Antes de velar por la seguridad y garantizar las estrategias para erradicar el flagelo del narcotráfico y el crimen organizado en Paraguay, Arnaldo Giuzzio mantenía, de acuerdo a las investigaciones fiscales, vínculos con capos narcos que estarían operando en el país.

Giuzzio, acusado por cohecho pasivo agravado por recibir presuntamente favores del narcotraficante Marcus Vinicius Espíndola Marqués de Padua, deberá enfrentar el juicio oral el próximo 18 de febrero de este año.

El agravante de este hecho se da porque Giuzzio en ese momento ocupaba un alto cargo en el gobierno de Mario Abdo Benítez, como ministro del Interior, previamente, ministro de la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad), instituciones claves en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado.

Si bien el caso judicial es sobre el nexo con Espíndola Marqués, también existen sospechas de que mantuvo amistosas comunicaciones con el narcotraficante brasileño Lindomar Reges Furtado, en este último caso, la Fiscalía aguarda informes de las comunicaciones, llamadas y mensajes, desde Brasil a fin de establecer si realmente existía esta relación entre ambos, lo que complicaría aún más la situación judicial del exministro Giuzzio.

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El capo brasileño Marcus Vinicius, que se encuentra preso en Brasil, es apuntado con Lindomar también como uno de los integrantes del grupo criminal. De acuerdo con las investigaciones realizadas, Giuzzio mantenía contacto con ambos mientras ocupaba un cargo clave en el gobierno.

Elementos que vinculan a Giuzzio con narcos

En lo que respecta al caso abierto -y a espera del juicio oral- el vínculo de “amistad” de Giuzzio con Marcus Vinicius tiene como elementos que lo vinculan con el mismo, como el pedido del exministro al narco para utilizar un vehículo durante sus vacaciones en el Brasil, vehículo que habría utilizado.

También se incluyen las “negociaciones” para un acuerdo de provisión de materiales tácticos para la Policía Nacional y vehículos blindados por parte del narcotraficante con el Estado paraguayo.

Ya en el caso de Lindomar, considerado como un “pez gordo”, la sospecha es que Giuzzio habría recibido “obsequios” del mismo, y que también habría colaborado en su fuga del barrio cerrado Paraná Country Club en el marco del fallido operativo Turff.

Tras su fuga, Lindomar fue detenido en Brasil, en un barrio de Río de Janeiro. Con su detención fueron extraídas comunicaciones del celular incautado, en las que se encontrarían los mensajes y llamadas de Giuzzio.

En marzo del 2025, los fiscales informaron al Tribunal de Sentencia la solicitud a las autoridades brasileñas sobre los registros telefónicos. Desde la Fiscalía señalan que de obtener el acceso a estas comunicaciones, solicitará formalmente su inclusión como prueba en el juicio oral y público.

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