin embargo, fue en la sala de montaje donde la directora tomó las decisiones finales para preservar la autenticidad del relato.
“Hubo una escena que mi montador había construido de forma muy hermosa, pero no reflejaba la realidad. Por eso insistí en no incluirla”, explicó, subrayando que la búsqueda de la verdad es central en su forma de entender el arte.
La fuerza del cine europeo
Durante el encuentro también participó el director artístico del festival, Orestis Andreadakis, junto con la directora general del certamen, Elise Jalladeau.
En su intervención final, Binoche —actual presidenta de la European Film Academy— destacó la riqueza del cine europeo y la importancia de su diversidad cultural.
“Nuestras diferencias son nuestra fuerza. Son lo que nos une”, afirmó.
La actriz aprovechó además la ocasión para rendir homenaje al recientemente fallecido documentalista Frederick Wiseman, a quien describió como uno de los grandes referentes del género. “Los documentalistas son verdaderos guerreros. Luchan por sobrevivir y por mostrar la verdad del mundo”, concluyó.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Crítica: “Escarcha sin nieve ni hielo” en festival de Tesalónica
- Por David Sánchez, desde Tesalónica (Grecia), X: @tegustamuchoelc (*).
En la programación del Festival Internacional de Documentales de Tesalónica (TiDF) se ha colado este año una de esas películas que recuerdan por qué el cine documental sigue siendo una de las formas más poderosas de mirar el mundo. “Frost uten snø og is” (2026), dirigida por el fotógrafo y cineasta noruego Asgeir Helgestad, es un trabajo que habla de maternidad, naturaleza y pérdida sin caer en el sentimentalismo fácil. Y lo hace con algo cada vez más raro en el cine contemporáneo: paciencia.
Una década esperando el plano
Durante más de una década, Helgestad filmó en el archipiélago ártico de Svalbard, uno de los lugares del planeta donde el calentamiento global avanza con mayor velocidad. Allí conoció a Frost, una osa polar que intenta sacar adelante a sus crías en un ecosistema cada vez más frágil. Lo que en otros documentales sería una narración didáctica sobre el deshielo se convierte aquí en algo más íntimo: la historia de una madre que lucha contra un mundo que cambia demasiado rápido.
La película abre con una decisión narrativa sorprendente. Desde el principio sabemos que los hijos de Frost murieron. No hay suspense artificial ni manipulación emocional. Esa revelación temprana elimina cualquier tentación de convertir la historia en un melodrama animalista. Lo que queda es otra cosa: un retrato sereno, casi elegíaco, de la maternidad en un paisaje que se desmorona.
La maternidad sin sentimentalismo
Helgestad no intenta humanizar en exceso a su protagonista. Frost no habla, no tiene voz en off imaginaria, no se convierte en un personaje de ficción. Y, sin embargo, pocas veces el cine ha transmitido con tanta claridad la idea de cuidado, esfuerzo y vulnerabilidad.
La maternidad aparece aquí como un acto físico: caminar kilómetros sobre hielo cada vez más inestable, proteger a las crías de otros osos, buscar alimento en un entorno que ya no funciona como antes.
El tiempo como herramienta cinematográfica
Uno de los mayores logros del documental es el tiempo que hay detrás de cada plano. En una época dominada por la inmediatez y por la estética del algoritmo, Helgestad trabaja con la lógica contraria: esperar.
Esperar horas para que un oso levante la cabeza. Esperar días para un encuentro improbable. Esperar semanas para unos segundos de comportamiento que nadie había filmado antes.
Ese tiempo acumulado se percibe en cada imagen. No hay sensación de artificio, truco visual o naturaleza convertida en espectáculo digital. De hecho, uno de los pequeños milagros de la película es recordar algo obvio: ni siquiera la inteligencia artificial podría fabricar la belleza que aparece aquí.
La belleza del Ártico
Hay un momento especialmente revelador. Los osos polares caminan al amanecer y el aire helado se vuelve visible en su respiración. El vapor sale de sus bocas mientras el sol bajo del Ártico ilumina sus cuerpos blancos. La luz parece atravesarlos.
No es una imagen espectacular en el sentido grandilocuente; es algo más simple y, por eso mismo, más poderoso. Durante unos segundos el cine vuelve a ser lo que siempre fue: mirar.
Una carta a Frost
El film también se permite momentos inesperados de intimidad. En un gesto que podría haber resultado cursi, Helgestad escribe una carta a Frost. En otro contexto sería un recurso demasiado sentimental, pero aquí funciona porque el propio director establece límites desde el principio.
Él sabe que está proyectando emociones humanas sobre un animal. Y lo reconoce.
Ese equilibrio entre cercanía y distancia es lo que mantiene la película lejos del “cheesy” que suele contaminar el cine ambiental. Helgestad ama a su protagonista, pero no intenta convertirla en símbolo perfecto ni metáfora universal. Frost sigue siendo una osa polar, un animal salvaje que vive en un entorno brutal.
Humanos y osos: un choque inevitable
La película tampoco evita mostrar el conflicto entre humanos y osos polares. Hay encuentros tensos, momentos en los que la presencia humana altera el comportamiento de los animales. El Ártico aparece así como un espacio donde dos mundos chocan constantemente: el de la vida salvaje y el de la expansión humana.
Ese choque está, inevitablemente, ligado al cambio climático. Pero el documental es inteligente al no convertir el mensaje en un discurso didáctico permanente. El calentamiento global no aparece como una lección de geografía, sino como una transformación visible en el paisaje: hielo que desaparece, rutas de caza que ya no funcionan, estaciones que cambian.
En lugar de subrayar cada dato, Helgestad deja que el espectador vea las consecuencias. El resultado es mucho más efectivo que cualquier gráfico o narración explicativa.
Un documental que recuerda qué es el cine
Si hay algo que distingue a Frost uten snø og is de muchos documentales contemporáneos es su confianza en la imagen. En los últimos años los festivales se han llenado de películas que dependen excesivamente de archivos personales, recuerdos familiares o material doméstico para sostener narrativas de noventa minutos.
A menudo son trabajos que funcionan mejor como ensayo íntimo que como experiencia cinematográfica. Aquí sucede lo contrario. Este es un documental que entiende que el cine de naturaleza puede —y debe— ser espectacular. No en el sentido superficial de lo espectacular, sino en el sentido literal: algo que merece ser visto.
Una película que hay que ver en cine
Por eso mismo, ver esta película en una pantalla grande no es una opción secundaria. Es prácticamente obligatorio. La escala del paisaje, la textura del hielo, la luz ártica sobre los cuerpos de los osos… todo adquiere otra dimensión en una sala de cine.
El camino de Asgeir Helgestad
El propio recorrido de Asgeir Helgestad ayuda a entender esta aproximación visual. Antes de dedicarse al largometraje documental, trabajó durante años como fotógrafo de naturaleza y realizador de series para televisión, incluyendo proyectos vinculados a la radiotelevisión noruega.
En trabajos anteriores ya exploraba la relación entre animales salvajes y cambios ambientales, pero nunca con la intimidad ni la duración temporal que alcanza aquí.
Su experiencia como fotógrafo se nota en la composición de cada plano. Hay una atención obsesiva a la luz, la textura de la nieve y la distancia entre cámara y animal. Pero lo realmente impresionante no es la estética, sino la perseverancia que la hace posible.
Diez años filmando a un mismo animal no es una decisión técnica; es casi una forma de vida.
Empatía antes de que sea tarde
Esa dedicación se siente en la película como una acumulación silenciosa de tiempo, frío y espera. Y quizá por eso el documental termina funcionando también como un retrato indirecto del propio director: alguien que decidió quedarse lo suficiente para mirar de verdad.
Al final, Frost uten snø og is no intenta ofrecer soluciones ni discursos tranquilizadores. Lo que propone es algo más simple y, en cierto modo, más incómodo: empatía.
Empatía con un animal que vive en un mundo que se derrite. Empatía con un ecosistema que cambia demasiado rápido. Y, sobre todo, empatía con la idea de que la naturaleza no es un decorado remoto, sino un sistema del que seguimos formando parte.
Entre la belleza de sus imágenes, la honestidad de su mirada y la paciencia que sostiene cada plano, la película consigue algo que muchos documentales olvidan: recordarnos que el cine de naturaleza puede ser, cuando se hace con verdadera dedicación, una experiencia casi física. Una de esas que justifican sentarse en una sala oscura y mirar.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Rusia acusó al documental ganador del Óscar de filmar niños sin consentimiento
El comité de derechos humanos de Rusia, un órgano del gobierno, acusó el miércoles al equipo del documental “Mr Nobody contra Putin”, ganador de un Óscar, de haber utilizado sin consentimiento imágenes de menores, en la primera reacción oficial a esta película que denuncia el adoctrinamiento de alumnos en Rusia.
Pavel Talankin, un profesor y videógrafo de una escuela de la pequeña ciudad de Karabaj, en los Urales, filmó el adoctrinamiento cada vez más intenso de los alumnos tras el inicio de la ofensiva rusa en Ucrania el 24 de febrero de 2022. Opuesto a esta guerra, Talankin huyó del país en 2024 con los vídeos.
Las imágenes dieron origen a esta película de 90 minutos, codirigida por Talankin y el director estadounidense David Borenstein, que recibió el premio al mejor documental en los Óscar. El Consejo Presidencial de Rusia para los Derechos Humanos, un órgano consultivo, indicó el miércoles en Telegram haber escrito al comité organizador de los Óscar y al director general de la Unesco para pedir a la Academia estadounidense que “examine si esta obra se ajusta a las normas éticas y jurídicas aplicadas por la Academia al conceder sus premios”.
Según el consejo, “el uso de imágenes de menores se llevó a cabo sin obtener el consentimiento de los padres u otros representantes legales de los niños, y sin tener en cuenta el carácter limitado del uso de este tipo de material, registrado inicialmente en un entorno educativo”. Hasta ahora el Kremlin ha evitado pronunciarse sobre el documental. “No he visto esta película”, dijo el lunes el portavoz de Vladimir Putin, Dmitri Peskov.
Fuente: AFP.
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“Mr Nobody”, el camarógrafo de una escuela rusa da el salto a Hollywood
Hace dos años era camarógrafo en una escuela de un pequeño pueblo ruso, donde filmaba clases patrióticas y ejercicios matutinos tras la invasión de Ucrania por parte de Moscú. Pero, este fin de semana, Pavel “Pasha” Talankin llegará a la noche más importante de Hollywood como codirector de un documental nominado al Óscar y que expone la propaganda y el adoctrinamiento de niños en las escuelas rusas.
Tales giros vertiginosos del destino deberían ser “ilegales”, bromeó Talankin en una entrevista con AFP desde Los Ángeles. “Si me hubieran dicho hace dos años que las cosas serían así, me habría reído en su cara”, dijo este hombre, quien anteriormente trabajaba en una escuela secundaria en la ciudad industrial de Karabash, en los Urales.
“Es irreal, cosas así simplemente no pasan”, enfatizó. “Mr Nobody Against Putin”, nominado en la categoría de Mejor Largometraje Documental, se basa en horas de material que Talankin sacó clandestinamente de Rusia después de asociarse con el cineasta estadounidense David Borenstein.
Tras la invasión de Ucrania en febrero de 2022, Rusia prohibió toda crítica al ejército, y cooperar con extranjeros podía llevar a cargos por traición. Talankin huyó del país en 2024 con los discos duros que contenían lo que se convertiría en un documental de 90 minutos, dejando atrás a su madre y hermanos.
Mezclándose con las estrellas
La película ganó el mes pasado un premio BAFTA en Londres al mejor documental, una de las últimas grandes ceremonias antes de los Óscar. Monica Bellucci anunció el título ganador, mientras el príncipe Guillermo lo observaba desde la primera fila. Talankin, quien cumplió 35 años el miércoles, lucía radiante con su corbata de moño. “Me gustó cómo me veía con ella. De alguna manera sentí que pertenecía a ese lugar con ellos”, dijo entre risas.
Aunque lamentó no haber tenido la oportunidad de hablar con el futuro rey británico, tuvo en cambio muchas ocasiones de codearse con la realeza de Hollywood durante los tradicionales eventos previos a los Óscar. El almuerzo de nominados a los Premios de la Academia del mes pasado y la “foto de clase”, donde Talankin aparece en el centro junto a Benicio Del Toro, le resultaron impactantes.
“Salí a fumar. Y caminando hacia mí venía Leonardo DiCaprio. Me quedé un poco atónito, porque nunca en mi vida imaginé un escenario en el que iría a la sala de fumadores y DiCaprio vendría directo hacia mí”, confesó. Pero aparte de almuerzos con celebridades y selfies con figuras como Timothée Chalamet, la vida continúa como siempre, según Talankin, que aprende inglés mientras viaja entre Estados Unidos y Europa para promocionar la película.
“Es agradable que la gente vea la película, asista a proyecciones y haga preguntas. Pero no diría que mi notoriedad ascendió”, admitió. Sin embargo, aunque intenta no mostrarlo, su vida es una montaña rusa emocional. Mientras el documental recibe críticas positivas en Occidente, la propaganda rusa lanzó una campaña de desprestigio contra él.
“Ha habido muchísima presión sobre él”, recalcó Radovan Sibrt, uno de los productores de la película. “Pero ‘Pasha’ parece estar manejándolo bien. Con facilidad y nobleza”, añadió. También afirmó que la voz de Talankin se está volviendo “cada vez más fuerte”. La película resulta polarizante incluso entre los rusos contrarios al Kremlin.
Algunos critican su estilo crudo y poco pulido, mientras que otros argumentan que los niños fueron filmados sin el consentimiento de sus padres. “A veces filmar de esta manera es la única forma de obtener información. Especialmente en un país como Rusia, donde absolutamente todo está cerrado”, explicó Talankin.
Niebla de engaño
Sus partidarios dicen que la película sirve como un poderoso espejo de la sociedad rusa. Para los rusos, “es un documento crucial de nuestra época, que nos obliga a observar de cerca lo que está ocurriendo con el país, su gente y la generación joven”, afirmó Leonid Parfenov, uno de los periodistas y documentalistas más conocidos de Rusia.
El destacado director de documentales Vitaly Mansky indicó que, al usar un lenguaje sencillo, la película de Talankin deja al descubierto la intensidad de la propaganda. “Demuestra a nivel básico -y no con ayuda de politólogos o expertos- cómo se fabrica toda esta niebla de engaño”, detalló. Talankin admitió que a veces siente nostalgia por su antiguo trabajo y que todavía ve la escuela de Karabash en sus sueños.
No sabe qué hará después, pero espera que el éxito de la película genere nuevos proyectos. El productor Radovan Sibrt comentó que una obra de teatro y un libro podrían estar en preparación. “Ya están surgiendo opciones”, aunque dependerá de Talankin elegir, afirmó. “Podría volver a sorprendernos”, subrayó.
Fuente: AFP.