Gndevaz, Armenia. AFP.
Militantes ecologistas y vecinos se oponen firmemente a la apertura de una mina de oro en el sureste de Armenia, que podría ser desastrosa para el medio ambiente y la economía local de este país pobre y montañoso del Cáucaso.
Esta explotación a cielo abierto, en construcción en el monte Amulsar contaminará las fuentes de agua potable y pondrá en peligro los ingresos procedentes del turismo, aseguran sus detractores.
El primer ministro Nikol Pashinian afirma, por el contrario, que la mina, que será desarrollada por la empresa anglo estadounidense Lydian, primer inversor extranjero en Armenia, es una fuente vital de inversiones y un signo de la apertura económica del país.
Pero los vecinos de la zona no opinan lo mismo.
“La mina contaminará el agua, el suelo y la tierra”, explica Erazik Stepanian, de 57 años, residente de Gndevaz, un pequeño pueblo situado a unos pocos kilómetros del monte. “No queremos que nuestros hijos se enfermen gravemente. Y no dejaremos que nadie dañe nuestra naturaleza”, precisa.
La obra está suspendida desde que los manifestantes bloquearon el sitio hace un año. “Lucharemos hasta el final”, afirma a la AFP Suzi Hunanaian, de 18 años, cuya familia participó en las movilizaciones.

