El anuncio de Horacio Cartes respecto a la candidatura de Juan Carlos Baruja a la Vicepresidencia no debe analizarse solamente como la promoción de un nombre. Es una jugada política que obliga a todos los actores del oficialismo colorado a posicionarse y que, dependiendo de cómo termine resolviéndose, puede tener consecuencias mucho más profundas de cara al 2028.
Porque detrás de la discusión sobre quién acompañará una eventual chapa presidencial está planteándose otra cuestión: ¿Honor Colorado llegará unido a las próximas elecciones generales o comenzará mucho antes una disputa interna por el poder?
A partir de ahora aparecen, por lo menos, cuatro escenarios.
El primero es el de la unidad.
Gobernadores, diputados, senadores, dirigentes y referentes territoriales terminan acompañando la candidatura de Alliana-Baruja y aceptando la línea marcada por el presidente del Partido Colorado y líder de Honor Colorado.
En ese escenario, las diferencias que puedan existir dentro del oficialismo quedan subordinadas a un objetivo superior: conservar la unidad del movimiento y, posteriormente, del Partido Colorado.
Una de las principales fortalezas electorales de la ANR históricamente ha sido su capacidad para competir ferozmente hacia adentro y por eso, si todos terminan subiéndose a la misma chapa, Cartes habrá conseguido ordenar anticipadamente una parte importante del tablero del 2028.
Pero existe un segundo escenario: el quiebre.
El denominado “peñismo” podría decidir construir una alternativa propia. El Consejo de Gobernadores, acompañado eventualmente por diputados y otros dirigentes, podría impulsar otro candidato presidencial.
En ese momento ya no estaríamos hablando de diferencias o matices dentro de Honor Colorado. Estaríamos frente a una disputa abierta por espacios de poder y conducción.
Cuando una estructura política comienza a dividirse desde arriba, la pelea rápidamente baja hacia gobernaciones, diputaciones, senadurías, intendencias y dirigencias de base. Cada sector empieza a construir su propio equipo y la lógica electoral termina imponiéndose sobre la lógica de gobierno.
Ahí aparece el tercer escenario y probablemente la pregunta política más importante: ¿qué hará Pedro Alliana? Alliana viene construyendo su proyecto presidencial, pero una eventual división del oficialismo necesariamente modificaría las condiciones de esa candidatura.
El vicepresidente deberá evaluar si mantiene su proyecto presidencial dentro de un movimiento dividido o si redefine su futuro político.
Algunos ya mencionan una eventual candidatura suya al Senado.
Si una hipótesis semejante llegara a materializarse, el problema para el cartismo sería todavía mayor: tendría que encontrar un nuevo candidato presidencial con capacidad para aglutinar al movimiento, construir consenso dentro del Partido Colorado y enfrentar posteriormente unas elecciones generales. Y entonces aparece el cuarto escenario, que muchas veces se pierde de vista cuando toda la atención está concentrada en las internas coloradas: la oposición.
Mientras el oficialismo discute nombres, espacios y candidaturas, sectores opositores trabajan con la idea de intentar llegar unidos al 2028.
Por eso, los escenarios de fractura dentro del Partido Colorado serían ampliamente favorables para la oposición. Una oposición unificada enfrentando a un Partido Colorado dividido representa una ecuación electoral completamente diferente.
La ANR puede tener estructura, historia, presencia territorial y una enorme capacidad de movilización, pero ninguna maquinaria política es invulnerable cuando una parte de ella trabaja contra la otra.
Por eso considero que, de los escenarios planteados, el primero es el que ofrece mayores posibilidades al Partido Colorado de conservar el poder en 2028. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.