• Víctor Pavón (*)

Se propuso recientemente un proyecto de ley que crea un nuevo fuero agrario y ambiental. El documento establece la derogación de todas las disposiciones que otorgan competencia al Juzgado de Primera Instancia en lo Civil y Comercial y al Juzgado Penal ordinario.

De ese modo, en cada circunscripción judicial se crearán tribunales, juzgados y defensorías en los conflictos relacio­nados a la propiedad privada, los cultivos, la actividad fores­tal, el agua, el medioambiente y comunidades indígenas. ­

En estos temas se confiere poder y jurisdicción con tri­bunales propios. También se crea la figura de los “Defen­sores públicos agrarios y ambientales” que actuarán de oficio en los conflictos sus­citados en el sector rural.

Los proyectistas consideran la especialización de la ley y que lo agrario y ambiental requiere de específica aten­ción estatal y para ello se hace necesaria una jurisdicción especial. El proyecto de ley, finalmente, discurre sobre un sustrato intelectual: La dia­léctica confrontativa entre el crecimiento económico y el medio ambiente.

En las organizaciones ambientalistas e indígenas quedó instalada la tensión y la permanente contrapo­sición entre el negocio en el agro con las personas del campo. Se pregona errónea­mente en seminarios, confe­rencias y publicaciones que el medioambiente es des­truido por el avance del sec­tor agropecuario, en especial el empresarial y que los cam­pesinos e indígenas son víc­timas de la tecnología y del cultivo de la soja.

A los defensores del medio ambiente y de los indígenas, sin embargo, les tiene sin cui­dado el ambiente y los pue­blos originarios. Tampoco les interesa aceptar que el creci­miento económico en el sec­tor rural acompañado de la sostenibilidad ambiental es realizable. Si lo hicieran sus intereses estarían en juego. En los hechos, en el campo se invierte, se crean empleos, aumenta la producción y la productividad cuidando el medio ambiente.

Los productores rurales nece­sitan resguardar la natura­leza, los bosques, ríos y arro­yos. Para seguir invirtiendo el eco sistema les resulta impor­tante, puesto que los recursos son activos que les permiten generar ganancias presentes y futuras.

La rentabilidad de un fundo administrado por una fami­lia o agroempresa requiere del buen uso de la tierra y del medio ambiente. La sostenibilidad ambiental es nece­saria, como un concepto que satisface a todos donde lo eco­nómico- social y ambiental conviven armoniosamente.

El nuevo fuero agrario y ambiental, sin embargo, con tribunales especiales en la confrontación entre creci­miento económico y medio ambiente, se convertirá de aprobarse como ley en que­brantos de conflictos para las familias haciendo reducir la producción, la inversión y el empleo en el sector rural.

(*) Presidente del Cen­tro de Estudios Sociales (CES). Miembro del Foro de Madrid. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”, “Cartas sobre el liberalismo”, “La acredita­ción universitaria en Para­guay, sus defectos y vir­tudes”, y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la libertad y la República”.

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