A 37 años del retorno a la democracia, Paraguay rememora la noche del 2 de febrero de 1989, cuando Asunción despertó entre disparos, tanques y morteros, mar­cando el fin de la dictadura más larga de Sudamérica. Tras 34 años bajo el régimen de Alfredo Stroessner, el país experimentó un cambio his­tórico que abrió las puertas a la libertad y a la participación ciudadana.

La Operación 3 de Febrero, también conocida como el Golpe de la Candelaria, comenzó con un engaño estratégico: el general Andrés Rodríguez, consuegro del dictador y comandante del Primer Cuerpo de Ejército, simuló una lesión en la pierna con un yeso para desviar la atención de los espías del régimen. Mientras Stroess­ner creía tener control sobre sus subordinados, los prepa­rativos para el golpe avanza­ban en silencio.

Esa noche, a las 21:00, los blindados de la Caballería se movilizaron, acompañados por la Marina que bloqueaba el río y atacaba el Cuartel Central de Policía. El primer objetivo fue la casa de Ñata Legal, la amante del dictador, donde Stroessner solía pasar la noche. Pese a la sorpresa, el Rubio logró refugiarse en el Batallón Escolta Presiden­cial, escenario del enfrenta­miento más intenso. Soldados jóvenes, muchos cumpliendo el servicio militar obligato­rio, se vieron cara a cara con la decisión histórica de cam­biar el destino de la nación.

El general Lino Oviedo, bajo las órdenes de Rodríguez, exi­gió la rendición del dictador con amenaza de granada, sim­bolizando la determinación de quienes buscaban abrir un nuevo capítulo en la his­toria del Paraguay. A las 4 de la mañana del 3 de febrero, Stroessner fue detenido y trasladado a la Caballería, mientras el país respiraba un silencio distinto.

Dos días después, Stroessner partió hacia Brasil, inaugu­rando un proceso democrá­tico que ha perdurado 37 años. Hoy, Paraguay recuerda aque­lla noche como el momento en que las Fuerzas Armadas decidieron ponerse al servi­cio de la ciudadanía, defen­diendo derechos humanos y libertades fundamentales.

El país, que durante décadas vivió bajo el control abso­luto de un hombre, empezó a reconstruir su democracia, consolidando instituciones y promoviendo la participación política de la sociedad.

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