Aunque muchas personas normalizan síntomas como dolor abdominal, diarrea o sangrado, los especialistas advierten que consultar a tiempo y cumplir con el tratamiento resulta fundamental para controlar una enfermedad que afecta cada vez con mayor frecuencia a pacientes jóvenes y adultos.
Dolor abdominal persistente, diarrea, sangrado rectal y fiebre son algunas de las señales que pueden advertir sobre la presencia de una enfermedad inflamatoria intestinal (EII), un trastorno crónico que, si no se diagnostica y trata oportunamente, puede deteriorar significativamente la calidad de vida. Debido a que estos síntomas suelen confundirse con otros problemas digestivos, los especialistas insisten en la importancia de consultar de manera temprana.
La enfermedad inflamatoria intestinal comprende principalmente dos patologías: la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa. Ambas son enfermedades autoinmunes en las que el sistema inmunológico deja de reconocer correctamente los tejidos del propio organismo y desencadena un proceso inflamatorio persistente o recurrente en el aparato digestivo.
El gastroenterólogo Gabriel González explicó que este mecanismo ocurre cuando el organismo identifica como extraños tejidos que en realidad son propios. “Nuestro sistema inmunológico, en vez de protegernos de agentes extraños al cuerpo, empieza a reconocer como que algo dentro de nuestro cuerpo no le pertenece. Identifica algo propio como si fuera un extraño y lo empieza a atacar”, señaló.
El especialista detalló que la colitis ulcerosa compromete únicamente el colon, mientras que la enfermedad de Crohn puede afectar cualquier parte del tubo digestivo, desde la boca hasta el ano, lo que explica la amplia variedad de manifestaciones clínicas que pueden presentar los pacientes.
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Clave para evitar complicaciones
Aunque las causas de estas enfermedades aún no se conocen con precisión, el diagnóstico se realiza mediante la evaluación integral del paciente. Para ello se consideran los síntomas, los antecedentes clínicos, el examen físico, estudios de laboratorio, endoscopías, colonoscopías y biopsias, según cada caso.
Los especialistas destacan que un diagnóstico temprano permite iniciar el tratamiento más adecuado, que puede incluir medicación, cambios en la alimentación y otras medidas terapéuticas orientadas a controlar la inflamación y prevenir complicaciones a largo plazo.
Más allá del control de los síntomas
En los últimos años, el manejo de la enfermedad ha experimentado importantes avances gracias a la incorporación de terapias innovadoras. Actualmente, el objetivo ya no se limita únicamente a aliviar los síntomas o alcanzar la remisión clínica, sino también a lograr la cicatrización de la mucosa intestinal, un factor que mejora el pronóstico y contribuye a una mejor calidad de vida.
El seguimiento permanente con un gastroenterólogo también resulta determinante para evaluar la evolución del paciente y ajustar el tratamiento cuando sea necesario.
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Datos de un estudio desarrollado por el Departamento de Gastroenterología del Hospital de Clínicas, que analizó pacientes atendidos entre 2019 y 2021, revelan que la edad promedio de diagnóstico es de 38 años y que la colitis ulcerosa representa el 81 % de los casos registrados.
La investigación también identificó que los síntomas más frecuentes fueron la diarrea, el sangrado rectal y el dolor abdominal. Además, evidenció que uno de cada dos pacientes sufrió recaídas, principalmente por el abandono del tratamiento, una situación que pone de manifiesto la importancia de mantener la adherencia terapéutica.
Tratamiento, un desafío
González advirtió que uno de los principales obstáculos para los pacientes en Paraguay continúa siendo el alto costo de los medicamentos, especialmente de las terapias más modernas.
Según explicó, muchas personas solo pueden acceder a estos tratamientos mediante la cobertura del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social o del Instituto de Previsión Social (IPS), mientras que otras deben recurrir incluso a recursos de amparo para obtenerlos. A ello se suma que la provisión de los medicamentos no siempre es continua, lo que puede provocar interrupciones del tratamiento y favorecer nuevas recaídas.
Los especialistas coinciden en que no normalizar los síntomas y consultar oportunamente constituye la mejor estrategia para controlar la enfermedad. Un diagnóstico precoz, acompañado de un tratamiento adecuado y sostenido, permite reducir el riesgo de complicaciones y ofrece a los pacientes mayores posibilidades de mantener una buena calidad de vida.

