Vermont es conocido por ser el hogar del senador demócrata Bernie Sanders, la cuna del jarabe de arce y del helado Ben & Jerry’s. Pero ahora también puede jactarse de ser el estado de Estados Unidos con más personas vacunadas contra el COVID-19.

Con sus granjas rojas de madera y carteles en la carretera que alertan a los conductores sobre los alces, el segundo estado menos poblado del país se convirtió recientemente en el primero en vacunar con al menos una dosis al 80% de sus residentes elegibles.

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“Eso nos torna probablemente en el lugar más seguro en el país y quizás en el mundo”, dijo el comisionado de salud Mark Levine, que en su despacho tiene un muñequito del principal asesor estadounidense para la pandemia, Anthony Fauci.

Este estado rural del noreste del país ha inoculado con al menos una dosis de la vacuna al 82% de sus residentes de más de 12 años, bastante por encima de la tasa nacional, el 64%. Su tasa de vacunación más que duplica la del estado que tiene la tasa más baja, Misisipi (sur).

Funcionarios y residentes creen que el éxito de Vermont se debe a los numerosos sitios de vacunación que fueron instalados, a la confianza en los líderes locales y en la ciencia y al fuerte sentido de responsabilidad de los residentes hacia su comunidad.

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“Los habitantes de Vermont priorizan su salud, lo cual es un buen punto de partida”, dijo a la AFP Levine en las oficinas del departamento de Salud local en Burlington, a orillas del lago Champlain, que separa Vermont de Canadá.

“Y encima de eso, los habitantes de Vermont cooperan y cumplen”, añadió, citando una tradición de reuniones ciudadanas y “compromiso cívico” a través de la región conocida como Nueva Inglaterra, que incluye los estados de Maine y Massachusetts, donde las tasas de vacunación también son altas.

Vermont, cuya población es blanca en un 94% y que tiene uno de los mayores niveles de educación en Estados Unidos, solo ha registrado 250 muertes por el coronavirus. En todo Estados Unidos más de 605.000 personas han muerto debido a la pandemia.

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El gobernador, Phil Scott, un republicano moderado, levantó las últimas restricciones impuestas debido al virus cuando Vermont alcanzó el umbral de 80% el mes pasado, tras eliminar la obligatoriedad del uso de máscara en mayo. Evan David Warner, un músico que toca en la calle Church de Burlington, concuerda en que la población de apenas 640.000 habitantes del estado fue clave para el rápido regreso a la normalidad.

“Los habitantes de Vermont creen que todos tenemos la responsabilidad de mantenernos seguros unos a otros. Es un código moral y social”, dijo a la AFP el guitarrista de 23 años entre un par de canciones. La población dispersa de Vermont y el territorio montañoso, popular entre los practicantes de senderismo en verano y de esquiadores en invierno, plantearon a los vacunadores el reto de llegar a todos.

Cuando las vacunaciones se desaceleraron en las clínicas tradicionales, se instalaron sitios de vacunación temporarios en granjas, parques nacionales y hasta pistas de carreras de automóviles para llegar a la población en áreas rurales, incluidos trabajadores agrícolas inmigrantes.

“Conveniencia”

“Nos dimos cuenta de que teníamos que ir a ellos”, explicó la enfermera Ellen Monger mientras aguardaba a pacientes en una feria de frutas y verduras en Northfield, un pueblo de 6.000 habitantes. “A veces eso implica viajar por caminos de tierra en la mitad de la nada e ir a la casa de alguien, cuando esa persona no puede salir”.

“Literalmente he ido a sitios que pensé que nunca iría como enfermera”, añadió mientras los residentes locales compraban té orgánico, encurtidos y fresas frescas. A 24 km de allí, en Websterville, soldados de la Guardia Nacional administran la vacuna Johnson&Johnson de una sola dosis en la fábrica de productos lácteos Vermont Creamery.

La empresa pidió ayuda a los soldados para mejorar la tasa de vacunación de su personal, que oscilaba en torno al 55%. “Estamos tratando de eliminar todas las barreras” a la vacunación, explicó la directora de marketing, Kate Paine. Destacó que, como incentivo, la empresa ofrece tacos gratis.

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La jornada de trabajo, hogares en lugares remotos y responsabilidades en el cuidado de los niños han impedido a algunos empleados encontrar tiempo para inmunizarse. “Fue la facilidad de la conveniencia”, dijo el supervisor de quesos Jason Stride, de 30 años, al explicar por qué se vacunó en su puesto de trabajo.

En Burlington, la mayor ciudad de Vermont, la alta tasa de vacunación es un alivio para residentes y dueños de comercios. “Es genial ver rostros normales y sonrientes otra vez”, dijo Aida Arms, empleada de una tienda de ropa. “También hay un impulso económico que viene con una mayor tasa de vacunación”, añadió esta joven de 21 años.

Vermont no ha ofrecido grandes incentivos para vacunarse, destaca el comisionado de Salud Levine. No hubo billetes de lotería como en otros estados, apenas un helado cremoso conocido localmente como “creamees” de vez en cuando. Levine cree que quienes no se han vacunado aún no lo hacen por “apatía” más que por dudas sobre los efectos de la vacuna. Pero está determinado a vacunar a todos, especialmente debido a la ansiedad que generan las mutaciones del virus como la variante delta. “Perseverancia: otro buen valor de Nueva Inglaterra”, afirmó.

Fuente: AFP.

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