Durante la semana que precedió a su espectacular funeral, el Reino Unido se sumió en una efusión de dolor popular sin precedentes que sacudió a una monarquía que algunos vieron insensible. Foto: AFP.
La muerte de Diana: el luto que conmocionó a la monarquía británica
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Hace un cuarto de siglo, el 31 de agosto de 1997, la princesa Diana de Gales murió a la temprana edad de 36 años en un accidente de tráfico en París. Divorciada desde hacía un año del heredero al trono príncipe Carlos, Diana y su adinerado nuevo amante, el empresario egipcio Dodi Fayed, sufren el acoso de la prensa durante sus vacaciones de verano en el Mediterráneo.
Llegan a París en la tarde del 30 de agosto y cenan esa noche en el hotel Ritz, propiedad de Mohamed al Fayed, padre del amante de Lady Di. Intentan salir discretamente en un Mercedes por una puerta trasera poco después de medianoche.
Perseguido por paparazis en moto, el coche choca a gran velocidad contra una columna en un paso subterráneo cerca del puente del Alma, en la orilla norte del río Sena, opuesto a la torre Eiffel. Fayed y su chófer, que presentaba un alto nivel de alcohol en la sangre, mueren al instante. Su guardaespaldas queda gravemente herido.
Los socorristas consiguen sacar a Diana con vida de la deformada carrocería del Mercedes. Siete fotógrafos son detenidos. Las imágenes del accidente se ofrecen por fortunas a los periódicos. Diana es trasladada al hospital Pitie-Salpetriere donde, después de dos horas de operaciones quirúrgicas, muere a las 04H00 debido a las graves heridas en el pecho.
La familia real es informada oficialmente. La reina Isabel II, su marido el príncipe Felipe, el príncipe Carlos y sus dos hijos Guillermo (15 años) y Enrique (12), están veraneando en Balmoral, la residencia de vacaciones de la monarca en Escocia.
El príncipe Enrique, el menor de los hijos de Carlos y Diana. Foto: AFP.
“La princesa del pueblo”
El Reino Unido se despierta de luto. Londinenses en llanto empiezan a dejar flores frente al palacio de Buckingham y el palacio de Kensington, la residencia de la princesa. Tony Blair, el nuevo primer ministro laborista, rinde un emotivo homenaje a “la princesa del pueblo”.
La familia real, como es habitual, acude a la misa de domingo por la mañana. El nombre de Diana no se menciona durante el servicio por temor a entristecer a sus hijos. La familia discute sobre cómo tratar a Diana en su muerte puesto que ya no es miembro de la familia real. Carlos insiste en usar el avión real para ir a recoger el cuerpo en persona, contra los deseos iniciales de la reina Isabel.
La prensa es la primera acusada. El hermano de Diana, el conde Charles Spencer, dice que los periódicos tienen sangre en las manos. Nerviosos, los tabloides británicos intentan minimizar el daño en los días siguientes, mostrando adoración por Diana y desviando la atención hacia la monarquía. “Nació como lady. Se convirtió en nuestra princesa. Murió como santa”, escribió el Daily Mirror.
Lady Diana con el príncipe Carlos de Gales en su boda en la Catedral de St Paul en Londres, el 29 de julio de 1981. Foto: AFP.
Fervor popular
El fervor popular crece. Los admiradores esperan hasta once horas para firmar el libro de condolencias. La organización del funeral se complica. Desde su divorcio, Diana ya no recibía el trato de “alteza real” y no tenía derecho a un funeral de Estado, aunque todavía conservaba el título de princesa.
Sin embargo, los británicos pedían un tributo digno de “la reina de los corazones”. El enfado se agrava ante el silencio de la Casa Real, que sigue aislada en tierras escocesas. Los diarios enfurecen porque la bandera británica no ondea a media asta en el palacio de Buckingham y piden que la reina vuelva a Londres para solucionar estas cuestiones.
El tabloide The Sun pregunta: “¿Dónde está nuestra reina? ¿Dónde está nuestra bandera?”. Según el rotativo, la ausencia de la bandera es “un cruel insulto a la memoria de Diana”. El mástil del palacio solo se utiliza cuando la monarca está en la residencia, izando la bandera personal del soberano, que nunca ondea a media asta.
Finalmente, la familia real deja su santuario en Balmoral. La reina y el príncipe Felipe son aplaudidos cuando visitan después las flores depositadas en el exterior del palacio de Buckingham. Eso supone un gran alivio en los círculos de la realeza. Isabel rinde homenaje a su antigua nuera en un discurso en directo televisado el 5 de septiembre.
“Si ellos (la familia real) no prestan atención a su lesión, no enterrarán solo a Diana el sábado, sino también su futuro”, advierte el periódico The Guardian mientras una cuarta parte de los británicos pide la abolición de la monarquía en un sondeo.
La princesa Diana en la polémica entrevista de 1995 con el periodista Martin Bashir para la BBC. Foto: Archivo.
Silencio sepulcral
Al día siguiente, casi un millón de personas se congrega en las calles para asistir al cortejo fúnebre en profundo silencio, solo roto por sollozos, lloros y el repicar de campanas. Cuando el cortejo pasa por el palacio de Buckingham, la reina Isabel hace una reverencia con la cabeza.
En la residencia real, la bandera británica ondea a media asta durante el funeral, que será seguido por 2.500 millones de telespectadores en todo el mundo. Cabizbajos, los príncipes Guillermo y Enrique van por detrás del ataúd acompañados por Carlos, Felipe y Charles Spencer.
En la abadía de Westminster, la ceremonia cuenta con 2.000 invitados, incluidos Tony Blair, la primera dama estadounidense Hillary Clinton, el tenor Luciano Pavarotti, la ex primera ministra Margaret Thatcher o el actor Tom Cruise. Elton John adapta su canción “Candle in the wind” con una letra que homenajea a Diana.
Por la tarde, el féretro es conducido a Althorp, donde está la casa de la familia de Diana. A lo largo de todo el camino, la gente llena los arcenes de la carretera y tira flores al coche funerario, algo realmente inusual en el Reino Unido. La princesa está enterrada discretamente en una pequeña isla en un lago del parque familiar.
El príncipe Enrique encara juicio contra tabloides por “obtención ilícita de información”
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El príncipe Enrique afirmó el miércoles que el proceso contra la editorial de dos tabloides británicos responde a un “interés general”, según su declaración como testigo, en la tercera jornada del juicio, en el Tribunal Superior de Londres. “Evidentemente existe un componente personal al presentar esta demanda, motivado por la verdad, la justicia y la rendición de cuentas, pero no se trata solo de mí. También hay un componente social que concierne a los miles de personas cuyas vidas fueron invadidas por la codicia”, señaló el príncipe.
El hijo menor del rey Carlos III ha culpado durante mucho tiempo a los medios por la muerte de su madre, la princesa Diana, fallecida en un accidente en París en 1997, mientras intentaba huir de los ‘paparazzi’. “Estoy decidido a exigir responsabilidades” a la editorial de los tabloides Daily Mail y Mail on Sunday, “por el bien de todos. Creo que es en interés general”, señaló este miércoles en el proceso por “recopilación ilícita de información” contra Associated Newspapers Ltd (ANL).
Vestido con un traje oscuro y corbata a rayas, el príncipe, de 41 años, subió al estrado, jurando sobre la Biblia, antes de responder al equipo legal de ANL, en la tercera jornada de un juicio de debe durar nueve semanas. Los dos tabloides británicos, acusados de hackeo de teléfonos y otras formas de “obtención ilícita de información” contra el príncipe Enrique y otras seis personas, entre ellas el cantante Elton John y su marido, David Furnish, habían señalado el martes que recurrieron a fuentes “legítimas” para sus reportajes.
Los otros cuatro demandantes son las actrices Liz Hurley y Sadie Frost, una activista por los derechos civiles y contra el racismo, Doreen Lawrence, y un expolítico británico, Simon Hugues, del Partido Liberal Demócrata.
Doreen Lawrence se hizo conocida en Reino Unido por su labor de lucha contra la discriminación racial tras el asesinato de su hijo Stephen en 1993. Los abogados de los demandantes indicaron que los supuestos actos ilegales se realizaron entre 1993 y 2011, aunque algunos habrían ocurrido hasta 2018.
Según los letrados, los tabloides emplearon a detectives privados para escuchar llamadas telefónicas y obtener información privada como facturas telefónicas detalladas o historiales médicos, así como extractos bancarios. Pero Anthony White, abogado de ANL, afirmó el martes que el juicio demostrará que la empresa “ofrece un relato convincente de un patrón de obtención legítima de fuentes para los artículos”.
Tercer juicio del príncipe
Este juicio es el tercer y último caso presentado contra un editor británico de periódicos por el príncipe. Enrique inicio su lucha contra los tabloides en 2023, convirtiéndose en el primer miembro de la realeza británica en declarar en un tribunal en más de un siglo, al testificar como parte de una demanda contra Mirror Group Newspapers (MGN).
El Tribunal Superior de Londres dictaminó en aquella ocasión que Enrique fue víctima de hackeo telefónico y dictó una compensación de 140.600 libras (unos 188.000 dólares) por daños y perjuicios. En enero de 2025, Enrique llegó a un acuerdo económico con el editor Rupert Murdoch.
El News Group Newspapers (NGN) de Murdoch presentó sus disculpas a Enrique “por el espionaje telefónico, la vigilancia y el uso indebido de información privada por parte de periodistas e investigadores privados” instruidos por el grupo. Según documentos escritos de los abogados del príncipe, desvelados el lunes en la primera jornada del juicio, las prácticas de los tabloides “perturbaron profundamente” a Enrique.
“Tenía la impresión de que cada uno de mis gestos, cada uno de mis pensamientos o cada uno de mis sentimientos era vigilado únicamente para que el Mail sacara dinero”, dijo el príncipe, citado en esos documentos de su defensa. Las intrusiones del tabloide en su vida privada lo volvieron “extremadamente paranoico” y lo aislaron, confesó en los documentos.
Lady Di y su “vestido de la venganza” en cera, mientras preparan una muestra sobre el legado de moda de Isabel II
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El museo de cera de París presentó la estatua de Lady Di, luciendo el llamado “vestido de la venganza”, famoso porque lo llevaba cuando su entonces marido el príncipe Carlos reveló sus infidelidades. Siguiendo con la monarquía británica, para el próximo año se prepara una exposición sobre el legado de moda de Isabel II en sus 70 años de reinado; a su vez, la princesa de Gales, Kate Middleton, está preocupada por los efectos nocivos de los smartphones en las relaciones humanas. Pasando a España, la reina Letizia fue objeto de muchas críticas en las redes por haber lucido un outfit del mismo color que su suegra, la reina Sofía, el día en que esta era homenajeada.
DIANA Y SU VESTIDO MÁS EMBLEMÁTICO, EN CERA
Este atrevido look de la entonces princesa de Gales rompía con los códigos de la realeza británica
El Museo de Cera Grevin, situado en el centro de París, presentó en estos días el doble en cera de Lady Di que lleva una copia del famoso vestido negro con escote palabra de honor, de Christina Stambolian, que la entonces princesa lució cuando su marido confesó públicamente en la televisión sus infidelidades, en junio de 1994. “Este atrevido look, que rompía con los códigos de la realeza británica, fue rápidamente apodado el ‘vestido de la venganza’ e interpretado como un acto de reconquista, una poderosa imagen de feminidad afirmada, de confianza recuperada y símbolo de resiliencia”, señala el museo que ya contaba con los dobles en cera de Carlos III, ahora en el trono, y de su difunta madre, la reina Isabel II. Pero, sorprendentemente, la princesa Diana no estaba en el establecimiento, a pesar del destino trágico que une a Lady Di con la capital francesa, donde murió a los 36 años en un accidente de coche en agosto de 1997. La inauguración coincidió con los 30 años de una entrevista explosiva de Lady Di a la BBC el 20 de noviembre de 1995. “Éramos tres en ese matrimonio”, declaró entonces, en referencia a la amante de Carlos, Camila, que se convertiría en su segunda esposa. Diana, por su parte, reconoció haber tenido una aventura. “Diana sigue siendo una figura importante de la cultura pop mundial, admirada por su estilo, su humanidad y su independencia. Ella encarna esa mezcla única de tradición, modernidad e influencia cultural”, añade. La estatua de cera de la conocida como “princesa del pueblo” está expuesta bajo la cúpula del famoso museo, junto a otras conocidas figuras, como la del diseñador francés Jean-Paul Gaultier y la reina María Antonieta. Los dobles de Carlos III y de Isabel II están en otra galería, la de los jefes de Estado.
EXPONDRÁN EL GUARDARROPA DE ISABEL II
La muestra es presentada como la más grande dedicada al guardarropa de la soberana británica
El Palacio de Buckingham acogerá, entre abril y octubre de 2026, una exposición sin precedentes que destacará el legado de moda dejado por la difunta monarca Isabel II en sus 70 años de reinado. Las entradas, que ya están a la venta, permitirán admirar unas 200 piezas del guardarropa de la soberana, fallecida en 2022 a los 96 años. La muestra incluirá desde sus suntuosos vestidos de ceremonia hasta sus célebres pañuelos, el estilo tan característico de la difunta reina. “El guardarropa de Isabel II era una lección magistral de simbolismo, costura y artesanía británica”, subrayó la comisaria de la exhibición, Caroline de Guitaut, citada en el comunicado. Los diseñadores Erdem Moralıoğlu, Richard Quinn y Christopher Kane contribuirán a esta exposición, llamada “Queen Elizabeth II: Her Life in Style” (Reina Isabel II: Su vida con estilo). Según Christopher Kane, “las prendas de la difunta reina cuentan la historia de Reino Unido y de la identidad cambiante del país a través de la moda”. Aproximadamente la mitad de las piezas se presentarán por primera vez al público, indicó en un comunicado el Royal Collection Trust, organismo encargado de la conservación del patrimonio de la monarquía. La muestra, presentada como la más grande dedicada al guardarropa de la soberana, también incluirá piezas más informales, como atuendos de equitación, un deporte que le apasionaba.
LA PREOCUPACIÓN DE KATE MIDDLETON
Kate y Guillermo tienen tres hijos y ninguno de ellos tiene celular. “Somos muy estrictos al respecto”, confesó la princesa
La princesa de Gales afirmó preocupada por los efectos nocivos de los teléfonos inteligentes en las relaciones humanas, en particular en los más jóvenes, según un texto publicado en el sitio web de su fundación para la infancia. En el sitio de la Royal Foundation Centre of Early Childhood, la organización que creó Kate Middleton en 2021 y que se ocupa de la primera infancia, la esposa del príncipe Guillermo firma un texto en colaboración con un psiquiatra estadounidense, Robert Waldinger, director de un estudio sobre el desarrollo adulto llamado “The Harvard Study of Adult Development”, para señalar los peligros de la “interferencia tecnológica”. “Aunque los dispositivos digitales prometen mantenernos conectados unos con otros, frecuentemente hacen lo contrario”, escriben la princesa y profesional. “Nuestros teléfonos móviles, tabletas y ordenadores se han convertido en fuentes de distracción permanente, que fragmentan nuestra atención y nos impiden prestar a los demás la consideración que las relaciones humanas exigen”, añaden. “Consultamos nuestros teléfonos durante las conversaciones, navegamos por las redes sociales en cenas familiares o respondemos correos electrónicos mientras jugamos con nuestros hijos. No solo estamos distraídos, sino que estamos retirando la forma de amor más elemental que requiere la conexión humana”, señala Kate en el texto escrito en colaboración con el psiquiatra.
¿GUIÑO O GANAS DE ROBAR LA ATENCIÓN?
Las reinas Sofía y Letizia de España, ambas de rosa bebé, en la ceremonia de homenaje a la madre de Felipe VI
Hace unos días, España celebraba los 50 años de la restauración de la monarquía, tras el fallecimiento del dictador Francisco Franco. En este contexto, se realizaron varios actos especiales, entre ellos un homenaje a la reina emérita Sofía quien recibió un Toisón de Oro de parte de su propio hijo, el rey Felipe VI.
Todo era dicha y emoción en el salón principal del Palacio Real, sede de la ceremonia, hasta que hizo su aparición en el lugar la reina Letizia luciendo un look del mismo color del traje de su suegra. Ambas vestían de rosa bebé, un color nada habitual en ceremonias institucionales, y el detalle no pasó desapercibido. La legendaria periodista Pilar Eyre, experta en realeza española, opinó en su columna de la revista Lecturas de que no se trataba de una casualidad, ni de un guiño, ni de un gesto cariñoso y cómplice de Letizia hacia la madre de su esposo, sino que de una trama premeditada para robarse el protagonismo en la ceremonia.
Las críticas en redes sociales no se hicieron esperar y muchos coincidieron en que fue una actitud irrespetuosa de Letizia que, teniendo un guardarropas enorme, justo optó por un diseño parecido al que iba a lucir su suegra quien llevó un atuendo hecho especialmente para ella, y con mucha antelación, por el modisto Alejandro de Miguel. “¿Cómo se puede llamar ‘gesto cariñoso’ vestirse exactamente igual que la persona a la que se homenajea?”, se preguntaba la columnista.
“La boda del siglo”. El 29 de julio de 1981. Carlos, el príncipe de Gales y Diana Spencer, en el carruaje 1902 State Landau, recorren las calles de Londres. La fantasía de millones con “sus altezas reales” solo duró 5.509 días
Vida, muerte, fantasía, ilusión, deseo… pulsiones y condición humana
Ricardo Rivas
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Ricardo Rivas
Periodista
X: @RtrivasRivas
Fotos: Gentileza
Vida, muerte, ilusión, deseo... pulsiones incrustadas en la condición humana, aunque “reyes y peones, al final de la partida, vuelven a la misma caja”.
“¿Fantasear o desear...?”. Ese era el dilema que, en frecuentes charlas de café, proponía un tan veterano como anónimo polemista que habitaba, cuando la tarde agonizaba, algunas de las selectas mesas en el mítico café La Paz, en la esquina de la avenida Corrientes 1593, cuando esa arteria cordial se cruza con la calle Rodríguez Peña, muy cerca del Obelisco, en Buenos Aires, unos 1.300 kilómetros al sur de mi querida Asunción.
Era los años 70, en el siglo pasado. Enfrente –justo en diagonal– intentaba competir el bar Ramos. En concurrentes habituales estaban cabeza a cabeza. Inolvidables, por cierto. Pero el caso es que, luego de encender la polémica con aquel interrogante, con impostado tono académico, intentaba, aquel sanatero, zamarrearnos.
¡Me parece verlo! Acomodaba prolijamente los dos o tres libros de Sigmund Freud o de Foucault que siempre llevaba con él y lentamente –como buscando las palabras más adecuadas– iba al punto. Fumaba tabaco inglés en una pipa muy gastada y sobre su prominente nariz montaba espejuelos redondos tonalizados verde oscuro.
“El tío Segismundo –ironizaba mientras revoleaba sus manos refiriéndose a Freud– cuando compartíamos algunos puros con amigos en el Café Frauenhuber, en la inolvidable Viena, nos explicaba con claridad, jóvenes amigos, palabra más, palabra menos, que solo fantasean las personas insatisfechas”.
PULSIÓN
Lo seguíamos en silencio. Algunas veces –como la ignorancia nos impedía responder y/o, mucho menos, poner alguno de sus dichos en duda, hacía una pausa que disfrutaba y, si la memoria no me falla, en aquel caso puntual remató: “Cada fantasía surge de una pulsión para cumplir con un deseo insatisfecho, muy deseado, que corrija la realidad”.
Nunca recuerdo su nombre. En verdad, no tengo claro si alguna vez lo supe. Pero sí, sus anécdotas con pretensiones académicas y que se definía como “un libre pensador, diletante”. ¡Nos maravillaba! Aunque –debo admitirlo– teníamos dudas que no confesábamos sobre su presunta sabiduría por aquello de que entre los ciegos un tuerto es rey.
“¡Déjese de joder, farfullante…!”, recuerdo que le dijo –indisimuladamente molesto y a voz en cuello– un reconocido profesional y estudioso freudiano, de quien exclusivamente consignaré sus letras iniciales (G.G.), que incontenible por lo que también escuchó abandonó su café en una mesa cercana y lo increpó sin miramientos.
Un pesado silencio cubrió todas y cada una de las mesas. El increpado no atinó a responder. Se retiró cabizbajo –con sus tres libros bajo el brazo– enmudecido y sin plantarle cara. El increpante nos miró, se disculpó “por interrumpir la conversación sin que nadie me llame” y fue al punto: “Simple y sencillo, muchachos. La fantasía tiene que ver con el imaginario. Con lo que creemos o sabemos que muy difícilmente suceda. Con aquello que suponemos imposible y que, de alcanzarlo, imaginamos sería placentero, pero sabemos que no podrá ser. Desear es converger la fantasía con la realidad más deseada en algún momento de tu vida. ¡No entender esa diferencia es grave… y, pretender explicar desde la ignorancia y la confusión, no lo puedo dejar pasar!”.
Renovó su disculpa y volvió a su mesa. “Como una escuela de todas las cosas...”, como nos enseñó Discépolo cuando escribió aquel tangazo que llamó “Cafetín de Buenos Aires”, así era el bar La Paz. Fantasías. Deseos. Ilusiones. Me atrevo a añadir que, como entonces, en estos tiempos de imágenes exacerbadas y exacerbantes que circulan y atropellan en los avasallantes ecosistemas digitales que facilitan las comunicaciones reticulares contemporáneas, aquellas –junto con la vida y la muerte– emergen como inevitables pulsiones incrustadas en el día a día de nuestros días.
OXÍMORON
Claramente, forman parte de la condición humana. Pese a que, con el correr de los tiempos y a la democratización de las monarquías (¿oxímoron?), con mucho menos frecuencia que algún tiempo atrás y, en aquel contexto, escuchar decir “vida de príncipes”, sorprende porque pareciera ser una expresión que cae en desuso.
Aun así, hay quienes insisten con ella cuando se procura producir sentido respecto de alguna persona que –a juicio de quien así se expresa– tiene allanado el acceso a poderosos y poderosas o cuando dispone de bienes materiales en abundancia o cuando no debe preocuparse por necesidades que –como tales– sí lo son para la mayoría de la humanidad.
En ese contexto, tampoco el futuro debiera ser preocupante para quienes tienen –siempre a la vista de las otredades– tránsitos principescos o, acaso, propios de las realezas. Hambre, desocupación, falta de salud, de educación. En aquel contexto, se suponen alejados de aquellos y aquellas minorías vistosas. Sentires y decires. Pareciera, incluso, que nada ni nadie está exento, alguna vez, de emitir esos juicios o ser depositario de ese tipo de expresiones.
Hasta la muerte –en ciertas ocasiones, por la forma en que se produce y a quien afecta– hace que no sean escasas las voces que se atreven a afirmar que Mengana o Fulano “murió como un príncipe”. En el siglo XIX y buena parte del XX era frecuente que así se significara la partida de este mundo cuando las y los finados eran considerados socialmente como “patricios” o “ricos”.
Curioso, por cierto. Y tanto lo era (y es) que vaya a saber a quién y en qué situación tuvo la lucidez para destacar que “al final de la partida, reyes y peones vuelven a la misma caja”. ¿Sabiduría popular? Tal vez.
LA BODA DEL SIGLO
Aún recuerdo cuando el 29 de julio de 1981 –la tele satelital cuando el mundo era mundial y para nada global– puso “en el aire” (vieja expresión de uso común en la radiotelefonía de entonces, hoy casi olvidada), desde la catedral de San Pablo, en Londres, la que fue llamada como la “boda real o del siglo” porque, aquel día, el príncipe Carlos (32) –hijo primogénito de Isabel Alejandra María Windsor (1926-2022), la reina Isabel II del Reino Unido y de la Commonwealth desde 1952 hasta su muerte– contrajo matrimonio con la joven aristócrata llamada Diana Spencer (20).
Cerca de 800 millones de televidentes lo vimos. “¡Parece un cuento de hadas...!”, escuché decir a dos mujeres que – como otros muchos, frente a una vidriera colmada de televisores– vimos pasar a Carlos, por entonces príncipe de Gales, y Diana recién casados, a bordo del 1902 State Landau, como se conoce al carruaje que, en aquel año, el rey Eduardo VII –tío del contrayente– ordenó construir para ceremonias relevantes.
En la Argentina, desde poco menos de tres años, teníamos tele en colores. La novia, tanto en el ingreso a San Pablo –luego de descender junto con John, su padre, VIII conde de Spencer, de un carruaje vidriado– como en el momento en que salió de esa catedral con su esposo convertida en “alteza real”, tuvo que detenerse varios minutos para que las “damas de honor” acomodaran la cola de su vestido “de casi ocho metros de largo”, relataba la transmisión oficial.
¡Hermoso para ver! Un año y 22 días después –el 21 de julio de 1982– se anunció el nacimiento del príncipe Guillermo, heredero de la corona británica. El 15 de setiembre de 1984 –setecientos ochenta y siete días después que su hermano mayor– nació el príncipe Enrique.
Sin embargo, y como sostiene el dicho popular, “no todo lo que reluce es oro”. El 28 de agosto de 1996 –cinco mil quinientos nueve días después de aquella boda principesca– Diana y Carlos se divorciaron. Con el paso del tiempo la fantasía pública trocó en públicos desatinos vinculares. La princesa descubrió y confirmó que el príncipe tenía como amante a Camilla Parker-Bowles, una amiga de la Casa Real. ¡Crisis!
MULTITUD
Carlos pasó –para muchas y muchos– a ser el “realmente odiado”. Diana, en el transcurso de 1995, decidió no ocultar la situación. Habló con la BBC, la tele pública en el Reino Unido. “¿Cree que Camilla Parker-Bowles fue el factor que desencadenó el fracaso de su matrimonio?”, preguntó el periodista Martín Bashir a “su alteza real”. La respuesta fue simple, breve y clara: “Bueno, éramos tres en mi matrimonio. Y eso es una multitud”. El 31 de agosto de 1997, Diana, Dodi Al-Fayed (1955-1997), multimillonario egipcio, y el chófer, Henri Paul, murieron en un accidente de tránsito ocurrido en el interior del túnel del Pont de l’Alma, en París.
Los puentes de raíces vivas de Sohra (Cherrapunji) sorprendió a los exploradores occidentales y desde aquellos tiempos es polo de atracción hasta nuestros días
Aquel príncipe, Charles Philip Arthur George (77), desde el 8 de setiembre de 2022, es Carlos III, rey del Reino Unido y de los otros reinos de la Mancomunidad de Naciones. Camilla Rosemary Shand, luego Parker-Bowles (78) –la tercera de aquel matrimonio principesco que “era multitud”, como lo sentenció Diana, “la princesa del pueblo”, como la categorizó para siempre el ex primer ministro Tony Blair, el 31 de agosto de 1997– es reina consorte.
Fantasías. Deseos. Ilusiones. Condición humana. Fantasías. Deseos. Ilusiones. “Cambia, todo cambia”, canta como nadie Mercedes Sosa. Los khasi –una minoría étnica originaria que habita en el estado de Meghalaya, noreste de la India desde antes de las invasiones dravídicas pobladoras del sur en ese mismo país– desconocen quiénes de sus antecesores y cuándo comenzaron a orientar las raíces de los árboles para construir con ellas “puentes vivientes”.
Lejos de aquellas selvas inigualables, recién se supo algo de los que se conocieron entonces también como “los puentes de raíces vivas de Sohra (Cherrapunji)”, cuando era avanzado el siglo XIX. Los exploradores occidentales se asombraron con aquel descubrimiento. En La Sociedad Asiática, un histórico periódico que se publicaba en Calcuta en 1844, se consignó la información. Desde aquellos tiempos, es polo de atracción hasta nuestros días.
“AMOR RECÍPROCO”
Hacia allí, unas tres semanas atrás, partieron en luna de miel el príncipe Raj Raghuvanshi (21) y la princesa Sonam Raghuvanshi (24). Eran marido y mujer porque sus madres –en esa sociedad matrilineal– así lo acordaron. Ambos pertenecían a la misma clase social y casta. Aquel enclave natural que, además, con unos 12.000 milímetros de lluvias anuales es, según Guinness, el lugar más lluvioso de cada año, era perfecto para manifestarse amor recíproco sin interferencias. La actuación crucial de la mehndi, la celebración musical previa, la ceremonia principal, la fiesta posterior quedaron atrás.
Me explican –por Whatsapp, desde Nueva Delhi, tres diplomáticos chimenteros que me pidieron anonimato– que los fastos nupciales se extendieron por cuatro días. Las dos familias en estado de tranquilidad. Espiritual, social y económico. No faltó nada. Se observaron todos los rituales. Homa (la ofrenda al fuego) se concretó. El Panigrahena, los unió como nunca antes. Las siete vueltas al fuego –el Satapadi– hizo celebrar a muchas y muchos, sonreír a las y los más refinados y desear, ilusionarse... soñar, a otros y otras.
El príncipe Raj Raghuvanshi con la princesa Sonam Raghuvanshi. ¡Que vivan los novios!
Samskara se instaló en la flamante pareja. Luego, silencio. Los días pasaban y... más silencio. Pero irrumpió la angustia. Primero en el que fue el pueblo de ambos, luego en la provincia, la región y, finalmente, en todo el país. “¿Dónde están?” “¿Qué se sabe?”. La falta de novedades fue parte de las informaciones de la agencia de noticias nacional. Se iniciaron las búsquedas. Los supuestos ganaron el espacio público. Las ideas conspiranoides de poderosos y poderosas ingresaron en los circuitos informativos.
Nadie respondía a las incesantes llamadas a los móviles de Raj y Sonam. La policía y los servicios de inteligencia de la India los monitoreaban inútilmente. También el de uno de los hermanos de la princesa. ¡Nada! Pero, cuando nadie lo esperaba, todo cambió. El domingo pasado aquella novia obediente de los acuerdos y mandatos familiares que se mostró alegre, ilusionada, ante los unos y los otros; que fue objeto de los comentarios de sus vecinos e incluso blanco preferente a la vista de aquellas y aquellos que por ser de clases inferiores o de castas poco respetables no debieran haberla mirado, trocaron interrogantes y angustia sociales.
DIMES Y DIRETES
Desde algunos anocheceres en las sacudidas calles de aquel país con 1.400 millones de habitantes, se sabía por trascendidos –que más tarde se confirmaron– que el cadáver de Raj fue encontrado y recuperado de las profundidades de un precipicio con abundante vegetación. Fue el momento de los dimes y diretes. Se conoció el escabroso detalle de que el cuerpo lo encontraron con el cráneo partido con dos golpes duros aplicados con algún objeto contundente y cortante.
¡Horror! Rescatistas e investigadores tuvieron la convicción de que fue asesinado. Así lo dejaron trascender. No murió como un príncipe. Pero las honras fúnebres sí lo fueron para despedir a su alteza real. Sonam, esposa por un breve tiempo –geolocalizada desde el momento en que se comunicó con uno de sus hermanos– supo por quienes la hallaron que era viuda.
Gritó. Se ahogó en llanto. Insistió con el deshilachado argumento de que fueron víctimas de secuestro. Pero no tenía una coartada que generara, por lo menos, una duda. También supo que Rai Kushwaha, un chófer a su servicio, estaba preso en otra celda. Fue apresado en su pueblo natal, Madhya Pradesh. Contrastaron sus respuestas. Eran amantes desde tiempo antes de que Sonam y Raj protagonizaran una boda principesca.
Como en el caso de Carlos y Diana –con Rai– también se constituyeron en multitud. El amante capturado también confesó. Señaló a los tres criminales que asesinaron al príncipe –sus cómplices– a los que convenció para que ejecutaran al joven esposo de la mujer que también amaba.
Los sicarios fueron apresados. Abrumados, admitieron. La exprincesa viuda dejó de ser víctima para ser victimaria. La justicia la acusa de ser quien incitó a su frustrado enamorado de la necesidad de asesinar a Raj. Vida, muerte, ilusión, deseo... pulsiones incrustadas en la condición humana, aunque “reyes y peones, al final de la partida, vuelven a la misma caja”.
Kate Middleton vuelve a mostrarse y relata su “progreso” contra el cáncer
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La princesa Catalina, popularmente conocida como Kate Middleton, anunció este viernes que asistirá el fin de semana a un desfile por el cumpleaños del rey Carlos III, su primera aparición pública oficial en meses, e indicó que está haciendo “buenos progresos” en su tratamiento contra el cáncer. La esposa del príncipe heredero Guillermo publicó este mensaje en redes sociales, dando noticias sobre su salud por primera vez desde que anunció su cáncer, sin especificar su naturaleza, a finales de marzo.
“Espero con ansias asistir al desfile por el cumpleaños del rey este fin de semana”, afirmó Catalina, que no ha participado en ningún evento público desde diciembre. La popular princesa de Gales, de 42 años, indicó que está “haciendo buenos progresos, pero como cualquiera que pase por la quimioterapia sabrá, hay días buenos y días malos”.
“En los días malos te sientes débil, cansada y tienes que dejar que tu cuerpo descanse. Pero en los días buenos, cuando te sientes más fuerte, quieres aprovechar al máximo el sentirte bien”, escribió Catalina. El mensaje estaba acompañado de una fotografía de Catalina de pie frente a un árbol junto a un río, tomada a principios de semana en Windsor, al oeste de Londres. “Mi tratamiento continúa y lo hará durante unos meses más”, indicó la princesa. “Espero poder participar en algunos compromisos públicos durante el verano, pero también sé que aún no estoy fuera de peligro”, añadió.
La princesa señaló que ha empezado a “trabajar un poco desde casa” cuando se siente “suficientemente bien”. “Estoy aprendiendo a ser paciente, especialmente con la incertidumbre. Viviendo día a día, escuchando a mi cuerpo, permitiéndome tomarme este tiempo tan necesario para curarme”, explicó.
Poco antes de que se comunicara oficialmente su diagnóstico de cáncer, una foto de la princesa con sus hijos publicada en las redes sociales causó polémica. La imagen fue retirada por las principales agencias de prensa del mundo, entre ellas AFP, porque había sido manipulada digitalmente. Esto reavivó las especulaciones sobre el estado de salud de la princesa, a pesar de una disculpa escrita publicada por el Palacio a raíz de la foto.
Kensington Palace nunca ha comunicado nada sobre la salud de Catalina y, durante sus compromisos públicos, el príncipe Guillermo también ha sido breve y conciso, contentándose con decir en mayo que su esposa se encontraba “bien”. El anuncio del cáncer de Catalina se produjo después de que el rey Carlos III informara en febrero que también padece esta enfermedad, sin especificar de qué tipo.
El monarca, de 75 años, sigue igualmente un tratamiento y en abril los médicos afirmaron que estaban “alentados” por los avances realizados, lo que le permitió reanudar sus funciones oficiales. Sin embargo, este año participará subido en una carroza en el desfile para celebrar su cumpleaños, y no a caballo como el año pasado.