Para entender el discurso mediático se deben entender ciertas creencias que circulan en el ámbito periodístico, muchas de ellas expresadas por los propios interesados. La creencia de que el periodismo no es más que un simple testigo que cuenta lo que sucede en el mundo y de que la imagen solo puede reproducir fielmente la realidad. “Si los medios hablan de inseguridad es porque hay inseguridad. No se la inventa en los noticieros”, le escuché decir hace poco a alguien que tiene un alto cargo en un grupo de medios. Pasando por alto que toda percepción de la realidad es una construcción.
Considerarse intermediarios entre el poder político y el ciudadano, algunos periodistas se consideran investidos de un deber de dilucidación, de un poder cuasidivino de revelación, sobre todo porque –como ellos mismos afirman– se trata de ocultar los verdaderos problemas fabricando imágenes de los políticos. Parecen olvidar que la información misma es una forma de comunicación. Es tanta su certeza que dicen que si el nivel del debate en los medios está marcado por la farandulización es porque son los políticos quienes no innovan o no tienen nada que proponer. Y sin duda en algún punto podrían incluso tener razón, pero no del todo. No del todo.
Podríamos instar a recordarles que cierta dosis de humildad nunca viene mal. Para elaborar sus opiniones, siempre presentadas como análisis, no poseen ni los instrumentos de historiadores, ni de las ciencias humanas y sociales. Y si de por ahí cuentan con algunas de estas bases, corren el riesgo de no ser entendidos por la mayoría de su audiencia, en caso decidan producir una línea discursiva explicativa. A la par, también se podría hacer notar a los políticos que, si se someten ciegamente a las condiciones de las empresas periodísticas, se arriesgan a reducir su credibilidad y hacer que se desplome el debate democrático.
La verdad es que han habido cambios en la concepción misma de la política. Estos cambios han generado una brecha entre la comunicación política moderna y algunos aspectos del ritual como los conocíamos hasta ahora: la sacralidad, solo por mencionar un elemento. Ni hablar de los cambios que se produjeron, se producen y se seguirán produciendo en los imaginarios de los distintos segmentos de la población.
Lo que también se observa es un predominio de lo emotivo por sobre lo ideológico. A no ser que se considere que lo afectivo puede hacer las veces de ideología. Lo seguro es que el tratamiento que se le da en los medios a la política, les asigna cierto grado de responsabilidad en la interferencia que tienen los ciudadanos con la misma. La ideología de la dramatización de la cual algunos periodistas son fervorosos militantes y especialmente esa irresistible tendencia a pretender erigirse en consciencia moral, al llevar a cabo interpelaciones sistemáticas a los poderes políticos solo puede exacerbar el sentimiento de pesimismo o impotencia. O tal vez, y solo tal vez, son algunas empresas de medios las que no logran adaptarse a la democracia, que es principalmente la búsqueda de consensos. Da para pensar al respecto.
La ideología del golpe de 1964 continúa en la pedagogía militar
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Urariano Mota
Escritor y periodista brasileño
Fotos: Gentileza
A más de seis décadas del golpe militar de 1964, Brasil sigue conviviendo con una paradoja inquietante: sus escuelas militares continúan enseñando la dictadura con los mismos manuales elaborados durante el régimen de Médici. El escritor y periodista brasileño Urariano Mota examina cómo el autoritarismo se perpetúa en las aulas donde se forman las nuevas generaciones de militares y por qué reformar esa pedagogía es una condición ineludible para consolidar la democracia.
El golpe militar de 1964 puede analizarse desde un ángulo que suele pasarse por alto: el de la enseñanza que perpetúa la ideología autoritaria en las conciencias de las nuevas generaciones. Los estudiantes de las escuelas militares siguen obligados a asimilar contenidos como el siguiente:
“En los gobiernos militares, particularmente bajo el presidente Emílio Garrastazu Médici (1969-74), hubo censura a los medios de comunicación y lucha y eliminación de las guerrillas, tanto urbanas como rurales, porque la preservación del orden público era una condición necesaria para el progreso del país”.
Una breve búsqueda revela que estos libros de texto, utilizados por la Dirección de Educación Preparatoria y Asistencial (DEPA), fueron elaborados en 1973 –sí, en ese año emblemático de la dictadura de Médici– con el propósito de orientar a las futuras generaciones de militares. Este adoctrinamiento cuenta incluso con respaldo legal. Se sustenta en el artículo 4 de la R-69, norma interna mediante la cual los cuarteles se autorregulan. El DEPA tiene como objetivo pedagógico “orientar el proceso educativo y de enseñanza-aprendizaje en la formación de ciudadanos
intelectualmente preparados y conscientes de su papel en la sociedad, de acuerdo con los valores y tradiciones del Ejército brasileño”.
ESCUELA DE PENSAMIENTO AUTORITARIO
Cabe preguntarse, entonces, cuáles son esos “valores”. La academia militar se ha convertido en una verdadera escuela de pensamiento autoritario que distorsiona y oculta la trágica historia de la dictadura, así como el papel destructor que el llamado “orden público” tuvo sobre vidas concretas. La exigencia histórica de los sectores democráticos –que las escuelas militares dejaran de funcionar como islas inexpugnables, ajenas al escrutinio público– sigue tan vigente como entonces.
A lo largo de los años en que trabajé para que los crímenes de la dictadura no cayeran en el olvido, recibí numerosos correos electrónicos, algunos con tono abiertamente amenazante, que celebraban que “gracias a Dios todavía hay enseñanza en las escuelas militares, porque es a través de ellas que se forman los estudiantes que todavía piensan en las universidades de Brasil. Los libros que se utilizan en los colegios militares son los que publica la Biblioteca del Ejército, porque los que circulan en las librerías nacionales son de un nivel inferior al aceptable y están completamente distorsionados en su contenido”.
No sorprende, entonces, que este tipo de enseñanza persista y sea defendida con fervor en el seno de una república con aspiraciones de imperio que no termina de ajustar cuentas con su pasado. Es momento de retomar el debate sobre esa oscuridad con mirada crítica. Paradójicamente, hay un aspecto en el que las escuelas públicas y civiles podrían inspirarse en las militares: su capacidad de articular una formación coherente con valores institucionales explícitos. La diferencia, claro, estaría en el contenido de esos valores. Las escuelas civiles podrían “traducir” ese modelo a su propia lógica: no la del orden y la obediencia, sino la de la libertad y el pensamiento crítico, en una discusión permanente dentro del aula.
EDUCACIÓN HUMANÍSTICA
Las escuelas públicas presentan déficits serios en la educación humanística. No se trata de incorporar el “humanismo” como una asignatura aislada en el currículo, sino de construir una educación para la vida que atraviese todas las disciplinas, sin subordinarse a las prioridades del mercado ni a las del cuartel. La formación intelectual y técnica no debería tener como horizonte último el consumo, sino una visión integral de la humanidad.
Y en ese camino, no debemos olvidar el terrorismo de Estado latente –y justificado– que aún se propaga desde las aulas militares. Un terror que reevoqué al escribir la novela “A mais longa duração da juventude” (“La más larga duración de la juventud”), de la que comparto un breve extracto:
“Los anillos de un vil garrote craneal al que llamaban ‘corona de Cristo’ se atornillaban cada vez más para extraer información; se rompían huesos y se insertaban artefactos extraños en orificios corporales. Las personas que vieron y sufrieron tales cosas guardan silencio. Algunas víctimas se sienten culpables por haber sobrevivido mientras otras perecieron; otras se aterrorizan con facilidad y arrastran un trauma persistente décadas después. Con frecuencia, el reflejo está condicionado por recuerdos silenciados para que el dolor no vuelva. Es paralizante pensar en lo que hemos conocido y visto. Pensamos en cosas en las que no queremos pensar y hablamos con nosotros mismos sobre asuntos que no nos atrevemos a contarle a nadie. Es desolador, y no queremos ahogarnos en una locura furiosa. Ni ser golpeados de nuevo, en silencio. Queremos que termine. Quiero paz, reflexionar en paz”.
Los recuerdos del terrorismo de Estado regresan, convocados desde las páginas de los manuales escolares militares de Brasil. Y mientras esas páginas sigan abiertas, la memoria no es solo un derecho: es una obligación. Mientras Brasil no reforme en profundidad la pedagogía de sus escuelas militares, el golpe de 1964 no será solo historia: seguirá siendo presente.
La democracia no se consolida únicamente con instituciones formales; se construye, sobre todo, en las aulas. Permitir que una parte del sistema educativo nacional continúe enseñando la dictadura como sinónimo de orden y progreso es tolerar que el autoritarismo se reproduzca de generación en generación, con uniforme y con sello oficial. Por ello, el verdadero combate contra ese legado pasa de manera decisiva por los libros que se abren cada mañana en los salones de clase.
El escenario político internacional muestra señales claras de un cambio de ciclo. En distintas regiones, los partidos de izquierda pierden protagonismo frente a fuerzas de derecha y centroderecha que logran capitalizar el malestar social, la inseguridad y la crisis económica.
En América Latina, Chile se convirtió en uno de los ejemplos más contundentes. El triunfo de José Antonio Kast reflejó un giro del electorado hacia posiciones más firmes en materia de orden público e inmigración, temas que dominaron el debate y evidenciaron el desgaste del oficialismo socialista. Más allá del resultado electoral, el caso chileno expone las dificultades de la izquierda para sostener cohesión interna y responder a demandas concretas.
Ecuador también evidencia este desplazamiento. El electorado ha priorizado perfiles asociados a la estabilidad, en un contexto marcado por la violencia y la incertidumbre económica. La lógica del voto castigo, combinada con la urgencia de soluciones, ha debilitado a los sectores identificados con la izquierda tradicional.
En Perú, la fragmentación política y la crisis institucional han generado un escenario donde las propuestas ideológicas pierden peso frente a opciones más pragmáticas o conservadoras. La desconfianza hacia la clase política, sin distinción de signo, ha terminado favoreciendo a sectores alejados del discurso progresista clásico.
Centroamérica acompaña esta tendencia. En Honduras, la victoria de Nasry Asfura consolidó un escenario dominado por candidaturas de derecha, mientras que en Costa Rica el electorado también ha mostrado preferencia por opciones similares, en un contexto donde la seguridad y la gestión económica son determinantes.
Europa no escapa a esta dinámica. En Hungría, el relevo de Viktor Orbán por Péter Magyar podría introducir cambios en la relación con la Unión Europea, pero difícilmente implique una transformación ideológica profunda. El debate sigue centrado en cuestiones como la soberanía y la inmigración, ejes que también impulsan el crecimiento de la derecha en países como Francia y el fortalecimiento de Vox en España.
La inmigración, de hecho, se ha consolidado como un factor transversal que redefine las agendas políticas. Tanto en Europa como en América Latina, el control de fronteras y la seguridad se han convertido en prioridades para amplios sectores de la población, desplazando otras discusiones tradicionales de la izquierda.
En este contexto, el retroceso de los partidos progresistas parece responder no solo a errores de gestión, sino también a una crisis de narrativa. La dificultad para actualizar sus propuestas frente a nuevas demandas sociales ha erosionado su capacidad de representación.
Así, más que una serie de resultados aislados, lo que se observa es un reordenamiento político global. La derecha avanza con discursos centrados en el orden y la eficiencia, mientras la izquierda enfrenta el desafío de redefinirse para no quedar relegada en un escenario cada vez más exigente.
El senador Gustavo Leite participó del Foro de Madrid, en su edición Río de la Plata 2024, que aglomeró a líderes y referentes de la derecha en la región y el mundo. Foto: @Gustavoleitepy
El senador Gustavo Leite fue parte de los disertantes en el Foro Madrid, edición Río de la Plata, Argentina, donde también participó el presidente argentino Javier Milei. En su intervención, el parlamentario habló sobre el progreso de la injerencia de ideologías en la región, y destacó que Paraguay es uno de los países que está resistiendo.
“Yo soy un ciudadano que viene del futuro, un país que a diferencia de lo que venimos hablando acá todavía no perdió sus libertades, todavía no perdió su cultura, todavía no fue invadido culturalmente, no estamos tratando de recuperarnos, nosotros estamos tratando de no perder. Mi primer llamado es que miren a Paraguay, un país donde la Unión Europea y los Estados Unidos hicieron una flagrante injerencia en las últimas elecciones y nos hicieron ganar”, dijo Leite.
El liberalismo logró desarrollarse recién tras la caía de la dictadura, señala historiador
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El historiador Rodrigo Cardozo realizó una reseña del contexto en el que surgieron las primeras nucleaciones políticas en Paraguay, entre ellas, el Centro Democrático que se convirtió en una fuerza opositora ante la hegemonía de entonces caballerismo, que luego dio lugar al nacimiento de la Asociación Nacional Republicana (ANR), el Partido Colorado.
En comunicación con el diario La Nación/Nación Media, Cardozo señaló que la ideología liberal logró su mayor auge durante los gobiernos de José Patricio Guggiari y Eusebio Ayala. No obstante, indicó que como pensamiento liberal económico y política liberal no logró desarrollarse plenamente hasta después de la caída de la dictadura, ocurrida en febrero de 1989, con la llegada del capital extranjero, las privatizaciones y las leyes adaptadas para el tiempo democrático.
Lucha de caudillos
El surgimiento de los partidos se dio a raíz de las lucha de los caudillos que surgieron en la posguerra de la Triple Alianza (1864-1870) y el fin del periodo de ocupación aliada, ya que el país se encontraba quebrado y con diferentes grupos que luchaban por el poder, refirió Cardozo. En 1877 se dio el asesinato del presidente Juan Bautista Gill y ese mismo año la muerte de Facundo Machaín en una cárcel pública, estos hechos marcaron el inicio de la hegemonía del Partido Nacional, un movimiento electoralista, que impulsó los intereses de Cándido Bareiro.
Con la muerte de Bareiro, Bernardino Caballero asumió la presidencia provisional en 1880 y se afianzó el periodo del caballerismo con la estabilidad política y económica, sobre todo sustentada por la venta de terrenos y yerbales fiscales. Esto generó toda una corriente de rechazo y propició el nacimiento de los partidos políticos de oposición, entre ellos, el Centro Democrático que luego sería el Partido Liberal, el 10 de julio de 1887; y, el 11 de setiembre se fundó el Partido Colorado, inicialmente con el nombre de Partido Nacional Republicano.
Explicó que antes de los partidos políticos se conformaban movimientos electoralistas que se unían para una campaña en particular y no perduraban luego de la gesta electoral. “A partir de la fundación de los partidos se marcaron e identificaron con una corriente tanto ideológica como política. Entonces, las elecciones de 1887 fueron unos comicios con muchos incidentes, pese a que solo se llevaron adelante en aquellas ciudades donde había mayor caudal electoral”, comentó el historiador a LN.
El historiador Rodrígo Cardozo indicó que el surgimiento de los partidos se dio por la lucha entre caudillos tras la Guerra de la Triple Alianza. Foto: Gentileza
Rol de la prensa
Cardozo relató que la prensa jugó un papel importante y recordó la publicación del diario oficialista “El Paraguayo”, que decía: “No queremos liberales en el Congreso”. Esto ya daba la pauta de que a los opositores se los tildaba de liberales, ya que el 12 de junio de 1887 se debía elegir un diputado y un senador por la ciudad de Villarrica.
“Desde ahí ocurrieron los hechos violentos en Villarrica, ya que se notaba que existía cierta mayoría opositora y ya que la votación se hacía a viva voz. Desde hacía varios años que estas elecciones eran violentas por la presión que hacían los bandos en disputa. El resultado de los comicios en Villarrica fue de cuatro muertos, 17 heridos y el nacimiento de un nuevo partido opositor al caballerismo”, acotó.
Desarrollo del pensamiento liberal
En cuanto a la ideología liberal, el historiador Cardozo considera que desde la fundación de la nucleación política se han embanderado con la libertad individual y la no represión, más que por una libertad económica. “Porque como libertad económica, no había muchas industrias, ni empresas, como se tiene hoy en día. Sobre todo pregonaban la libertad individual, la no persecución por sobre todo”, precisó, e indicó que el desarrollo del liberalismose materializó principalmente con la revolución del 18 de octubre de 1891, que fue 4 años después de la creación del Centro Democrático, con la muerte del mayor Eduardo Vera.
“Entonces, fue una acumulación de hechos y actos que venían arrastrándose, incluso desde el fin de la guerra. Ahora como ideología liberal, yo creo que ni en la hegemonía liberal no se llegó al 100 %, reflejado más que en el gobierno de José Patricio Guggiari y Eusebio Ayala. El gobierno liberal se caracterizó más bien por ser un gobierno estatista, como liberal económico, no estuvo bien desarrollado”, explicó.
Cardozo destaca que bajo la presidencia de Hugo Fleitas, está observando un leve despertar de los ideales de los fundadores del partido político. Foto: ARCHIVO
Despertar liberal
El profesor Cardozo evaluó la actualidad del PLRA ydijo que bajo la actual presidencia de Hugo Fleitas está observando un leve despertar de los ideales de los fundadores del partido político. Indicó que en los últimos 7 años de la anterior administración, con la presidencia de Efraín Alegre, considera que el partido salió completamente de sus ideologías.
“La anterior administración del PLRA no presentaba proyectos liberales a largo plazo. Sino que presentaba proyectos electorales con el fin de llegar a toda costa al poder, sin ningún manual establecido para el fin. Pero ahora, con el doctor Fleitas veo una leve mejoría, en el sentido de que está tratando primero de sanear al partido, tanto económico, como de sus figuras partidarias”, puntualizó.
Respecto al futuro del PLRA, indicó que es partidario de las alianzas electorales, siempre que el PLRA encabece los proyectos, siendo un partido centenario, sin salirse de la ideología partidaria, ni de sus estatutos. “El partido debería de fortalecer su instituto superior de enseñanza y formar a los jóvenes sobre lo que es el idealismo liberal. Es la única forma, volviendo a sus raíces; el partido no va tener futuro si no vuelve a sus raíces, para lograr una profunda renovación de sus representantes. Pasaron tres elecciones con una misma figura y eso desgastó al partido”, manifestó.
Finalmente, Cardozo remarcó que se debe seguir en esta línea de rescatar al partido, buscando la unidad para llegar adecuadamente a las elecciones municipales del 2026, que será una prueba de fuego. “Creo que solo si el partido está unido, podría buscar alianzas con otros partidos, pero siempre encabezando el proyecto. Este fue el motivo que nos llevó al fracaso, porque no llegamos unidos. Al no haber unidad interna, y eso hizo que no haya entendimiento y los pequeños partidos se fueron abriendo”, concluyó.