El próximo martes, la artista Jazmín del Paraguay lanzará la canción denominada “Ñemboki”, segundo adelanto de su próximo disco llamado “Bailemos polka”. La música fue compuesta por la joven pedrojuanina en coautoría con su padre, Óscar Sanabria.
En tanto que el videoclip dirigido por “Humbertiko” se estrenará también este 24 de mayo a las 20:00 por el canal oficial de YouTube de la artista como en todas las plataformas digitales. “Ñemboki” mantiene la esencia de nuestra música, con sonidos festivos, que son el fondo para una lírica que se compone por el “japurahéi jajeroky”.
Además de contar con la colaboración de destacados artistas nacionales como el baterista Luis Chaparro, la Banda de la Policía Nacional bajo la dirección del maestro Óscar Barreto, Óscar Sanabria en acordeón, guitarras y bajo eléctrico, también cuenta en la producción musical con el destacado Sergio Cuquejo.
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La historia de la canción se desarrolla en el espíritu festivo del San Juan, Jazmín nos cuenta que nació la inspiración en un viaje con su padre camino a Pedro Juan, ella quería una canción que suene en las fiestas de San Juan y al señor Óscar, rápidamente se le vino la idea del ñemboki, que significa coqueteo.
Por su parte el padre y productor acompaña la carrera de Jazmín desde sus inicios. Señaló que planean sacar más canciones en el transcurso del año. “El desafío sigue siendo no parar, construir, crear, salir para adelante”, dijo.
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José Villamayor: “Este es un disco que habla de la luz y de la esperanza”
- Jimmi Peralta
- Fotos: Gentileza
El reconocido guitarrista José Villamayor vuelve a hurgar entre las sonoridades del jazz y el 6x8 nacional. En este diálogo con La Nación del Finde, habló sobre su último álbum y cómo los 10 temas que lo componen constituyen “un recorrido que avanza hacia la luz”.
La apuesta por la música producida en el país se encuentra muchas veces en medio de la tensión entre lo posible y lo proyectado, realidad y sueños. La tenacidad en el trabajo y el compromiso con los objetivos son los que, entre otros elementos que atañen al talento, permiten el surgimiento de cada nuevo nuevo proyecto.
En este sentido, José Villamayor es un guitarrista de la escena jazzística local con una carrera de más de dos décadas. Recientemente presentó “Aires nacionales II”, un nuevo registro personal grabado en formato de sexteto, en el que plasma su búsqueda sonora y sensibilidad entre los géneros que lo constituyen internamente: el jazz y la música paraguaya.
Villamayor, quien logra este disco con apoyo de Matías Insaurralde y la producción de Sergio Cuquejo en Spirit And Sound, contó en estudio con la participación de Vetner López, Juan Pablo Giménez, Giovanni Primerano, Bruno Muñoz, Ezequiel Takebe, Dani Pavetti y Nico Vera.
–¿Cómo definirías tu último álbum?
–Para mí, “Aires nacionales II” es un disco que habla de la luz y de la esperanza. Creo mucho en el poder emocional que tiene la música y en lo que puede generar en quien la escucha. Por eso pensé el álbum como un viaje, diseñado para escucharse en orden, con un recorrido simbólico. El disco comienza con “Gota de luz”, que representa ese pequeño destello de esperanza que todos necesitamos para sentir que vamos por el buen camino. Y termina con “La esperanza de un nuevo día”, que funciona como un recordatorio de que cada mañana ofrece una nueva oportunidad, una nueva esperanza. De alguna manera, el álbum va desde esa primera chispa de fe hasta una esperanza más plena: un recorrido que avanza hacia la luz.
HILO CONDUCTOR
–¿Qué hilo conductor une los dos discos de “Aires nacionales” o cómo se proyecta uno a través del otro?
–Para mí, el hilo conductor entre ambos discos es la idea original que dio nacimiento al proyecto “Aires nacionales”: agrupar mis músicas con “aires nacionales”, valga la redundancia; pasar por el filtro del jazz y del folclore. No desde un lugar estrictamente tradicional, sino desde mi propia mirada, mi tiempo y mi bagaje. Lo que une a ambos discos es esa búsqueda de tocar nueva música con “aires nacionales”, aunque cada uno lo hace desde sonoridades distintas. El primer disco está grabado con una formación más reducida y completamente acústica, con instrumentos de madera como el contrabajo, el requinto, la guitarra y la percusión, lo que genera una estética más orgánica y cercana a lo folclórico. En cambio, “Aires nacionales II” amplía la paleta tímbrica: aparece una convivencia entre lo acústico y lo eléctrico. Esa mezcla mantiene la raíz del proyecto, pero explora nuevas texturas y colores sonoros.
–¿Qué búsquedas musicales y/o sensibles pensás que predominan en este material?
–Pienso que en este disco la búsqueda musical y sensible no están separadas, sino que funcionan como una misma cosa. La intención principal es generar sensaciones en el oyente: que la música pueda transmitir ideas desde lo emocional, casi en la piel, a medida que avanza el recorrido del álbum. Cada obra propone un clima particular.
–¿Podrías hablarnos de lo que plantea cada una de las propuestas?
–En “Gota de luz” me interesa que se perciba esa esperanza inicial, ese destello o chispa de fe. “Una hoja al viento” invita a una filosofía de dejarse llevar con serenidad, con cierta paz, como el viaje de una hoja al viento. “La raíz del alma” apunta a ese reconocimiento del mundo interior, de aquello profundo que define a cada persona. “Ñandutí” busca conectar con la belleza estética de nuestra cultura, mientras que “La fiesta de la vida” transmite celebración y energía colectiva, ese lado extraño y maravilloso de estar vivos. Hay también espacios más introspectivos o reflexivos: “Pya’e” sugiere esa sensación de rapidez permanente del mundo moderno, esa ansiedad constante de actualización donde parece que nunca terminamos de asentarnos. La idea misma de la obra es que incomode un poco, que nos acelere, que nos haga sentir corporalmente ese pulso vertiginoso en el que vivimos. “Paseo por el río” propone un viaje hacia lo vulnerable y lo interno. “Canción para los sobrevivientes” conecta con una memoria emocional compartida, marcada por experiencias globales como la pandemia. Finalmente, “Arasunu” se vincula con una idea de misterio y de conexión con el tiempo: el trueno como símbolo de algo ancestral que permanece inmutable, más allá de los cambios tecnológicos o culturales, y que nos une con quienes vivieron antes que nosotros.
RECURSOS
–Con los años fuiste aprendiendo y cambiando… ¿Qué cosas dan los años a la hora de escuchar o tocar música?
–Creo que una de las cosas más importantes que dan los años es la necesidad de no mostrar todo el tiempo todo lo que uno sabe. Cuando empezás a tocar, muchas veces querés demostrar constantemente los recursos, abrir el abanico técnico para que se vea todo lo que podés hacer. Con el tiempo esa mirada cambia: empezás a entender las herramientas musicales más como recursos y, sobre todo, como recursos emocionales que como elementos de exhibición. La técnica deja de ser un fin en sí mismo y pasa a estar al servicio de la música, de lo que la música necesita decir. Al comienzo, cuando uno arranca, suele estar muy conectado con el lado emocional. Después aparece la academia o el estudio profundo, y uno queda fascinado con las posibilidades teóricas y técnicas, a veces alejándose un poco de esa esencia inicial. Pero con los años se vuelve al origen, a la idea primaria de la música como una experiencia de conexión y bienestar, tanto para quien la toca como para quien la escucha.
–¿Qué aporta a la mirada y el oficio del músico el ejercicio de la docencia?
–Para mí, ese contacto permanente con nuevas energías y miradas nutre mucho y renueva mi propio lenguaje musical. La docencia también me permite mirar la música desde otra perspectiva, volver a repensarla y redescubrirla constantemente a través de los procesos de otros. Algo muy interesante, además, es que con el tiempo voy conociendo el nacimiento de muchas promesas musicales. Varios alumnos míos, con los años, terminan convirtiéndose en colegas dentro de distintas agrupaciones, incluso en las mías, y eso es algo que me genera una enorme satisfacción, tanto humana como musical.
–¿Cómo surge para vos la necesidad o el oficio de componer?
–En mi caso, la composición no siempre parte de una búsqueda planificada, sino más bien de apariciones espontáneas de ideas. Muchas veces surgen en medio de la vida cotidiana: caminando, manejando en silencio, en medio de la práctica o también en determinados estados emocionales donde siento la necesidad de plasmar algo. Cuando eso sucede, intento registrarlo de inmediato, generalmente grabándolo en el celular. Cuando no tengo la posibilidad, trato de retener la idea en la cabeza lo más posible para después grabarlas, aunque a veces no lo logro. La gran mayoría de las veces quedan como ideas registradas que luego retomo y desarrollo con mayor profundidad. Es un proceso muy ligado a la inspiración, pero también al trabajo posterior: volver sobre esa idea, darle forma y transformarla en obras que puedan ser compartidas.
EL JAZZ Y LA MÚSICA PARAGUAYA
–¿Por qué elegiste explorar desde el jazz la música paraguaya?
–Explorar la música paraguaya tiene que ver directamente con mi propia vivencia musical. Por un lado, el folclore paraguayo y, por otro, el jazz, después de tantos años de estudiarlo, tocarlo y vivirlo. De manera natural, entonces, esos dos mundos empiezan a convivir dentro de mi lenguaje y aparecen a la hora de componer. Si bien escribo música en otros estilos, en este proyecto decidí agrupar aquellas obras que comparten esos “aires nacionales”: una sonoridad, una estética y una raíz vinculada a lo paraguayo, vistas a través del filtro de mi propio bagaje. Por eso el repertorio responde a ese concepto más que a una limitación estilística de mi producción en general.
–¿Editar se debe a un impulso personal?
–En mi caso, grabar un disco no tiene tanto que ver con una decisión individual. Porque si dependiera solo de mí, probablemente estaría produciendo y grabando constantemente, además de tocar. La realidad es que para que un proyecto discográfico se concrete tienen que darse muchas condiciones. Por un lado, la disponibilidad de los músicos: poder coordinar ensayos, que todos tengan el tiempo para estudiar el repertorio y trabajar el material, y que además estén disponibles justamente aquellos músicos que uno considera idóneos para el proyecto. Muchas veces eso es complejo, porque la mayoría vive la música también como sustento diario o tiene otras prioridades laborales que dificultan sostener un proceso largo de ensayos y grabación. Por otro lado, están las condiciones económicas propias de producir un material. Grabar un disco implica costos y una estructura que necesita cierta viabilidad para poder realizarse. Entonces, más que un impulso personal, la grabación termina siendo el resultado de que coincidan las condiciones humanas, de tiempo y económicas necesarias para que el proyecto sea posible.
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Favio Rodríguez presenta “Una razón tendrá el amor”
El guitarrista y compositor Favio Rodríguez lanza su nueva canción, titulada “Una razón tendrá el amor”, como el primer adelanto de su próximo álbum. La obra aborda ese momento de tensión en el que dos personas se aman, pero intuyen que la relación no podrá sostenerse. La canción explora el conflicto entre razón y sentimiento, y la pregunta inevitable: ¿qué tenía preparado el amor para ellos?
Formado en la National Taiwan University of Arts (Taiwán) y en la Birmingham City University (Reino Unido), Rodríguez ha desarrollado una sólida trayectoria en la guitarra clásica y de cámara. Es integrante del MbarakaTrio, con el que realiza giras nacionales e internacionales difundiendo música de la región.
Paralelamente a su actividad como intérprete, desarrolla una línea autoral que amplía su universo musical hacia el formato canción. En 2017 había publicado su disco “Homenaje a Roland Dywnes”, compuesto con ocho canciones. Mientras que en el 2025 colaboró con Joel Gutiérrez en su tema “Mi lugar”, junto con Angie Sanz. “Una razón tendrá el amor” ya se encuentra disponible en todas las plataformas digitales.
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Bastianes presenta “Cansado”, un adelanto de su próximo álbum
Bastianes presenta “Cansado”, un adelanto de su próximo álbum, que marca un punto de quiebre dentro de su universo artístico. Musicalmente, la canción se inscribe en el rock alternativo, incorporando una base rítmica intensa con claras influencias del drum and bass. Baterías contundentes, sintetizadores densos y guitarras cargadas construyen una atmósfera tensa y opresiva, donde cada elemento sonoro acompaña el peso emocional del relato.
El resultado es un track incómodo, urgente y profundamente humano. La letra se presenta como un diálogo interno, una sucesión de pensamientos que no buscan respuestas sino alivio. Es un desahogo casi involuntario: ideas que no estaban destinadas a salir, pero que ya no pueden ser contenidas. La interpretación vocal transita entre la introspección y el agotamiento, reflejando ese estado en el que la mente no se detiene y el cuerpo empieza a pasar factura.
Frases como “estoy cansado de intentarlo” o “me cuestiono por qué no puedo parar de pensar” condensan el espíritu de la canción: una catarsis sin filtros que conecta directamente con la ansiedad, la autoexigencia y la sensación constante de ir quedándose atrás. “Cansado” no busca consuelo ni respuestas fáciles. Es una fotografía cruda de un estado mental compartido por muchos, y una muestra clara de la madurez artística y emocional de Bastianes en esta nueva etapa.
Producción: Sebastián González, Bruno Méndez, Robin Müller. Mix, Master e Ingeniería de Grabación: Luigi Manzoni. Guitarras: Fabricio Ojeda, Sebastián González. Bajo: Bruno Méndez. Programación y Synths: Robin Müller, Bruno Méndez. Batería: Sebastián González. Voz: Sebastián González. El video contó con la dirección y fotografía: Xime Barba. Producción: Xime Barba, SNDGLP, Ninna Lezcano, Bruno Méndez. Edición y Postproducción: Xime Barba. Diseño Gráfico: Mubu Laboratorio Creativo.
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“Lluvias de aguacero”, emotiva canción dedicada a los pacientes que luchan contra el cáncer
Este miércoles, en el Día Mundial contra el Cáncer presentaron la canción denominada “Lluvia de Aguacero” del Javier Solís Moreno, dedicada a los pacientes que luchan contra la enfermedad. El cantautor compuso este tema para un niño que padecía cáncer y que marcó para siempre la vida del autor.
Se trata de un tema muy emotivo inspirada en una experiencia de Javier mientras era voluntario en la Fundación San Rafael, donde conoció a Gustavito, un niño de tan solo ocho años que padecía cáncer y que marcó para siempre su vida.
“La canción fue compuesta de manera espontánea cuando una tarde, guitarra en mano, la melodía y la letra comenzaron a fluir acompañadas de lágrimas, dando forma a una obra sincera y cargada de verdad. Más que una canción, es un testimonio de amor, resiliencia y fe”, confirmó Solís.
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Agregó que la canción también está dedicada a quienes han perdido a un ser querido y a aquellos que hoy acompañan a un familiar en esta lucha. La idea es ofrecer consuelo, contención y luz en momentos difíciles, para que puedan salir adelante.
“El objetivo principal es llegar al corazón de las personas que padecen esta enfermedad. Además, de generar conciencia y visibilizar una realidad que afecta a miles de familias en el país”, indicó.
Además, busca transmitir un mensaje de esperanza, recordar que con un diagnóstico oportuno, tratamiento adecuado, el apoyo de la familia y el amor de quienes acompañan, es posible salir adelante. “Nace con el deseo profundo de abrazar, acompañar y recordar que nadie está solo”, puntualizó.