Este jueves 15 de abril se llevará a cabo el estreno del documental boliviano titulado “El murmullo del viento”, de Nina Wara Carrasco, a través de la plataforma paraguaya de streaming www.kili.video. Un material que cuenta fantásticos episodios sobre la música del norte de Potosí en Bolivia, relatados por el padre de la realizadora.
Historias que la llevarán de regreso a Llallaguita, su idílico lugar de infancia, para explorar los elementos que conforman el misticismo de la ritualidad en esta zona. La obra tiene una duración de 60 minutos y estará disponible en la página web de Kili, a un costo de Gs. 12.000.
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“El murmullo del viento” se encuentra protagonizado por Ana María Gómez, Teodoro Rasguido Fiesta y la comunidad de Llallaguita, bajo el guión de Oriana Jiménez Castro y Nina Wara Carrasco, y la dirección de Wara Carrasco, producido por Pedro Lijerón Vargas.
Para acceder a la obra, el usuario deberá registrarse, de forma gratuita, a través de la página web (www.kili.video) donde podrá visualizar una variedad de contenido, tanto pago como “sin cargo”. También se puede realizar el alquiler de películas por un periodo de cuatro días. Este espacio, también cuenta con la presencia de un blog de contenido exclusivo sobre el backstage de los largometrajes, entrevistas con el crew, foto-documentales, etcétera.
En Kili Video se puede acceder a obras nacionales y latinoamericanas de manera rápida y fácil, en un solo lugar. Potenciando la difusión de los contenidos audiovisuales de producción nacional, así como también es un espacio en que se da lugar a creadores emergentes. Siendo así una forma de colaborar en el desarrollo de narrativas audiovisuales autofinanciables.
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Productor destaca potencial de la IA en la creación de contenidos audiovisuales
La inteligencia artificial se está consolidando como una herramienta clave en la generación de contenidos audiovisuales, especialmente para rescatar y difundir historias con escasa visibilidad.
Así señaló el productor y director José Báez, durante su participación en el programa Tribuna, emitido por Paraguay TV.
Báez explicó que la creación de contenido puede entenderse a partir de tres pilares fundamentales: la elección del tema, la herramienta utilizada y la intención del creador. “No es simplemente apretar un botón. La inteligencia artificial es una herramienta más dentro de un proceso que incluye investigación, guion y una intención clara”, dijo.
En ese sentido, destacó que su interés se centra en abordar episodios históricos poco explorados en el ámbito audiovisual. Como ejemplo, mencionó la recreación de la batalla de Batalla de Tuyutí, sobre la cual existe escaso material visual. “Uno se pregunta cómo fue realmente y hoy, con estas herramientas, se puede transformar esa imaginación en algo tangible”, indicó.
El realizador relató que su incursión en el uso de la inteligencia artificial comenzó de manera experimental, impulsada por la curiosidad propia de su trabajo en el ámbito creativo. Uno de sus primeros proyectos fue la recreación del buque Pirabebé, a partir de investigaciones con información limitada. “Ahí se completó el rompecabezas. Me di cuenta de que podía dar forma a historias que antes solo podíamos imaginar”, expresó.
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Báez subrayó que, más allá de la precisión histórica, el valor de estas producciones radica en su capacidad para generar interés y conversación. “Se pone un tema sobre la mesa. La gente empieza a hablar, a investigar, a interesarse. Eso puede despertar incluso el patriotismo y el interés por la historia en las nuevas generaciones”, afirmó.
Consultado sobre los tiempos de producción, indicó que un cortometraje como el basado en el caso de “Miriam Adela” puede realizarse en menos de una semana, debido al control integral que ejerce sobre todas las etapas del proceso creativo. Sin embargo, aclaró que esto implica un trabajo detallado de dirección: “Cada imagen está guiada. Es como dirigir a un equipo: le indicás qué estilo, qué emoción, qué plano querés”.
Respecto a las herramientas, mencionó el uso de plataformas como Sora y de otras aplicaciones de generación de imágenes y video, aunque insistió en que el elemento central sigue siendo la creatividad humana. “La herramienta responde a lo que uno le pide, pero hay una intención detrás que define el resultado”, sostuvo.
En cuanto al impacto en la industria, Báez consideró que la inteligencia artificial no reemplazará al cine tradicional, sino que funcionará como un complemento que puede optimizar tiempos y costos. “El cine sigue siendo el cine. Esto puede servir como una guía o una base para producciones más grandes”, explicó, citando ejemplos recientes de producciones internacionales que combinan sets reales con efectos digitales.
Asimismo, destacó la conexión de estos contenidos con las nuevas generaciones, habituadas a altos niveles de calidad visual a través de videojuegos y plataformas digitales. “Hoy los chicos tienen otra referencia estética. Eso también representa un desafío para quienes creamos contenido”, indicó.
Finalmente, el director valoró el potencial de la inteligencia artificial para diversificar los relatos, incluyendo no solo hechos históricos, sino también mitos y tradiciones locales. “Se puede contar la mitología paraguaya de formas nuevas. Mi intención era que incluso los padres puedan mostrar estos contenidos a sus hijos como cuentos antes de dormir, pero con identidad propia”, concluyó.
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Rusia declara “agente del extranjero” a cineasta ruso ganador del Óscar
El ministerio ruso de Justicia anunció ayer viernes que Pavel Talankin, director del documental ganador del Óscar “Mr Nobody contra Putin”, había sido incluido en el registro de “agentes extranjeros”, una etiqueta utilizada por el Kremlin para reprimir detractores. En una nota, el ministerio ruso de Justicia, sin mencionar el documental, acusó a Talankin, de 35 años, de haber “difundido informaciones falsas sobre decisiones tomadas y políticas aplicadas por las autoridades rusas”.
Videógrafo de una escuela de la pequeña ciudad de Karabach, en los Urales, Talankin filmó, en el marco de su trabajo, el adoctrinamiento cada vez más intenso del alumnado. Opositor de la guerra en Ucrania, huyó de Rusia en el verano boreal de 2024 llevándose las imágenes, usadas en el largometraje de 90 minutos codirigido con el cineasta estadounidense David Borenstein.
Este mes este trabajo recibió el Óscar al mejor documental. Poco después de su victoria en los Óscar, una comisión de derechos humanos adscrita a la presidencia rusa había acusado a la película de haber utilizado imágenes de menores sin el consentimiento de sus padres.
Por este motivo, un tribunal ruso prohibió el jueves la difusión del documental en tres plataformas de streaming del país, al considerar que también contenía “signos de propaganda que transmiten una actitud negativa hacia el gobierno” y hacia el presidente ruso, Vladímir Putin.
Fuente: AFP.
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Juliette Binoche reflexiona en Tesalónica sobre su debut como directora
- Por David Sánchez, desde Tesalónica (Grecia), X: @tegustamuchoelc (*).
La actriz francesa Juliette Binoche participó en una conversación abierta con el público el 12 de marzo de 2026 en el marco del 28.º Thessaloniki International Documentary Festival (TiDF), celebrado en la ciudad de Thessaloniki. El encuentro tuvo lugar en el John Cassavetes Theater, con motivo del estreno griego de su primer trabajo como directora, “In‑I in Motion”.
La charla, titulada “In front of and behind the camera. My directorial debut in documentary filmmaking”, fue moderada por el responsable de programación del festival, Yorgos Krassakopoulos. Ante una sala llena, Krassakopoulos dio la bienvenida a la actriz destacando la sinceridad que atraviesa su primera incursión en el documental: una obra que, según señaló, transmite “una verdad y una autenticidad que reflejan plenamente su temperamento artístico”.
El arte como camino hacia el autoconocimiento
Durante la conversación, Binoche habló del proceso interior que acompaña a la actuación y de cómo el arte se convierte para ella en una forma de exploración personal.
“Como actor estás llamado cada día a ser honesto, no solo contigo mismo sino con toda la humanidad”, explicó. Para la intérprete, el trabajo actoral implica enfrentarse a los propios miedos y a las zonas más oscuras del subconsciente, un proceso que considera profundamente transformador.
La actriz también reflexionó sobre la dimensión emocional del trabajo creativo. Según afirmó, conectar con las emociones es el origen de toda forma de arte, aunque eso implique renunciar al control. “En un mundo que a menudo parece aterrador, lo que necesitamos es creatividad”, subrayó.
Un paso natural hacia la dirección
Binoche reveló que llevaba años imaginando la posibilidad de dirigir. El proyecto se concretó cuando productores la animaron a llevar a cabo la idea.
“Siempre soñé con dirigir algún día, impulsada por la necesidad de seguir creciendo”, afirmó. Aunque reconoció que el proceso era en gran parte desconocido para ella, decidió aceptar el reto y explorar nuevas formas de creación.
In-I in Motion documenta precisamente ese viaje creativo, en el que la actriz se enfrenta a la incertidumbre, al miedo y a sus propias limitaciones. Para Binoche, aceptar esas emociones forma parte esencial del proceso: “Nunca puedes librarte completamente del miedo, pero puedes aceptarlo, y cuando lo haces, te transforma”.
El reto del montaje y la búsqueda de autenticidad
Uno de los aspectos más complejos de la realización del documental fue el montaje. La actriz explicó que el proceso implicó tomar decisiones difíciles, incluso eliminar escenas que le gustaban, para mantener la coherencia narrativa de la película.
En el documental, Binoche aparece tanto delante como detrás de la cámara. Gran parte del material fue filmado por su hermana, cuya experiencia permitió capturar momentos íntimos del proceso creativo. Sin embargo, fue en la sala de montaje donde la directora tomó las decisiones finales para preservar la autenticidad del relato.
“Hubo una escena que mi montador había construido de forma muy hermosa, pero no reflejaba la realidad. Por eso insistí en no incluirla”, explicó, subrayando que la búsqueda de la verdad es central en su forma de entender el arte.
La fuerza del cine europeo
Durante el encuentro también participó el director artístico del festival, Orestis Andreadakis, junto con la directora general del certamen, Elise Jalladeau.
En su intervención final, Binoche —actual presidenta de la European Film Academy— destacó la riqueza del cine europeo y la importancia de su diversidad cultural.
“Nuestras diferencias son nuestra fuerza. Son lo que nos une”, afirmó.
La actriz aprovechó además la ocasión para rendir homenaje al recientemente fallecido documentalista Frederick Wiseman, a quien describió como uno de los grandes referentes del género. “Los documentalistas son verdaderos guerreros. Luchan por sobrevivir y por mostrar la verdad del mundo”, concluyó.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Crítica: “Escarcha sin nieve ni hielo” en festival de Tesalónica
- Por David Sánchez, desde Tesalónica (Grecia), X: @tegustamuchoelc (*).
En la programación del Festival Internacional de Documentales de Tesalónica (TiDF) se ha colado este año una de esas películas que recuerdan por qué el cine documental sigue siendo una de las formas más poderosas de mirar el mundo. “Frost uten snø og is” (2026), dirigida por el fotógrafo y cineasta noruego Asgeir Helgestad, es un trabajo que habla de maternidad, naturaleza y pérdida sin caer en el sentimentalismo fácil. Y lo hace con algo cada vez más raro en el cine contemporáneo: paciencia.
Una década esperando el plano
Durante más de una década, Helgestad filmó en el archipiélago ártico de Svalbard, uno de los lugares del planeta donde el calentamiento global avanza con mayor velocidad. Allí conoció a Frost, una osa polar que intenta sacar adelante a sus crías en un ecosistema cada vez más frágil. Lo que en otros documentales sería una narración didáctica sobre el deshielo se convierte aquí en algo más íntimo: la historia de una madre que lucha contra un mundo que cambia demasiado rápido.
La película abre con una decisión narrativa sorprendente. Desde el principio sabemos que los hijos de Frost murieron. No hay suspense artificial ni manipulación emocional. Esa revelación temprana elimina cualquier tentación de convertir la historia en un melodrama animalista. Lo que queda es otra cosa: un retrato sereno, casi elegíaco, de la maternidad en un paisaje que se desmorona.
La maternidad sin sentimentalismo
Helgestad no intenta humanizar en exceso a su protagonista. Frost no habla, no tiene voz en off imaginaria, no se convierte en un personaje de ficción. Y, sin embargo, pocas veces el cine ha transmitido con tanta claridad la idea de cuidado, esfuerzo y vulnerabilidad.
La maternidad aparece aquí como un acto físico: caminar kilómetros sobre hielo cada vez más inestable, proteger a las crías de otros osos, buscar alimento en un entorno que ya no funciona como antes.
El tiempo como herramienta cinematográfica
Uno de los mayores logros del documental es el tiempo que hay detrás de cada plano. En una época dominada por la inmediatez y por la estética del algoritmo, Helgestad trabaja con la lógica contraria: esperar.
Esperar horas para que un oso levante la cabeza. Esperar días para un encuentro improbable. Esperar semanas para unos segundos de comportamiento que nadie había filmado antes.
Ese tiempo acumulado se percibe en cada imagen. No hay sensación de artificio, truco visual o naturaleza convertida en espectáculo digital. De hecho, uno de los pequeños milagros de la película es recordar algo obvio: ni siquiera la inteligencia artificial podría fabricar la belleza que aparece aquí.
La belleza del Ártico
Hay un momento especialmente revelador. Los osos polares caminan al amanecer y el aire helado se vuelve visible en su respiración. El vapor sale de sus bocas mientras el sol bajo del Ártico ilumina sus cuerpos blancos. La luz parece atravesarlos.
No es una imagen espectacular en el sentido grandilocuente; es algo más simple y, por eso mismo, más poderoso. Durante unos segundos el cine vuelve a ser lo que siempre fue: mirar.
Una carta a Frost
El film también se permite momentos inesperados de intimidad. En un gesto que podría haber resultado cursi, Helgestad escribe una carta a Frost. En otro contexto sería un recurso demasiado sentimental, pero aquí funciona porque el propio director establece límites desde el principio.
Él sabe que está proyectando emociones humanas sobre un animal. Y lo reconoce.
Ese equilibrio entre cercanía y distancia es lo que mantiene la película lejos del “cheesy” que suele contaminar el cine ambiental. Helgestad ama a su protagonista, pero no intenta convertirla en símbolo perfecto ni metáfora universal. Frost sigue siendo una osa polar, un animal salvaje que vive en un entorno brutal.
Humanos y osos: un choque inevitable
La película tampoco evita mostrar el conflicto entre humanos y osos polares. Hay encuentros tensos, momentos en los que la presencia humana altera el comportamiento de los animales. El Ártico aparece así como un espacio donde dos mundos chocan constantemente: el de la vida salvaje y el de la expansión humana.
Ese choque está, inevitablemente, ligado al cambio climático. Pero el documental es inteligente al no convertir el mensaje en un discurso didáctico permanente. El calentamiento global no aparece como una lección de geografía, sino como una transformación visible en el paisaje: hielo que desaparece, rutas de caza que ya no funcionan, estaciones que cambian.
En lugar de subrayar cada dato, Helgestad deja que el espectador vea las consecuencias. El resultado es mucho más efectivo que cualquier gráfico o narración explicativa.
Un documental que recuerda qué es el cine
Si hay algo que distingue a Frost uten snø og is de muchos documentales contemporáneos es su confianza en la imagen. En los últimos años los festivales se han llenado de películas que dependen excesivamente de archivos personales, recuerdos familiares o material doméstico para sostener narrativas de noventa minutos.
A menudo son trabajos que funcionan mejor como ensayo íntimo que como experiencia cinematográfica. Aquí sucede lo contrario. Este es un documental que entiende que el cine de naturaleza puede —y debe— ser espectacular. No en el sentido superficial de lo espectacular, sino en el sentido literal: algo que merece ser visto.
Una película que hay que ver en cine
Por eso mismo, ver esta película en una pantalla grande no es una opción secundaria. Es prácticamente obligatorio. La escala del paisaje, la textura del hielo, la luz ártica sobre los cuerpos de los osos… todo adquiere otra dimensión en una sala de cine.
El camino de Asgeir Helgestad
El propio recorrido de Asgeir Helgestad ayuda a entender esta aproximación visual. Antes de dedicarse al largometraje documental, trabajó durante años como fotógrafo de naturaleza y realizador de series para televisión, incluyendo proyectos vinculados a la radiotelevisión noruega.
En trabajos anteriores ya exploraba la relación entre animales salvajes y cambios ambientales, pero nunca con la intimidad ni la duración temporal que alcanza aquí.
Su experiencia como fotógrafo se nota en la composición de cada plano. Hay una atención obsesiva a la luz, la textura de la nieve y la distancia entre cámara y animal. Pero lo realmente impresionante no es la estética, sino la perseverancia que la hace posible.
Diez años filmando a un mismo animal no es una decisión técnica; es casi una forma de vida.
Empatía antes de que sea tarde
Esa dedicación se siente en la película como una acumulación silenciosa de tiempo, frío y espera. Y quizá por eso el documental termina funcionando también como un retrato indirecto del propio director: alguien que decidió quedarse lo suficiente para mirar de verdad.
Al final, Frost uten snø og is no intenta ofrecer soluciones ni discursos tranquilizadores. Lo que propone es algo más simple y, en cierto modo, más incómodo: empatía.
Empatía con un animal que vive en un mundo que se derrite. Empatía con un ecosistema que cambia demasiado rápido. Y, sobre todo, empatía con la idea de que la naturaleza no es un decorado remoto, sino un sistema del que seguimos formando parte.
Entre la belleza de sus imágenes, la honestidad de su mirada y la paciencia que sostiene cada plano, la película consigue algo que muchos documentales olvidan: recordarnos que el cine de naturaleza puede ser, cuando se hace con verdadera dedicación, una experiencia casi física. Una de esas que justifican sentarse en una sala oscura y mirar.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.