Un desconocido con celular y Twitter le puso la vida del revés en un chasquido
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Por un aparentemente instrascendente chasquido de dedos, un estadounidense de origen mexicano fue tratado de racista, odiador serial, por la foto del gesto en redes sociales, y fue despedido de lo que consideraba “el empleo de su vida”. Al conocerse su historia, ahora las redes dan la vuelta a la tortilla, y señalan a la empresa que lo despidió por discriminación.
El 3 de junio pasado, Emmanuel Cafferty, de vuelta a su casa luego de su rutina laboral, iba en una camioneta de la empresa para la cual trabajaba con la ventana abierta y el brazo izquierdo a la vista, momento en el que realizó un gesto uniendo sus dedos como si fuera a dar un OK, lo hizo varias veces y de manera distraída, sin intención alguna, relató el mismo.
Cafferty, de 47 años, fue entrevistado por la BBC News Brasil, donde reveló con detalles todo lo acontecido ese día. Tras finalizar su trabajo, que hasta ese momento transcurría con total normalidad, pero luego pasó a convertirse en una pesadilla.
El estadounidense Emmanuel Cafferty, hijo de inmigrantes mexicanos y sin estudios superiores, quien dedicaba su día a inspeccionar las redes subterráneas de gas y electricidad de la ciudad de San Diego, California, estaba viviendo su sueño americano.
Ganaba US$ 41 la hora, el doble que en su empleo anterior, contaba con cobertura de salud y de jubilación por primera vez en su vida. Seis meses atrás, cuando había conseguido el puesto, él, sus tres hijas y sus nietos salieron a comer para festejarlo.
Comentó que en esa calurosa jornada, de vuelta a su casa y tras realizar una gesticulación con el dedo sin darle mayor importancia, “un desconocido con un celular y una cuenta de Twitter puso mi vida del revés”.
Continuó diciendo: “Ese hombre comenzó a tocar la bocina y a insultarme. Gritaba: ‘¿va a seguir haciendo eso?’ y sacó el celular para fotografiarme. Pensé que tal vez le había cerrado el paso en el tráfico, por accidente. Pero estábamos los dos parados en el semáforo y yo no entendía nada”.
Dos horas más tarde, su supervisor lo contactó para contarle que había sido denunciado a través de las redes sociales como racista y que estaba suspendido en el trabajo sin goce de sueldo. Una hora más tarde, sus compañeros llegaron a su casa y llevaron el vehículo y la computadora de la empresa.
Y, finalmente, cinco días después de lo acontecido fue despedido. “Así fue como perdí el mejor empleo de mi vida”, lamentó Cafferty. Y según medios internacionales, este acontecimiento al igual que muchos otros similares es atribuida a la “cultura de la cancelación”.
Para entender mejor de qué estamos hablando, cabe mencionar la reciente la muerte de George Floyd, un hombre negro que murió a manos de un policía blanco. Esto desató la más grande manifestación contra el racismo en toda la historia de Estados Unidos.
Y al parecer no se ha quedado ahí, ya que en ese sentido el chasquido de dedos de Cafferty fue interpretado por otro conductor como un gesto específico: un símbolo usado por blancos que se creen superiores.
Al momento de la entrevista, Cafferty dijo que no tenía ni idea de que el gesto que se le atribuye, comúnmente asociado con un “OK” de los Estados Unidos, pudiese tener connotaciones racistas.
El denunciante admitió ante la NBC que tal vez exageró en su interpretación al haber etiquetado en su publicación a la empresa en la que Cafferty trabajaba y que su intención no era que se lo despida. Luego el usuario borró el mensaje original e incluso la cuenta de Twitter.
Un efecto colateral
“Una multitud de Twitter me canceló. Ya llamé a todos mis exempleadores en las seis semanas desde que aconteció el episodio y nadie me llama de vuelta. Lo primero que hace un empleador a la hora de contratar es poner el nombre en Google. El mío quedó ligado a este episodio, sin importar si era cierto o no. No sé cómo voy a seguir con mi vida de aquí para adelante”, exclamó el exfuncionario.
El caso de Cafferty es considerado como el peligroso efecto colateral de la llamada “cultura de la cancelación”. Un movimiento que se inició hace algunos años para ser la voz de los grupos menores y forzar acciones políticas de marcas o figuras públicas.
Funciona de la siguiente manera: un usuario de redes sociales presencia un acto que considera equivocado, lo graba en video o lo fotografía y lo publica en su cuenta, y etiqueta a personas o empresas con el fin de expandir la publicación, con el objetivo de lograr que se viralice el mensaje.
La conocida “cultura de cancelación” va más allá de la típica polémica. Es un ataque directo a la reputación, que amenaza toda la existencia de la persona cancelada. Muy frecuente en los Estados Unidos y que hoy en día también desacredita a comunes y simples mortales como Emmanuel Cafferty.
“Subsiste la cultura de la desigualdad y la discriminación”
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Fotos: Carlos Juri
En esta edición del programa “Expresso”, del canal GEN/Nación Media, Augusto dos Santos recibe a la docente, investigadora y experta en derechos humanos Liliana Zayas Guggiari para abordar la dramática realidad de los feminicidios y la violencia contra las mujeres. A pesar de los avances normativos, la académica apunta que persiste la falta de coordinación institucional y, sobre todo, una arraigada cultura machista que coloca a la mujer en una situación de inferioridad y sumisión con relación al varón.
–Cuando un hombre mata a su pareja o su expareja como desenlace de una serie de hechos que debían haberse advertido antes, ¿ante qué estamos?
–Cuando estamos ante la muerte violenta de una mujer, una muerte feminicida, como lo dice nuestra ley, no estamos ante un crimen pasional, no es un problema de pareja. Es el punto final, es la culminación de una serie de violencia que puede haber empezado como una violencia patrimonial, una violencia psicológica, violencia física y la desvalorización misma de la mujer. El punto final de la violencia más extrema es la violencia feminicida, es decir, la muerte violenta de una mujer por ser mujer. Y eso es muy interesante analizarlo porque hubo mucho debate en por qué no es un homicidio agravado en razón del vínculo. Cuando hablamos de una violencia feminicida, hablamos de la condición de género, de ser mujer de esta víctima y tiene que ver con esa construcción social cultural, estructural que existe donde a la mujer se le coloca en una situación de inferioridad, de sumisión con relación al hombre. Y es una cultura prendida, es una cultura que se va transmitiendo y que quedó imperante en la sociedad y que clasificó a las mujeres y desclasificó, realmente en otros aspectos, con una amplia visión de desigualdades y de discriminación.
–Dentro de la cultura hay un componente que me parece transversal en este debate, que es el machismo, ¿no?
–El machismo es la cultura arraigada en nuestra sociedad, donde pretenden confundir con las diferencias de sexo. Cuando hablamos de género, hablamos de un constructo social cultural que se puede cambiar, que se puede desaprender. Nos enseñaron a las mujeres que correspondemos al ámbito privado, es decir, a la casa, al cuidado de los hijos, al cuidado de los adultos mayores, al cuidado de los enfermos y el hombre al ámbito público, es decir, el hombre, el proveedor, el hombre es el líder, el hombre poderoso y la mujer débil.
FACTOR CULTURAL
–¿Qué otros asuntos están fallando en nuestro sistema para que estas cosas sigan ocurriendo?
–Hay dos cosas muy importantes que señalar. En los últimos 10 años hubo un avance normativo. Está el principio de igualdad constitucional entre mujeres y hombres. Está una ley especial, que es la Ley 5777, que justamente tiene el objetivo de visibilizar esta problemática de las desigualdades, establece 15 formas de violencia: violencia psicológica, violencia patrimonial, violencia contra la dignidad, violencia sexual, etc. Este avance normativo que hoy tenemos 10 años después –podemos evaluar si fue suficiente o no– no fue acompañado de la cultura. Esta normativa, primero, no es conocida ni por las propias mujeres ni por la sociedad. Y en segundo lugar, subsiste la cultura de la desigualdad y la discriminación y esto se traduce no solamente en hechos de violencia, sino con otras brechas como ser la violencia política, que lo que tiene como consecuencia es el desgano de la mujer de postularse o de llevar adelante una campaña, mismos por los roles y estereotipos que tienen, que subsisten de que la mujer tiene que estar en la casa. Entonces, ¿qué políticas públicas se pueden acompañar ante la falta de representación de las mujeres para poder liderarlas y traducirlas en acciones?
–Y aun así lo ideal sería que no fuera tanto desde la imposición de una política pública o una ley, sino desde la cultura de una sociedad, ¿no?
–Totalmente. Subsisten las brechas salariales, el acceso a la salud. Actualmente estoy trabajando en lo que va a ser el 5.º Plan Nacional de Igualdad entre Mujeres y Hombres desde una consultoría y lo interesante acá que el diagnóstico relata que estas brechas de desigualdades y que en materia de violencia, por darte un ejemplo, 8 de 10 mujeres son víctimas de violencia en nuestro país. La violencia más denunciada, obviamente, es la violencia sexual y la violencia intrafamiliar. Y entonces, si analizamos la reacción del Estado, de las instituciones y de la misma sociedad con esta problemática, vemos que realmente solo se exacerba nuestra sociedad ante el hecho consumado, ante el resultado de la muerte violenta de la mujer o ante la cifra de que ingresaron 32.000 denuncias el último año de violencia intrafamiliar. Entonces, ¿por qué no llegamos antes?
CONTROL Y DOMINIO
–Nada puede funcionar mientras en un país las personas se mueren por ser mujer. Es durísimo, pero es así, ¿no?
–Y eso es proporcional al desarrollo. Si en nuestro país las mujeres siguen muriendo en manos de sus parejas o exparejas por su condición de mujer. Y hay características propias de dónde dejan a las mujeres tiradas en un escampado, en un basural, en un cementerio, en un raudal, como Deisy, y que luego la amenaza de quitarse la vida el agresor, como en muchos casos así sucede y que no sucede en otro tipo de hechos, sino por ese dominio, ese control y esa pérdida de control cuando la mujer decide terminar con la relación.
–¿En qué medida es celo y en qué medida es afán de propiedad de una persona el detonante?
–Muchos me preguntan si hay un prototipo de agresor. Por eso hago un poco este enlace con tu pregunta, si son celos o ánimo de propiedad. El agresor lo que no quiere perder es el control, el dominio. Y cuando se trata de una mujer que de repente tiene su propia independencia, que quiebra esa normativa o ese mandato de que la mujer tiene que ser sumisa, calladita te ves más bonita, la mujer es madre, entonces, lo que se espera de la mujer, que siempre la mujer tiene que estar rindiendo cuentas de la buena y la mala mujer. Fijate un poco lo que era el código penal anterior de Teodosio González. No era lo mismo la sanción por una violencia sexual que si era una una buena mujer o si era una prostituta. O sea, se clasificaba a las mujeres. Y también el hombre. Lo que hoy es el feminicidio, el hombre estaba exonerado de culpa y pena si mataba a su mujer por encontrarla en una situación de adulterio.
–Era un asesino legal...
–Exactamente. Estaba tolerada la muerte violenta de su esposa por haberla encontrado en esa situación. Hay una transformación normativa. Fíjate, la violencia sexual era un hecho punible contra el honor. Hoy es un hecho punible contra la autonomía, contra la libertad. Entonces, esta transformación tiene que ver con una transformación cultural y posicionamiento de la mujer como persona.
PROTOCOLOS INTERINSTITUCIONALES
–Policía, Fiscalía, Poder Judicial, ¿en dónde falla cuando ocurren ciertas alertas y termina muriéndose una de ellas?
–Dentro de mi experiencia por mi paso como fiscala de la Unidad de Violencia Intrafamiliar del Ministerio Público y mi paso por el Viceministerio de Protección de los Derechos de las Mujeres, mi diagnóstico de por qué no funcionan los protocolos interinstitucionales o los protocolos internos de las instituciones comprometidas por ley a políticas de prevención y de protección a las mujeres es porque trabajan por separado. Escuché en estos días que todas estas instituciones estaban manifestando un trabajo articulado, pero no pasa de una expresión de deseo. Cuando llega el momento, la denuncia que recibe la Fiscalía no recibe el Juzgado de Paz para aplicar las medidas de protección, no recibe el Ministerio de la Mujer para el acompañamiento que hacen en materia de contención y apoyo con psicólogas especializadas o trabajadoras sociales especializadas. Es decir, pude verificar, dicho por la propia viceministra, que ellos toman conocimiento de la denuncia de Deisy una vez que ya estaba muerta. Siguen trabajando en compartimientos estancos, siguen diciendo “pero está la otra institución que tenía que hacer esto o aquello” y así no se puede llegar antes que sucedan los hechos.
–¿Existe un perfil reconocible en esta persona que un día va a transformarse en una bestia, si no lo es ya, y va a proceder a poner el punto final en la vida de una persona?
–Lo primero que hay que dejar en claro es que no es un problema de salud mental, sin perjuicio de que en algunos casos muy específicos pueda haberlo, pero es un hombre que realmente es sano, que puede ser el mejor compañero de trabajo, que en su vida pública se destaca hasta profesionalmente, pero que la agresión deja para la intimidad, para el ámbito familiar. La violencia en el ámbito intrafamiliar dirigida a la mujer es un delito continuo. No es un delito de resultado, como sí es el feminicidio, que termina con la muerte violenta de la mujer. Es un crimen que puede empezar con un menoscabo, con una humillación, con un golpe a la pared, con romper objetos, con el silencio. A veces está la ley del hielo, de no hablarle un mes o de decidir sobre los bienes propios de la mujer en el marco de una violencia. Es la suma de muchas formas de violencia que van en aumento. Porque ¿quién es el autor? Es la pareja, es el padre de los hijos, es justamente el profesional exitoso y a veces ella, por ese mandato social cultural de que tenés que casarte, tenés que hacerte cargo de tus hijos, llega un momento en que posterga hasta su propia realización profesional por ese mandato de que hay que aguantarlo todo.
MANDATO SOCIAL
–¿Cuáles son las razones culturales por las cuales se demora tanto una cancelación de una relación en ese contexto?
–Empecemos por la religión. “Hasta que la muerte nos separe”. Suelo escuchar en algunas bodas que estuve “mujer, sométete a tu marido”, que está en el texto bíblico. Pero me alienta haber escuchado sermones en estos últimos fines de semana y en otras ocasiones ya de obispos, donde llaman la atención sobre esta muerte violenta. Yo soy creyente y no creo que Dios quiera para nadie este sufrimiento. Cuando uno, por un mandato social, cultural o religioso acepta ese sometimiento, acepta ese mandato de que si querés tener marido tenés que aguantar, que una mujer sola no puede estar, que tenés que tener hijos apenas te casaste, es decir, ese rol que se le da a la mujer. Eso valida finalmente que la mujer siga en ese ambiente de violencia, y que, sobre todo, retrase el reconocerse como víctima. Cree que eso es normal, que eso es natural. Esa validación debe ser desaprendida y el mandato social, la falta de acompañamiento de la familia, el no querer meterse por considerar que es un tema privado, desalienta a la mujer que está padeciendo esa violencia a pedir ayuda.
–¿Cuál es la interpretación que tiene el hombre violento, el golpeador, ante una actitud de su pareja de plantearle que eso tiene que acabar?
–Cuando la mujer quiebra ese mandato y dice “me quiero separar o no quiero volver”, el hombre agresor toma eso como un desafío, una pérdida de dominio, una pérdida de control, una pérdida de su derecho de propiedad y hay algo en el enlace de dónde terminan las mujeres muertas. En un basural, porque las tiran como si fueran una cosa que ya no sirve. Entonces, las características del feminicidio no son aisladas. Son muy sensibles y se puede entender el tema que te decía de por ser mujer. Cosifican la persona de la mujer, por eso es muy importante hablar acá de persona, no solamente de madre, amiga e hija, sino de sus derechos como persona, sus derechos humanos como mujer, a tener una vida libre de violencia.
ANULAMIENTO
–Me pregunto también en qué medida la persona víctima tiene cierto grado de obnubilación para tener una conciencia crítica sobre qué hacer.
–Estamos acostumbrados a poner la carga de la decisión en la mujer que está padeciendo violencia. La mujer que ya fue víctima de violencia llega un punto en que está totalmente anulada para entender que está viviendo eso. Y es ahí donde entra otra vez la cultura. ¿Por qué sigue con él?, ¿por qué no denunció antes?, ¿por qué se arregló otra vez? Yo suelo escuchar en ambientes sociales “pero ella volvió, yo ya no me voy a meter, yo ya le ayudé una vez”.
–¿Tenés esperanza en que a corto plazo cambie este estado de cosas? ¿Qué cosas tienen que cambiar para que esas esperanzas funcionen?
–Tengo esperanza, trabajo en esto por convencimiento, forma parte de mi persona, no solamente de mi labor profesional. Me identifico con visibilizar esta problemática y hacer algo al respecto. Tengo esperanza y quiero creer que el Estado va a funcionar para proteger y que la sociedad va a cambiar su concepto y sus mandatos sociales y culturales, porque somos la mitad de las mujeres de nuestro país la que lo padecemos. No podría estar sentada aquí contigo si no creyera que esto va a cambiar y tiene que cambiar cuanto antes. Algo que tiene que cambiar es cómo se denuncia, tiene que haber una ventanilla única. Hay tecnología que no había hace 10 años. Hoy si yo compro un café la factura se va a ir directo a la DNIT. Entonces no me explico por qué esa denuncia en el Juzgado de Paz, en la Fiscalía, rápidamente también no la recibe el Ministerio de la Mujer, el Ministerio de la Defensa Pública. Pongamos voluntad.
El Niño: la Iglesia se prepara para acompañar a comunidades vulnerables
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La Iglesia se suma al operativo de contingencia para asistir a los damnificados por el fenómeno El Niño, cuyos efectos empezarían a sentirse en los próximos días, según referencias de expertos.
En ese sentido, representantes de la Pastoral Social realizaron una mesa de trabajo con el ministro de la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN) para analizar los efectos que el evento climático podría ocasionar en las poblaciones vulnerables.
En ese contexto, harán trabajos conjuntos de prevención y acompañamiento a las comunidades que se puedan ver afectadas por inundaciones y otros efectos climáticos.
Reunión de representantes de la Iglesia con el titular de la SEN. Foto: Gentileza
Participaron de la reunión miembros de la Pastoral Social Nacional – Cáritas Paraguay y la Pastoral Social Arquidiocesana con el ministro Ramón Zárate, y el padre Pedro Velazco, director del Centro de Ayuda Mutua Salud para Todos (CAMSAT).
Por la Iglesia estuvieron presentes Ricardo González, secretario ejecutivo de la Pastoral Social Nacional – Cáritas Paraguay, y Carlos García, director de Desarrollo Humano Integral Sustentable de la Arquidiócesis de Asunción, además de los equipos técnicos de las instituciones.
La reunión tuvo lugar en la sede del CAMSAT, Bañado Tacumbú. Los participantes de la reunión informaron que analizaron lo que podrían representar las intensas lluvias e inundaciones asociadas a El Niño en comunidades de familias que se hallan en situación de mayor vulnerabilidad.
Plantearon la importancia de trabajar de manera articulada, anticipada y coordinada, sumando capacidades y recursos para fortalecer la prevención, la preparación y la respuesta ante posibles situaciones de emergencia.
Los efectos más críticos en Paraguay se prevén a finales del mes en curso, y durante septiembre y octubre.
Desde la Pastoral Social reafirmaron el compromiso de estar cerca de las comunidades, acompañar a las familias y trabajar junto a las instituciones para que la solidaridad y la respuesta lleguen de manera oportuna a quienes más lo necesiten.
Asimismo, encomendaron a Nuestra Señora de la Asunción a las familias de los bañados y comunidades vulnerables.
Policía Nacional: reglamentan ley que protege la maternidad y paternidad de postulantes
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El mandatario Santiago Peña firmó el decreto 6.690 que reglamenta la ley 6.634/2020, que erradica la discriminación en razón de maternidad y paternidad, y garantiza la igualdad de condiciones para el acceso, selección y admisión en las unidades académicas de formación de la Policía Nacional, comprendidas por la Academia Nacional de Policía “General José Eduvigis Díaz” y el Colegio de Policía “Sargento Ayudante José Merlo Saravia”.
La ley refiere que las disposiciones establecidas serán de cumplimiento obligatorio para los postulantes, así como también para las autoridades, dependencias y el personal policial que intervengan en dichos procesos. Determina que todos los postulantes recibirán el mismo trato y tendrán las mismas oportunidades de participación, sin discriminación alguna, y el ingreso se determinará exclusivamente en función a las aptitudes, competencias y resultados obtenidos por los postulantes en base a los criterios de evaluación establecidos.
También se hace mención a la objetividad en las decisiones que se adoptarán sobre la base de criterios técnicos, verificables y previamente establecidos, libres de arbitrariedad y la transparencia, y que el proceso se desarrollará con publicidad de las actuaciones y de los resultados, garantizando el acceso a la información conforme a la normativa vigente.
La reglamentación detalla que la Comandancia de la Policía Nacional, en su carácter de máxima autoridad institucional, tendrá el rol de velar por el debido cumplimiento e implementación de las disposiciones legales y reglamentarias que resulten aplicables al proceso de selección y admisión.
Mientras que el Instituto Superior de Educación Policial (Isepol), conforme a las competencias que legalmente le correspondan, será responsable de planificar, organizar, coordinar y supervisar el proceso de selección y admisión para las respectivas unidades académicas de formación, de conformidad con las disposiciones legales y reglamentarias vigentes.
Comité interinstitucional
A la vez, se establece la conformación de un Comité Interinstitucional para la transparencia e igualdad en los procesos de admisión en donde el Ministerio del Interior se desempeñará como coordinador. También indica que la Comandancia de la Policía Nacional será responsable de designar e integrar, para cada unidad académica de formación, una Comisión de Admisión, la cual tendrá a su cargo la conducción del proceso de selección y admisión correspondiente, con las atribuciones y competencias contempladas en el presente Reglamento además de las que le sean asignadas por resolución de la máxima autoridad institucional.
Requisitos para la admisión
Podrán postularse y concursar para ser admitidos en las unidades académicas de la Policía Nacional, quienes reúnan los siguientes requisitos: ser de nacionalidad paraguaya natural, tener la edad mínima 18 años al momento de la inscripción y edad máxima de 23 años hasta el 31 de diciembre del año de la convocatoria, para la Academia Nacional de Policía “General José Eduvigis Díaz”.
Tener la edad mínima 18 años al momento de la inscripción y edad máxima de 26 años, hasta el 31 de diciembre del año de la convocatoria, para el Colegio de Policía “Sargento Ayudante José Merlo Saravia”, haber concluido la enseñanza media, tener las condiciones físicas y psíquicas para cumplir con la capacidad funcional u operativa necesarias para el desempeño de las tareas propias de la Policía Nacional.
No poseer tatuajes con contenido simbólico relacionado a grupos criminales, nacionales o extranjeros, o que expresen homofobia, xenofobia, mensajes violentos u ofensivos, hagan apología al consumo de estupefacientes o representen a partidos o movimientos políticos, no haber sido condenado por la comisión de un hecho punible o cuya condena esté en ejecución.
No contar con inhabilitación para el ejercicio de funciones públicas, no haber sido dado de baja o excluido de la institución policial, de las Fuerzas Armadas u otras instituciones públicas o privadas afines y no ser adicto a sustancias estupefacientes o ser farmacodependientes.
Comité brasileño exige a la ONU y a la FIFA actuar contra el racismo en el Mundial
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El máximo organismo de derechos humanos de Brasil exhortó el viernes a la ONU y la FIFA a actuar contra un “patrón transnacional” de racismo durante el Mundial 2026, al citar los insultos racistas contra el astro francés Kylian Mbappé y otros ataques de odio. A dos días de la final entre España y Argentina en Nueva Jersey, el asunto cobró protagonismo a medida que se multiplicaron los episodios racistas en tribunas, redes sociales y declaraciones de políticos.
Una senadora paraguaya dijo que Mbappé “chupó cocos” en lugar de leche materna y el exjefe del gobierno español Mariano Rajoy cuestionó la nacionalidad de los jugadores de Francia, además de registrarse ataques masivos en redes contra futbolistas neerlandeses negros tras fallar penales.
El Consejo Nacional de Derechos Humanos brasileño denunció “la existencia de un patrón transnacional de racismo estructural, discriminación racial y discurso de odio observado a lo largo de la Copa del Mundo 2026”, según un comunicado enviado a la AFP.
La comisión exigió a la ONU y la FIFA que los países sede (Estados Unidos, México y Canadá), los participantes y el organismo rector del fútbol investiguen los incidentes y adopten medidas de rendición de cuentas y reparación a las víctimas. Su presidenta, Ivana Leal, citó cifras del propio sistema de monitoreo de la FIFA: solo en la fase de grupos se rastrearon más de 6 millones de publicaciones en redes sociales, de las cuales 89.000 tenían contenido abusivo, con miles de mensajes racistas. El número multiplica por 13 los casos de Catar 2022.
“La Copa del Mundo congrega a millones de personas y debería representar el encuentro entre pueblos y culturas”, dijo Leal en el comunicado. Pero los datos demuestran que el racismo “sigue siendo un desafío global” para los derechos humanos, lamentó. Brasil es escenario frecuente de incidentes racistas y ha avanzado en una legislación rigurosa para castigarlos. Su estrella Vinicius Jr, víctima de insultos en la cancha en numerosas ocasiones, se ha erigido como una voz combativa contra este flagelo.