Las piezas esparcidas sobre la mesa y una misión en puerta: armar la escena planteada. En nuestra infancia, esta actividad estaba muy presente por lo entretenida que era, pero también por los aspectos que desarrollaba en nuestros “yos” del pasado.

Y es cierto que la edad no llega sola y muchos de los juegos a los que antes prestábamos atención, con el tiempo dejaron de importarnos, sin embargo, es bueno repensar en estas prácticas lúdicas y traerlas de nuevo al presente porque, aunque ya no seamos niños, devuelven un poco de alegría y frescura al hogar.

Además de bienestar y entretenimiento, armar rompecabezas es una excelente forma de fortalecer ciertas capacidades humanas como:

La concentración: esta actividad incrementa nuestra capacidad de prestar atención a algo específico, por ejemplo: encontrar las piezas y recordar dónde debemos colocarlas. Es un ejercicio que permite enfocarnos en una sola tarea.

La paciencia: armar rompecabezas no es una actividad que puede ser resuelta en un abrir y cerrar de ojos, lleva su tiempo. El hecho de agrupar las piezas según ciertas características (por colores, etc.) es una manera de aprender a sobrellevar la espera, los procesos lentos. En otra palabra, la paciencia.

La memoria: por algo se llama “rompe-cabezas”, porque todo el tiempo está presente la imagen que debemos construir con las piezas, por lo tanto hay que valerse del recuerdo para lograrlo.

Disminuir el estrés: la concentración que conlleva armar un rompecabezas permite que la respiración esté en equilibrio. El disfrute del proceso es clave para sentirse relajado en esta actividad.

Resolver problemas: estamos todos de acuerdo en que es solo un juego, pero esta actividad nos lleva a cumplir las mismas etapas que se pueden presentar ante una situación de la vida real: observar, identificar el problema, comparar y encontrar una solución.

Foto: Pexels.


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