Texto: Micaela Cattáneo

La cantante hizo un nuevo disco porque estaba aburrida. El álbum que lanzará el próximo 14 de junio es el resultado de su estadía por Lisboa (Portugal), donde —según declaró— “se deprimía un poco”. El material discográfico, Madame X —apodo que recibía a los 19 años—, es un acto de rebeldía en sí mismo; un capricho con el que demuestra que la identidad de su música es una decisión estrictamente personal.

Al respecto, la diva del pop fue muy clara: “Quería volver a esa etapa de mi vida en la que estaba empezando, en Nueva York, y no me preocupaba de lo que la gente pensara. Mi música surgía sin escuchar todo el ruido, las recomendaciones, las sugerencias, lo que fuera". El adelanto revela colaboraciones con Maluma, Anitta, Quavo y Swae Lee, artistas que manejan a la perfección los códigos modernos de la industria.

Esta fusión, más que un acierto, es una apuesta; el jaque mate que necesitaba la artista para coronarse como la indiscutible reina del pop. Los featuring de Madame X traen una impronta urbana al disco, pero sin que eso implique una descarga de solidez y elegancia, propios del estilo de Madonna. Con la inclusión del rap, el reguetón y la música brasileña, el álbum propone multiculturalidad, posicionando a la intérprete de Like a prayer como una potencial figura de otros géneros. En resumen, como una todoterreno.

Canción necesaria: Medellín, canción cantada con Maluma, porque es una inmersión prudente a ese nuevo mundo que explora Madonna en todo el disco.