El legendario pianista y director de orquesta, argentino nacionalizado español, israelí y palestino, de 78 años, no ha parado con la música ni con el COVID-19. Foto: DB.
Ni el COVID ha logrado detener a Daniel Barenboim. El legendario pianista y director de orquesta que dio su primer concierto a los 7 años, dice, a los 78, estar dispuesto a “empezar de cero”.
En plena pandemia, el maestro se encuentra en Provence (sureste de Francia) en ocasión del Festival de Semana Santa de música clásica que culmina el domingo. Este año el festival fue difundido en versión digital, debido a la crisis sanitaria.
El martes pasado interpretó, con la pianista argentina Martha Argerich, un programa de piano a cuatro manos que incluyó obras de Mozart, Debussy y Bizet. Pese a las restricciones, el argentino-israelí viajó desde la capital alemana donde, desde hace 29 años, es el director musical de la Ópera del Estado de Berlín y de su orquesta, la Staatskapelle.
Desde la crisis, ha grabado su quinta integral de sonatas para piano de Beethoven, lanzó un festival digital de música, y ha dirigido conciertos en directo en streaming.
“Un músico nunca llega”
El cierre de las salas no lo impulsó a querer frenar su carrera, una palabra que dice “detestar”. “Un músico ‘no llega’ jamás, la rutina es su peor enemigo”, asegura en una entrevista con la AFP en Aix-en-Provence (sureste de Francia).
“Cada vez que toco una pieza, aprendo algo nuevo. Si ayer interpreté un concierto de Mozart y debo tocarlo de nuevo hoy, tengo que empezar de cero”, sostiene. “En 1950 di mi primer concierto. ¿Se imagina? Tengo 78 años, toco desde hace más de 70 años y la gente sigue dispuesta a venir a escucharme. Es conmovedor”, confiesa.
¿El mundo de la música ha “aprendido lecciones de la crisis sanitaria? “Hasta ahora, muy poco”, comenta. “Es muy difícil hablar del futuro después del coronavirus ya que (antes del COVID), la importancia de la cultura y de la música había retrocedido en los últimos 40 años”, asegura el músico, que lamenta la “falta de educación musical en la escuela”.
Gran militante del acceso a la música al mayor número posible de personas, Barenboim multiplicó las iniciativas en los últimos años, como el lanzamiento de su cadena en YouTube donde presenta “5 minutos” sobre Debussy, Beethoven o Chopin o la inauguración de una guardería musical en Berlín.
Se congratula por el avance en términos de diversidad y visibilidad de las directoras de orquesta, pero insta a no perder de vista la calidad. “Tiene que haber más músicos negros, más mujeres directoras de orquesta, pero el error sería decir ‘hay un hueco libre esta semana, habría que poner a una mujer’. Se necesita a la mejor, si no, es una falta de respeto para la propia mujer”.
Conocido por su franqueza y su compromiso en favor de la paz, en particular a través de la West-Eastern Divan Orchestra fundada en 1999 con el pensador palestino estadounidense Edward Said, y su prolongación en la academia de música Barenboim-Said que forma a estudiantes de Oriente Medio, está “horrorizado” por el bloqueo en el conflicto israelopalestino. “No hay ni una sola persona de ambos lados que quiere mirar al futuro”, dice.
No es una reliquia
Con un estatus prácticamente intocable de maestro poderoso, Daniel Barenboim fue objeto en 2019 de acusaciones de autoritarismo por parte de sus antiguos colaboradores de la Staatsoper de Berlín. La justicia no pudo probar dichas acusaciones, que él refutó.
No obstante, reconoce que la manera en que “tratamos con la gente ha cambiado en el mundo”. “Es posible que no fuera lo suficientemente consciente de los cambios desde un punto de vista social y lo dije públicamente a la orquesta, que lo lamentaba si fuera el caso”, asegura, ante de reconocer que tiene problemas con lo “políticamente correcto”.
Él mismo recibió una educación “dura” en París de una de las más célebres pedagogas de música, la francesa Nadia Boulanger, cuando tenía 12 años, y recuerda que hizo llorar a un tal Astor Piazzolla al decirle que siempre sería “un Stravinsky de segunda clase y que debería más bien desarrollar la música de su propio país. Fue ella quien le dio la idea” de revolucionar el tango.
Su contrato en Berlín ha sido prolongado hasta 2027. “Siempre les digo cuando hablamos de futuro que me quedaré mientras tenga fuerzas. Si no, me iré, no quiero quedarme como una reliquia del pasado”, afirma.
Willy Suchar: “Aspiro a una renovación de repertorio”
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Jorge Zárate
jorge.zarate@nacionmedia.com
Fotos: Archivo / Gentileza
El músico y productor Willy Suchar celebra el crecimiento de la industria musical del país, pero insiste en la necesidad de producir más música de calidad e incrementar los catálogos. Considera fundamental la integración con los vecinos cercanos de Argentina y Brasil. Entiende que las plataformas podrían pagar mejor a los músicos y autores. Trabaja en un disco conjunto con Carlo “Cana” Borghetti que llevará composiciones de ambos. La escena, la música y la producción en el análisis y la experiencia de un gran gestor.
“Sigo trabajando, produciendo eventos y haciendo música por suerte”, celebra Willy Suchar, que a los 65 años dice seguir movido por su “espíritu curioso” y las ganas de aportar: “Me levanto todos los días con ganas de que las cosas estén mejor. Y lo digo en el sentido amplio, que tengamos un país mejor, mayores alegrías”, define.
Cercano a Autores Paraguayos Asociados (APA), a la gestión de derechos de autor, este pianista y productor musical sigue tocando, componiendo y arreglando: “A lo mejor no tanto en el escenario, que me gustaría más. Mucho en el estudio, tratando siempre de hacer lo mejor posible”, apunta.
Aquí su diálogo con El Gran Domingo de La Nación:
–Desde tu experiencia, ¿cómo definirías este momento de la industria musical paraguaya?
–Creo que hay claras muestras de una evolución, nuestra industria va ganando “musculatura”, por llamarlo de alguna manera. Recordemos que hace unos años todavía los asuntos de derechos de autor y conexos era todavía una lucha. Creo que se ha formalizado el reconocimiento y allí es destacable la labor que han hecho tanto la Dirección Nacional de Propiedad Intelectual (Dinapi) como las entidades de gestión colectiva como Autores Paraguayos Asociados (APA), Sociedad de Gestión de Productores Fonográficos (SGP), Artistas Intérpretes o Ejecutantes (AIE). Tenemos un premio interesante a la producción discográfica como son los Propya Awards de la SGP, está la Asociación de Músicos Independientes haciendo regularmente foros de discusión, talleres, seminarios donde se puede conversar y visualizar soluciones o algunas ideas para ir incrementando el volumen de nuestra industria…
RENOVACIÓN
–Hubo también premios y otros hitos que ayudaron…
–Claro, los Grammy de Berta Rojas, o la nominación de Tierra Adentro consolidan un poco lo que podríamos denominar la industria musical. De todas maneras, creo que estamos en un punto donde necesitamos un poco más de fuerza. Aspiro a una renovación de repertorio porque si uno mira los rankings, todavía el folclore de hace muchos años atrás es el que predomina. Ojo, es maravilloso y un rasgo cultural importante para nosotros, pero tendríamos que ampliar el catálogo. Creo que hace falta producir más música de calidad. Pienso que estamos en el camino, pero que todavía nos falta mucho, somos un mercado relativamente pequeño. Uruguay, que tiene menos habitantes, tiene una industria más consolidada y una música más “exportable”.
–¿Cuál sería la tarea principal en ese sentido?
–Sería bueno que nuestros artistas encuentren con más frecuencia un mercado de desarrollo. Al principio un poco más regional, a lo mejor, pero pienso que pasa por ahí. Tener más producción, más repertorio, más canciones, una rotación más seguida. Soy optimista en el sentido de que hay mucha musicalidad en el país, artistas, compositores y que cada uno por su lado está procurando, pero necesitamos como un empujón más. Así que esa es mi mirada. Pensando en los años atrás, estamos mejor, pero no me conformo con eso, me gustaría que las cosas vayan mucho más adelante.
–Siempre en actividad te escuchamos con Ciudad Mansa. ¿Qué otros grupos destacás de la escena nacional?
–Sí, fue una alegría porque es una banda que me gusta y en su último disco participé en un par de canciones invitado por ellos y por su productor Diego Serafini. Hay varias cosas, no tuve mucho tiempo de escuchar propuestas nuevas, pero sí me gustó mucho Sari Carri, que la escuché la otra vez en vivo. Me hablaron también de Passiflorx, una banda que tengo muchas ganas de ver. Del mainstream “hay bandas que me siguen gustando mucho, como el caso de Flou; La Secreta se va a juntar para tocar ahora en un concierto grande en San Bernardino. Los chicos de Paiko se aprestan a producir temas nuevos y son buenas noticias porque veo que la escena se mueve. Hay un lugar como Voudevil Venue, donde están yendo a tocar bandas consagradas y emergentes. Así que voy a ir más seguido por ahí a escuchar buena música y a compartir con los amigos que siempre aparecen por esos lugares como una especie de murciélagos que aparecemos todos buscándonos (risas).
EL APORTE DE LOS MEDIOS
–¿Cómo ves la relación de los medios con los artistas nacionales? ¿Se pasa más música nacional que antes o sigue siendo todo muy cuesta arriba?
–Por supuesto que hay mucha difusión, más que antes, de nuestra música y siempre son importantes los medios de comunicación masivos, porque es una manera de consolidar un poco la presencia del artista en el mercado. Muchos agoreros dicen que los medios tradicionales van a ir desapareciendo, pero yo creo que no, que van a encontrar su espacio, entre tanto van apareciendo los streaming y podcasts. Igual el rock, que dentro del paquete de las rotaciones en los medios sigue ocupando el último lugar. Me gustaría que esté más presente porque sigue siendo un género muy ligado a lo que nos sucede en la sociedad. Los escritores de música, los poetas, están trabajando en eso que me parece piola, que es reflejar una carga un poco más social o más comprometida. El folclore tradicional sigue estando muy presente. Las nuevas propuestas también han encontrado su lugar. Caso Tierra Adentro, Néstor Ló, Purahéi Soul, Jazmín del Paraguay. El pop con los Kchiporros, que están con merecimiento porque es un grupo que nos tiene acostumbrados a editar hits.
–Como productor histórico, ¿qué pensás de las plataformas digitales para los discos?, ¿te parece posible que puedan pagar un poco mejor?
–No me parece justo el pago que reciben los compositores, los artistas. Me parece que está un poco desbalanceado el tema de la remuneración. Igual es una batalla que se está librando hace tiempo y esperemos se encuentre una compensación económica más justa. En su momento las plataformas salvaron a la industria de la piratería. Los grandes sellos discográficos, las multinacionales, los sellos independientes se beneficiaron inclusive con la distribución y la difusión de su catálogo. Pero hay miles de millones de dólares que se mueven y los autores son los que menos cobran.
INTEGRACIÓN FRONTERIZA
-En “Sobre el río” se dio una verdadera confluencia con la gente de Matto Grosso do Sul. ¿Cómo ves la integración cultural de nuestra zona con sus vecinos cercanos del Brasil y del NEA?
–Sí, es un disco muy participativo, te diría casi cooperativista. El anhelo era que funcione como un integrador entre los artistas de Paraguay, Mato Grosso do Sul y del nordeste argentino (NEA), un disco donde podamos participar todos y ponernos contentos disfrutando de nuestra música regional. Considero fundamental la integración para nosotros como país mediterráneo, rodeado de Brasil y Argentina, y en menor medida el Uruguay. Necesitamos tener una vía rápida de comunicación con esos países para nuestra música, para poder agrandar nuestro mercado en el estricto sentido comercial, necesitamos ser vendedores de nuestra cultura.
–¿Cómo se podría avanzar en esto?
–En nuestra agenda de actuaciones y de difusión tendrían que estar incorporadas desde ya hace mucho tiempo por lo menos las regiones fronterizas. Ahí triplicaríamos nuestros clientes promoviendo el intercambio de bienes y servicios que todo país necesita, el intercambio cultural tendría que ser más parejo. Creo que absorbemos mucho de Argentina y Brasil y ellos poco. Y acá vuelvo al principio, necesitamos tener más catálogo, más propuestas, que les sea lindo contar con nosotros.
PRÓXIMO DISCO
–¿Pensás en algún disco que reúna tus composiciones?
–Sí, tengo en mente grabar algunas composiciones viejas y nuevas. Estamos pensando en hacer algo con Carlo “Cana” Borghetti, bajista de Paiko, en un disco en conjunto que se va a llamar “Folka”. Son canciones de él y me pidió que incorpore algunas canciones mías. Ya tenemos 6 canciones para un disco de 10 y esperamos llegar para diciembre con un disco en el que van a participar muchos artistas y músicos nacionales. Así que, bueno, ganas nunca faltan.
–Viniste desde Argentina en el 88. ¿Qué sentís que cambió para bien y qué cosas faltarían por hacer en el Paraguay?
–Mejoraron muchísimas cosas desde que yo estoy acá y hay cosas que siguen igual. Agradezco mucho el cariño, el afecto de la gente, la hospitalidad, la solidaridad. Somos un pueblo muy compinche, muy solidario, muy amigable, muy musical. Las circunstancias políticas de la dictadura de Alfredo Stroessner hacían que exista cierta complicidad de encuentros, no te digo clandestinos, pero gente que soñaba con un mundo mejor y ponía sobre la mesa lo que nos parecía injusto. Eso ya lo hemos perdido, esos encuentros, tertulias hasta altas horas de la madrugada con gente hermosa, que no quiero mencionar porque me voy a olvidar de alguno y voy a quedar como ingrato, pero gente de la bohemia, del arte, de la cultura, de la música, de la literatura…
–El bullir de las ideas para vencer la opresión…
–Eso, que por suerte ya no existe más. Hoy gozamos de una libertad plena para expresar nuestras ideas, nuestras cosas. Tenemos un importante desarrollo cultural del país, cosas que antes ni las soñamos, grandes eventos, el reconocimiento a nuestra música, nuestros artistas en conciertos multitudinarios donde la gente tararea “13 Tuyuti” o una canción de Tierra Adentro o Paiko o escucharlo al Ricardo Flecha cantar guaranias. En fin, hay cosas en las que hemos mejorado y muchísimo. La gente ha acompañado y eso me impulsa a seguir pidiendo más y a tener anhelos y sueños. Creo que vamos para mejor.
SOBRE EL MÚSICO
Nacido el 18 de noviembre de 1961 en Córdoba, Argentina, como Guillermo Claudio Sucharkiewicz, más conocido como Willy Suchar, es músico, compositor, pianista, arreglador y productor. Fundador del sello Kamikaze Récords, con el cual produjo más de 60 discos de consagrados artistas paraguayos como Paiko, Gaia, La Secreta, Deliverans, Lizza Bogado, Purahéi Soul, Revolber, Flou.
Su contribución al desarrollo de la música paraguaya se extiende a la defensa de los derechos de autor, presidiendo la Sociedad de Gestión de Productores Fonográficos del Paraguay (SGP) hasta 2019. Funda Suchar Música & Medios, un sello discográfico y empresa de servicios integrales en la industria musical, en 2019.
La música de un país que sigue reclamando a su hijo pródigo
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Carlos Oliveira
Fotos: Gentileza
El 7 de agosto de 1944, hace 82 años, moría en San Salvador Agustín Pío Barrios, Mangoré. Tenía 59 años y dejaba detrás una de las obras más extraordinarias jamás escritas para guitarra. Paraguayo de nacimiento, universal por vocación, Barrios convirtió un instrumento que podía parecer limitado en un territorio casi infinito de posibilidades sonoras. Su guitarra fue, al mismo tiempo, paisaje, memoria, intimidad y patria.
Cada aniversario de su muerte parece ser una buena excusa para volver a plantear la pregunta ¿dónde debería descansar Agustín Barrios? Desde hace años se suceden iniciativas para repatriar sus restos, sepultados en el Cementerio de los Ilustres de San Salvador. Incluso se ha llegado a plantear una solución tan simbólica como improbable: dividirlos, dejar una parte en El Salvador y traer la otra al Paraguay.
Pero acaso la verdadera cuestión no sea dónde están sus restos, sino dónde está Barrios. Porque mientras sus huesos permanecen en tierra salvadoreña, su música pertenece desde hace mucho tiempo a un territorio que no reconoce fronteras.
Las crónicas señalan que su última presentación en Paraguay tuvo lugar el 25 de enero de 1925, en la plaza Uruguaya. Por supuestas razones políticas no podía actuar en el entonces Teatro Nacional –actual Teatro Municipal– y aquel concierto al aire libre terminó siendo, en cierto modo, una despedida. Después vendrían los viajes, las ciudades, los escenarios y un progresivo alejamiento de la tierra natal.
Tras una gira por Brasil en 1929, Barrios recorrió durante los años siguientes distintos países de América Latina y Europa. En 1939 aceptó la invitación del presidente salvadoreño Maximiliano Hernández Martínez para radicarse en El Salvador. Allí ejerció la docencia en el Conservatorio Nacional de Música y encontró el lugar donde transcurrirían sus últimos años.
Un infarto puso fin a su vida el 7 de agosto de 1944. Fue enterrado en el Cementerio de los Ilustres. En 1985 sus restos fueron declarados patrimonio nacional de El Salvador, una decisión que terminó convirtiéndose en un obstáculo jurídico para los sucesivos intentos paraguayos de repatriación.
Pero la historia de Barrios plantea una ironía mayor. Paraguay reclama sus restos mientras durante décadas pareció olvidar su música.
EL EXTRAÑO DESTINO DE UN PROFETA
Durante buena parte del siglo XX, su obra no ocupó en Paraguay el lugar que hoy parece natural concederle. Mientras en otros lugares sus composiciones comenzaban a formar parte del repertorio guitarrístico, en su propio país su nombre sobrevivía con una presencia más cercana a la leyenda que al conocimiento profundo de su producción.
Fue necesario que intérpretes y estudiosos emprendieran una paciente tarea de recuperación. Cayo Sila Godoy, Felipe Sosa, Berta Rojas, Luz María Bobadilla y otros músicos contribuyeron decisivamente a devolver a Barrios al centro de la conversación musical paraguaya.
El redescubrimiento de Barrios no consistió solamente en volver a escuchar sus composiciones. Significó también comprender que Paraguay había producido a un músico capaz de dialogar con la tradición europea de la guitarra clásica y, al mismo tiempo, incorporar a su obra las cadencias, los ritmos y las sensibilidades de América Latina. En sus manos, la guitarra podía ser universal sin dejar de ser paraguaya.
La discusión sobre sus restos encierra, en el fondo, una cuestión más compleja. ¿A quién pertenece Agustín Barrios?
Paraguay puede reivindicarlo como uno de sus hijos más ilustres. El Salvador puede recordar que allí vivió sus últimos años, ejerció la docencia, murió y permanece sepultado. América Latina puede considerarlo uno de los grandes músicos surgidos de este continente. Y el mundo de la guitarra clásica lo reconoce como una figura fundamental de su repertorio.
UNA OBRA QUE TRASCIENDE
Quizás todas esas respuestas sean verdaderas. Porque la grandeza de Barrios reside precisamente en haber trascendido el lugar de nacimiento. Su obra partió de Paraguay, pero no quedó encerrada en sus fronteras. Viajó con él, cruzó océanos, entró en conservatorios, pasó de maestro a alumno y terminó incorporándose al repertorio de guitarristas de distintas partes del planeta.
Por eso, la repatriación de sus restos puede ser un acto legítimo de memoria nacional, pero no debería confundirse con la recuperación de su legado. A Barrios no hay que traerlo de vuelta: hay que seguir escuchándolo.
Quizá haya algo de profundamente paraguayo en esa paradoja. Durante años dejamos que uno de nuestros mayores artistas se alejara hasta convertirse casi en un desconocido dentro de su propia casa. Ahora queremos recuperar sus restos, cuando su música ya encontró una patria mucho más extensa.
Barrios permanece donde siempre quiso estar: en las seis cuerdas de una guitarra.
Y cada vez que alguien toca “Julia Florida”, “Danza paraguaya”, “Las abejas” o “La catedral”, aquel hombre que alguna vez abandonó Paraguay vuelve, por unos minutos, a caminar entre nosotros porque la patria que siempre habitará será la guitarra.
Músico pide ayuda para recuperar sus instrumentos robados en Luque
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Este jueves, un joven artista denunció que fue víctima de la inseguridad en la ciudad de Luque y pide ayuda para recuperar los instrumentos que le robaron y que los utiliza para trabajar. Los delincuentes en cuestión de minutos se llevaron dos teclados con sus accesorios y un parlante usados para los shows.
Según Christian Kettenbeil, el hecho se registró durante la noche de ayer miércoles frente a la plaza Roque González de Santa Cruz, donde dejó estacionado su vehículo mientras bajaba partes de sus equipos musicales. Los delincuentes rompieron los vidrios del rodado y se llevaron varios objetos de valor.
“Esto pasó ayer miércoles entre las 21:20 y las 22:50 ocurrió en Luque, zona Conmebol. Lamentablemente me fue imposible bajar todo, tenía que hacer sonido para un show acústico y luego tenía un concierto en el que me desempeño como tecladista”, expresó el afectado, en entrevista con La Nación/Nación Media.
Rompieron el vidrio y se alzaron con los equipos. Foto: Gentileza
Afirmó que hasta el momento no logró acceder a las imágenes de cámaras de seguridad de la zona, pero realizó su denuncia ante la comisaría tercera de la ciudad. “Los equipos robados eran los que preparé para el segundo evento. Esta tarde voy a pedir videos de seguridad por el barrio aprovechando que ya tengo la denuncia”, resaltó.
Los equipos robados fueron: un teclado de escenario Yamaha CK 88 con estuche negro Gator, un parlante Yamaha DBR12 y un teclado Roland XPS10 con estuche negro. Además de los accesorios, dos pedales Yamaha FC4, dos cables de audio plug Santo Angelo, un adaptador de corriente Roland y otro Yamaha; un prolongador Vimar de 5 metros y extensión de pedestal para segundo teclado.
Las personas que tengan información sobre los objetos robados o fueron testigo del hecho pueden contactar al (0961)360-487 o al (0992) 931-681 con Christian Kettenbeil. Se trata de artículos sumamente importantes y valiosos para la víctima.
Piden ayuda para localizar los instrumentos. Foto: Gentileza
Hace 22 años asesinaban a Jorge “Lobito” Martínez, gran músico y compositor paraguayo
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El 25 de enero de 2003 fue asesinado Jorge Eladio Martínez Ayala, destacado músico, compositor y pianista paraguayo, conocido como “Lobito”. El crimen ocurrió en su vivienda y estudio ubicado en el barrio Republicano de la ciudad de Asunción. El legado musical de Martínez siguen dejando en alto al Paraguay.
El asesinato se registró una calurosa tarde del 25 de enero, hace 22 años, cuando Jorge se encontraba en su casa. Su novia y un grupo de amigos con quien debía encontrarse esa noche comenzaron a preocuparse porque no llegaba a una cita.
Estos amigos, al notar que Lobito no se presentaba al encuentro, comenzaron a llamarlo insistentemente y se presentaron en su vivienda. También lo hizo su novia, María Cristina Giménez, de 20 años, quien vio cuando el presunto autor huyó en el vehículo de la víctima. En el lugar habría rastro de pelea, sangre y el cuerpo sin vida del artista.
¿Quién lo mató?
Todo fue tan inesperado, que la primera pregunta que surgió fue ¿quién mató a Lobito? Las investigaciones iniciaron de inmediato, en principio se creía que fue un hecho de robo porque no encontraron la computadora en la que tenía varias de sus composiciones.
El crimen fue brutal, el cuerpo del músico prácticamente quedó irreconocible. Sin embargo, los investigadores no lograban obtener las verdaderas causas del crimen. En el lugar no encontraron la notebook ni el automóvil del músico, lo que acrecentaba la teoría de un robo.
Primero buscaron a su empleada doméstica, quien iba a la casa de lunes a sábado de 7:00 a 18:00, pero ese día no se presentó y estaba desaparecida, aunque posteriormente se supo que estaba en estado de shock. Dos días después fue buscada por el hijo de Martínez, que la llevó hasta la sede de la Fiscalía.
La mujer confirmó que ya no estaba cuando ocurrió el hecho y la Policía también detuvo al hijo del músico, Jorge Martínez, de 22 años, a quien también sindicaron como sospechoso y que podría ser cómplice con la empleada. Pero ambos fueron puestos en libertad, por no contar con evidencias.
Lobito fue asesinado en su vivienda en el barrio Republicano. Foto: Captura de pantalla
Víctima de su aprendiz
El automóvil de Martínez fue abandonado en las calles Zanotti Cavazzoni, en el barrio Jara de Asunción. Se pudo constatar que en el volante y en los asientos había rastros de sangre, lo que indicaba que esta persona también resultó herida y las huellas aparecieron incluso en una parada de taxi.
Otro dato importante fue que el perro de Lobito, un pastor alemán, estaba en la habitación y se podría presumir que fue una persona conocida la que cometió el crimen, porque el animal era bastante bravo con personas extrañas.
El lunes 27 de enero, la Policía recibió una llamada anónima sobre la asistencia de un joven con heridas que no podía justificar en un sanatorio privado de la ciudad de Luque, pero que para esa fecha ya había sido dado de alta.
Al que no tuvieron en cuenta fue a Jorge Daniel González Torres, de 25 años, quien era aprendiz y trabajaba con Lobito. Este fue investigado y se pudo constatar que presentaba heridas en todo el cuerpo y manos, lo que apuntaba a que tuvo una pelea.
Detenido en su casa
La fiscal Teresa Martínez consiguió una orden de allanamiento y llegó hasta la casa de Jorge, el aprendiz, donde encontró la evidencia más importante: la computadora del músico y era un elemento que lo llevó a la prisión.
El hombre en todo momento negó haber matado a Lobito. A lo largo de la investigación dio varias versiones, incluso dijo que participó en el asalto, pero que fueron otras personas las que cometieron el crimen.
Jorge González Torres fue condenado a 20 años de cárcel. Foto: Captura de pantalla
Condenado a 20 años
En setiembre de 2003, Jorge Daniel fue condenado a 20 años de cárcel y la confirmación de esta sentencia se dio en enero de 2006. Este obtuvo la libertad condicional tras compurgar 13 años de prisión. Hasta el 2018 vivió con sus padres, quienes negaron que su hijo hubiera sido el autor del crimen.
Uno de los abogados querellantes, Adolfo Jorge Kronawetter, expuso la teoría de que Jorge estaba siguiendo los pasos de su maestro, pero ese sábado discutieron como consecuencia de una desavenencia que tuvieron cuando el joven informático trajo un programa para hacer arreglos musicales, lo que no fue del agrado de su mentor y desató la ira.
Así también, los investigadores indicaron que el móvil del crimen fue por robo, un tinte pasional por una relación que habría mantenido con su alumno y porque su alumno pretendía a su novia. Hasta la fecha se desconoce el verdadero motivo de su muerte.
Sobre Lobito
Jorge Eladio Martínez Ayala, más conocido como “Lobito”, fue un músico y compositor paraguayo nacido en Asunción, el 11 de mayo de 1952. Fue hijo de Eladio Martínez, cantante, guitarrista, compositor y folclorista, y de Aída Ayala, modista.
Desde los 6 hasta los 11 años estudió piano con Margarita Morosoli de Piccardo, luego con Nelly Jiménez, Pedro Burián y en el Instituto de Altos Estudios Pianísticos de Leonor Aranda. Luis Cañete y Carlos Schvartzman también fueron sus profesores de armonía.
Desde los 22 años y hasta 1983 integró el grupo de música moderna y bailable Los Aftermad’s, con el cual grabó numerosos discos en los que se incluían canciones de su autoría. En la década de 1980 formó parte del grupo de jazz Opus 572 y ofreció recitales de música clásica como solista de piano.
Desde los 22 años y hasta 1983 integró el grupo de música moderna y bailable Los Aftermad’s. Foto: Gentileza
Sus obras
Grabó, en sus estudios Little Wolf, el disco solista ‘‘Juego de niños’’ en solo de piano, en el que fusionó el jazz con la música paraguaya y desde 1997 logró los discos ‘‘Homenaje a nuestra música’’, ‘‘Solo guaranias’’, ‘‘Pintemos el mañana’’, ‘‘En las colinas del alma’’, ‘‘Canciones para mamá’’, entre otros. Su último disco fue editado en el 2001, titulado ‘‘Los sonidos de la luz’’. Al año siguiente salió de gira por Japón junto con el arpista Mariano González.
Datos clave
Lobito se había casado muy joven y fruto de ese matrimonio resultó dos hijos, una niña y un niño, pero la unión no prosperó. Cuando su hijo tenía 4 años y su hija 2 años, decidió divorciarse y dedicar su vida a la música.
El músico decidió viajar por el mundo y mostrar sus dotes como artista, tiempo en que dejó bien en alto al Paraguay.
La impresión que causó hizo que forme parte del instituto musical, en Boston, Estados Unidos, donde se graduó en ejecución, composición, arreglos e improvisación de jazz por el Berklee College of Music.
Regresó a Paraguay a mediados de los 90, ofreciendo recitales como solista y dedicándose a la docencia y a la composición.
Jorge Martínez era conocido como Lobito en todo el mundo. Foto: Facebook