Un grupo paraguayo le rinde tributo a la gran estrella del Mundial. “Messias” une el sonido del arpa, el acordeón y los sintetizadores en un tango electrónico de Ndavaru ft.Alejandro Favian.
El tema compuesto con el arpa paraguaya, nace de la inspiración y admiración que genera Lionel Messi, una figura mundial del deporte, ejemplo de perseverancia y compromiso con su talento. Todo eso tuvo su punto culmine al consagrarse campeón del último mundial de futbol.
La historia de esta canción, empieza después de la final de la Copa América 2021 en donde la empatía hacia Messi se convirtió en una sensación que se generó a nivel casi global. Eso se tradujo en videos, artículos, documentales y canciones que surgieron alrededor del mundo.
En el caso de Blas Flor, la inspiración nació en su arpa. De esa melodía con base de tango construyeron el tema junto con los demás integrantes de Ndavaru, al que se sumaron por último el acordeón de Alejandro Favián (ex Polka Stereo) y los beats que dan el toque electrónico a “Messias”.
Desde sus inicios, esta agrupación busca nuevos sonidos en las obras compuestas con el arpa paraguaya, explorando dentro del género folklore fusión, con influencia de La Avanzada del Maestro Oscar Nelson Safuán y otros ritmos tradicionales del Paraguay.
En sus lanzamientos más recientes, incorporaronsintetizadores a sus composiciones folk. Son ejemplo de ello “Misterios del Corazón”, “Encuentro de Almas” y “Slow remix” parte de su repertorio presente en todas las plataformas, al que se suma “Messias”.
Con la canción tributo a Messi se introducen por primera vez al territorio del Tango, uniendo el acordeón con el arpa. Una hermandad sonora argentina y paraguaya acompañada por la electrónica contemporánea que fusiona sonidos de diferentes generaciones en un “ElectroTango”
El videoclip de “Messias” cuenta con la participación de Armando Benítez y Seudy Villasanti, directores del Conservatorio de Arte Esther Villasanti, embajadores del tango danza en Paraguay, cuatro veces finalistas del Campeonato Mundial de Tango.
El single está disponible en todas las plataformas digitales desde el jueves 10 de noviembre del 2022. La grabación del mismo cuenta con el apoyo de Autores Paraguayos Asociados (APA).
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Arpa paraguaya se luce en Dublín en festejos de St. Patrick’s Day
Compatriotas residentes en la capital irlandesa pusieron un toque de cultura paraguaya en la tradicional fiesta.
La cultura paraguaya se hizo sentir con fuerza el fin de semana en la capital irlandesa durante las celebraciones de San Patricio, donde la Comunidad de Paraguayos en Irlanda participó en un festival multicultural presentando música, danza y tradiciones del Paraguay ante un público internacional, según se informó.
La actividad se realizó en el emblemático parque St Stephen’s Green, uno de los espacios más representativos de la ciudad de Dublín, donde comunidades de distintos países compartieron expresiones culturales en el marco de las festividades nacionales de Irlanda.
En este escenario, la comunidad paraguaya ofreció una vibrante presentación artística que incluyó el sonido del arpa paraguaya por la artista Panambi Cáceres, la dulce voz de Noemí Sarubbi, danza tradicional, vestimenta típica y la distribución de la tradicional chipa paraguaya.
El sonido del arpa despertó la curiosidad y el entusiasmo del público presente. Su presencia también evocó una conexión cultural con Irlanda, país donde el arpa ocupa un lugar fundamental en su identidad nacional y en su historia.
BAILARINAS
Las bailarinas paraguayas aportaron color y entusiasmo al festival con coreografías tradicionales y trajes típicos que reflejan la riqueza del folklore nacional, generando aplausos y gran interés entre los asistentes.
La vestimenta tradicional utilizada en estas danzas también recuerda una conexión histórica entre Paraguay e Irlanda a través de Eliza Lynch, la mujer irlandesa que llegó al Paraguay en el siglo XIX y que con el tiempo se convirtió en una figura emblemática de la historia paraguaya.
Su legado continúa siendo un símbolo del vínculo histórico entre ambos países, un lazo que hoy también se refleja en los intercambios culturales y en la presencia de comunidades paraguayas que promueven su identidad y tradiciones en el exterior.
“La participación de la comunidad paraguaya representó, sin dudas, una oportunidad para compartir la riqueza cultural del país sudamericano con el público europeo, llevando la música, la danza y el sonido del arpa guaraní hasta el corazón de Dublín”, señala el material informativo.
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Kambapu, una reivindicación de la sonoridad afro en Paraguay
- Jimmi Peralta
- Fotos: Cristóbal Núñez
Con motivo del Día Internacional de la Música, que se celebró ayer 22 de noviembre en honor a santa Cecilia, el arpista paraguayo Francisco Giménez habla de sus inicios, su trayectoria y cómo su pasión por el arpa y el arte tienen algo de mística y mandato espiritual.
Ninguna historia es igual a otra y, sin embargo, las vidas parecen recorrer las mismas tramas una y otra vez. Son contadas variaciones las que constituyen a ese bucle, que en sí mismo o por acción de los ojos del intérprete parecerían dibujar el mismo trazo.
Si aquella frase “cuenta tu aldea y serás universal” expresa lo central de la relación íntima entre lo particular y lo universal, vale de todos modos detener esa homogeneización para ponerle un matiz: algunas historias, algunas aldeas, algunas personas son más parecidas entre sí que otras y contarlas posiblemente hable de sus iguales.
En la víspera se recordó a santa Cecilia, patrona de los músicos, y en nombre de ellos se presenta la historia de uno de sus representantes paraguayos, el arpista Francisco Giménez, destacado por su labor nacional e internacional, actualmente embanderado con su creación, el kambapu, un género de música paraguaya que fusiona la galopa, la polca y los ritmos afroparaguayos.
INICIOS
Nacido en Villarrica, Francisco tuvo como primera pasión al fútbol. Pero finalmente él, al igual que su padre carpintero y poeta y su madre artesana textil, usaría las manos para su arte y su oficio.
“Mi tío era arpista, él vivía con nosotros en casa y tocaba el arpa de tanto en tanto en Villarrica. Mi tío me quería enseñar y yo le decía que no. Yo andaba detrás de la pelota”, comenta Francisco.
Aquel hermano de su madre de alguna forma, y a pesar de estar convaleciente, fue dejando señales en el camino que concluirían por ser la hoja de ruta de Giménez. “Un año antes de fallecer mi tío, Luis Bordón fue a hacer un concierto en Villarrica. Papá fue a pedirle que lo visitara en nuestra casa, porque tío era un admirador suyo, pero por su salud no iba a poder ir al concierto. Fueron a mi casa, tocaron ahí para él. Yo no le daba mucha pelota a esas personas”, narra. “Tío murió un 23 de diciembre. Al día siguiente un vecino nuestro nos invitó a pasar la Navidad en su casa para que no pasemos solos esos momentos. Y de repente el vecino este, don Cristaldo, prendió su tocadisco y puso un LP, ahí comenzaron a sonar unos villancicos navideños en arpa. Esa fue la primera vez que me llamó el sonido del arpa de Luis Bordón y me acerqué al parlante”, continúa.
En ese momento, el padre de Francisco se percató de que el encanto de aquel sonido había tocado la piel de ese niño de 12 años. Ahí mismo nace un acuerdo familiar: iba a empezar a estudiar por tres meses y, de acuerdo con su rendimiento, iba a seguir o no. ¿Dónde conseguiría para su arpa? Aquel tío había dejado una carta heredando su único bien al niño, su arpa.
JOVEN DESTACADO
Rápidamente logró aprender las primeras técnicas, comenzó a escuchar de día y de noche los cassettes que podía comprarse de Luis Bordón en un hogar cargado de música paraguaya. Su debut escénico fue el aniversario de Radio Guairá.
Ya a los 16 años, Diego Sánchez Haase, por entonces arpista y estudiante de armonía los fines de semana en Asunción, lo invitó a participar de un concurso de arpa en la capital.
“Me inscribí, papá me dijo ‘no importa si no ganamos’. Yo vine a conocer a las grandes figuras del jurado. Toqué ‘Che noviakuemi’, de Herminio Giménez, ‘Canto de pajarito’, de Luis Bordón, y ‘Pájaro campana’. Finalmente gané ese concurso y obtuve dos viajes y un arpa como premio”, recuerda.
Ese concurso fue la bisagra que abriría un nuevo universo en la relación de Francisco con su arpa.
“Y a partir de ese premio venía todos los fines de semana a tocar a Asunción en un local que se llamaba Peña Kapi’i. Me acuerdo que ganaba 10.000 guaraníes por noche en aquella época. Me acuerdo que el pasaje desde Villarrica estaba 2.500. Venía y tocaba jueves, viernes y sábado. Después ya tocaba en cuatro a cinco locales en una noche”, rememora sobre cómo se convirtió en un músico profesional, misión que estaba explícita en aquel acuerdo con su padre, que le había dicho que el apoyo familiar dependía de su compromiso profesional con el instrumento, sujeto a una amenaza si es que tomaba el camino de la bohemia. “Ahapýta ndehegui la nde arpa” (voy a quemar tu arpa), le habría dicho. El pacto con su madre era terminar el colegio.
INTERNACIONAL
“Yo, desde el momento que empecé con la música, me mentalicé y mis padres me mentalizaron de que tenía que salir de acá para perfeccionarme, no tenía que pensar en quedarme en Paraguay”, refiere.
Sus primeros años fuera del país fueron seis. Desde Suiza desarrolló una carrera que incluía al resto del continente europeo. Primero integró el dúo Pérez y Pérez, de Andrés y Lorenzo Pérez. Después trabajó con Rubén Domínguez y luego con Lucho Martínez.
“Lo que se recreaba por entonces era el estilo y el repertorio que había metido (Luis Alberto del) Paraná en el mercado europeo. Era la época que recién empezaban a salir los discos compactos. La Phillips de aquella época reeditó todas las grabaciones de Paraná en formato CD. Entonces, estaba nuevamente en un apogeo”, recuerda.
EL RETORNO
“Vine en el 96, trabajé con Safuán. Aprendí todo de la avanzada con él, la música como producto para un mercado. El equilibrio entre el estudio y el gusto”, comenta y presenta en su historia un eje en su formación y su presente, Óscar Nelson Safuán.
“Cuando estaba en el extranjero empecé a componer, fueron cuatro temas en avanzada. Quería mostrarle a Safuán al llegar a Paraguay y se organizó una locreada para que le pueda mostrar. ‘Iporã’ (es lindo), me dijo… y grabamos. A muchos les gustó y a muchos no les gustó”, recuerda sobre cómo surgió su disco “Francisco Giménez y su joven arpa”.
Desde ese momento la vida laboral del arpista estaba creciendo, con trabajos contantes en Buenos Aires, donde el tipo de cambio lo favorecía, podía vivir en su tierra y hacer lo que le gustaba.
“El disco que más satisfacción me dio fue el disco grabado para Telecel en aquella época, 1998. En una sola tirada se distribuyeron 70.000 copias en una misma semana y reclamaron algunos usuarios. A las dos semanas aumentaron la tirada y con eso llegaron a 100.000 copias. Hasta hoy nunca más se editó esa cantidad en una sola tirada. Y satisfacción en la parte económica también, hasta hoy me sigue dando regalías aquel disco”, comenta sobre un apogeo celebrativo de su carrera.
EL KAMBAPU
“Recuerdo que con Safuán grabamos dos temas de Mauricio Cardozo Ocampo y Sánchez Quell, ‘Kamba la Mercé’ y ‘San Baltazar’. Y la grabación se hizo con acompañamiento de tamboriles de Kamba Kua. Y yo hice la parte del arpa. En ese proceso se me acerca Safuán y me dice ‘Kamba Kua ko Francisco ha’e peteî fuente rítmica muy importante (Francisco, Kamba Kua es una fuente rítmica muy importante), hay que investigar ahí a ver qué puede salir, es algo paraguayo también’. En ese momento me dijo eso a mí. Eso me entró en un oído y me salió por el otro”, confiesa. Pero lo que le dijo su maestro no terminó de salir de su mente y, tras su muerte, se habría hecho aún más presente aquella expresión.
“Fui a Europa. Pasado un tiempo me puse a pensar en eso y me prometí ir a Kamba Kua a conocer. Ahí conocí a Lázaro Medina y me mostraron los distintos ritmos rituales que tienen. Después me puse nuevamente a escuchar ‘San Baltazar’, de Mauricio Cardozo Ocampo. Escuché algo que no había escuchado antes. Hay tres compases con acentuaciones afro en la introducción, pero él no lo hace ahí con percusión, sino con el arco del violín”, comenta.
De esta asimilación Francisco se convirtió en el creador de un nuevo género de la música paraguaya llamado kambapu, una propuesta que vincula y pone sobre la mesa la cultura afrodescendiente del Paraguay.
“Este proyecto primero fue como un mandato que me había dado Safuán. Después comencé a investigar sobre la historia y la cultura afro. En el mismo libro de Mauricio Cardozo Ocampo se habla de la influencia afro en la música paraguaya, especialmente en las galopas. Esa investigación me ayudó muchísimo para fundamentar históricamente mi trabajo. Yo no quería una música africana en Paraguay, quería música paraguaya, pero que se sienta una reminiscencia de la presencia afro dentro de nuestra cultura”, puntualiza.
Lo que empezó como una curiosidad pasó a ser una reivindicación de una “cultura que siempre estuvo tapada. Intencionado o no, nunca se le reconoció a esta cultura la importancia que tiene y el grado de porcentaje de influencia que registra en nuestra cultura nacional para la conformación del ser paraguayo”, sentencia.
RASTROS RÍTMICOS DE LA SONORIDAD AFRICANA
La musicología encuentra rastros rítmicos de la sonoridad africana en la música paraguaya y ese era un camino no solo interesante de seguir para Francisco, sino que al mismo tiempo justo.
“La galopa tiene un ritmo de bombo que es, según Cardozo Ocampo, de origen afro. Sobre esa base traté de fusionar la polca con uno de los ritmos de Kamba Kua que ellos llaman santo sapatu. Entonces, lo que hice fue llevar esas figuras del bombo de la galopa a las notas del bajo, después juntar el sonido de santo sapatu. Es así que un compás se compone de mitad polca, mitad afro. La melodía la planteo sobre esta base, con más énfasis en lo rítmico, bien sincopado, como un hermanito menor de la guarania y la avanzada”, graficó.
Así empezó el kambapu, con cuatro composiciones que vinieron de una necesidad y después de una misión social. La historia de kambapu se encuentra desarrollada en un par de entregas documentales realizadas por su compañera, Lucy Morínigo, disponibles en Youtube.
El arte heredado, la familia, la pasión temprana, el talento, los desafíos, el desarraigo, el aprendizaje y una nueva propuesta de identidad dibujan la historia de Francisco Giménez, una historia que representa a tantos otros músicos paraguayos.
LO QUE MÁS LE COSTÓ
El mercado local reducido hizo que por generaciones no pueda desarrollarse en el país una industria cultural, lo que obligó a muchos talentosos a elegir entre abandonar su pasión o su tierra. Por eso, el éxito y el desarrollo internacional de los artistas pueden tener un reverso difícil.
“Yo intenté varias veces radicarme en mi país. Cuando no venía bien la cosa, volvía a hacer giras nuevamente. Lo más difícil es reinsertarse después de estar largas temporadas afuera, en varios sentidos. En ese tiempo no había redes sociales y para reinsertarte dentro del ambiente artístico de nuevo y para laburar era todo un tema, porque tenía que venir y promocionar que estaba de nuevo en el país. Y volver a entrar en el circuito es muy difícil, es como comenzar de nuevo. Después me puse a pensar ‘yo no puedo vivir con un pie acá y el otro allá’. Tuve que decidirme. Y finalmente me quedé acá, pero costó. Uno decide quedarse, pero de repente aparece una tentación, una buena oferta, pero si toma la oferta se queda con la incertidumbre de no saber qué hacer al volver”, concluye.
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Paraguaya dirige el primer Festival Internacional de Arpa en Asturias
La arpista paraguaya Noelia Sanabria, residente en Asturias, será la directora artística del 1º Festival Internacional de Arpa del Principado de Asturias, que se celebrará el próximo 11 de octubre de 2025 en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo (España). El festival reunirá a siete artistas de Paraguay, Argentina y España, en una programación que refleja la diversidad y la unión cultural a través del arpa y la voz.
“Para mí, como paraguaya y arpista, es un honor abrir este camino en Asturias y mostrar al mundo la riqueza de nuestras raíces unidas por el sonido del arpa”, expresó Noelia Sanabria, directora artística del festival.
Los arpistas paraguayos son Anabel Acosta, Noelia Sanabria, Diego Vera y Miguel Ángel Ramírez. Desde Argentina, la arpista Sofía Mereles. También la soprano paraguaya: Jessica Bogado, y el grupo emergente de Oviedo (Asturias), Lorena Lawns.
Este encuentro cultural nace tras el reconocimiento por parte de la Unesco de la guarania y de la cultura sidrera asturiana como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, abriendo un puente histórico y artístico entre ambos pueblos.
La organización está a cargo del Consulado Honorario de la República del Paraguay en Asturias, junto con Noe Sanabria y Elo Villar, con el auspicio de la Sociedad Civil Oviedo 21 y el apoyo del Ayuntamiento de Oviedo, el Gobierno del Paraguay, la SENATUR y Visit Paraguay.
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Concluye el Festival Mundial del Arpa
La XVIII edición del Festival Mundial del Arpa tendrá hoy a las 20:00 su anteúltima noche de celebración en el Teatro Municipal de Asunción, una cita que convoca a los mejores y más destacados ejecutantes del instrumento, que desde diferentes formatos tendrá la sonoridad central en repertorios que van desde lo tradicional, lo sinfónico, hasta lo impresionista.
El arpista paraguayo residente en Estados Unidos Víctor Espínola ha presentado en la convocatoria para proyectos musicales una propuesta que lleva al arpa a un nivel diferente y que pone a consideración del público del festival.
Martín Portillo More, joven de 19 años, inyecta sangre joven al repertorio tradicional del arpa paraguaya con una mirada que proyecta un futuro auspicioso a nuestra música autóctona.
El colombiano Yofre Brito representa al arpa llanera en esta edición del festival con un espectáculo innovador dentro de su estilo, acompañado por un conjunto típico. El cierre de la tercera jornada estará a cargo de José López y su grupo Carapegüeño, con el arpa de Antonio Rolón. El Festival Mundial del Arpa es hoy uno de los encuentros más importantes de este instrumento en el mundo, un espacio donde la música se convierte en patrimonio vivo y puente entre culturas.
El evento concluirá mañana con una programación que anuncia al arpista paraguayo Papi Galán, maestro de varias generaciones; al grupo Jeheka, un ensamble musical formado por jóvenes músicos: Gabriel Sasanuma, Franco Pinazzo (violín) y Aurora Pinazzo. Además, subirán a escena César D’apollo y su grupo Gente, la agrupación Sonrisa en Japón, Martín Garcete y Elías Balbuena con los Ídolos de Piribebuy, que propone un cierre de polca a lo yma.