Después de 35 años, la gran interrogante sobre si los efectos de la radiación por los incidentes del desastre nuclear en Chernobyl han pasado a otras generaciones tiene respuesta: y es que “no”.
Lo confirmó un reciente estudio del Instituto Nacional de Cáncer de Maryland, Estados Unidos, cuya conclusión determinó que los padres que estuvieron expuestos a la radiación en 1986 no pasaron los cambios genéticos a sus hijos. La investigación llegó a esta respuesta después de haber analizado a 130 niños concebidos por los sobrevivientes después del accidente.
Desde que la central de Chernobyl explotó, muchos de estos sobrevivientes han pasado por enfermedades provocadas por la radiación, e incluso han vivido preguntándose si estas consecuencias afectarían a sus descendientes. Pero esto dejó de ser una incógnita con la respuesta científica que dio el instituto.
La investigación, que fue dirigida por la profesora Meredith Yeager, trabajó en los hijos de los trabajadores que se alistaron para ayudar a limpiar la zona altamente contaminada alrededor de la planta de energía nuclear, asimismo fueron estudiados los progenitores de los evacuados de la ciudad abandonada de Pripyat y otros asentamientos que se encontraban en un radio de 70 km alrededor del reactor.
Y para todos el resultado fue el mismo: no hay daño adicional en el ADN de los niños.
Después de tres décadas, los padres que estuvieron expuestos a la radiación de la explosión de Chernobyl, encuentran por fin un alivio al miedo de dañar a sus hijos.
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EE. UU. aportará USD 100 millones para restaurar protección de Chernóbil
Estados Unidos dijo el miércoles que aportará hasta 100 millones de dólares para reparar una cúpula que evite fugas del desastre nuclear de Chernóbil, en Ucrania, y que resultó dañada en un ataque ruso en 2025. Francia, que ostenta actualmente la presidencia del G7, afirmó en marzo que las reparaciones costarían unos 500 millones de euros (580 millones de dólares) y pidió a los demás miembros del club de las principales democracias industrializadas que aportaran fondos.
El Departamento de Estado señaló que el gobierno del presidente Donald Trump trabajará con el Congreso para proporcionar dinero para las reparaciones, “en consonancia con el liderazgo continuo de Estados Unidos en cuestiones de seguridad nuclear y no proliferación”. “Hacemos un llamado a nuestros socios del G7 y europeos a seguir su ejemplo y a realizar compromisos financieros sustanciales para compartir la carga de estas reparaciones esenciales”, indicó en un comunicado.
La explosión de 1986 en la central de Chernóbil fue el peor desastre nuclear civil de la historia, y cambió la percepción global sobre la energía nuclear. Se estima que miles de personas murieron como resultado de la exposición a la radiación. Los restos de la central están cubiertos por una estructura interna de acero y hormigón conocida como el sarcófago, construida a toda prisa tras el accidente de 1986.
Entre 2016 y 2017 se instaló una nueva cubierta exterior de alta tecnología, denominada el Nuevo Confinamiento Seguro y diseñada para sustituir finalmente al sarcófago, que no estaba pensado como una solución permanente. Esta enorme estructura metálica exterior fue perforada por un dron ruso en febrero de 2025 en medio de la invasión de Ucrania, por lo que perdió su capacidad para contener la radiación.
Carrera armamentista nuclear
Los factores que impulsan la propagación de armas nucleares se están “acelerando”, advirtió el lunes el secretario general de la ONU, António Guterres, en momentos en que las fricciones en el mundo hacen temer una nueva carrera por la bomba atómica. Los países firmantes del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) se reúnen desde este lunes para examinar el histórico acuerdo, en vigor desde 1970.
“Durante demasiado tiempo, el Tratado se ha ido erosionando. Los compromisos siguen sin cumplirse. La confianza y la credibilidad se están debilitando. Los factores que impulsan la proliferación se están acelerando. Necesitamos insuflar nueva vida al Tratado una vez más”, urgió Guterres al inaugurar la cita.
El TNP, firmado por casi todos los países del planeta a excepción de Israel, India y Pakistán, busca impedir la propagación de las armas nucleares, promover un desarme completo y fomentar la cooperación para el uso pacífico de la energía nuclear. En la última revisión del acuerdo, en 2022, Guterres ya había alertado que la humanidad estaba “a un malentendido, a un error de cálculo de la aniquilación nuclear”.
La situación geopolítica mundial está lejos de haberse calmado desde entonces y el resultado de las cuatro semanas de reuniones en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York es incierto. El canciller francés, Jean-Noël Barrot, dijo a los signatarios que “la amenaza que suponen los programas de Irán y Corea del Norte es intolerable para todos y cada uno de los Estados parte en este tratado”.
En pos de moderar las expectativas, el embajador de Vietnam ante la ONU y presidente de la conferencia, Do Hung Viet, afirmó: “No debemos esperar que esta conferencia resuelva las tensiones estratégicas subyacentes de nuestra época”. “Pero un resultado equilibrado que reafirme los compromisos fundamentales y defina medidas concretas para avanzar reforzaría la integridad del TNP”, subrayó.
“El éxito o el fracaso de esta conferencia tendrá implicaciones que van mucho más allá de estas salas”, agregó Viet. “Las perspectivas de una nueva carrera de armamento nuclear se ciernen sobre nosotros”. Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (Sipri), los nueve Estados dotados de armas nucleares (Rusia, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, China, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte) poseían 12.241 ojivas nucleares en enero de 2025, de las cuales el 90 % estaba en manos de estadounidenses y rusos.
Y “empezamos a ver un aumento cuantitativo de las capacidades nucleares en todos los Estados nucleares”, según Izumi Nakamitsu, alta representante de la ONU para el desarme. Los países del G7 se declararon “preocupados” el viernes por el “importante refuerzo y la modernización de los arsenales nucleares de China y Rusia”.
El director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, que acaba de regresar de los actos del 40.º aniversario de Chernóbil para conmemorar el desastre nuclear allí, dijo que “crece la percepción de que quizás tener armas nucleares podría ser bueno para la seguridad nacional”. “Nada más lejos de la verdad”, afirmó.
“Ultraje”
Dado que las decisiones durante las conferencias de examen del tratado se adoptan por consenso, las últimas dos fracasaron a la hora de aprobar una declaración política final. El bloqueo en 2015 se debió en gran medida a la oposición de Washington, estrecho aliado de Israel, a la creación de una zona libre de armas nucleares en Oriente Medio. En 2022, no hubo acuerdo por el rechazo de Moscú a cualquier referencia sobre la central nuclear ucraniana de Zaporiyia, ocupada por Rusia.
La cumbre de este año podría tropezar con diversos obstáculos. Desde la guerra en Ucrania hasta el programa nuclear en Irán y la guerra allí, los temores de proliferación y el desarrollo del arsenal de Pyongyang podrían convertirse en factores decisivos que hagan fracasar las negociaciones.
Estados Unidos y sus aliados Reino Unido, Emiratos Árabes Unidos y Australia criticaron el nombramiento de Irán como vicepresidente de la conferencia. El enviado de Washington a la reunión dijo que conferir a Teherán un papel de liderazgo constituía un “ultraje” para los países que se toman el TNP “en serio”. La inteligencia artificial (IA) también podría ser un tema destacado de aquí al 22 de mayo, ya que algunos países piden que todas las partes mantengan el control humano sobre las armas nucleares.
Fuente: AFP.
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Chernobyl: 34 años de la explosión que causó gran desastre humano y ecológico
Hoy hace 34 años de la explosión de Chernobyl, en la entonces Unión Soviética. El estallido del reactor no solo afectó a la región, sino que sacudió al mundo entero. El incidente en la planta nuclear soviética es considerado el peor accidente industrial y medioambiental de la historia.
La explosión del reactor nuclear, ocurrida un 26 de abril de 1986, causó la muerte instantánea de 50 personas, pero miles de habitantes del Este de Europa están desde entonces afectados de cánceres causados por la exposición a la radiación.
Según cálculos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de nueve mil personas en todo el mundo morirán, eventualmente, de cánceres causados por la radiación de Chernobyl.
Según Nacho Narváez, de PastoralSJ, ese día sacudió la explosión a los “50 mil habitantes de Prípiat, ciudad construida en 1970 y nació junto a la central nuclear ‘Lenin’, para albergar a los constructores, trabajadores e ingenieros de esta. Era una ciudad joven: la edad media era de 26 años. La natalidad era altísima, casi 1.000 niños nacían cada año. La ciudad contaba entonces con un cine, un hotel, gimnasios, piscinas y varios restaurantes, un verdadero lujo para cualquier ciudad soviética de la época. Todo limpio, ordenado, moderno, joven, eficiente. La central nuclear y la ciudad: un éxito socialista”, sostuvo al Vatican News.
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Esa noche, fueron sacudidos todos por el reactor número 4 de la central nuclear, que saltaba por los aires. “La radiación equivalente a 500 bombas de Hiroshima estaba convirtiendo el aire en puro veneno. A la 1:24 de la madrugada lo que pretendía ser una sencilla prueba de seguridad provocó una explosión que destapó la cubierta de uno de los reactores de la central. Pocos minutos después comenzaron a llegar bomberos de toda la región para frenar el desastre. Había que intentar parar el fuego para que el reactor nº 3 no estallara también. Horas después consiguieron apagar el fuego. Algunos bomberos comentaban extrañados que «el aire sabía a metal», sostiene al Vatican News.
Muchos murieron días después. El resto falleció a lo largo de dos semanas debido a las enormes dosis de radiación recibidas. Las entonces autoridades soviéticas tardaron 36 horas en evacuar a la población de Prípiat. Hasta tres días y medio duró la evacuación. Mientras tanto, la población recibía dosis de radiación tremendamente elevadas.
“Seguidamente, el gobierno de la URSS convocó a miles de personas para ayudar a paliar las consecuencias del accidente. Fueron 600.000 personas. Los llamaron 'liquidadores'. Esa multitud estaba en su mayoría compuesta de soldados, pero también había muchísimos voluntarios: médicos, trabajadores, científicos, campesinos, mineros –miles–, estudiantes, policías, etc. Muchos de ellos iban con la esperanza de recibir alguna compensación económica o laboral. Otros, la gran mayoría, llegaron desde toda la Unión Soviética con el único objetivo de salvar a su país de la catástrofe nuclear. Aseguraron el edificio del reactor 4, limpiaron el área de basura radiactiva y construyeron el sarcófago que aún cubre gran parte de la central. Realizaron un trabajo mortal: hoy día se discute el número de víctimas, pero se calcula que de las 600.000 personas antes mencionadas, 60.000 murieron, mientras que 160.000 quedaron inválidas para siempre”.
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Según Zenit, se han atribuido 3,4 millones de muertes desde 1986 a las radiaciones, aunque es casi imposible de calcular el número real de víctimas, pues hay que considerar las «muertes invisibles», dijo en Roma el día de la noticia la embajadora de Ucrania ante la Santa Sede, Nina Kovalska. «Decenas de miles de personas han caído enfermas tras los efectos de las radiaciones –añadió–. En el caso de los adultos, se han establecido estas consecuencias, pero después los niños han sufrido las consecuencias. En Ucrania se experimenta una elevada mortalidad infantil».
El papa Francisco en el Viernes Santo del pasado año dijo que «a pesar de todas las miserias, las injusticias y la monstruosidad existentes sobre la tierra, en Jesús se ha inaugurado ya el orden definitivo del mundo». Como dijo Narváez, la imagen de los ‘liquidadores’, con su escasa protección, luchando sin descanso contra la radiación en un acto casi suicida nos recuerda que, 2.000 años después, el amor y la vida siguen siendo mucho más fuertes que la muerte.