“5 minutos más...”, todos alguna vez (o quizás diariamente) apagamos la alarma y nos dimos permiso para dormir un poquito más, sin embargo, por más simple y placentero que suene hacerlo cuando el sueño nos gana, es un hábito que los especialistas no recomiendan.
Sucede que al dormir pasamos por distintas etapas de sueño: las primeras cuatro (No Rem) duran alrededor de 90 minutos y abarcan desde el sueño más ligero (Fase 1) hasta el más profundo en su proceso de transición (Fase 2, 3 y 4), y la última (Rem) corresponde a la etapa en la que es posible soñar vívidamente pero a la vez imposible despertar a la persona.
Todas estas etapas son parte del ciclo de sueño al cual nuestro organismo se adapta para poder dormir, y ocurre entre unas cuatro a seis veces por noche en un adulto normal. Según los expertos, cuando colocamos la alarma y la posponemos para “descansar un poquito más” en realidad lo que hacemos es darle la señal al cerebro de que un nuevo ciclo de sueño está empezando.
Al despertarnos después de cumplirse esos cinco minutos adicionales, el ciclo se interrumpe y el sueño no se completa. Aún así decidiéramos posponer una vez más la alarma, no sería conveniente, ya que además de interrumpir el ciclo que acabábamos de empezar, estaríamos iniciando otro que nuevamente no se completaría.
A diferencia de lo que se cree, ese “sueño extra” que creemos ganar al posponer la alarma “cinco minutos más” es solo un descanso corto y de muy mala calidad. Por eso, cuando ocurre esto, es normal levantarse más cansado y aturdido de lo normal, incluso irritado o de mal humor, ya que el cerebro solo entiende que quedó un sueño pendiente.
Los especialistas recomiendan, en lo posible, no activar alarmas y despertar espontáneamente en respuesta al estímulo de la luz, para que el cuerpo se vaya acostumbrado a un ritmo de sueño específico y logre abrir los ojos a la misma hora cada mañana.
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Ébola enciende las alarmas en Brasil
Brasil activó sus protocolos de emergencia sanitaria luego de que un hombre de 37 años, oriundo de la República Democrática del Congo (RDC), fuera internado en aislamiento en el Instituto de Infectología Emílio Ribas de São Paulo con síntomas compatibles con el ébola, una de las enfermedades más letales del mundo.
La información fue divulgada este sábado por el portal brasileño Conexão Política Brasil a través de sus redes sociales, mientras las autoridades sanitarias investigan si se trata del primer caso sospechoso de la enfermedad en territorio brasileño en medio de un preocupante rebrote registrado en África central.
De acuerdo con datos proporcionados por la Secretaría de Salud del Estado de São Paulo, el paciente ingresó en estado delicado, presentando diarrea severa, desorientación y otras complicaciones que obligaron a los médicos a intubarlo. Inicialmente fue atendido en una unidad de urgencias bajo sospecha de malaria, pero posteriormente fue derivado al Instituto Emílio Ribas, centro de referencia nacional para enfermedades infecciosas.
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Las autoridades confirmaron que el hombre había viajado recientemente a la República Democrática del Congo, país que actualmente enfrenta un brote de ébola que mantiene en alerta a la comunidad internacional. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha seguido de cerca la evolución de la emergencia, especialmente en las provincias de Ituri, Kivu del Norte y Kivu del Sur, donde se concentra la transmisión.
Hasta el momento no existe una confirmación laboratorial del caso registrado en Brasil. Las muestras fueron remitidas al Instituto Adolfo Lutz, responsable de realizar los análisis especializados. Mientras tanto, se pusieron en marcha las medidas previstas en el Plan Nacional de Contingencia, que incluyen el aislamiento del paciente, la notificación inmediata a las autoridades sanitarias y el seguimiento de todas las personas que tuvieron contacto con él.
Regiane de Paula, coordinadora del Centro de Vigilancia Epidemiológica de São Paulo, señaló que las acciones adoptadas responden a los criterios clínicos y epidemiológicos observados durante la evaluación médica del paciente.
El actual brote en la RDC está asociado a la variante Bundibugyo del virus del ébola, una cepa para la que aún no existe una vacuna aprobada ni tratamientos específicos. Los especialistas estiman que su tasa de mortalidad puede oscilar entre el 30 % y el 50 %, dependiendo de la rapidez con que se detecten y traten los casos.
La OMS calificó recientemente la expansión del brote como una situación “profundamente alarmante”. Ante la gravedad del escenario, el director general del organismo, Tedros Adhanom Ghebreyesus, se trasladó personalmente a la provincia de Ituri para supervisar las operaciones de contención y fortalecer la respuesta internacional.
Pese a la preocupación generada por el caso sospechoso, las autoridades brasileñas consideran actualmente que el riesgo de introducción y propagación de la enfermedad en Brasil y el resto de Sudamérica sigue siendo muy bajo. No obstante, la red sanitaria permanece en estado de vigilancia reforzada mientras se aguardan los resultados definitivos de laboratorio.
El ébola es una enfermedad viral grave que se transmite por contacto directo con fluidos corporales de personas o animales infectados. Sus síntomas incluyen fiebre alta, debilidad extrema, vómitos, diarrea y, en los casos más severos, hemorragias internas y externas. Desde su identificación en 1976, diversos brotes han causado miles de muertes en África, convirtiéndolo en uno de los virus más temidos por las autoridades sanitarias mundiales.
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La OMS se moviliza ante alarma por avance del ébola
La expansión del ébola en el este de la República Democrática del Congo (RDC) vuelve a generar preocupación internacional, mientras los casos sospechosos continúan aumentando y los organismos sanitarios advierten sobre el riesgo de una propagación más amplia en la región africana.
El portal ruso RT se hizo eco este sábado de la información ya que el propio director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, visitó la ciudad de Bunia, en la provincia de Ituri, considerada uno de los principales focos del actual brote, donde ya se registran más de 1.000 casos sospechosos.
Durante su recorrido por la zona afectada, Tedros insistió en la necesidad de fortalecer la participación de las comunidades locales para frenar la transmisión del virus. El titular de la OMS sostuvo que los propios habitantes conocen mejor las dificultades que enfrenta la región y pueden desempeñar un papel clave en la búsqueda de soluciones para contener la enfermedad.
La visita se produjo luego de que el responsable de la agencia sanitaria llegara a Kinshasa para coordinar la respuesta internacional frente a una epidemia que avanza en medio de un complejo escenario marcado por conflictos armados, desplazamientos masivos de población y limitaciones en la infraestructura sanitaria. Además, Tedros alertó sobre la falta de recursos económicos para enfrentar la emergencia y señaló que la OMS apenas ha recibido una tercera parte de los fondos necesarios para sostener las operaciones de respuesta.
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Las cifras más recientes muestran un panorama inquietante. La OMS informó que hasta finales de mayo se habían reportado más de 1.000 casos sospechosos y al menos 223 muertes sospechosas relacionadas con la enfermedad. Parte de los contagios ya fueron confirmados en laboratorio en distintas zonas de Ituri, Kivu Norte y Kivu Sur, mientras que Uganda también detectó casos vinculados al brote.
La situación llevó a la OMS a declarar una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional, el nivel más alto de alerta contemplado por el Reglamento Sanitario Internacional. No obstante, el organismo aclaró que, por el momento, la crisis aún no reúne las condiciones para ser catalogada como una pandemia global.
El actual brote está siendo provocado por la cepa Bundibugyo del virus del Ébola, una variante para la cual todavía no existen vacunas ni tratamientos específicos aprobados. Expertos de la OMS estiman que la tasa de mortalidad de esta cepa puede oscilar entre el 30 % y el 50 %, lo que incrementa la preocupación entre las autoridades sanitarias.
Alta letalidad
El ébola fue identificado por primera vez en 1976 en lo que hoy es la República Democrática del Congo, cerca del río Ébola, del cual tomó su nombre. Desde entonces, el país africano ha enfrentado numerosos brotes, algunos de ellos considerados entre los más mortales registrados. La enfermedad provoca fiebre alta, dolores musculares, vómitos, diarrea y hemorragias internas y externas, con índices de letalidad que en determinados episodios llegaron a superar el 50 % de los pacientes infectados.
Las autoridades sanitarias internacionales temen que la combinación de violencia, movilidad de la población y falta de recursos complique aún más las tareas de rastreo, aislamiento y tratamiento de los enfermos. Organizaciones humanitarias advirtieron incluso que se trata de uno de los brotes de ébola de propagación más rápida desde que la enfermedad fue descubierta hace medio siglo.
Aunque la OMS mantiene el riesgo global en un nivel relativamente bajo, considera que la amenaza es alta tanto para la RDC como para los países vecinos, especialmente por la circulación transfronteriza de personas y la ausencia de herramientas médicas específicas contra esta variante del virus.
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Ébola fuera de control en Congo: OMS alerta por la rápida expansión y más de 130 muertos
El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, alertó este martes sobre “la amplitud y la rapidez” de la epidemia de ébola que azota la República Democrática del Congo (RDC), que se estima que ha provocado más de 130 muertos.
El ébola provoca una fiebre hemorrágica con una alta tasa de mortalidad y ha causado más de 15.000 fallecidos en África en el último medio siglo. Sin embargo, los expertos señalan que es una enfermedad relativamente menos contagiosa que el covid-19 o el sarampión, ya que no se transmite por vía aérea.
La OMS declaró el domingo una alerta sanitaria internacional para hacer frente a la epidemia desatada en la RDC, un extenso país del centro de África de más de 100 millones de habitantes.
De momento, se han analizado pocas muestras en laboratorio y los balances se apoyan principalmente en casos sospechosos.
El director general de la OMS se declaró “profundamente preocupado por la amplitud y la rapidez” de la epidemia.
El ministro de Salud congoleño, Samuel Roger Kamba, reportó este martes que hay 136 muertes presuntamente relacionadas con el brote y cerca de 543 casos sospechosos.
No quedan lugares
El epicentro de la epidemia se encuentra en Ituri, una provincia del noreste de RDC, fronteriza con Uganda y Sudán del Sur.
La organización de ayuda Médicos Sin Fronteras (MSF) dijo que había intentado enviar a los enfermos de Ituri a hospitales locales, pero les respondieron que “estamos llenos de casos sospechosos. No tenemos espacio”.
“Esto te da una idea de lo loca que es la situación ahora mismo”, dijo la trabajadora humanitaria de MSF Trish Newport.
En el Hospital de Rwampara, uno de los focos de la epidemia, una simple cinta de plástico delimita el área reservada para recibir a los casos sospechosos.
“Cavamos tumbas y enterramos a los fallecidos sin guantes ni ningún tipo de protección. Estamos muy expuestos”, relató a AFP Salama Bamunoba, representante de una organización juvenil local.
Un responsable hospitalario declaró que hasta el lunes no tuvieron un lugar adecuado para hacer el triaje y “aislar a los casos sospechosos”.
Anne Ancia, representante de la OMS en la RDC, afirmó que no cree que esta epidemia vaya a terminar en dos meses y recordó que un brote anterior duró dos años.
“La amplitud de la epidemia dependerá de la rapidez de nuestra respuesta”, agregó, y dijo que se han enviado a la zona toneladas de material, incluidos tests y equipos de protección individual.
No hay vacuna ni tratamiento específico para la cepa responsable del actual brote, llamada Bundibugyo.
La OMS dijo el martes que está comprobando si alguna vacuna o tratamiento podrían usarse contra esta variante.
Para intentar atajar la propagación, las autoridades están intentando detectar rápidamente los casos, para limitar los contactos, y también están llamando a la población a cumplir con las medidas de contención.
El presidente congoleño, Felix Tshisekedi, pidió a la población que mantenga “la calma” y dijo que se pondrán en marcha “todas las medidas necesarias para reforzar la respuesta”.
Fuerte crítica a la OMS
En la región de Ituri, rica en oro, se producen intensos movimientos de población a causa de la actividad minera. El virus ya se ha propagado más allá de Ituri y de las fronteras de RDC.
El ministro de Salud congoleño explicó que mucha gente de la comunidad afectada pensaba “que era una enfermedad mística” y por ello “los enfermos no fueron llevados al hospital”, lo cual contribuyó a que los contagios repuntaran.
Según el ministro, se han notificado casos sospechosos en Butembo, en la provincia de Kivu Norte, a unos 200 km del foco de la epidemia.
También se reportó un caso en Goma, una gran ciudad del este de la RDC, capital de Kivu Norte, en manos del grupo armado antigubernamental M23.
También se ha reportado un caso y un deceso en Uganda, según el gobierno. Se trata de personas que habían viajado desde RDC, sin que se haya señalado ningún foco epidémico local.
El jefe de la diplomacia de Estados Unidos, Marco Rubio, criticó este martes a la OMS y afirmó que “reaccionó un poco tarde”, en un contexto en que su país se retiró de esta agencia de la ONU.
Un funcionario del Departamento de Estado dijo que Washington permitiría el ingreso al país del equipo nacional de fútbol de RDC para el Mundial.
Estados Unidos anunció el lunes la puesta en marcha de controles sanitarios para los viajeros que lleguen, por avión, desde países afectados por la epidemia y también que restringirá temporalmente la concesión de visados para los extranjeros que hayan viajado a esas zonas.
Baréin, mientras tanto, anunció una prohibición de ingreso de 30 días a visitantes procedentes de DRC, Sudán del Sur y Uganda.
Alemania indicó que “acogerá y tratará” a un médico estadounidense que se contagió de ébola en la República Democrática del Congo.
Fuente: AFP
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Se dispara alarma en Asunción ante la crecida del río Paraguay
La Municipalidad de Asunción activó la alerta amarilla a raíz de la crecida de río Paraguay, que podría repercutir en familias ribereñas en las próximas semanas.
La Dirección de Gestión y Riesgos de Desastres de la comuna capitalina ya se encuentra realizando monitoreos constantes y planifica mecanismos de respuesta ante una eventual emergencia ante posibles inundaciones.
La suba del río se mantiene debido al fenómeno climático El Niño y las intensas precipitaciones, por lo que las autoridades municipales decidieron iniciar los preparativos para asistir a los damnificados.
En ese sentido, se estima que serían afectadas alrededor de 50 a 60 familias asentadas en zonas vulnerables como los barrios Yuquyty, Chacarita, San Cayetano y Zeballos Cue.
Se inició la identificación de terrenos aptos para la instalación de albergues temporales buscando priorizar el bienestar de las familias y preservar el arraigo comunitario. Eduardo Olmedo, director de Gestión y Riesgos de Desastres, mencionó que el municipio trabaja en coordinación con la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN) y las Fuerzas Armadas para el operativo de primera respuesta.
“En los diferentes controles que estamos haciendo en los bañados, cuantificamos aproximadamente 62 familias que pueden ser afectadas en los próximos días”, indicó en declaraciones a canal Trece.
EN 15 DÍAS
Refirió además que en un lapso de 15 días, el río ha duplicado su altura. “Desde el pasado 16 de abril, el río está subiendo continuamente, duplicando al día de hoy. El 16 de abril teníamos 1,50 metros, hoy tenemos ya 3 metros. Entonces, ya estamos planificando todo para asistir a estas familias”, precisó el funcionario municipal.
Desde la intendencia recuerdan que el protocolo establece el paso siguiente a alerta naranja en caso de alcanzar los 3,5 metros en tanto que la alerta roja se activa a los 5 metros.
Se insta a los ribereños a mantenerse informados mediante canales oficiales y a seguir las recomendaciones preventivas para mitigar los riesgos asociados a posibles inundaciones a corto plazo.