La erupción volcánica en curso desde hace más de dos semanas en Islandia, a unos cuarenta kilómetros de Reykjavik, se amplió el lunes con una nueva expulsión de lava, según el Instituto meteorológico e imágenes en directo de la televisión islandesa.
La nueva fisura, de entre 100 y 200 metros, se encuentra a un kilómetro del primer foco de la erupción situada en el valle de Geldingadalir, alrededor del monte Fagradalsfjall, anunció la oficina meteorológica de Islandia.
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El nuevo fenómeno se inició “hacia mediodía”, según el organismo. Pequeñas cantidades de magma salían de la tierra, según imágenes en directo difundidas por la televisión pública RUV. La lava de la nueva falla fluye hacia otro pequeño valle vecino denominado Merardalir.
El acceso al sitio, a donde muchos visitantes acuden desde el inicio de la erupción el 19 de marzo, fue cerrado por precaución y está siendo evacuado, según la policía islandesa. Los vulcanólogos islandeses, que inicialmente preveían una erupción de corta duración, calculan ahora que durará semanas e incluso más.
La última erupción en la península de Reykjanes (suroeste), ocurrió hace 800 años con varios episodios de 1210 a 1240. Ahora el sitio se convirtió en la atracción del momento en Islandia. En el último cálculo, el domingo, se indicó que han visitado el lugar más de 36.000 personas, un décimo de la población del país.
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Fuente: AFP.
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El eclipse solar oscurece el Ártico ruso e Islandia y se dirige a España
Un inusual eclipse solar total sumió el miércoles en una corta noche los confines del Ártico ruso y el oeste de Islandia antes de dirigirse hacia España en un espectáculo que tiene a millones de europeos mirando al cielo.
Poco antes de las 17:00 GMT, el Sol quedó completamente oculto tras la Luna, que proyectó su sombra en los confines árticos de Rusia, Groenlandia e Islandia antes de cruzar el Atlántico hacia España.
El raro fenómeno astronómico atravesará el país ibérico en diagonal, desde el noroeste atlántico hasta las islas Baleares en el Mediterráneo, por donde debería desaparecer alrededor de las 18:30 GMT.
En Lodoso, un pequeño pueblo cerca de la ciudad norteña de Burgos, centenares de personas, equipadas con lentes de protección y algunos con telescopios, se reunieron en un campo a la espera del gran momento.
“¡Guau!”, gritaron muchos con entusiasmo cuando el perfil de la luna empezó a ocultar el astro.
“Es la primera vez y también la última, la única vez que voy a ver un eclipse”, decía entusiasta Yenny Guevara, una peruana de 50 años, que viajó desde Francia para vivir este acontecimiento “excepcional”.
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Fuera de esa franja diagonal, el fenómeno será parcial, como ocurrirá en gran parte de Europa occidental, Canadá, el noroeste de África y Estados Unidos.
La noche más breve
Cuando la Luna oculta completamente el Sol, se crea una inquietante oscuridad y las temperaturas bajan. Desorientados, los animales se comportan de forma inusual.
“Las aves empiezan a revolotear por todas partes, los perros empiezan a ladrar. Esa reacción de la naturaleza es uno de los grandes alicientes de la totalidad”, explicó a la AFP el astrofísico británico Graham Jones, desde Fontanil de los Oteros, un pueblo del norte de España.
El espectáculo es fugaz. La fase de totalidad dura menos de dos minutos, como máximo, en las zonas más afortunadas.
Pero el fenómeno en su conjunto, desde que la Luna empiece a tapar el Sol hasta que vuelva a desaparecer, se extiende casi dos horas.
El evento ofrece a los científicos una oportunidad poco frecuente de estudiar la atmósfera del Sol y su capa más externa, con la esperanza de acercarse a los secretos de los vientos solares y del campo magnético de la estrella.
En Reikiavik, que no vivía este fenómeno desde 1433, el divulgador científico y astrónomo Saevar Helgi Bragason aseguraba a la AFP que lleva “más de diez años esperando” para contemplar “la noche más breve, repentina, hermosa, única y, ojalá, más memorable de nuestras vidas”.
Sin embargo, el cielo nubloso y la lluvia dificultó la visión del espectáculo, aunque no impidió que miles de personas quedaran sumidas en la oscuridad total cuando el Sol desapareció tras la Luna.
Una vez en la vida
Hace más de un siglo que la España peninsular no vivía un eclipse total. Y, aunque el país presenciará otro en menos de un año, muchos no quisieron dejar pasar la ocasión.
Desde Madrid y Barcelona, fuera de la franja con eclipse total, muchos habitantes se lanzaron a la carretera hacia las afueras, lo que provocó retenciones kilométricas.
En el puerto de Tarragona, una de las principales ciudades catalanas donde se verá el fenómeno, Pauline Robert explicaba haber viajado más de tres horas en carretera desde Francia. “Es emocionante y solo ocurre una vez en la vida”, dice esta estudiante.
Paolo Boschetti, un informático de 50 años, llegó de Italia con su familia y su gran telescopio, que ya tenía apuntando al sol. “Vinimos a ver el eclipse, y luego Barcelona y Tarragona”, dice Boschetti, deseoso de experimentar el “total black”.
La fiebre por el eclipse se apoderó de muchos europeos, que se afanaron para conseguir a última hora lentes para observarlo con seguridad, agotadas en muchos comercios.
Fuente: AFP
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Una titiritera de Kunu’u Títeres en espectáculo del Reykjavík Arts Festival
En el mes del aniversario de la compañía Kunu’u Títeres, que cumple 17 años, las titiriteras Carola Mazzotti y Tessa Rivarola se encuentran en varias colaboraciones internacionales que se verán a lo largo de este año. Desde Islandia, Tessa Rivarola hace parte de un elenco internacional en “Rót” (Enraizado) un nuevo musical de títeres producido por la compañía de títeres islandesa Handbendi Studio que tendrá su premiere el 31 de mayo en la capital dentro del Reykjavík Arts Festival.
Dentro del espectáculo “Rót” (Enraizado) el personaje de la actriz y titiritera paraguaya es una abuela cuentacuentos que vuela desde Paraguay a Islandia en el año 1995 para visitar a su nieto Óli (un títere “Bunrako”, manejado por 3 titiriteros) trayéndole historias de cosmogonía ancestral guaraní, usando jopará junto a islandés para relatar el vuelo primigenio del Mainumby. Y también trayendo consigo memorias y cicatrices de dictadura.
Coincidentemente con el aniversario de los 50 años de la pascua dolorosa y de los peores horrores del stronismo en Paraguay, hay, en Islandia, un personaje que cuenta sobre una época a la que nunca más queremos retornar y deja flotando la pregunta a los adultos; ¿qué mundo queremos para nuestras infancias?
“Rót” (Enraizado) reúne artistas de todo el mundo y es dirigida por Greta Clough, organizadora de HIP, el único festival internacional de títeres de Islandia (www.listahatid.is/en). Del 30 de mayo al 14 de junio participan talentos de Eslovaquia, Estados Unidos, República Checa, Japón, República Dominicana, Reino Unido, Islandia y Paraguay. Este año se presenta la cantante Björk junto a una exhibición de máscaras que ella viene usando en sus performances.
Kunu’u Títeres es una compañía de títeres conformada por Carola Mazzotti y Tessa Rivarola, quienes desde el año 2009 vienen ofreciendo espectáculos, festivales y realizando la producción de espectáculos de titiriteros y titiriteras de Latinoamérica y otras partes del mundo en diversos teatros y espacios comunitarios de Asunción, Areguá y varias otras ciudades del país. Sitio web: https://kunuutiteres.com/.
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Por primera vez se encontraron mosquitos en Islandia
Por primera vez se encontraron mosquitos en Islandia, que durante mucho tiempo fue uno de los pocos lugares en la Tierra libres de ellos, informó un investigador a AFP el lunes. Matthias Alfredsson, entomólogo del Instituto de Ciencias Naturales de Islandia, dijo que se habían encontrado tres mosquitos, dos hembras y un macho, a unos 30 kilómetros al norte de la capital, Reikiavik.
“Todos fueron recolectados de cuerdas de vino (...) destinadas a atraer polillas”, indicó el investigador en un correo electrónico, refiriéndose a un método que consiste en añadir azúcar a vino caliente y sumergir cuerdas o tiras de tela en la solución, que luego se cuelgan al aire libre para atraer a los insectos. Todos eran de la especie Culiseta annulata, detalló.
Islandia, junto con la Antártida, ha sido durante mucho tiempo uno de los pocos lugares en la Tierra sin población de mosquitos. “Es el primer registro de mosquitos que ocurre en el entorno natural en Islandia. Hace muchos años se recolectó un único ejemplar de Aedes nigripes (especie de mosquito ártico) de un avión en el aeropuerto de Keflavik”, precisó Alfredsson, agregando que “por desgracia, ese ejemplar se perdió”.
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Según el investigador, la presencia de los mosquitos podría “indicar una introducción reciente al país, posiblemente a través de barcos o contenedores”. Añadió que los mosquitos podrían potencialmente expandirse por la isla, pero que sería necesario un monitoreo adicional en primavera para determinar si “realmente se establecieron en Islandia”.
El cambio climático, con el aumento de temperaturas, veranos largos e inviernos más suaves, crea un ambiente favorable para que los mosquitos prosperen. Pero Alfredsson destaca que el clima más cálido probablemente no sea la razón de la aparición de mosquitos en Islandia.
“Esta especie parece estar bien adaptada a climas fríos, principalmente por su capacidad de hibernar como adulto en lugares resguardados. Esto les permite resistir inviernos largos y duros cuando las temperaturas caen por debajo de cero”, explicó. La especie, que se encuentra en todo Europa, “también utiliza hábitats de reproducción diversos, lo que refuerza aún más su capacidad de persistir en el desafiante entorno de Islandia”.
Fuente: AFP.
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“El retrato es una forma de crear un espacio con el otro”
El fotógrafo paraguayo Juanjo Ivaldi Zaldívar se instaló por primera vez en ese alejado territorio en 2009. Ahora vive en Seyðisfjörður, transformado por el contexto, un planeta distinto, como dice. El artista visual nos habla sobre la esencia de su nueva muestra y sus vivencias en la “tierra del fuego y el hielo”.
- Por Jimmy Peralta
- Fotos Juanjo Ivaldi
El pasado 17 de junio se habilitó en Islandia la muestra “Dejar aparecer”, del fotógrafo paraguayo Juanjo Ivaldi Zaldívar, una propuesta coordinada por Auður Mikaelsdóttir que presenta un centenar de retratos de ciudadanos de Höfn, un pueblo de alrededor de 2.200 habitantes, donde el compatriota vivió un tiempo. “Dejar aparecer” es una forma de buscar pasivamente el momento artístico, tanto para permitir que este logre manifestarse, en este caso la imagen frente al observador, así como para el artista permitirse ver y captar la obra, en el caso de Juanjo, registrar con la cámara con el máximo respeto al retratado.
Ivaldi vive su segunda estadía en la isla. En 2009 fue por primera vez, para volver en 2014. Cinco años después volvió a instalarse y a revivir la conexión que le permite ese planeta que se le representa como Islandia, como paisaje y humanidad como contexto. “En el retrato, lo esencial no se fabrica: se revela”, cita el texto de convocatoria a la muestra. Juanjo habló con La Nación del Finde sobre esta iniciativa, su experiencia en Islandia, y la búsqueda ética y estética que propone él con esta colección.
–¿Cuál tu primera vinculación con Islandia antes de ir y la primera en construir al llegar allá?
–Pensar en esto me llevó directo a una memoria de una sala de fotografía con un piso de ajedrez en el “Instituto de la imagen”. Coincidentemente, la primera vez que escuché sobre Islandia fue en un curso de fotografía que tomaba en Paraguay, allá por el 2006 o 2007, no recuerdo muy bien. Alguien puso música de Sigur Rós… ese sonido… lejano, como si viniera de otro mundo. Hoy, mientras te respondo a estas preguntas, vuelvo a poner Sigur Rós y preparo un café. Mi primer vínculo real con Islandia fue por Sunna, una mujer bellísima de estas tierras, a quien siempre voy a estar profundamente agradecido por invitarme a llegar hasta acá. Con ella tuvimos una relación de jóvenes curiosos en esos años, y un día me dijo: “¿Por qué no nos vamos a Islandia?” Yo le dije “¡Jaha!”. Y bueno, fue así como Islandia pasó de ser ecos sonoros (primero conocí su música), después solo imaginación, a convertirse en un hogar.
Llegar desde Paraguay en 2009, con 25 años, fue como aterrizar en otro planeta, Islandia es otro planeta. Recuerdo un paisaje más negro que verde: extensiones de lava, montañas, cielos inmensos, inmensidad más inmensidad, bum, un aura boreal, 24 horas de día, 24 horas de noche y silencios. Hermosos silencios. No era el Islandia “turístico” de hoy, era un país más reservado, lleno de barrios y a la vez más salvaje. Esa naturaleza en todas sus formas, honesta, me atrapó de una forma que nunca imaginé. Creo que, en ese primer invierno, mientras la nieve caía sobre un planeta que apenas empezaba a conocer, supe que algo en mí también estaba cambiando. Para siempre.
–¿Cómo definirías al retrato, y cómo lo diferenciarías de otras formas fotográficas?
–Para mí, el retrato es una forma de crear un espacio con el otro. No es una imposición de la mirada, del “yo fotógrafo” quiero que vos persona hagas esto para que el “yo fotógrafo” sobresalga. En mi experiencia, un retrato ocurre cuando el otro puede emerger, cuando no se lo interrumpe ni se lo fuerza a ser algo. En este sentido, lo diferencio de otras formas fotográficas que a veces buscan captar lo espectacular, lo inmediato o lo evidente. El retrato, en cambio, es más lento. El retrato es espera. Uno se queda esperando un gesto, una pausa, un silencio donde algo del otro se revele. Es como transitar el mundo analógico de la fotografía. Suele haber un segundo donde la persona decide darte algo, o a veces se le escapa, porque siempre está ahí. En mi búsqueda del retrato, no trato de fabricar una imagen, sino dejar que algo que ya está, como la dignidad, una verdad, incluso una herida, se asome, de formas diferentes. Y cuando hay escucha, cuando hay tiempo, ahí entre dos personas, esa imagen puede convertirse en un espejo donde alguien se reconozca con una dignidad que quizás había olvidado. Por eso, para mí, retratar es también un acto de respeto.
EL TRAYECTO
–¿Cuándo empezó a tener forma de muestra esta colección de fotos?
–Esta última exhibición de retratos tiene sus raíces en una experiencia previa del año 2023, cuando trabajé junto a Greta Clough en una región del norte de Islandia. Allí realizamos una serie de entrevistas y retratos que culminaron en la muestra Fl(j)óð, una exposición fotográfica centrada en mujeres de origen extranjero que vivían en Húnaþing Vestra. Compartimos las historias de 33 mujeres de la comunidad, celebrando sus raíces y abriendo espacios de reflexión sobre el lugar que ocupan las mujeres inmigrantes dentro de la sociedad islandesa. Este proyecto fue muy bien recibido y tuvo buena cobertura mediática en el país. Inspirada en esa experiencia, Auður Mikkelsdóttir se puso en contacto conmigo con la idea de hacer algo similar en Höfn, una localidad del sureste a donde llegamos juntos con Tess Rivarola en 2019 y donde vivimos por más de un año. Esta vez, el enfoque estuvo puesto en las y los habitantes de la comunidad. Así comenzó esta nueva etapa.
Durante tres meses hice lo que más me gusta en la vida; manejar en ruta islandesa, escuchar música y fotografiar. Viajé desde Seydisfjördur (un pequeño fiordo del este donde vivimos desde el 2020) a Höfn todos los fines de semana, unos 150 km, atravesando dos rutas de montaña que alcanzan los 600 metros de altitud y no pocas veces están cubiertas de niebla. Conocí y fotografié a 114 personas. En cada encuentro conocí algo nuevo de esta cultura. Tomé café como nunca antes en mi vida. Acá cada vez que llegas a una casa no importa la hora que sea te invitan café. Cada persona me mostró algo nuevo de la forma de ver la vida que tienen los islandeses. Y así fue tomando forma la muestra: como un retrato colectivo que busca reflejar la diversidad del pensamiento, la memoria compartida y lo cotidiano de quienes habitan este rincón del sureste islandés.
–¿Qué sensaciones o intenciones conectan o vinculan entre sí a las fotos de esta muestra?
–Una serie de fotografías puede narrar una historia, pero en esta muestra de retratos el hilo no es argumental. No hay un relato lineal, sino una atmósfera que se construye desde la escucha. Para cada retrato, lo único que pedía era que la persona eligiera el lugar donde quería ser fotografiada. Algunos escogieron sus casas; otros, los caminos donde pasean con sus perros. Algunos volvían a las granjas de sus abuelos, a los establos donde cuidan caballos, ovejas o gallinas. Esas elecciones no fueron casuales: en esta serie de retratos el paisaje no es fondo, es parte del cuerpo. Creo también que lo que une estas imágenes es una intención compartida porque para ser retratado hay que querer ser visto.
En muchos de estos retratos se puede leer el arraigo profundo que cada islandés tiene con su tierra. Para muchos, decir “soy de tal lugar” es un acto de orgullo. Y no es solo una frase: es literal. Algunos nunca salieron de su pueblo Son de ahí, y lo son a mucha honra. Cada persona retratada iba trayendo una nueva perspectiva; su forma de pensar. Y, sin embargo, algo se repetía, remitiendo a algo ya escuchado antes, al otro lado de la isla. Y así se fue tejiendo más o menos, una sensación de intimidad, de presencia, de pertenencia. Quizás lo que une estas imágenes no sea lo que se ve, sino lo que se intuye: una vibración, una confianza, una forma de mirar que no busca transformar, curiosea. Lo que deseo es que cada retrato sea una puerta entreabierta entre la presencia y el misterio.
OBSERVACIÓN Y ESPERA
–¿Cómo llegás vos a la idea de “dejar aparecer” y qué pensás que te aporta como fotógrafo en el contexto donde te manejás?
–El concepto de “dejar aparecer” lo tomo prestado de Humberto Maturana, biólogo chileno, quien plantea que amar es permitir que el otro sea, sin forzarlo a cumplir con nuestras expectativas. Me quedó resonando, y con el tiempo entendí que eso también era lo que yo buscaba al retratar. Coincide con mi manera de aproximarme al retrato, no desde la dirección ni la construcción, sino desde la observación y la espera. Yo no me siento tanto un fotógrafo que “arma” imágenes, sino alguien que observa, que acompaña. En el contexto donde vivo, el “countryside” de Islandia, el tiempo se percibe de otra forma, las personas tienen otras formas de relacionarse. En el momento del retrato, las personas acá pueden llegar a ser muy cerradas para nosotros los “sudacas”. Pero eso es una interpretación desde una expectativa del otro. Aquí, se vuelve clave ser observador, quedarse quieto. Acompañar el silencio entre los dos, acompasar el momento. Aquí no se pueden forzar las cosas. Entonces uno, como fotógrafo, va generando el espacio, las condiciones donde la persona pueda mostrarse, si quiere, si lo siente. Puedo decir hoy que “dejar aparecer” se ha vuelto para mí una ética del mirar y del convivir.
–¿Podrías comentarnos algo de Höfn?
–Höfn es un pequeño pueblo al sureste de Islandia, rodeado de playas negras, glaciares del Parque Nacional Vatnajökull y montañas que respiran con el clima. Tiene tormentas de viento, neblinas… y unos amigos maravillosos. Llegamos allí con Tess Rivarola en mayo de 2019. Hay algo en su paisaje: el viento te habla, o la luz cambia de golpe y te muestra otras formas. A primera vista puede parecer un lugar aislado, pero después de esta experiencia fotográfica me di cuenta de que tiene una vida comunitaria generosa. Vivimos un año con Tess en las afueras de Höfn, Hólmur, en una casa amarilla, con el glaciar como jardín. Después de esa experiencia armamos una exhibición en conjunto: con poesías de Tess y fotografías mías, que se llamó “Mirada extraviada”. Tess tiene mucho que ver con mi desarrollo como artista. Me empujó a buscar más profundidad, a ir más allá. Exige como loca, y eso sirve muchísimo.
–¿Cómo es tu vida allá?
–Ahora vivimos en Seyðisfjörður, en el este de Islandia, a 661 kilómetros de la capital. Mi vida hoy es bastante tranquila, ya no farreo tanto, también intensa en otros aspectos. En el día a día cocino, saco fotos, tomo helado, voy a nadar, chismoseo con la gente, me plagueo… y otras cosas que no te voy a contar porque seguro que mi vieja va a leer esto. Siento que, en lugares como estos, donde el tiempo se mueve más lento, uno puede escuchar mejor. Mirar las cosas en sus diferentes formas y estados.
Escuchar a los demás, y también a uno mismo. La naturaleza no es solo un complemento o una foto para Instagram: es un personaje más que convive entre nosotros, con el que uno dialoga todos los días. Te guste o no. Reykjavik, Höfn, Seyðisfjörður… Islandia me ha dado algo valioso: la posibilidad de mirar con más atención, de reinventarme, de sanar, de perdonar, de crecer de muchas formas. De vincularme con la gente de otra cultura, desde las diferencias y el respeto. Y de construir un ritmo de vida más acorde con lo que necesito en este momento.