Se espera que la nave espacial se acople a la estación espacial después de un viaje de casi 24 horas en órbita terrestre baja, uniendo el Starliner construido por Boeing con un módulo de estación espacial construido por Boeing. Foto: Europa Press.
La nave espacial Boeing CST-100 Starliner está en camino a la Estación Espacial Internacional después de realizar con éxito la quema de inserción orbital planificada a los 31 minutos de vuelo.
Se espera que la nave espacial se acople a la estación espacial después de un viaje de casi 24 horas en órbita terrestre baja, uniendo el Starliner construido por Boeing con un módulo de estación espacial construido por Boeing.
La nave espacial reutilizable Starliner despegó sobre un cohete United Launch Alliance Atlas V calificado para humanos a las 22.54 UTC del 19 de mayo desde el Complejo de Lanzamiento Espacial 41 en la Estación de la Fuerza Espacial de Cabo Cañaveral en Florida, informa Boeing.
Otra nave espacial que ya voló y regresó de la órbita anteriormente -pero no alcanzó la Estación por consumo excesivo de combustible, retrasando todo el programa-, está en preparación para llevar astronautas hacia y desde la estación espacial para el Programa de Tripulación Comercial de la NASA.
Si bien esta misión de Starliner no tiene tripulación, sí tiene un pasajero. Lleva un dispositivo de prueba antropomórfico llamado “Rosie the Rocketeer” con sensores para comprobar los efectos del lanzamiento y el vuelo espacial en un modelo humano.
Starliner transporta 362 kilogramos de carga en la misión Orbital Flight Test-2 (OFT-2), incluidos unos 226 kilogramos para la NASA, como alimentos y otro artículos para la actual tripulación de la estación, así como una bandera conmemorativa de EE.UU. que permanecerá a bordo de la estación espacial hasta que regrese a la Tierra en la prueba de vuelo de la tripulación (CFT) de Starliner.
Situada a más de 384.000 kilómetros de distancia, la Luna está 1.000 veces más lejos de la Tierra que la EEI, y tardarán entre tres y cuatro días en llegar a ella. Foto: AFP
Los cuatro astronautas del programa Artemis II encendieron el jueves el motor de su nave y abandonaron la órbita terrestre, donde estuvieron por casi un día, para encaminarse hacia la Luna, una hazaña que la NASA no realizaba hace más de medio siglo.
“La humanidad ha demostrado una vez más de lo que es capaz”, dijo el astronauta canadiense Jeremy Hansen, quien se embarcó en este viaje junto a tres estadounidenses, poco después de que se realizara una de las maniobras más importantes de la misión a eso de las 23:49 GMT.
Durante casi seis minutos, la nave espacial Orion que los transporta generó el empuje necesario para salir de la órbita terrestre y ahora se aleja del planeta azul en dirección a su satélite natural.
Hansen describió “una vista impresionante” desde sus ventanas. “Nada te prepara para la emoción que te invade” en ese momento, confesó posteriormente su compañera Christina Koch.
Durante una entrevista en directo concedida por la tripulación a televisoras y difundida a través de la señal oficial de la NASA, describió una Tierra “iluminada como si fuera de día y bañada por el resplandor de la Luna”.
Con este potente impulso, Artemis II se convierte en la primera misión tripulada al satélite natural desde el fin del programa Apolo en 1972. La presencia humana en el espacio se había limitado, hasta entonces, a las inmediaciones de la Tierra, principalmente a la Estación Espacial Internacional (EEI).
Situada a más de 384.000 kilómetros de distancia, la Luna está 1.000 veces más lejos de la Tierra que la EEI, y tardarán entre tres y cuatro días en llegar a ella. La tripulación no posará la nave sino que orbitará el cuerpo celeste, pasando por detrás de su cara oculta el lunes antes de regresar al planeta el 10 de abril.
El astronauta Jeremy Hansen describió “una vista impresionante” desde sus ventanas tras salir de la órbita terrestre. Foto: AFP
Sin retorno
En esta ocasión, la tripulación batirá un récord al convertirse en la que se haya aventurado más lejos en el espacio. Su trayectoria se determinó para que la nave fuera atraída por la gravedad de la Luna y luego regresar directamente a la Tierra, sin propulsión adicional.
Ese cálculo tiene una desventaja: una vez iniciado el impulso principal, no hay vuelta atrás. Para regresar a la Tierra, Orion deberá llegar primero a la órbita de la Luna y regresar, en un viaje de varios días. “A partir de ahora, las leyes de la mecánica orbital guiarán a nuestra tripulación a la Luna, la rodearán y la traerán de vuelta a la Tierra”, declaró Lori Glaze, científica de la NASA.
Los astronautas llevan trajes que también funcionan como sistemas de supervivencia: en caso de una despresurización o fuga en la cabina, mantendrán el oxígeno, la temperatura y la presión adecuadas durante un máximo de seis días.
Para minimizar los riesgos, los astronautas a bordo —los estadounidenses Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, y el canadiense Jeremy Hansen— realizaron una serie de pruebas cerca de la Tierra dentro de las 24 horas posteriores a su exitoso lanzamiento para garantizar la fiabilidad de su nave espacial, que nunca antes había transportado una tripulación.
“Fontanera espacial”
Si bien surgieron algunos problemas técnicos imprevistos, incluido uno con el inodoro, todo se resolvió. “Me enorgullece llamarme ‘fontanera espacial’”, bromeó Koch, quien se hizo cargo del asunto, desde la estrecha cabina de la nave, cuya transmisión se realizó en directo.
Flotando uno al lado del otro en este vehículo del tamaño de una furgoneta, los astronautas, sonrientes, aprovecharon el contacto para enviar un saludo a sus familiares. Su misión, que acaba de comenzar, tiene como objetivo verificar que todo esté en orden para permitir el regreso de los estadounidenses a la superficie lunar, previsto para 2028, antes de que finalice el segundo mandato de Donald Trump.
El objetivo de la NASA es construir una base cerca del polo sur lunar, donde ningún ser humano ha estado jamás, y utilizar estas misiones lunares para preparar futuros vuelos a Marte.
Se trata de una empresa extremadamente compleja y costosa, que se lleva a cabo bajo la presión implícita de China, que también aspira a pisar la Luna para 2030.
“Esto no tiene nada de normal”, insistió el comandante Reid Wiseman desde el espacio. “Enviar a cuatro personas a 400.000 kilómetros de distancia es una hazaña hercúlea, y apenas estamos empezando a comprender su magnitud”.
El Aeolus, de más de una tonelada, entró con éxito en el corredor que se pretendía, sobre la Antártida, donde hay menos población en el mundo, explicaron. Foto: AFP
Satélite reingresa a la atmósfera y se desintegra gracias a exitosa maniobra inédita
Compartir en redes
El satélite europeo Aeolus, que había llegado al final de su misión en órbita, regresó a la Tierra “con éxito” tras una maniobra sin precedentes para reducir al mínimo el riesgo de precipitación de desechos en tierra, anunció el sábado la Agencia Espacial Europea (ESA).
Este satélite de observación de la Tierra, lanzado en 2018 para medir los vientos, entró en la atmósfera de manera controlada, después de varios días de maniobras destinadas a bajar su órbita.
La nave, de poco más de una tonelada -que operaba a 320 km de altitud-, descendió progresivamente a 120 km, y luego entró en la atmósfera donde se desintegró, en la noche del viernes.
Aeolus “entró con éxito en el corredor que se pretendía, sobre la Antártida, donde hay menos población en el mundo”, declaró al AFP Benjamin Bastida, ingeniero encargado de los desechos espaciales de la ESA.
El satélite fue diseñado a finales de los años 1990 y carecía de la potencia de propulsión requerida para controlar su caída, señaló el ingeniero.